Hay noticias que parecen pequeñas hasta que uno ajusta la lente. Y esta semana saltó una que, si raspás apenas la superficie, te muestra el mapa entero de cómo se juega el poder hoy.
Resulta que CALF, la cooperativa eléctrica de Neuquén —que no es una multinacional, es un puñado de laburantes e ingenieros gestionando servicios en el Sur—, denunció aprietes. ¿De quién? De la Embajada de Estados Unidos. ¿El motivo? Querían que den de baja sus proyectos tecnológicos con la gigante china Huawei.
Cualquiera con ganas de mirar para otro lado te diría: "Bueno, es una pelea comercial entre yankis y chinos por un par de módems".
Pero no. Acá no estamos hablando de si el router es más lindo o más barato. Estamos hablando de quién decide qué tecnología se usa en la Argentina. Y, sobre todo, de si esa decisión se toma en Buenos Aires, en Neuquén… o si te la dictan por teléfono desde Washington.
El "apriete" con modales diplomáticos
Mirá el detalle, porque el diablo está en la letra chica. Según denunció la gente de CALF, un funcionario de la Embajada llamó directamente al gerente de Tecnología para transmitirle "la preocupación" de la Casa Blanca.
Hasta ahí, la diplomacia de siempre. Estados Unidos considera que Huawei es un peligro para su seguridad nacional. Tienen todo el derecho del mundo a prohibirlos en su territorio, a no darles visas a sus ejecutivos o a no comprarles un solo chip. Eso es soberanía estadounidense.
El pequeño problema es cuando pretenden ejercer esa soberanía sobre la Argentina.
Porque la charla no quedó en un "che, nos preocupa". De fondo cayeron los avisos: que si seguían con los chinos, podía haber consecuencias con las visas de los directivos de la cooperativa. O sea: no te amenazan con un misil, te amenazan con no dejarte ir a Disney o a un congreso en Miami. Ya no es competencia, es prepotencia diplomática.
Y acá salta la primera pregunta elemental: ¿Qué hace una embajada extranjera apretando a una cooperativa de Neuquén para condicionar sus compras? CALF no es una filial de Beijing ni un enclave de la Virginia norteamericana. Es una entidad argentina que tira fibra óptica en suelo argentino.
La hipocresía del "libre mercado" y cómo controla Estados Unidos sus tecnologías
Fíjense en la paradoja. Después de la denuncia, la Embajada sale a confirmar que, sí, que esa es la línea de Washington, pero muy amablemente se ofrece a "ayudarlos a buscar proveedores alternativos".
Es fantástico: Primero te aprieto, después te pongo la espada en la nuca con las visas, y cuando te tengo acorralado, te ofrezco venderte los equipos de mis empresas. ¿Dónde termina la geopolítica y dónde empieza el lobby descarado para vender Cisco, Dell o Microsoft?
Y acá aparece una enorme hipocresía en la retórica norteamericana. Estados Unidos no deja librada su propia tecnología estratégica al libre mercado. Todo lo contrario: tiene un aparato estatal fuertísimo para regular y restringir qué se vende y a quién.
A través del Bureau of Industry and Security (BIS) —que depende del Departamento de Comercio—, aplica las Export Administration Regulations (EAR). Con este marco, si una empresa yanki quiere exportar software, microchips o tecnología criptográfica sensible, debe pasar por un proceso de revisión severísimo donde interviene directamente la NSA (Agencia de Seguridad Nacional).
Incluso exigen a los fabricantes presentar informes técnicos para auditar si la tecnología exportada puede ser reutilizada con fines militares, espiada o redirigida. Es decir: cuando se trata de su propia seguridad, el Estado estadounidense regula, clasifica, exige licencias de exportación y hasta prohíbe directamente la venta de hardware a países rivales o a empresas consideradas de riesgo.
Ahí no hay "libre mercado, muchachos, que gane el mejor". Ahí hay intervención estatal abierta para defender el interés nacional.
Entonces, la pregunta que cae por su propio peso es: si Estados Unidos usa todo el peso de su Estado para proteger su infraestructura tecnológica, ¿por qué la Argentina no tendría exactamente el mismo derecho?
El riesgo técnico: una pregunta incómoda
Y acá abro un paréntesis técnico, porque este es el argumento que usan para asustar: "No, lo que pasa es que Huawei te mete una 'puerta trasera' (backdoor), te espía, te saca los datos".
Es verdad que una red moderna no es una caja de plástico; es hardware con firmware, software de gestión remota, telemetría y actualizaciones que van y vienen. Quien controla el software controla la red.
Ahora, hagámonos la pregunta incómoda: Si eso es un riesgo con un proveedor chino, ¿por qué no sería exactamente el mismo riesgo con un fabricante estadounidense?
¿Acaso los servidores de gestión de las firmas yankis están en San Justo? ¿Quién audita el firmware de Cisco o Juniper? ¿Nos olvidamos de Edward Snowden y de cómo la NSA intervenía rutas de exportación de routers para instalarles firmware espía antes de que llegaran a los compradores internacionales?
Exigir seguridad sobre la infraestructura crítica no es ser anti-estadounidense, es tener dos dedos de frente. Si vas a auditar, auditá a todos: a Huawei, a Cisco, a Nokia, a Ericsson. Si la regla no es igual para todos, no estás protegiendo la seguridad de tu país: estás eligiendo a qué potencia entregarle las llaves de tus datos.
La verdadera joya de la corona: Vaca Muerta
¿Y por qué tanto lío por una cooperativa neuquina? Porque CALF no está tirando cables para que la gente mire Netflix.
Estamos hablando del tendido de fibra óptica, data centers, redes de baja latencia e Internet de las Cosas (IoT) para Vaca Muerta.
El petróleo y el gas están bajo tierra, sí, pero para sacarlos en el siglo XXI necesitás una infraestructura digital monstruosa. Automatización, sensores, inteligencia artificial. Y el que controla la red que conecta Vaca Muerta, controla el flujo de la mayor riqueza que tiene la Argentina para los próximos treinta años.
Tanto China como Estados Unidos lo tienen clarísimo. Saben que la tecnología es poder y que los datos son el petróleo del presente. Tienen políticas de Estado agresivas para defender sus fichas.
La pregunta dramática es: ¿la Argentina tiene una estrategia o es la pelota de trapo con la que juegan los dos gigantes?
El silencio del anarcocapitalismo
Acá es donde cruje el relato oficial. Tenemos un Gobierno que se llena la boca hablando de la "libertad absoluta", del "libre mercado sin intromisión del Estado", de la competencia pura.
Bueno, perfecto: si hay libre mercado, dejen que una cooperativa argentina le compre al que se le dé la gana, siempre que cumpla con las leyes locales.
Si un comprador no puede elegir libremente porque una embajada extranjera lo amenaza con sanciones, entonces no hay libre mercado. Hay un mercado intervenido por la geopolítica de una potencia a la que este gobierno decidió alinearse a ciegas, incluso cuando esa potencia actúa en contra del desarrollo local.
Y la Cancillería, ante el apriete a una entidad nacional... silenzio stampa.
Soberanía no es aislarse, es decidir
Cierro con esto. Nadie está pidiendo que la Argentina fabrique sus propios microprocesadores en una casilla de Tolhuin. Eso sería ridículo.
Soberanía tecnológica en el siglo XXI significa algo mucho más terrenal: capacidad de decidir. Significa tener organismos nacionales con capacidad técnica para auditar el código, exigir estándares de seguridad universales, cambiar de proveedor si no conviene y garantizar que ningún centro de mando extranjero —esté en Beijing o en Washington— pueda apagar la luz de Vaca Muerta con un clic.
Estados Unidos va a jugar para Estados Unidos. China va a jugar para China. No hay "buenos" ni "malos" en este tablero: hay intereses geopolíticos y comerciales desalmados.
El problema no es que ellos jueguen su juego. El problema es que en la Argentina haya dirigentes jugando para los equipos de afuera mientras la tribuna propia se queda a oscuras.
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