Tragar fuego

La memoria en el cuerpo y la risa inteligente

 

Henry Bergson, el primer filósofo judío en ser aceptado en la Escuela Francesa, sostuvo que la memoria no está en el cerebro, sino en todo el cuerpo, porque no hay una orden cerebral a la mano para abrir la puerta. Esta acción se da autónomamente desde la memoria-hábito, memoria-motriz aprendida del brazo, de modo que el pasado se convierte en acción. Simplificando, quedarían dos cuestiones derivadas. Por un lado, si la memoria está en el cuerpo, entonces el tiempo debe pensarse como duración, de tal forma que surge una crítica al método científico para que el tiempo sea incorporado como variable independiente. Por otro lado, la intuición debía ser incluida en el método.

Deleuze parte de allí para pensar el cine como narración que se corta, hija de la novela, empezando por el montaje y no como suma de fotos que supuestamente “evolucionan técnicamente”. También completa la crítica cartesiana con Spinoza al sostener que el conocimiento surge del modo de afectarse y ser afectado de los cuerpos y no de la distancia metodológica de indagación que separa al sujeto del objeto. Esto para Deleuze se deriva de la separación entre sujeto del enunciado y sujeto de enunciación, lo que introducirá la esquizofrenia en Occidente. Sin ser esto un aprendizaje académico, vale su comprensión intuitiva.

Dicho esto, no puede une sino maravillarse con el alegato que el miércoles 28 de octubre a la mañana, de memoria y sin leer un solo párrafo, realizó la abogada penalista Samanta Pedrozo (CADH, Coordinadora Argentina de Derechos Humanos). Esto convirtió un acontecimiento trágico en un hecho judicial histórico y vital para la querella de la FALGTB+ (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans+) asumida por la Dra. Flavia Massenzio, con la colaboración de Sofía Saavedra Chavez (CADH) y Vanesa Calderón (FALGBT+). Estas mujeres se reunieron para llevar adelante un proceso interno frente al dolor que les produjo el triple lesbicidio y realizar la querella contra el lesbicida odiador Fernando Barrientos (69) por el hecho ocurrido en el Hotel Canarias, ubicado en la calle Olavarría 1621 de Barracas. El hecho ocurrió a pocos meses de la asunción como Presidente del odiador serial Javier Milei, que días antes del alegato mandó a tres periodistas a la hoguera en un gesto que le pareció gracioso y que evoca al asesinato de Cabezas.

En simultáneo, el juicio oral procura condenar al perpetrador imputado por el triple lesbicidio de Pamela Cobbas (fallecida el mismo 6 de mayo con el 90% del cuerpo quemado), Mercedes Roxana Figueroa (fallecida el 8 de mayo con el 90% del cuerpo quemado) y Andrea Amarante (fallecida el 12 de mayo con el 75% del cuerpo quemado) y por lesiones graves a Sofía Castro Riglos (con el 3% del cuerpo quemado con secuelas profundas) tras ser prendidas fuego antes de dormirse el 6 de mayo de 2024.

 

Pero más acá de la dimensión espeluznante del crimen, es absolutamente impresionante e imperdible y muy necesario ver el alegato de Samanta Pedrozo. Está dicho en primera persona y expresando la mayor consistencia de una generación que es hija del posfordismo, que operó una mutación sobre aquella otra generación fordista productora de manufacturas, en que la subjetividad se constituye por y para las masas y cuya dirigencia puede llegar entonces a dar la vida por el pueblo que la parió. Así lo señalaron los escapados de Rawson el 15 de agosto de 1972 en Trelew, y así lo señala su dirigente más popular, que se consagró como Presidente en Brasil a sus 80 años a fuerza de la movilización social, que produce memoria social/cultural y corporal/natural a partir de producir hechos históricos/políticos.

Samanta se presenta a sí misma ante el tribunal como abogada penalista y lesbiana que forma parte del colectivo de la FALGTB+. Por lo cual, es la memoria que lleva en el cuerpo militante la que produce hechos históricos vitales que se constituyen como algo más que la pretensión de generar leading case, como se procura desde el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). La generación de Samanta es hija de la interiorización en el capitalismo tanto del movimiento feminista como del movimiento medioambiental de los años '60 y '70, al decir de Tony Negri. Negri intervino analíticamente en nuestro sistema productivo de servicios creador de plusvalía financiarizada, borrando la distancia entre cultura y naturaleza, y terminó de configurar la autopercepción como expresión de la propia naturaleza, no de la conciencia cultural e independientemente de la biología.

Samanta expresa también la deconstrucción de una manía perversa presidencial profundamente disociadora que viene haciendo de lo cómico, lo irónico, lo gracioso, una misma cosa mezclada como un Joker impostado, sobre las tragedias sociales que aparentemente no parecen llegar a tener la dimensión de acontecimiento que tuvo el triple lesbicidio. Contra eso, la risa de la abogada, solo dos veces en todo su alegato de más de dos horas sobre hechos escalofriantes, que para nada puede ser interpretada como histérica, nos provoca a pensar necesariamente en la línea de Bergson. Su definición de “la risa” estaba conceptualizada como hecho humano con una función de utilidad social, porque siempre es en grupo y procura mejorar hacia la perfección, en una tendencia “vital” del ser-con-otro. Al decir de Salvador Solís Castro, sobre La evolución creadora (Bergson), es sororamente aquí correctivo de los automatismos rígidos patriarcales, también judiciales; como es inteligente, se expresa “contra el positivismo desde el positivismo en cuanto tal” (Solís Castro) y eventualmente necesita de una “anestesia momentánea del corazón” (Bergson). Nada que ver con la perversa, siniestra y grotesca carcajada mileísta que procura disimular un dolor provocado.
En un segundo momento, más importante que el primero, Samanta se ríe cuando dice "me encanta acordarme de cosas innecesarias". No se trata, como en la serie de Netflix Unforgettable (Imborrable en España y Recuerdos criminales en Argentina), de una pulsión de deseo de recordar detalles de hechos policiales que le surge a la protagonista siempre sonriente rememorando el asesinato de su hermanita presenciado en la infancia. Para Samanta se trata de una memoria "innecesaria", como refiere cuando da cuenta del párrafo séptimo de una formulación jurídica de una institución internacional, y por eso se ríe.

También se ríe cuando dice "no soy bombero", interpelando con su racionalidad jurídica el deseo empático de todos los presentes que hubiéramos querido estar en el departamento 14 para socorrer a las víctimas. Así, ella explica que no puede conocer el fundamento del informe que examinó el incendio intencional provocado por Barrientos para quemar vivas a las cuatro mujeres mezclando combustible con alcohol. El suceso ocurrió después de que la pandemia “enseñara” a despreciar al vecino, solucionando el malestar social con reacciones químicas contra los cuerpos que el agresor consideraba "raros". Además, el agresor las golpeó y encerró para que se quemen, sin la banalidad que expresara la protagonista de la película El lector cuando prende fuego a la iglesia después de encerrar a todos los habitantes del pequeño pueblo cercano a Cracovia invadido por el nazismo.

Por la manera en la que la abogada recuerda de memoria detalles probatorios, frases de los testimonios, así como fórmulas jurídicas y citas textuales de doctrinaria, recordamos también el texto Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. En este, las personas memorizan los libros que se condenan al fuego.

No alcanza con escuchar las dos intervenciones de su argumentación porque es necesario también verla. Su alegato debería ser materia de estudio en las facultades de derecho, porque, siguiendo a Bergson cuando sostiene que “mi cuerpo no puede ser representado”, la representación jurídica de Samanta se encarna en la causa que defiende sin sobrejerarquizarse.

Sobre el televisor del juzgado y en el sitio de YouTube que transmite el juicio se ven las fotos que muestran cómo quedó el interior de la casa incendiada. Allí surge también el texto de Didi Huberman titulado Arde la imagen, donde el historiador del arte dice: "No es posible seguir hablando de imágenes sin hablar de cenizas. Las imágenes forman parte de eso que los pobres mortales se inventan para registrar sus estremecimientos (de deseo o de temor) y la manera como ellos también se consumen. (…) Sabemos perfectamente que toda memoria está siempre amenazada de olvido, cada tesoro amenazado de pillaje, cada tumba amenazada de profanación". El alegato hace hincapié en el amedrentamiento disciplinador que resulta del hecho y de saber que Andrea Amarante había sobrevivido al incendio de Cromañón veinte años antes de fallecer quemada cerca de La Boca. Allí surgió el proyecto presidencial del macrismo que llegó al gobierno de la ciudad tras el juicio político que la “masacre de Cromañón” desencadenó contra Aníbal Ibarra. No menos importante fue el incendio del depósito de Iron Mountain también en Barracas, donde diez años después de Cromañón se quemaron los archivos de la memoria delictual empresaria y murieron diez bomberos.

También es insoslayable recordar la entrevista a Hannah Arendt para la televisión alemana de octubre de 1964. Arendt se había exiliado en 1933 al ser detenida y por padecer que sus amigos se uniformaran. Ese mismo año que la politóloga judía plantea que de la Alemania pre-hitleriana queda la lengua materna, se publica su tesis de la banalidad del mal en su Eichmann en Jerusalén. Justamente, no puede incluirse en la categoría de banalidad del mal social la actitud del perpetrador Barrientos mientras en la Argentina es asesinada una mujer cada 30 horas. Tampoco la banalidad del mal corresponde a lo que alguna vez se discutió sobre si los torturadores de las dictaduras del Cono Sur actuaron como meros engranajes de un dispositivo de poder en obediencia debida.

El texto de la conferencia de Derrida de octubre de 1995 en el Teatro Cervantes también es evocable. El filósofo francoargelino recuerda un poema de Paul Celan en el que la frase "nadie testimonia por el testigo" provoca pensar que la única sobreviviente de las cuatro mujeres que pudo ver a sus tres amigas incendiándose no pudo, naturalmente, dar testimonio en la causa. Además, el poema de Paul Celan que Derrida cita para formular al testigo como aquel que testimonia por otro como un extranjero, y que traduce su título como "Gloria de cenizas" o "Cenizas la gloria", es evocable cuando la abogada dice: “No murieron en vano”. La abogada pide ampliar la denuncia al momento de su alegato sin afectar el principio de congruencia, aplicando el agravante de feminicidio del inciso 4 del artículo 80 del Código Penal. Sin embargo, desea que en el veredicto se especifique la calificación de lesbicidio, como cuando Deleuze sostiene que los Derechos Humanos tienen sentido si producen jurisprudencia. Aunque igualmente uno se pregunta si acaso esta experiencia será la última cuando se lo ve a Barrientos tomar agua del pico de la botella en el intermedio, después de cerrar la abogada la primera parte de valoración probatoria, recordando que a las mujeres asesinadas se les quemaron las vías respiratorias porque literalmente "tragaron fuego".

Esta semana, la colectiva feminista Panambí, Lxs Fierxs de Abya Yala, Identidades Lésbicas Antirracistas Antipatriarcales y Asamblea Lesbo Transfeminista y el Observatorio Popular Feminista Ñawi convocaron a participar del juicio a Juan Marcelo Córdoba por el intento de lesbicidio cometido contra Mariana Oliver, activista lésbica. El hecho sucedió en su vivienda el 11 de febrero de 2025 en Orán, Salta.

Contra la psicopatía perversa gubernamental, que no distingue sus fantasías de sus construcciones mentales, al decir del ex juez Raúl Zaffaroni, y que hambrea al pueblo e interioriza la amargura hasta que el reflujo agujerea los estómagos y prende fuego a las almas; antes que procurar una síntesis del cuerpo social en amplias alianzas sobrerrepresentadas orgánicamente en un teatro político, tal vez sea mejor entrar en devenires intensos que nazcan del propio cuerpo, disrumpiendo emociones con sonrisas inteligentes y vitales, opuestas a la vanidad y al mecanicismo y dispuestas a olvidar sin adaptación darwinista, produciendo pensamientos que hagan justicia, creando nuevos sentidos allí donde todo el amor parece ser absorbido por el fuego y la memoria resulta celularizada.

 

 

 

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