Transformación cultural de sociedad y estado

El criterio de ciudadano militar en la gestión de Néstor Kirchner

Ante un aniversario más del último golpe de Estado, tomando como cuestión general – referencial de este análisis, la ‘convivencia en sociedad’ y en la intención de contribuir con el ‘Nunca más’ a la barbarie oligárquica, militar, eclesiástica, que contó con el apoyo silencioso de buena parte de la sociedad y de los medios masivos de comunicación, se reflexiona con intensión propositiva sobre una particular problemática pendiente de solución. La superación de los efectos del ‘Terrorismo de Estado’ que todavía prevalecen en las organizaciones estatales que tuvieron responsabilidad directa en el sistema represivo. Se trata de modificar secuelas de esos comportamientos en los servidores públicos con el uso monopólico de la fuerza, en el actual contexto del estado democrático. Para ello, vamos a recuperar algunas experiencias locales y se recurrirá al caso internacional emblemático, el largo devenir de la des-nazificación aún vigente, en Alemania Federal. Se propicia iniciar a la mayor brevedad un proceso sostenido en el tiempo y a largo plazo, de transformación cultural en dos subculturas corporativas, las FF. AA. y las Fuerzas Policiales y de Seguridad. Se pretende prevenir abusos de poder, por parte, de esas instancias estatales y para ello, se hace énfasis en la transformación cultural de esas organizaciones estatales.

En tal sentido, tomaremos cuatro conceptualizaciones instrumentales, a saber, ciudadanos servidores públicos armados, conducción y control político de las Fuerzas estatales, educación como instrumento de cambio cultural, y estándares de profesionalidad de los miembros de esas fuerzas. La articulación de esas cuatro variables, parecería el camino a seguir. Sin embargo, se advierte, que por sus especificidades escapa a las posibilidades de este trabajo el tratamiento de las fuerzas del orden público. No obstante, esos cuatro parámetros, se considera contienen grandes potencialidades conceptuales para futuros enfoques propositivos hacia esas áreas de la seguridad pública.

Empezaremos por acceder al concepto de ciudadano vinculado al rol de servidor público con uso del instrumental armado en lo referido a la Defensa Nacional. En cinco disertaciones ante oficiales superiores de la Armada y el Ejército, se llamó la atención sobre los conceptos de persona, ciudadano y profesional, tres dimensiones propias de la ciudadanía en general y que en particular, ubican al militar respecto de la sociedad y el Estado.

La persona, encuentra en la moral el enfoque orientador, siendo la moral católica la que  prevalece en la sociedad y en la oficialidad de las FF.AA. Es el aspecto íntimo que se complementa con las otras dos dimensiones no subjetivas, ciudadano y profesional. El ciudadano está regulado por dos marcos orientativos, la ética social como expresión del consenso cultural y lo que es más preciso, la Constitución y las leyes que rigen la convivencia en sociedad. El profesional también regulado por la Constitución y las leyes y en las fuerzas armadas, se incluyen los Reglamentos Militares Internos.

 

Este planteo abarcador, refiere a las semejanzas de todos los ciudadanos ante la sociedad y el Estado. El punto de coincidencia en la vinculación social es el ‘ciudadano’, que por vía de la ética se acerca al humanismo y por vía de las leyes arriba a la convivencia social y al servicio de la sociedad. Estos criterios fueron muy bien recibidos por los oficiales superiores del Ejército y la Armada.

Otros antecedentes locales se refieren a la conducción y control políticos de la FF.AA. En este marco, la conducción ministerial (que se debe al Comandante en Jefe y Presidente de la Nación) ha mostrado rasgos remarcables a ser revisados por disfuncionales, v. g. el amiguismo con los mandos militares que desdibuja la autoridad; el autoritarismo como actitud inadecuada para conducir militares; el desconocimiento de la especificidad del área que lleva a la improvisación; por motivaciones ideológicas, el desinterés en la conducción, que propicia la autonomía de las fuerzas. Este conjunto de tendencias será motivo de tratamiento en el transcurso del análisis.

La educación en tanto medio para transformar cultura o subculturas, fue motivo de interés en las gestiones ministeriales del Gobierno de Néstor Kirchner, con José Pampuro y Nilda Garré. Desde la Subsecretaria de Asuntos Militares se desarrolló un diagnóstico de la educación militar [1]. Luego en aquellos años, se inició la reforma de la educación superior de las FF. AA.; el Ministerio de Defensa creó una Comisión Evaluadora que identificó los principales problemas que afrontaban los Institutos Universitarios y núcleos educativos de las FF.AA., entre ellos destacaban, la autonomización de las tres fuerzas con sus respectivos institutos universitarios, con poca comunicación entre sí; la estructura curricular con contenidos diferentes e incongruentes; programas de estudio desactualizados respecto a Derechos Humanos y democracia; “pocos intercambios con la estructura universitaria nacional, lo que favorece la reproducción de culturas corporativas y endogámicas”[2]. En aquellos años se sugería “una formación centrada en el concepto de ‘ciudadano militar’” y se aclaraba “el gobierno nacional viene afirmando ciertos criterios fundamentales para encarar este proceso: la consolidación de la cultura democrática, la construcción de una nueva ciudadanía militar, la integración de los militares en la sociedad civil, la superación de las fragmentaciones existentes en las fuerzas armadas”.[3]

La profesionalidad de las tres fuerzas armadas, fue puesta a prueba en el Batallón Conjunto Argentino en Haití en el contexto de la Misión de Naciones Unidas (MINUSTAH), de ello surgen varios aspectos a subrayar: el efectivo funcionamiento ‘conjunto’ del Batallón Militar; en las inundaciones y en el terremoto nuestras fuerzas mostraron gran capacidad organizativa y gran respeto por la ciudadanía haitiana; los Jefes Militares de la MINUSTAH coincidían en la alta valoración del Batallón Argentino; el desempeño de los militares argentinos en Haití, mostró disposición para colaborar con el Programa Pro-Huerta  del Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA) en Haití, coherente con los Derechos Humanos del pueblo haitiano.

Claro está, que la profesionalidad de las Fuerzas no puede medirse sólo por el funcionamiento en misiones de paz internacionales. Pero es sin dudas, un comprobable nivel de profesionalización a valorar y profundizar, sobre todo en la previsión técnica de la defensa.

Hasta aquí se han identificado antecedentes y experiencias locales respecto a las cuatro variables que se consideran significativas para una transformación y actualización cultural de las FF.AA., destacando el criterio de ‘ciudadano militar’.

Se consultó la experiencia internacional, tomando el largo proceso de transformación de las Fuerzas Armadas alemanas. Del Estado genocida Nazi a la de-construcción de las Fuerzas Armadas (Bundeswehr) según los parámetros, de democracia parlamentaria y de ciudadanía. Luego de la capitulación los diez años siguientes fueron el inicio de una política de Estado que se mantiene hasta estos días. A modo de síntesis informativa, el “Liderazgo Interno” (Inenner Fuhrung) constituye la filosofía institucional y organizativa de las fuerzas, que contiene centralmente el concepto de “Ciudadano en Uniforme” comprometido con los valores y normas de la Ley Fundamental alemana. El área de tensión entre los derechos democráticos del ciudadano y los deberes del militar, se resuelve limitando los primeros, a favor de los requerimientos que conlleva la actividad militar.

“El ‘Liderazgo Interno’, reconoce la conciencia de todos y cada uno, como una autoridad moral. La instancia final de toma de decisiones, es la conciencia de cada ‘ciudadano en uniforme’. Obliga a cada soldado/a a pensar por sí mismo/a, y no seguir ciegamente la orden, no se reconoce la obediencia absoluta. Para ello, los/las soldados/as  deben estar bien formados, histórica, política y éticamente. Solo entonces podrán tomar decisiones y liderar a otros/as” [4]

Un aspecto distintivo del sistema, es la oficina del Comisionado de Defensa del Parlamento (Bundestag), como instancia de contacto para quejas y sugerencias, y sistema de control institucional sobre las Fuerzas.

Se ha ilustrado sintéticamente la experiencia alemana, por ser el caso internacional más representativo de la transición de un Estado genocida a un Estado democrático. Ese devenir nos ilustra en dos aspectos, advierte sobre los largos plazos de la transformación y la significación cultural del “ciudadano uniformado” en ese proceso. Mas sin embargo, el sistema de control es Parlamentario difiere con nuestra estructura institucional.

Conclusiones propositivas:

Como se señaló en el comienzo del trabajo, la ‘convivencia social’ en la democracia es el objetivo general implícito que referenció esta propuesta encaminada al tratamiento de lo particular, el rol de las fuerzas estatales en el contexto de la sociedad y del Estado. Para enmarcar estas conclusiones, partiremos de lo general para ir hacia lo más específico:

  • La persona como instancia subjetiva, se plasma u objetiva en los ámbitos de la sociedad y del Estado, a través del ciudadano. Un rasgo que destaca la identidad del ciudadano es la libertad de pensar y decidir por sí mismo, en base al marco ético y legal que regulan la convivencia social. Todo habitante del territorio nacional está dignificado por su condición de ciudadano con obligaciones, responsabilidades y derechos. Cualificar, valorizar y enriquecer con nuevos contenidos la condición de ciudadano, es tarea inicial y primordial del Estado, que podrá convocar al conjunto social para la puesta en valor de la ciudadanía en el sistema democrático. Tanto la educación, como la participación activa en la vida democrática, son dos mecanismos eficaces para el avance cualitativo del ciudadano en una sociedad caracterizada por distintas conformaciones corporativas. Instituciones de la república como el Poder Judicial y organizaciones estatales como la diplomacia, las universidades nacionales, y el objeto de estas líneas las Fuerzas Armadas y de Seguridad, han tomado forma de corporaciones. Des-corporativizar la sociedad, es un gran desafío. Para ello ‘Ciudadano/a’ conlleva gran riqueza socio-cultural. Aparece como el concepto central para iniciar una profunda transformación ético-cultural en la sociedad argentina de hoy. Sería saludable asumirla a la mayor brevedad como Política Pública por el actual gobierno, a modo de oportuna y buena siembra. Con los consensos cosechados, se podrá construir una Política de Estado estable en el tiempo. Estos días revelan la necesidad.
  • Si se inicia una transformación ético-cultural en la sociedad, ello constituirá el marco general legitimador para avanzar en el cambio cultural dentro de las Fuerzas. Ya se ha advertido sobre la significación cualitativa que tiene el concepto de ciudadano para los servidores estatales portadores de armas, quienes antes que funcionarios, militares o policías, son esencialmente ciudadanos, ello implica una doble relación con la sociedad, en tanto espacio en el que conviven con los otros ciudadanos, y en tanto ámbito al cual sirven, es decir, se da una vinculación de pertenencia y de servicio. En este marco, la capacidad de pensamiento propio toma mayor importancia al momento de recibir una orden y decidir sobre la eventual obediencia, que está regulada por parámetros éticos, legales y organizacionales. La resultante y esperable disquisición frente a la orden por parte del agente, nos referencia sobre un acto esencialmente volitivo basado en la libertad de pensamiento. Los dictámenes judiciales en torno a la responsabilidad de los represores durante la dictadura, advierten “no hay obediencia debida”. Esas libertades, tanto de pensamiento como de decisión-acción, son potencialidades que fortalecen la conciencia ciudadana de los funcionarios estatales armados y por tanto, su autoridad. Esa capacidad de pensar y decidir, no solo está referida a la obediencia, también está planteada en el nivel de las iniciativas personales de quienes tienen uso de las armas del Estado. Es ineludible identificar con claridad los derechos ciudadanos que acompañan a los uniformados y establecer cuáles de esos derechos deben restringirse en razón de los roles a cumplir como servidores públicos; es una tarea que requiere mucha precisión y es el aspecto nodal del ‘qué hacer’. En consecuencia, surge prioritario un denodado esfuerzo permanente desde el vértice de la cadena de conducción, mando y control, es decir, el/la Comandante en Jefe y su representante ejecutivo el/la Ministro/a de Defensa, esto es el ‘cómo hacerlo’. Un cambio cultural en subculturas corporativas enquistadas en el Estado, ameritaría un debate amplio para construir los consensos sociales como sustento para futuras Políticas de Estado. Es una terea compleja que necesita iniciarse y requiere tiempo para establecerse.
  • El horizonte de una eventual ruptura institucional es improbable en la argentina actual. Desde el Juicio Histórico a las Juntas Militares por el genocidio y los restantes juicios con avances y retrocesos; los intentos de insurrección por los llamados ‘caras pintadas’, en especial, el de diciembre de 1990; la pretensión del presidente De La Rúa de involucrar a las FF. AA. en la represión social y la respuesta legal por la negativa de los mandos militares. Y más cerca, el intento del ‘dos por uno’ para beneficiar a los reclusos por el genocidio, mostró un avance histórico de la sociedad movilizada y un límite preciso a cualquier futura pretensión de ruptura institucional. Por estos antecedentes, es poco probable este tipo de riesgo en nuestro país. Sin embargo, no es descartable en el panorama militar tendencias a la autonomía de las fuerzas, evitando el comando y control político-institucional. Con ello, se arriba al fortalecimiento corporativo y el aislamiento- distanciamiento de la cultura y vida en sociedad.

La función de control político-institucional adquiriría relevancia superlativa durante la propuesta transformación cultural-organizacional que supone el largo proceso de instalación del concepto de Ciudadano/a militar. La problemática de la Defensa Nacional por su especificidad y complejidad, requiere para la definición de políticas con control efectivo, de políticos con conocimientos técnicos al frente de ese Ministerio. Y para reforzar la función de implementación  y control ministerial, se propone crear en el Ministerio de Defensa una carrera de funcionariado civil (con escalafón y reglas precisas) acompañada de la creación de un Instituto para la preparación de ese cuerpo especializado y estable de agentes civiles, que convocaría a egresados/as del sistema universitario, ofreciendo una formación post universitaria, que en acuerdo con alguna Universidad Nacional podría ofrecer nivel de Maestría.

  • La educación es un instrumento progresivo eficaz para generar nuevos enfoques culturales como la formación del ciudadano/a soldado/a. La educación militar debe abrevar en la cultura nacional, en la cual confluyen los ciudadanos civiles y uniformados, y estos últimos, deben comprender a la sociedad de la que provienen y a la que deben servir. Un mecanismo con efectos formativos del militar con y en la sociedad, consistiría en destinos temporarios (1 a 2 años), de oficialidad intermedia, para servir en otros organismos estatales.

Desde la educación inicial, con una regularidad a establecerse para los distintos rangos de la carrera militar, tanto en la formación intelectual como en la instrucción técnica, deben garantizarse una permanente actualización y profundización de conocimientos. La formación en los diversos niveles, debería obtenerse sólo en el sistema Universitario Nacional, otra valorable y posible ligazón con la sociedad. A su vez, la instrucción técnica o específica que se otorga en los Institutos Universitarios de cada fuerza, podría estar unificada en un Instituto Conjunto. Estas propuestas, se orientan a evitar el aislamiento corporativo respecto de los conciudadanos y el distanciamiento de las fuerzas entre sí. A su vez, permitirían ahorrar costos, pudiendo ser reorientados esos recursos a otros requerimientos en cada fuerza.

  • La profesionalidad de las Fuerzas Armadas estaría resuelta por la educación y la instrucción, pero no es suficiente. La tecnología sofisticada del sistema de armas, requieren entrenamiento permanente. Por su costo, para países menos desarrollados, como el nuestro, exigiría contar con cantidades mínimas de armas sofisticadas que permitan el entrenamiento complementado con simuladores específicos para esas armas, a la espera de nuevas adquisiciones. Si la obtención de armas y simuladores, tienen previsto –como parte de los contratos de compra- su producción parcial, por lo menos para comenzar, ello redundará en la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Las FF. AA. argentinas cuentan con gran experiencia en operaciones de paz propiciadas por Naciones Unidas. La larga presencia en Chipre y la última experiencia en Haití, muestran una destacada profesionalidad que se evidencia, en el nivel organizativo conjunto de las tres Fuerzas y en el respeto de las diferencias étnicas y socio económicas de las poblaciones. Estos dos niveles de la profesionalidad, el organizativo y el humanitario, muestran una destacable base para su profundización y especialización.

 

[1] Ministerio de Defensa. Subsecretaria de Asuntos Técnicos Militares. Evaluación Institucional del Sistema Educativo de las Fuerzas Armadas, septiembre de 2005
[2] “Defensa nacional: dimensiones internacionales y regionales, contribuciones al debate”, Augusto Pérez Lindo, Pag. 258
[3] Ibidem, Pag. 263
[4] Libro Blanco de la Defensa 2016. Ministerio Federal de la Defensa 2021

 

*Ex Subsecretario y ex Secretario de Defensa, ex embajador en Haití.

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