Terror en El Hotelito

Brutal operativo de la Policía porteña en la Villa 31 contra una mujer y ocho niños

 

“Mis hijos lloraban. Los zamarreaban de un lado al otro. Les tiraban gas pimienta. Había muchos gritos. Era una locura total. Me asustó mucho ver cuando le apuntaban a mis chicos con las escopetas. Fue todo muy horrible”. Por momentos Carolina Duarte solloza y por otros momentos ríe de nervios. “En un momento, me levantaron del pelo muy fuerte, y aunque yo ya estaba esposada, una de las mujeres policías me pegó una patada acá”, relata y se toca la frente. Se hace un rodete con su propio pelo, se lo suelta y se lo vuelve a anudar. La acción se repite una y otra vez. “Yo no pensaba que iban a ser tan violentos. Creía que era pura amenaza cuando los policías, sobre todo un gordo morrudo cuya cara no me olvidaré jamás, me decían: ‘paraguaya de mierda te vamos a sacar por las buenas o por las malas’. Me golpearon mucho”. Los brazos y la espalda de Carolina plagados de raspones y moretones completan el relato de un horror que ocurrió el 25 de febrero a las 2 de la mañana del que participaron casi 30 policías en un patio de 5×3 metros de El Hotelito, en la villa 31.

El Hotelito es una edificación de tres pisos con once departamentos ubicado en uno de los márgenes del barrio Padre Carlos Mugica que da a la Autopista Illia, a 800 metros de la terminal de micros de Retiro. Al cruzar un alto portón de chapa blanca se accede a un pequeño patio central –el de 5×3– común a todas las viviendas. A cada departamento se llega subiendo una empinada escalera de hierro celeste que en su parte más alta tiene un tanque de AySA roto y por ello un grueso chorro de agua cae a un costado del patio en el que están las vecinas de El Hotelito, aún consternadas por la locura que padecieron. La situación de esas viviendas en las que viven casi 15 mujeres y 37 niños está judicializada. Es una construcción que pertenece al Gobierno de la Ciudad, que el año pasado radicó una denuncia penal para desalojar a esas familias en situación de calle. En noviembre pasado la Justicia dictaminó que hubiera una consigna policial permanente para que no ingresara ninguna nueva familia a vivir allí. “En realidad, la consigna policial no viene casi nunca. Como mucho vienen dos o tres veces por semana, sacan una foto del lugar y se van”, apunta Rosalyn Purizaga, quien vive en El Hotelito hace varios meses y se encarga del comedor que funciona en el lugar. Ella no conocía a Carolina. Pero junto al resto de mujeres la vieron entrar con sus hijos y sabiendo que había una vivienda vacía no opusieron resistencia. “Cuando vino la policía tratábamos de calmar la situación. Pero estaban muy violentos con Carolina. La humillaban mucho. Nosotras les decíamos si se podían ir y en todo caso, al otro día, ya pasada la noche, veríamos cómo se arreglaba la situación. Pero era imposible. No se podía hablar”. Otra vecina ayuda a entender la situación: “El problema es que al ingresar Carolina quedó en evidencia que la consigna policial no estaba y eso era un error para ellos, por eso estaban sacados. Nosotras no tenemos problemas en general con la policía, al contrario, por lo general estamos muy bien, pero esa noche estaban descontrolados”.

Carolina Duarte tiene hasta tercer grado completo, hace changas muy eventuales, su pareja se fue hace mucho y está criando ocho hijos, casi todos menores de doce años. Tras haber pasado casi un día y medio en tres comisarías distintas, durante varias horas esposada, cuenta lo vivido esa noche sentada en la puerta de la casa de su cuñada a la diputada de la Ciudad y Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Victoria Montenegro, quien se involucró apenas supo de lo ocurrido. Entre las acciones que la legisladora piensa llevar adelante figuran la de iniciar una acción penal contra la Policía de la Ciudad, gestionar una mejora de la situación social de Carolina a través de una mayor y mejor presencia del Estado –por ello el viernes fue acompañada de dos trabajadoras sociales–, presentar un pedido de informes respecto a los hechos junto a los y las legisladorxs del bloque del Frente de Todos, coordinar acciones con la Asesoría Tutelar de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo a cargo de Mabel López Oliva y seguir la situación del caso en el futuro.

 

Carolina con la legisladora Victoria Montenegro.

 

“Lo peor era escucharlos llorar a mis hijos”, continúa Carolina. “Thiago, uno de mis chicos pudo agarrar al bebé y sacarlo del cochecito para que no lo aplasten”.

Ha quedado acreditado que no hubo ninguna comunicación oficial ni extraoficial por parte de la fuerza policial con ningún efector del Estado, ni judicial ni ejecutivo vinculado a la infancia, un requisito elemental antes de iniciar cualquier acción que involucre a niños y niñas. Además está prohibido hacer desalojos a la noche y tampoco es legal hacerlo con escudos, palos, patadas y gases contra una señora y sus pequeños hijos, con la misma brutalidad que si estuvieran enfrentando a una barrabrava. Se ha constatado que la actuación policial atropelló absolutamente todos los protocolos de actuación. La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Alejandro Amor, también intervino inmediatamente en el caso. “A partir de la información que obtuvimos y ante la gravedad de los hechos realizamos una denuncia penal a fin de que se investigue la actuación policial. En el caso de realizarse un procedimiento de las fuerzas de seguridad donde haya niños y adolescentes se debe dar previamente intervención a los organismos que tutelan sus derechos a fin de garantizarlos”, señalaron desde el organismo.

“Me tiraron arriba del patrullero directamente. Y me llevaron al destacamento de Güemes. También a mis chicos. Estuvieron hasta la seis de la mañana cuando mi tía los pudo ir a buscar para llevárselos. Después fui a otra comisaría y de ahí a otra. En una de ellas fueron muy amables pero en la última me tuvieron esposada muchísimas horas, no sé bien por qué”, cuenta Carolina, quien jamás se imaginó vivir una situación así.

Varios medios publicaron la versión policial que dice cualquier otra cosa: admite que el desalojo fue violento pero agrega que un oficial fue herido en una pierna por “un proyectil de los manifestantes”. Algo que de sólo estar en ese lugar 30 segundos se constata que es absolutamente imposible. Por el contrario, las imágenes captadas por Rosalyn Purizaga muestran a un agente que se tropieza y cae mientras zamarreaba violentamente a un pibe de no más de 10 años.

Lo que se vivió en El Hotelito y padeció Carolina en particular quedará como el hecho más violento y brutal en lo que va del año de la Policía de la Ciudad. Queda pendiente resolver la situación habitacional de todas esas familias para evitar nuevas noches del terror.

 

 

 

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