TODO VIRUS ES POLÍTICO

El virus apesta pero tiene esta propiedad: le ofrece a cada uno la posibilidad de salvar al mundo

 

Está esta serie. Se llama Westworld, la produce HBO. La historia original la concibió un escritor mediocre de ideas brillantes llamado Michael Crichton. (El autor de la novela Jurassic Park, por ejemplo.) En su primera encarnación —una peli de los ’70 con el dolape Yul Brynner—, Westworld describía un parque temático al estilo Disney, con el Salvaje Oeste (el Wild West) como escenario y un montón de androides haciendo el papel de cowboys e indios, para delicia del público. Pero claro, los robotitos se rebelan y las cosas se complican, tanto para los visitantes al parque como para la corporación que lo explota. El clásico esquema que vertebra Frankenstein; o, El Moderno Prometeo (Mary Shelley, 1818) y que también, si queremos salir de la zona de confort, está presente en los primeros libros del Antiguo Testamento. Un cuestionamiento más que válido, que podría expresarse así: que me hayas creado, ¿significa necesariamente que sos mi dueño y que no me queda otra que hacer lo que ordenes?

Esta versión de Westworld va por su tercera temporada y ha sido remozada por Lisa Joy y Jonathan Nolan. (El hermano de Christopher y colaborador autoral de películas como Memento, The Dark Knight e Interstellar.) La serie nunca me conquistó del todo. Jonathan es como Christopher, un muchacho convencido de su propia inteligencia, pero que nunca termina de trasladar sus ideas al drama de manera satisfactoria. Son como un estudiante universitario que se levanta la remera, orgulloso, y te muestra que sobresale en su panza una forma geométrica inconfundible: que te hayas tragado un libro importante no significa que lo hayas metabolizado bien. Pero la serie se deja ver —su diseño de producción es de lo más deslumbrante de las pantallas de hoy— y, a juzgar por el primer capítulo de esta temporada, Joy y Nolan se han decidido a contar algo propulsivo en vez de seguir sentados en el charco de su propia importancia.

O a lo mejor mi entusiasmo actual se debe a que el contexto cambió, y en medio del coronavirus Westworld se ve —se lee— diferente.

 

 

Clase laburante y esclavos de metal en «Westworld».

 

 

La serie le debe tanto al original de Crichton como a Blade Runner (1982), el clásico de Ridley Scott inspirado en una novela del visionario Philip K. Dick. Aquí también se trata de una historia que desplaza sus simpatías paulatinamente, de sus personajes humanos a los androides. Al aproximarse el final, todo espectador sensible se ha pasado al bando de las inteligencias artificiales, o como mínimo les reconoce el derecho a decidir sobre su propia existencia, al igual que lo hacemos —o intentamos hacerlo— aquellos que estamos fabricados de carne y hueso. Lo inquietante de ambos relatos es que cuestionan el rol central que los humanos creemos ocupar en el universo. ¿Por qué la vida humana debería ser más importante que la vida animal o que otras formas de vida que, al menos en el caso de estas ficciones, son capaces de mirarnos a los ojos y decirnos yo también quiero existir en libertad?

Los virus también son formas vivas, con la característica de que sólo se multiplican dentro de un organismo ajeno. Yo creo ser empático, pero aun así no me da el cuero para simpatizar con agentes infecciosos que cagan a tanta gente. Sin embargo, no por eso voy a perderme el efecto catalizador que el coronavirus tiene en el mundo. Los bichitos no se ven —enemigo invisible, los llamó Alberto—, pero sus efectos son inescapables. Una emergencia como la que transitamos, disruptiva en materia de rutinas, tareas y relaciones, tiñe nuestra existencia de a poco, como un chorro de tinta en un vaso de agua. Y si hay algo digno de ser contemplado ahora, si existe en estas horas un espectáculo fascinante e imperdible, es el modo en que el virus potencia a diario todo lo horrendo y lo maravilloso que caracteriza a nuestra especie.

 

 

El androide Roy Batty en «Blade Runner»: «Vivir con miedo es ser un esclavo».

 

 

 

 

Verdugos en offside

Para justificar la primacía por encima de los seres vivos, los humanos inventamos a un dios que nos designaba al comando del mundo. (Algunos dioses se dejaron adoptar por un pueblo equis antes que por sus vecinos o los pueblos de otras latitudes. No eran muy afectos al turismo internacional.) En el fondo todos sabemos que llegamos hasta acá por una concatenación de hechos, muchos de ellos fortuitos, en los cuales tuvieron tanto que ver la química, la física y el azar. Basta con prestar atención a una red social y ver las cosas que bocha de gente dice, para que caiga la ficha y entendamos que, en buena medida, si duramos tanto en este planeta fue de milagro.

Crecimos prestándole atención a una ciencia de la Historia que contaba el cuento a partir de sus hombres (porque casi siempre eran hombres, según la versión oficial) más notables. Presumiendo que todavía tenemos por delante un futuro largo y venturoso, ¿qué pensarán nuestros herederos si la historia de hoy termina también siendo contada a partir de los hechos y omisiones de nuestros líderes?

 

 

El fallido Mesías de la Cama Solar.

 

 

El panorama no pinta alentador. El Presidente del país que se presume más poderoso —ese título será una de las tantas cosas que el coronavirus pondrá en cuestión— arrancó bajándole el precio al tema, después le echó la culpa a China y en el medio se mandó una manganeta que lo pinta de cuerpazo entero: ofreció un fangote de guita a un laboratorio alemán, CureVac, para hacerse con una potencial vacuna en exclusiva. El muy impresentable sólo considera la crisis en términos de su próximo desempeño electoral. Imagino que soñaba con presentarse ante su pueblo como el Mesías de la Cama Solar, y no dudo de que habría intentado promocionar la vacuna como producto del ingenio de su nación; si el resto del mundo sucumbía al virus, le importaba un rábano. El twitt de alguien que se hace llamar karola123 subrayó algo que, como la carta robada de Poe, está delante de nuestros ojos pero no siempre vemos: ¿Se dieron cuenta de que EEE.UU. sólo salva el planeta en películas? Lo paradójico es que los que parecen estar más cerca de producir una vacuna son aquellos que en las películas siempre ocupan el rol de villanos: alemanes, chinos y cubanos.

En la mitad sur del continente también tenemos lo nuestro. La adicción del chileno Piñera a las fuerzas militares ya es indisimulable. Se levanta un día con dolor de panza o se mosquea porque perdió Colo Colo y te saca el ejército a la calle. Bolsonaro empezó por echarle Flit al asunto, salió a darse un baño de masas, se abrazó con compatriotas que protestaban contra su propio Congreso y se trenzó en lucha libre con un barbijo que se resistía a besarlo. (Al igual que el Quetejedi, necesita un tutorial para salir airoso de la tarea.) Dado que parte de su entorno, en particular aquel que lo acompañó a visitar a Trump hace semanas, cayó enfermo de coronavirus y él sigue de pie, sólo cabe una conclusión: los virus carecerán de cerebro mas no de inteligencia, porque hay ciertos organismos en cuyo interior —¡microscópicos Bartlebys!— preferirían no reproducirse.

 

 

 

 

Si achicamos el cuadro, la cosa no es menos escandalosa. Imagino que la mayoría se enteró de los siguientes casos, pero vale la pena recordarlos, porque el fuego de la indignación inicial no debería consumirlos: hace falta rescatarlos y ponderarlos, porque hablan de un mal que no habrá desaparecido cuando pasemos de página y los medios elijan otros chiches para jugar. La médica chaqueña jubilada y su hija, que dejaron un tendal de infectados a su regreso de Europa, incluyendo un niño. El entrenador de rugby que atacó al vigilador que sólo le recordaba su deber cívico. Los que rajaron con sus autos a la costa, simbolizados por el Mercedes blanco de un ex funcionario macrista y la mujer del Honda Civic que se cagó en los controles y quiso burlarlos a través de los médanos. El cordobés que fue el primer detenido por violar la cuarentena, al grito de: «No tengo que darle explicaciones a nadie». El triste payaso mediático que defendió su «derecho» a circular por calles a pesar de ser una potencial bomba viral. El pendejo que se fugó del hospital de Colonia, mintió a las autoridades y dejó a 400 pasajeros de Buquebús cuarentenados. El machito imbécil que se fardó ante sus amigos de haber intimado con una cordobesa que llegó de Europa con síntomas y terminó obligando a cerrar las fronteras de dos pueblos. Conozco los nombres de casi todas estas personas pero no quiero repetirlos, porque cuento que, cuando ya no existan, la Historia los borre de sus registros como se hace con todo experimento fallido — en este caso, de la humanidad.

Estas son sólo muestras de lo que pulula por las redes. No serán las últimas, claro. Y habría que sumarles los casos que —estoy seguro— ya les constan a ustedes y no llegarán a los medios. (Una amiga me cuenta del sobrino al que rajaron el jueves 19 de una textil de Ramos Mejía, que seguro sobreactuará su malaria para cazar subsidios. Yo podría hablar de gente insolidaria que pretende arriesgar a compañeres de trabajo y de rascapautas que demandan que otros se expongan, desde la impunidad de su cuenta de Twitter. …Mas debo refrenar mi lengua, diría Hamlet.)

 

 

«Westworld»: ¿qué habilita a los ricos de este mundo a pensar que les pertenecemos?

 

 

Este es momento de agrandar nuevamente el cuadro y alejarnos de las mezquindades de tanto burgués piccolo piccolo. Lo que hay que hacer es estudiar el panorama, sin abrumarse por la proliferación de casos que inspiran desesperanza respecto de la especie toda. Sí, hay mucho hijo de puta por ahí, dando rienda suelta a su egoísmo asesino. Salir a la calle cuando no es imprescindible y sin saber si estás infectado o no equivale a meterse en la popular de Boca haciendo malabares con una pistola cargada: la intención puede no serlo, pero en caso de ocurrir lo malo probable, el efecto es criminal. (Desafío el malhumor de cuarentena de la doctora Rockanfort y me dice que en efecto, un caso así sería como mínimo homicidio culposo. Si estabas conminado a cuarentena, puede tratarse de homicidio con dolo eventual. Y si te sabías infectado, ya entramos en el terreno del doloso liso y llano.)

El tema es que esa gente no nació así. Nadie nace así. Pero tampoco son un accidente. Cuando por torpeza te comés el marco de una puerta y dejás tu brazo en carne viva, eso es un accidente. Pero cuando, sin que te hayas chocado con nada, te aparece un bulto debajo de la piel, eso es un síntoma: la manifestación externa de un fenómeno que ya estaba teniendo lugar, aunque no nos diésemos cuenta.

 

 

 

 

El Indio Solari viene diciendo desde hace décadas —desde los primeros borradores de El delito americano— que nadie estará en mejores condiciones de heredar este mundo nuestro, así como está y lo padecemos, que los psicópatas. No es una expresión de deseo, claro, sino una observación desapasionada. En los ’80 la idea me hubiese sonado a boutade, el alarde de un visionario amateur. Hoy suena a descripción quirúrgica de un fenómeno evidente. Está claro que nadie prospera más en este sistema que los inescrupulosos, sin el menor respeto por la ley o norma ética alguna, que son capaces de cualquier cosa con tal de salirse con la suya. Si buscás las características clínicas de estos personajes, vas a descubrir que describen a Cierta Gente Que Conocés, y a la perfección: encanto superficial, falsedad o falta de sinceridad, ausencia de remordimiento y vergüenza, egocentrismo patológico y carencia de empatía, tendencia a mentir de forma patológica, insensibilidad en las relaciones interpersonales, estilo de vida parasitario, comportamiento irresponsable.

Esta es la gente que brota como hongos en estos días, llamando la atención por su incapacidad de seguir las consignas de las autoridades sanitarias y por exponer a sus congéneres al daño. Quedan a la vista, flagrantes, porque el sistema al que hasta ayer se adaptaban hizo crisis, se pinchó, y en un contexto donde debería primar la solidaridad, se los pita por offside en las primeras jugadas. La gran lección de hoy es el proverbial elefante en el bazar, una monstruosidad que consume casi todo nuestro espacio y nuestro oxígeno y a la cual ya no podemos seguir fingiendo que no vemos: para la humanidad entera, no hay virus más mortal que el capitalismo salvaje.

 

 

 

 

La mano invisible del mercado es la primera que te suelta ante el primer peligro para volar a su bunker o palacete, y arreglate. Lo grave no es tanto el coronavirus, sino el hecho de que el neoliberalismo hizo mierda todos los sistemas de salud y no estamos en condiciones de darle a la gente una mínima atención. Por eso el chiste que dice que el producto mejor terminado del capitalismo es el pobre de derecha, porque vota a quien lo caga («Son como los perros», decía Cooke, «cuidan la mansión pero duermen afuera»), aunque ingenioso, resulta incompleto y por lo tanto equívoco, en tanto induce al error.

El producto más puro del capitalismo, su progenie concebida de modo natural, son los y las psicópatas que no pueden pensar más que en sí mismos.

 

 

Uno en cuatrocientos

 

 

 

Por defecto profesional, no puedo dejar de admirar cuán eficiente es un virus como recurso narrativo. Lo metés en cualquier narración y funciona, porque remueve toda hojarasca, se lleva puestos los grises molestos que enturbian la escena y deja planteado el drama en términos de blanco deslumbrante y negro carbón. Lo mismo que veníamos gritando desde hace años sin que nos diesen bola, ahora resuena claro y lo escucha el mundo entero, porque la vida de todos depende de ello. El virus es como ese truco que te permite leer el mensaje que había sido escrito con tinta invisible, y del cual depende toda la trama. Un texto legible, ahora, que describe lo que el capitalismo salvaje venía haciendo sin que nadie le parase el carro: privilegiar a pocos y abandonar a las mayorías a la enfermedad, la desesperación y la muerte.

Lo que estamos padeciendo no es tanto el coronavirus como las consecuencias del neoliberalismo. Que apenas se lo permitimos —porque bajamos la guardia, o porque lo votamos—, agarra el hacha y elige como blanco los sistemas de salud y educación, condenados y decapitados en tanto «gasto innecesario». Fíjense cuán perverso es el sistema, que lo primero que hace es despojarnos de aquellos servicios que en situaciones como la presente marcan la diferencia entre vida y muerte. Sin servicios de salud pública y sin la educación adecuada —una formación en la noción esencial de comunidad, de la generosidad como regla número uno de toda convivencia—, estamos fritos.

 

 

 

El género de la narración en curso es el drama, pero ofrece algún pasaje de comedia. La velocidad compulsiva con que los adalides del neoliberalismo están haciendo aquello que hasta ayer decían que era caca o simplemente imposible —poner guita en los bolsillos de la gente para que consuma y sobreviva—, es digna de los cortos de Chaplin y Harold Lloyd. De repente, aquello que veníamos pregonando y ellos negaban en el discurso y los hechos quedó claro y hoy no lo discute ni su economista más termocéfalo: si la gente no dispone de lo esencial, va a colapsar el sistema entero y ahí sí que sálvese quien pueda. Habrán advertido que no hay ejército privado que los proteja de una turba desesperada y por eso pusieron las barbas en remojo. (Por hoy, si los dejamos salirse con la suya: yerba mala…)

Por supuesto, las cosas empeorarán antes de mejorar. Veremos infinidad de escenas como las protagonizadas por esos pendejos que no quisieron perderse sus vacaciones de primavera y se mandaron a la Florida, desde cuyas playas dijeron: «Si me agarro el corona, me agarro el corona. Eso no va a privarme de ir de joda». Pelotuditos como estos son los que aparecen en el arranque de las películas de terror y son los primeros en caer guadañados, sin que a uno se le acelere el pulso. Pero no podemos caer en la trampa de creer que la mayoría de la gente es así. Esos son los que quedan en posición adelantada porque no están educados para respetar las reglas, como le pasa al Chavo cuando el profesor Jirafales manda a callar y todos callan menos él. Créanme: no son los más, son los menos. Me gusta la proporción del Buquebús puesto en peligro por ese forrito que, vaya ironía, viene de familia presuntamente educada: uno en cuatrocientos. Un infeliz en medio de cuatrocientas personas responsables. Con esas proporciones, yo apuesto. Esas proporciones alientan esperanzas. Ya lo dijo Gandhi: «No hay que perder la fe en la humanidad. La humanidad es como un océano; unas pocas gotas pueden ensuciarse, pero el océano en sí mismo no se vuelve sucio».

 

 

 

 

En estas horas próximas al 24 de marzo, mi cabeza y mi cuerpo resultan asaltados por el recuerdo de otras cuarentenas. El peligro era distinto a fines de los ’70, pero obligaba a precauciones similares. Evitar cierto tipo de exposición. Ser consciente de que había controles en las calles. Salir lo menos posible. Siempre le cuento a mis hijes la situación antinatural a la que la dictadura forzó al adolescente que yo era entonces: en la edad propia de la sociabilidad y la joda, cuando era como ese forrito yanqui que se niega a stop partying, los sábados por la noche me quedaba en casa, o a lo sumo visitaba o recibía a amigues. No era que mis padres me prohibían salir: yo me negaba a salir, porque aunque no entendía del todo lo que pasaba, percibía el pánico en el aire y prefería ser prudente. A pesar de que era el pendejo más apolítico del país —no por opción, sino por ignorancia—, entendía que si los bichos malignos que patrullaban por ahí me veían, iban a pescar al vuelo que yo no podía sino ser enemigo de lo que representaban.

Fue en esa época que un relato de ciencia ficción (como Westworld, como Blade Runner), me proveyó de un mantra que me ayudó a sobrevivir. Se llamaba Duna, su autor era Frank Herbert y dotaba a su héroe, el adolescente Paul Atreides, de una Letanía contra el Miedo que su madre le había enseñado. Ahí la releo ahora, subrayada por un lápiz tenue, en la página 14 de mi vieja edición de New English Library. La Letanía está en primera persona del singular, pero desde que me contaminó El eternauta (¡mas ciencia ficción!) con su defensa del héroe colectivo por sobre el individual, me la repetí siempre en primera del plural y así la comparto, por si les sirve:

«No debemos tener miedo. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que produce obliteración total. Vamos a enfrentar nuestro miedo. Vamos a dejarlo pasar, a permitirle que nos atraviese. Y cuando nos haya dejado atrás, enfocaremos nuestro ojo interior en el sendero que dejó. Donde hubo miedo ya no habrá nada. Sólo nosotros permaneceremos».

 

 

«Duna», de Frank Herbert: «El miedo es el asesino de la mente».

 

 

Este debe ser un tiempo de recogimiento, de pensar mucho y bien; hay que estar atentos y prepararse para la acción. Porque los escorpiones de la fábula querrán aprovechar la ocasión, aunque el mundo entero se hunda a su alrededor: van a tratar de rescatar empresas y bancos en vez de gente, de perfeccionar los mecanismos de control sobre la población, y eso es algo que no podemos permitir. Pero la oportunidad nos regaló también dos ventajas comparativas, una local y otra general.

La primera pasa por la suerte colosal que hemos tenido de que esto ocurra ahora y no hace un año o dos. Hasta los gorilas están aliviados de que el gobierno esté en manos de gente que hará lo indecible por cuidar de todos sin excepciones, sin ahorrar mango ni esfuerzo. Es como dice un amigo, el Topo Devoto. Ahora cambiaron todos, los neoliberales piden Estado, los troskos defienden las libertades «burguesas», los antivacunas reclaman un pinchazo que los salve, los medios se hacen los democráticos y la oposición empuja para salir en la foto. El único que no cambió es el peronismo, que «siempre se hace cargo de la papa caliente y busca que las medidas cierren con la gente adentro».

Alberto y Cristina harán política, que para eso fueron elegidos, y capitalizarán la ocasión para modificar condiciones estructurales (en lo que hace a la deuda, obvio, pero también en materia de formación de precios) de las que nos impiden crecer de modo sostenido con justicia social. Y cuando baje el agua y volvamos a abrir la puerta para ir a jugar, el pueblo pedirá que se haga justicia con aquellos que nos dejaron tan mal parados para protegernos del daño. A esa altura es probable que todos tengamos pérdidas que lamentar: gente real, con nombre y apellido, destinos truncados antes de tiempo. Por eso creo que, como ya ocurrió otra vez, el pueblo no cejará hasta ver juzgados y condenados a los que nos dejaron sin recursos esenciales. Para que podamos dar por cerrada la etapa del neoliberalismo, es imprescindible que haya justicia. Y no habrá justicia si no hay presión social para conseguirla. Esta vida es la única película de la cual, hasta donde nos consta, seremos protagonistas. Androides o no, la opción es resignarse o rebelarse ante los señores que están convencidos de que vinimos a este mundo para servirlos.

 

 

«El eternauta».

 

 

La ventaja general tiene que ver con las características de la pandemia. Muchos están preocupados porque proscribe el contacto físico, el abrazo, el beso, estrechar las manos. Yo prefiero considerarla de otra forma. Esas formas del encuentro humano son bellas, pero no infalibles. Los psicópatas también te besan, te abrazan, te dan la mano. La ventaja relativa del coronavirus es que, a este respecto, no admite engaños ni falsedades. Transparenta lo esencial, desnuda nuestras almas, torna imposible mentir. Si estás donde no debés, si salís a pesar de que no era necesario, sos un hijo de puta. En cambio si te guardás, si cuidás a los tuyos y al hacerlo cuidás a los demás, serás lo más parecido a un superhéroe que existe. El virus es una mierda en mil aspectos, pero tiene esta extraña, democrática propiedad: le ofrece a cada uno de nosotros la posibilidad de salvar al mundo. A pesar de lo pequeños e imperfectos como somos, nos permite convertirnos en la Mujer Maravilla, en Indiana Jones, en Lara Croft, en Juan Salvo, sin salir de casa.

Eso es lo que están haciendo ahora mismo, si es que me leen desde un lugar protegido. Del modo más literal, como eslabones de una cadena humanitaria que atraviesa y contiene al planeta entero, ustedes están salvando al mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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35 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Impecable, como de costumbre.
    Una digresión, si me permite.
    Comparto que la pandemia puso en evidencia clara, lo que existiendo desde hace demasiado tiempo, vivía invisibilizado a demasiadas personas. El virus visible, mucho más letal e implacable que el invisible, que carga sobre sus espaldas una cantidad de muertos que daría escalofríos con solo mencionar sus cifras.
    Pero también, expone lo que está invisibilizado -como usted refiere-, todo lo mejor de nuestra especie; que no resulta la mejor de todas, por cierto.
    Dicen que las bacterias fueron los primeros organismos vivos sobre la faz de la tierra. Sin embargo, los virus no están considerados organismos vivos por su incapacidad de reproducirse por sí mismos.
    Los procariotas pueden sobrevivir en muchos ambientes que no toleran otras formas de vida. Se han encontrado en las extensiones heladas de la Antártida, en las oscuras profundidades del océano y hasta en las aguas casi hirvientes de las fuentes termales naturales.
    Desde hace muchos años se viene discutiendo sobre el origen de la vida sobre la tierra, desde la teoría del Big Bang (su último estudio a través de “la máquina de Dios”), la teoría creacionista o vitalista, el creacionismo científico, la teoría evolucionista, la teoría de generación espontánea, la teoría de la biogénesis, la teoría mecanicista, la teoría de la panespermia, teoría de la endosimbiótica y la teoría de Oparín-Horowitz; como las que puedan faltar y las por venir.
    “…Una definición completa de vida procedente de la Biología Molecular sostiene que la vida es una propiedad de los organismos que contienen información hereditaria reproducible, codificada en moléculas de ácido nucleico, y que metabolizan al controlar el ritmo de reacciones químicas utilizando catalizadores llamados enzimas. Más simplemente, los seres vivos son aquellos que poseen la capacidad de nutrirse, descomponer y sintetizar nuevas componentes, obteniendo por ello energía y finalmente la capacidad de reproducirse.” (botanica.cnba.uba.ar)
    En fin, teorías, cuyos consensos van variando a lo largo de la historia, muchas veces a favor de intereses concretos.
    Las pandemias, jamás son explicadas en razón de las consecuencias de los sometimientos que padece la humanidad en virtud del designio de los poderosos o los poderes ocultos que manejan el orbe (el sistema de dominación).
    En tal sentido hay, en efecto, otras perspectivas de análisis posibles y que, por la historia conocida del proceder de quienes manejan el mundo desde las sombras, no podemos descartar. Pero estas, nunca van a resultar consensuadas porque son desacreditadas desde el vamos, como teorías conspiranoicas.
    (cfr.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_virus56.htm; /ciencia2/ciencia_virus67.htm; /ciencia3/ciencia_virus85.htm; /ciencia3/ciencia_virus84.htm; /ciencia/ciencia_avianflu_esp.htm; /ciencia3/ciencia_bioterrorism16.htm; /ciencia3/ciencia_coronavirus.htm; entre tantas otras referencias)
    Ciertamente, como usted refiere, el verdadero milagro, es que el mundo tal cual es, aún exista.
    También, en estos tiempos, recordé esa maquinaria imperial a la que refiere Karola123 y, en efecto así es. Pero, también lo que la psicología denominó “triada oscura”, personalidades que se alojan en un mismo individuo (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía), cuyos portadores se compadecen precisamente con aquellos que son los titiriteros en las sombras y, quienes gobiernan las principales potencias (y países periféricos también), juntamente a las elites locales de cada uno de los países. En fin, los virus más letales que supo concebir nuestra especie y, posiblemente, generadores de los otros a los que llamamos invisibles. Más allá de las películas y de cómo se muestran, por su psicopatía, las intenciones están en las antípodas de lo que dicen pretender. También lo tienen escrito y abundan los ejemplos.
    Pero, además, como usted bien señala, hay demasiados agentes patógenos de nuestra especie, piccolos-piccolos comparativamente a los precedentes, pero igualmente letales para el resto y que encajan en las figuras definidas por la doctora Rockanfort.
    Qué visionario y preciso el Indio Solari. Qué ejemplificador resulta el Elefante en el bazar, ya que colaboran en la interpretación de las líneas de este ciudadano común.
    Uno quiere tener la esperanza de que alguna vez aprendamos y que todo, cuando la pandemia pase, resultará mejor para la humanidad. Pero la historia, que atravesó muchas catástrofes con sus hechos implacables, también nos dice, que quienes tienen el poder de provocar los cambios necesarios, jamás lo hicieron. Y que, las inmensas mayorías víctimas del sistema, a pesar de algunos intentos, jamás pudieron revertir el curso.
    Hoy, esos poderes, cuentan con tecnologías sin precedentes en la historia, con capacidades de dominación jamás imaginadas, incluyendo, la creación de vidas artificiales. Goliat es muchísimo más gigante que su mito, pero el mismo siempre y David, prácticamente es el mismo, lo que lo hace mucho más pequeño que el de entonces, aunque subdividido en muchísimos más. Siempre fueron más los que están del lado de David. Pero David venció a Goliat sólo en el mito.
    Confieso que vi la película pero no he leído el libro y, tampoco fue mi aspiración aprender el idioma imperial, aunque recurriendo a un traductor que el imperio me ofrece, al parecer, la traducción de la “Letanía contra el miedo”, refiere: “No debo temer. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Me enfrentaré a mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré el ojo interno para ver su camino. Donde el miedo se ha ido no habrá nada. Solo yo me quedaré.”. Si este fuese el caso, les resulta más acomodaticio a las elites, ya que centraliza en lo individual.
    Lo he dicho en otros comentarios, no quiero ni imaginarme este escenario bajo la presidencia de Macrí y sus secuaces.
    Quisiera que lo que usted refiere en el párrafo que precede a la imagen del Eternauta, se haga realidad y que, los cambios por venir resulten copernicanos.
    En efecto, Marcelo, el virus, paradójicamente, vino a demostrar que uno es uno, en la medida que sepa que es uno, con todos los demás.
    Insisto, si el virus es de origen divino o de la naturaleza revelada por el accionar de los depredadores, hay alguna esperanza de un cambio temporal para beneficio de la humanidad, pero si no, parafraseando a Estela de Carlotto (eldestapeweb.com): “…Gente mala no cambia. No cambia. Criminales de esa entidad no cambian, no se transforman en buenos nunca.”

  2. Alejandro Marzullo dice

    Muy buena nota. Esperemos que cuando todo esto termine y volvamos a las calles la burguesía egoísta deje de pensar en el «Sálvese quien pueda» y seamos todos un poco más humanos, solidarios e igualitarios.

  3. HERNÁN DE ROSARIO dice

    El artículo de Marcelo Figueras conmueve. Luego de leerlo extraje los siguientes párrafos: “Sí, hay mucho hijo de puta por ahí, dando rienda suelta a su egoísmo asesino. Salir a la calle cuando no es imprescindible y sin saber si estás infectado o no equivale a meterse en la popular de Boca haciendo malabares con una pistola cargada: la intención puede no serlo, pero en caso de ocurrir lo malo probable, el efecto es criminal” (…) “La ventaja relativa del coronavirus es que, a este respecto, no admite engaños ni falsedades. Transparenta lo esencial, desnuda nuestras almas, torna imposible mentir. Si estás donde no debés, si salís a pesar de que no es necesario, sos un hijo de puta”.

    Estamos rodeados por personas perversas y egoístas. El coronavirus los ha puesto en evidencia. Ha instalado una grieta muy profunda en la sociedad: por un lado, quienes acatamos la cuarentena porque es un imperativo moral; por el otro, quienes la ignoran en un abierto y estúpido desafío a la peste. Efectivamente, se trata de un desafío estúpido protagonizado por gente estúpida. Y ya que hacemos referencia a la estupidez humana, nada mejor que leer este ensayo de Carlos M. Cipolla titulado “Las leyes fundamentales de la estupidez humana (dialnet.unirioja.es-1996).

    A continuación transcribo algunos de sus párrafos más salientes.

    -La Primera Ley Fundamental de la estupidez humana afirma sin ambigüedad que: Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. A primera vista la afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poca generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la autentica veracidad de esta afirmación. Considérese lo que sigue. Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que: 1. Personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas. 2. Día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.

    -Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza. Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguíneo. En definitiva, uno nace estúpido por designio inescrutable e irreprochable de la Divina Providencia. Aunque estoy convencido de que una fracción E de seres humanos es estúpida, y de que lo es por designio de la Providencia, no soy un reaccionario que pretende introducir de nuevo furtivamente discriminaciones de clase o de raza. Creo firmemente que la estupidez es una prerrogativa indiscriminada de todos y de cualquier grupo humano, y que tal prerrogativa está uniformemente distribuida según una proporción constante. Este hecho está expresado científicamente en la Segunda Ley fundamental, que dice que: La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. A este propósito, la Naturaleza parece realmente haberse superado a sí misma (…) Guste o no guste esta Segunda Ley Fundamental, en cualquier caso sus implicaciones son diabólicamente inevitables. Tanto si uno se dedica a frecuentar los círculos elegantes como si se refugia entre los cortadores de cabezas de la Polinesia, si se encierra en un monasterio o decide pasar el resto de su vida en compañía de mujeres hermosas y lujuriosas, persiste el hecho de que deberá siempre enfrentarse al mismo porcentaje de gente estúpida, porcentaje que (de acuerdo con la Primera Ley) superará siempre las previsiones más pesimistas.

    -Todos nosotros recordarnos ocasiones en que, desgraciadamente estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio a nosotros: nos encontrábamos frente a un malvado. También podernos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción, cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto. Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente. Tales casos ocurren continuamente. Pero si reflexionamos bien, habrá que admitir que no representan la totalidad de los acontecimientos que caracterizan nuestra vida diaria. Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esa absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

    -Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales. Antes que nada depende del factor genético. Algunos individuos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a tal herencia pertenecen, desde su nacimiento, a la élite de su grupo. El segundo factor que determina el potencial de una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad. Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje f: de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que han ocupado (u ocupan). ¡Ah!, y no nos olvidemos de los prelados. La pregunta que a menudo se plantean las personas razonables es cómo es posible que estas personas estúpidas lleguen a alcanzar posiciones de poder o de autoridad. Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales. En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia. Pero el lugar de las clases y las castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. En el seno de un sistema democrático, las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción E entre los poderosos. Hay que recordar que, según la Segunda Ley, la fracción E de los votantes son estúpidos, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás sin obtener ningún beneficio a cambio dé su acción. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel E de estúpidos entre las personas que están en el poder.

    -No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida. Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras, en qué consiste el poder de la estupidez. Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un más a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un “más” para sí, procurando también al mismo tiempo un ‘más’ para los demás, deberá obtener su ‘más’ causando un ‘menos’ a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo. En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas. Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado. Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que: 1. Generalmente el ataque nos coge por sorpresa. 2. Incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional. El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque; como intentar disparar sobre un objeto capaz de los más improbables e inimaginables movimientos. Esto es lo que tenían en mente Dickens y Schiller al afirmar el uno que «con la estupidez y la buena digestión el hombre es capaz de hacer frente a muchas cosas», y el otro que «contra la estupidez hasta los mismos dioses luchan en vano». Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es un malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora. El estúpido no está inhibido por aquel sentimiento que los anglosajones llaman self-consciousness. Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.

  4. Gustavo dice

    Marcelo, mucho gusto! Fue un placer recorrer un camino conocido, pero a través de tu exquisita narrativa llena de colores, escenas y lecturas de mi pasado, que al parecer, necesitaban unirse y encontrar un nuevo sentido una mañana de cuarentena.
    Transformadora tu pluma.

    1. [email protected] dice

      Muy bueno el desarrollo…. Acuerdo Totalmente!!! Más con que los estupidos no saben que lo son👏👏👏👏

  5. Maty dice

    Es un placer leerte. Un abz

  6. María José Mundet dice

    Marcelo, te espero todos los domingos a la distancia para leerte y conectarme con tantas diferentes personas del universo real y del universo ficcional. Me sumerjo en tu escritura…es un deleite apasionante…alivia mis momentos de tristeza, de dolor, de temores…
    En especial en este mes de marzo. Llegamos a Groninga, Países Bajos el 11/03 a conocer a nuestra nieta Manuela recién nacida. Nuestro hijo, astrónomo, vive y trabaja en la universidad aquí.
    Estamos disfrutando nuestra abuelez pero al mismo tiempo estamos atentos a lo que estamos todes atravesando…y no sabemos todavía cuándo podremos regresar….
    Seguimos día a día la información… sentimos orgullo de nuestro gobierno peronista, de nuestro presidente y de Cristina…del modo de encarar y hacerse cargo de las serias dificultades para recuperar no solo el sistema de salud tan devastado sino todo el resto….no voy a detallarlo….
    Nuestro hijo es une de les tantes científiques que se fue al exterior » gracias» al «Quetedije» ( como lo mencionas en tu texto) y sus secuaces. En algún momento regresará a Argentina, más precisamente al IAR (Instituto Argentino de Radio astronomía).
    Tu texto de hoy me ha permitido aliviar un poco el miedo a la enfermedad. Mi pareja es un paciente de riesgo por su patología de base si bien respeta su tratamiento y se cuida mucho. Estamos preocupados con el regreso. Es cierto que el miedo construye muros parafraseando a Roger Waters. Y no permite pensar y diferenciar…por eso esta lectura de hace un rato me trajo paz… GRACIAS!
    P.D.: terminé de leer Aquarium hace una semana. Hermosa y, a la vez, compleja novela. Esas historias que se entrelazan me apasionaron…esa manera de jugar con el significante…con las diversas lenguas… GRACIAS por escribir…
    Hasta el domingo próximo!

  7. Guido dice

    Marcelo, llamativamente me encuentro escribiendo algo por acá. debo decirte que tus notas me parecen geniales, el trabajo sobre series y pelis me parece una forma muy buena de trabajar los constructos ideológicos-culturales. en ese sentido, leerte siempre me tira una reminiscencia de zizek. dada la inteligencia y creatividad que expresan tus palabras, me tomo el atrevimiento de hacerte un comentario sobre esta idea de capitalismo «salvaje». dado el momento extraño en el que estamos, una suerte de momento fuera de momento; que, paradójicamente, ilumina ese hilo o escrito invisible del que hablas, donde el ojo de repente es capaz de posarse sobre lo obvio y evidente: ¿no llegó el momento de darse cuenta del sinsentido de adjetivar al capitalismo?
    todos notamos que de repente el estado pasa a tener una popularidad cuasi unánime. ¿no habría que preguntarse por qué? ¿cuál es la función del estado en las crisis del sistema? es más, cuál es el sentido del estado. me parece que llego el momento de atreverse a hacer estas preguntas. no soñemos para atrás, con un mundo idealizado de estado de bienestar. tenemos que soñar para adelante, tenemos que animarnos a tomar impulso sobre nuestra historia rica de movimientos populares, movilizaciones y conquistas y pegar el salto, dar una vuelta de tuerca más. por que en eso se nos juega el futuro, lo que parece imposible, eso es lo necesario. un abrazo

  8. Carlos Pérez Rasetti dice

    Excelente! Muchas gracias!

  9. Vladimir Vichensko dice

    Si el cerdos & peces publico ese reportaje del indio .»los psicopatas heredaran la tierra»…cuando le preguntaron si El era un psicopata …antea de responder..el cronista .. creo que era Symms.. avisa que SE RIE

    1. Meir dice

      Che, Figueras, ya cometiste antes el mismo error: la Torah o Pentateuco o Ley es uno de los tres grandes libros que constituyen el Antiguo Testamento. Los otros dos son Profetas (Nevihim) y Escritos (Ktubim). Corregí este error que degrada tus excelentes textos. Saludos

      1. Marcelo Figueras dice

        Corregido. Chas gracias.

      2. raúl emilio dice

        la Torah (de la raíz verbal que podría traducirse por «enseñar» o «instruir» y cuyo sujeto es el Dios Yavé que escucha el clamor de los oprimidos y baja al llano para hacerlos salir, es decir, liberarlos) es uno de los tres grandes cuerpos o bloques de la Biblia Hebrea; junto a «Nebihim» y «Ketubim». No sólo es uno de los tres. Es el primero y es el principal, el corazón de las escrituras en la que el Pueblo que tiene autoconsciencia de la elección divina recoge oralmente primero y por escrito cientos de años después la experiencia-testimonio de esa relación Dios-Pueblo.

    2. Manso dice

      Marcelo, para vos solo elogios y para Hernán de Rosario, muchos aplausos. Y aunque muy conocida no es malo recordar la cita de Einstein: » Hay dos cosas infinitas: la estupidéz humana y el Universo, aunque de esto último puedo tener dudas»

  10. pelusa dice

    Como siempre tus textos producen un efecto de ‘fascinacion’. Al menos para mi. Y me regocija su lectura. Aprendo y reflexiono.
    Tambien encuentro que -siendo fuerte y acertado critico a la potencia hegemonica- casi sempre nos comentas y reflexionas alrededor de pelis, series y/o literatura norteamericana.
    Si la peste se ensaña mas con les viejes que con les jovenes, ¿podriamos mencionar distopias propias como ‘La guerra del cerdo?, o ‘la invencion de Morel’, para aliviar la angustia de tantes que se pavoneam segures de su presente y su futuro?
    Comparto que es drama lo de hoy; aunque lo que describis como ‘responsabilidad del capitalismo salvaje’ que hoy padecemos va mas alla del drama : es una TRAGEDIA. Porque faltal e inexorablemnte esta (o cualquier otra, como un generalizado meritocratico «sentido comun») ibamos hacia una pandemia.
    Igual me permito ser optimista. No porque les picoles picoles y les grosses grosses nos vayan a salvar, sino porque siempre habra una Maria real en la Metropolis; con limitaciones (como la de la peli alemana) , pero la habra.
    Si no es asi estamos al horno como humanidad.
    Tu final es «a toda orquesta». Gracias

  11. Ignacio dice

    Las integrantes de la hermandad Bene Gesserit, las creadoras de la Letanía contra el miedo, compartían todas las memorias de sus antepasadas mujeres (muchas ellas de la misma hermandad) y de sus compañeras voluntariamente. Aun siendo en algún punto una mente colmena, la Letanía va en singular porque implica un repliegue a un punto personalísimo, donde el miedo funciona más allá de las psicosis colectivas.

    Como siempre buenas ideas para la reflexión dominical, aunque noto más alto el contenido de arenga motivacional.

    Saludos

  12. Diana Laurencich dice

    Me estremece leerte. Siempre hay un punto en el que aparece la dictadura del 76 en nuestras vidas. El encierro, esa maldita palabra que nos marcó cuando éramos tan lindes, jóvenes y estallábamos de rebeldía que nos tuvimos que masticar, porque veíamos lo que pasaba. Porque ese miedo inoculado está ahí, por más que pasen los años, y tuvimos hijes a lxs que les pudimos cambiar el bocho.
    Sé que esto es distinto, sé que Alberto nos cuida y doy gracias a les dioses de que hayamos votado bien, pero los recuerdos vuelven y se hacen dolor. Ojalá que el mundo cambie sus reglas para bien. Será nuestra gran oportunidad, nuestra revancha, nuestra utopía.
    Uno en cuatrocientos. Cuatrocientos, el número que para los orientales significó un número inmenso. Uno en cuatrocientos. La medida de la gota que mancha el vaso con tinta. Ojalá que nuestro océano sea mucho más ancho y vasto que nuestro vaso. Un saludo, un abrazo, un big bang.

    1. Marcelo Figueras dice

      Abrazos libres de virus, querida Diana.

      1. Del centro dice

        Estas notas son muy buenas pero serian mejores la resumen un poco por q me marie con tanta fecha nombres y lugares.Creo q hay cosas q sabemo abz

      2. Juani dice

        No quería que termine nunca tu reflexion. Como siempre acomodando ideas que uno tiene sueltas …

      3. Diana Laurencich dice

        Para vos también!

  13. Flavio dice

    Excelente nota Marcelo. Te felicito !! Pero en mi opinión hay gente que se ubica un escalón más arriba. Los trabajadores de salud, los periodistas y comunicadores, la gente relacionada con industria alimenticia, etc, etc. Ellos también nos están salvando la vida. Gran abrazo. Flavio de Neuquén

  14. GracielaGR dice

    Marcelo: siempre disfruto tus textos en El cohete, por lo cual decidí comenzar a leer tus novelas, cosa que no había hecho.
    Me encantó (hasta ahora: he leído 2) tu homenaje a Oesterheld. Disfruté el paulatino entrecruzamiento de la novela de aventuras con la ambigüedad realidad/ficción, con el despliegue del multiverso, con la realidad descarnada de un régimen de marginación, con esas islas y villas desprotegidas, con la apuesta a lo maravilloso, también con la épica.
    Fuiste para mí una revelación entre mediocridades.
    Sigo leyendo…

    1. Marcelo Figueras dice

      ¡Mil gracias, Graciela!

      1. Jose Luis dice

        Hola. Hablando de series, guiones argumentos. Hablando de Héroes sería interesante que muchos puedan ver y analizar de la misma manera «The Hunter» con Al Pacino por Amazon prime; y hablando de pandemias originadas por el odio racista.

  15. Myriam dice

    Querido Marcelo!, estoy mas cerca del mundo que siempre. Estoy en mi mundo. Lo conozco, lo analizo y saldre a recorrer el mundo circundante mas sabia, mas atinada, mas cumpa.

  16. Ramiro dice

    Un placer leerte

    1. Gustavo dice

      Para entender un poco más lo que nos está aconteciendo.

  17. juan ollero dice

    los verdaderos herederos de los Pañuelos Blancos, serán los que puedan llevar a la cárcel a los que hicieron mierda el país. no solo económicamente, sino sumiendo a la población a la meritocracia ficticia, una carrera que parte de lugares dispares y desparejos.
    Ellas obturaron para siempre los golpes militares, los herederos tendrán que luchar por NEOLIBERALISMO NUNCA MAS.
    EL NEOLIBERALISMO MATA, SIEMPRE.

  18. Roberto Nayar dice

    Marcelo muy bueno como siempre.Solo queria comentar que en estos dias de cuarentena he tenido que soportar toda clase de video llamada , no hechas por mi precisamente sino por mi esposa ( no la culpo , se conecta con sus amigas o amigos, hijos y conocidos que no puede ahora frecuentar).Bien se dice que la familia no se elige y menos la politica pero en pos de seguir esta anecdota personal te cuento que en una video llamada con una persona de nuestra familia politica en la conversacion que escuche por producirse ceca mio esta persona le dijo a Marisa textualmente menos mal que Cristina me permitio jubilarme y que recibi las 10 lucas de bono en el verano y ahora estas 3 lucas mas que vamos a recibir sino no se que hubiera hecho.Esta mujer ( deberia decir persona o cuasi persona perdon) es una a la que yo especialmente decidi no hablarle mas que lo necesario ya que ahora expresa esto peor no hace mucho no dudaba en tratar a Cristina de yegua ,chorra y todo lo que ya sabemos , mi decision de no tener mas conversacion de la necesaria fue por supuesto por una discusion final con ella que me llevo a limites de enfrentamiento que decidi ( y por sobretodo por el pedido de mi esposa) a no tener mas contacto que el necesario.Cuento esto justamente a cuento de lo que estoy leyendo de tu autoria. Se me viene a la cabeza la frase de Einstein sobre que la ignorancia es infinita y no se si dijo justamente ignorancia o estupidez y la asocio con maldad como sinonimo de ambas cosas y las notas que has escrito ultimamente .Confieso que me es mas facil entender la relatividad y utilizarla en mi trabajo que entender los fenomenos sociales (siempre me fue mas claro el univeros de la fisica que el de las ciencias sociales , aunque hoy despues de tantos años de estudiar fisica no se cual domino mas), pero en esto de asociar y pensando en la pequeña anecdota personal que describi al principio y en lo que escribiste me pregunto cuanto tiempo mas despues que pase la pandemia van a tardar estos mismos que claman por el Estado presente en olvidarse y volveran a despreciar a los compañeros para volver a considerarlos lo peor de la sociedad o cuanto tiempo pasara para que esta persona y otras tantas como ella vuelvan a olvidarse de los derechos que ahora disfrutan, tambien me pregunto cuanto tiempo pasara si es que pasa alguno para que salgan a defender las bondades del neoliberalismo y rechacen su propia responsabilidad en otra catastrofe humanitaria producida por ellos.Siempre me acuerdo de un compañero que ya no esta mas con nosotros que me decia vas a ver ahora que disfrutan de lo que el peronismo les dio es cuando mas nos van a odiar.

    1. Pata57 dice

      Dos meses!! Eso les va a durar!! Excelente articulo

  19. Lola dice

    Agradezco por leer, por votar,por el aislamiento social y por el que puso esta nota en mi mañana.

  20. Marcelo Blasi dice

    Marcelo:
    Sos una voz imprescindible desde hace varios años. Gracias por tanto.
    Un abrazo,
    M

  21. Marina dice

    Y llorando con el final de tu nota. Gracias.

  22. Marta (Cuca) Rapoport dice

    Querido maestro, te parece que estamos en condiciones de aprovechar ser súper humanos y salvar al mundo?Estoy rabiosa, no solo por las estupideces de los que no respetan a sus congéneres sino por la liviandad conque gente adulta toma la responsabilidad de divertirse a sí mismos y a sus amigos. Además me visitó una poeta para charlar sobre ediciones y salió el tema de las pulsiones, donde poner la libido, Freud y, no sé cómo lamenté la enfermedad de Don Sigmund y su partida de Viena. La persona que estaba con el mate me dijo -vos sos judia y siempre estás lamentando la muerte de algunos de los tuyos”. Quedé helada. Luego de negar la existencia de los campos de concentración se declaró Jungiana. Corrí a buscar una prueba del nacismo de ese señor, la encontré y mire mi reloj, tomé la llave y adiós.Comente esta experiencia porque es un signo más para leerlo como un acercamiento al terror que acompañó a la sociedad humana en ciclos. El asunto, estando advertidos, habiendo pasado una dictadura militar, muerte de jóvenes, ateniéndose a tiempos no muy lejanos, no hay interés en aprender a cuidar y cuidarse, sólo interesados, los grupos de poder en la riqueza que es más y mas poder. El celular no dejó de sonar y proponer diversión y pasar recetas de cocina y nada más?
    Perdona Marcelo, alguna vez, cuando esto pase y yo esté más tranquila si se da tu tiempo voy a pedirte una entrevista.Gracias por todo lo que aprendí con vos.
    Cuca

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