Tríos

La música que escuché mientras escribia

 

A nueve semanas de las elecciones presidenciales, cuatro tríos de Beethoven. Dos para piano, viola y contrabajo, con Daniel Barenboim, Jacqueline du Pré y Pinchas Zukerman; uno para cuerdas, con Barenboim, Zukerman e Itzhak Perlmam, y uno para tres oboes, con los daneses Joakim Dam Thomsen, Rixon Thomas y Sven Buller.

No me pregunten por qué tríos, porque me surgió sin ningún fundamento racional. Tal vez de aquí al día de las elecciones surja alguna explicación que concilie ambos hemisferios. O tal vez no.

Pero la música vale la pena. El curioso trío de los oboes es una variación de Beethoven sobre el tema de Mozart en la ópera Don Juan.

 

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9 Comentarios
  1. Gustavo dice

    No conocía el trío para oboe… joyita

  2. Roberto Rapalo dice

    Aclaración previa: Yolk; Tuorlo d’uovo y Safar Albyd, quieren decir Yema de huevo respectivamente en inglés, italiano y árabe. x lo tanto : Capitán Yolk quiere decir Capitán Yema de huevo.

    Barbadura, un pirata en desgracia

    Terminado el primer abordaje, todo el mundo felicitó calurosamente a Barbadura. Eres un genio, le dijeron. Él se sintió halagado. Hasta los adversarios del barco asaltado repetían sus «Instrucciones acerca de cómo abordar barcos con espíritu pirata» y lamentaban que estuviera aconsejando al bando contrario. Vaya como muestra la declaración del custodio de la banda de estribor del barco abordado: “Sus técnicas de abordaje, amagando por la proa y rompiéndonos la popa, son fabulosas”. Y ni que hablar de la consideración de la banda pirata amarilla que Barbadura asesoró con su sapiencia. El bandidaje amarillo en pleno lo consagró como “único e irremplazable” y , exagerando el afecto, llegaron a proponer que se le llamara de ahí en adelante Barbaduramarilla, incorporando así a su apodo el color distintivo de la banda pirata, cosa que Barbadura declinó merecer ya que el color asociado al nombre era privativo del aguerrido Capitán Yolk.
    En una emotiva ceremonia posterior a la toma del barco enemigo, le fue otorgada a Barbadura una bandera negra de ceremonia con la calavera y las tibias bordadas con hilos de plata y un colgante de oro con un alfanje del mismo metal orlado de piedras preciosas de color amarillo. El capitán de la banda pirata, que había hecho sus primeras armas como contrabandista y saqueador de correos, llamado Capitán Yolk en el Atlántico Norte donde depositaba los bienes fruto de sus abundantes saqueos, Capitán Tuorlo d’uovo en el Mediterráneo paterno y Safar Albyd en el Mar Rojo, al que pensaba cambiar el color de su denominación una vez alcanzado el domino absoluto de los mares gracias al consejo del sin par consejero, juró que nunca oiría otras recomendaciones que las de Barbadura y jamás lo apartaría de su victorioso costado. Solo faltaba abordar exitosamente un segundo barco enemigo y el domino de los mares por la banda del Capitán Yolk sería absoluto.
    Una vez abordado del primer barco enemigo, la banda del Capitán Yolk se entregó a una borrachera de frenética actividad. Saquearon todo lo que pudieron saquear, juzgaron a los tripulantes del barco enemigo más de lo que estaba permitido juzgar entre piratas y, no conformes con apoderarse del tesoro del barco abordado, hurgaron hasta el último bolsillo de los derrotados tripulantes.
    Confiado en su nuevo poder el Capitán contrajo enormes deudas, que declaró eran para obtener fondos con que comprar velas nuevas, pólvora seca, cuerdas de un grosor nunca visto, cañones que no solo eran vistosos por fuera sino también novedosos por dentro, balas de cañón de acero templado, lanchas de abordaje con remos de nuevo diseño, escalas de abordaje con enormes posibilidades de extensión gracias a un nuevo dispositivo de resortes y muchas otras cosas que, muy a su pesar, obligaron al Capitán Yolk y a sus lugartenientes, a postergar el reparto de los bienes saqueados entre la tripulación, prometiendo un reparto más abundante una vez realizado un próximo abordaje exitoso.
    Tormentas inesperadas, oleajes inexplicables, calmas chichas nunca padecidas, brumas de una densidad nunca vista, impidieron la llegada de los nuevos bastimentos. Arreglémonos con lo que tenemos, ya llegaran los encargues- aconsejó Barbadura – lo importante ahora- aconsejó una mañana de sol radiante más amarillo que nunca- es el nuevo abordaje, que con la conducción del Capitán Yolk no podemos postergar ni perder.

    Y llegó el día soñado. Antes de la batalla final Barbadura fue el encargado de explicar las debilidades del enemigo, tarea que realizó con la pericia acostumbrada después de haber resaltado una vez más las fortalezas propias. Al grito de ¡Al abordaje mis valientes! Lanzado por el Capitán Yolk, se inició el ataque. Pero las viejas planchuelas de abordaje, tal vez por la corrosión de la humedad marina se partían ni bien eran apoyadas en la cubierta enemiga, las escalas cedían ni bien los atacantes ponían el pie en ellas- aquí fue fundamental la voz de Barbadura explicando que pasaba lo que pasaba porque, al estar bien alimentada la tripulación. Los abordantes – aclaró Barbadura _ pesan más de lo acostumbrado, no es un problema de solidez en las maderas de las planchuelas ni vejez en las sogas de las escalas, el asunto, que es visto como problema, es una buena señal, ya que refleja el extraordinario aumento del peso de los abordantes. La explicación de Barbadura, formulada con la misma fuerza de convicción de siempre, fue difundida por el Capitán y sus lugartenientes con potentes voces tratando de reanimar a la tripulación. Esto llevó a que en un primer momento el ataque se realizara con más furia, pero las caídas al mar se hicieron más abundantes. La cubierta enjabonada del barco enemigo también contribuyó a que los pocos atacantes que pusieron un pie en la borda del navío abordado también cayeran al mar. El pandemónium fue de no creer. El Capitán Yolk gritaba desde su cabina ¡Animémosno y vayan! Pero los pocos piratas que quedaban en el barco atacante se dedicaron a lanzar sogas para salvar a sus compañeros que sufrían flotando en las aguas circundantes, mientras contemplaban afligidos el hundimiento inexorable de los camaradas que no sabían nadar. Algunos lugartenientes del Capitán Yolk, que habían jurado lealtad eterna, comenzaron a dar voces desde las aguas donde habían caído, pidiendo rápido auxilio a los tripulantes del bajel abordado, auxilio que les fue concedido de inmediato, con la condición expresada en voz baja pero audible, de rendición incondicional y cambio urgente de casaca. Pero a punto de terminar la refriega un alarido enorme, salido de quién sabe dónde, inició una estentórea y vocinglera exclamación que fue repetida en coro por los náufragos de más baja condición: ¡Pesamos lo mismo de siempre, hijo de perra! ¡Pesamos lo mismo de siempre, hijo de perra! El coro cesó cuando una desesperada voz se dejó oír por encima de todas: ¡Socorro, los tiburones! Vociferó uno de los obligados nadadores. Pero era una falsa alarma. Para calmar las voces asustadas de los flotantes, la lugarteniente Ballenata Grosa, cerca del adorado palo verde mayor, colgada de unas jarcias situadas por encima del obenque, arengó a los caídos al agua diciendo: ¡Perseverad! ¡¡ Los tiburones se romperán los dientes en vuestras bravías carnes!! ¡¡¡No está muerto quien bracea!!! Toda reacción en las filas corsarias resultó ser vana.

    Por más que esta sea una historia de filibusteros depredadores y torpes navegantes, el respeto por los niños que, siempre dados a leer relatos de aventuras, pudieran acceder esta historia, impide que reproduzcamos las respuestas de los castigados por las olas a las incitaciones de Ballenata Grosa. Solo diremos que la lugarteniente Ballenata no cesó de dar voces hasta enronquecer contestando una y otra vez a los crueles dicterios: No tienen razón, no tienen razón –bramaba con afiebrados gestos y desencajado rostro Ballenata – ¡Mi mamá era una santa! ¡Mi mamá era una santa!
    Computando tripulantes pasados al enemigo, ahogados, resfriados por permanecer mucho tiempo en las frías aguas y desertores que tomaron lanchas de salvamento y huyeron hacia mares más calmos, las bajas en las huestes del Capitán Yolk fueron numerosas.
    La Bandera negra con la calavera y las tibias bordadas en plata obsequiada a Barbadura fue despedazada en tiras usadas para servir de franjas en los antebrazos derechos de los tripulantes que, pudiendo llegar a la costa poblada por ciudadanos comunes y corrientes, se dedicaron a limosnear ostentando un luto lastimero. Demás está decir que los hilos de plata del bordado nunca aparecieron, sumemos a esta innoble caída en la mendicidad de los hasta ayer altivos tigres de los mares, los intentos de algunos bucaneros que, todavía habitando el barco insignia, ganados por una desesperación suicida, intentaron hacer volar la santabárbara incendiando los barriles de pólvora, que por suerte para todos estaba húmeda; si bien fracasaron en su locura autodestructiva, el desencanto les llevó a tomar prisioneros a muchos lugartenientes a los que hicieron tragar el húmedo polvo explosivo, provocándoles fuertes indigestiones que ocasionaron a los forzados tragapólvora, vómitos y diarreas que llenaron la cubierta de un pestilente líquido donde, con independencia de todo rango y condición, resbalan una y otra vez los fracasados bucaneros.
    Las desgracias de la tropa pirata no terminan aquí. Las consecuencias padecidas por algunos de los desgraciados sobrevivientes, tal vez por inesperadas, no dejan de ser cada vez más deprimentes y brutales.
    Todavía no sabemos cuál será el destino del errabundo Capitán Yolk que trata de llegar a puerto con el bauprés partido en mil pedazos, la arboladura desparramada sobre cubierta, la bitácora con los cristales rotos, la aguja de brújula quebrada y el gobernalle averiado; estamos relatando a la par que se desarrollan los acontecimientos. Si, podemos decir, que Barbadura fue arrojado al mar por orden del irascible Capitán, ni bien se estableció por unanimidad de opiniones, que el segundo abordaje había fracasado de manera tan evidente, debido más que nada y por encima de todas las cosas a la hueca cháchara optimista del hasta ayer infalible consejero.
    Demás está decir que nos parece demasiado vengativa la actitud de quienes, desde la resbalosa cubierta del desnortado barco pirata, con la aviesa intención de llamar la atención de los tiburones arrojan cubos repletos de sangre coagulada y trozos de peces despedazados cerca de las aguas donde intenta mantenerse a flote Barbadura.
    Amarillín amarillado, este cuento aún no ha terminado.

  3. Raúl Acosta dice

    Gracias Horacio!

  4. Julio Cesar Pereira dice

    Jacqueline Du Pre es celista, no contrabajista, pero no importa los trios son todos hermosos. El de cuerdas No está Baremboin, sino Zuckerman, esta vez en viola, Perllman en violin y Harrell en chelo, Hermoso concierto!!!!!!

  5. Santiago dice

    «Dos para piano, viola y contrabajo, con Daniel Barenboim, Jacqueline du Pré y Pinchas Zukerman»
    Piano, violín y violoncello en todo caso.
    El tema con variaciones del trío de oboes está tomado del dueto «Là ci darem la mano» que cantan Don Giovanni y Zerlina.

  6. Maria Angelica Ciravolo dice

    como siempre,brillante teacher, y la música,9 puntos,abrazos.-

  7. Andres dice

    El trio con piano es con violín y violonchelo, no con viola y contrabajo.

  8. Andres dice

    El trio con piano es con violín y violonchelo, no con viola y contrabajo

  9. Miguel Socolovsky dice

    Gracias Horacio; poder ver y oír a Jaqueline du Pré, viva, intensa, feliz, antes de su tragedia. Siempre me impresionó y dolió mucho su prematura desaparición. ¡Pero lo que nos dejó!

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