TRISTEZA

 

Pudo ser peor, dijo el Presidente Alberto Fernández. En términos teóricos, es cierto. Todo siempre puede ser peor. Pero lo sucedido el día de la despedida del máximo ídolo popular argentino y uno de los pocos de trascendencia global fue triste, demasiado triste. No se lo merecían Maradona ni el pueblo que lo adoraba, aunque al mismo tiempo todos entiendan que fue una representación maradoniana al palo, con esos hinchas que se asomaron con curiosidad y sin beligerancia a las entrañas de la burocracia estatal, donde no fueron reprimidos. Según el Ministerio de Seguridad, gas pimienta sólo se utilizó en el vallado de acceso al edificio, en el instante en que la presión de la multitud volteó una de las vallas, cuando se supo que en un par de horas más partiría el cortejo hacia el cementerio. Lo que ocurrió dentro del edificio fue que un grupo de quienes seguían el recorrido prefijado se estacionó para entonar su homenaje musical frente al féretro, que fue retirado a un salón interior para mayor seguridad, por decisión del jefe de la Casa Militar, coronel Alejandro Guglielmi. Pero personas que estuvieron en el lugar aducen que fueron gases lacrimógenos disparados por la Gendarmería. «Tenemos que investigarlo» fue lo más concreto que dijo la ministra Sabina Frederic.

La imagen que encabeza esta nota no es de aquí, sino de Siria, cuyo pueblo es en este momento el más sufrido del mundo, y transmite sin necesidad de palabras el Código Maradona. Lo mismo puede decirse de los homenajes que le rindieron en Nápoles y en Bangladesh. Todas las Villas Fiorito del mundo lo sienten propio, porque nunca se confundió y siempre estuvo donde había que estar.  Con los oprimidos, contra los poderosos. Cuando le prohibieron entrar a Japón porque consumió drogas, sólo comentó: «Pero dejan entrar a los yanquis que les tiraron dos bombas atómicas».

Pero no todos sintieron tristeza, ni por su muerte ni por el caótico velorio en la Casa Rosada. Uno de los colaboradores más próximos del ex presidente Maurizio Macrì lo celebró en su Instagram.

Se trata de Christian Claret, quien fue jefe de Gabinete de la Dirección de Protocolo y Ceremonial porteña y gerente de la Subsecretaría de Relaciones Internacionales e Institucionales, cuando Macrì era jefe de gobierno, y administrador de la residencia de Olivos desde que asumió la presidencia. Ése no es un cargo político, sino de confianza personal.  Claret no quiso ser ambiguo ni disimular sus sentimientos: en forma explícita sostuvo que su ánimo era de alegría, que algo bueno tenía que pasar en 2020, y dispuso que Diego ardería en el infierno. Es un sentimiento muy humano: Maradona nunca ahorró críticas a Macrì, tanto como dirigente de Boca, donde chocaron desde el primer día, como por su carrera política. El presidente uruguayo Luis Lacalle Pou dijo que prefería a Enzo Francéscoli. Si Macrì fuera sincero, diría “cualquiera antes que Diego”.

Hace apenas un mes y medio, el 13 de octubre Macrì dijo en la señal de cable del Grupo Clarín que como condición para el éxito de Boca debió hacer algo durísimo, que fue sacar a Maradona, y sostuvo que el peronismo enfrentaba ahora el desafío similar de separarse de Cristina. La frase fue tan impactante que Joaquín Morales Solá le preguntó si comparaba a Cristina con Maradona. Salió del paso como pudo: “En la irracionalidad, no en el talento”. Maradona le contestó con un tuit donde declara su apoyo al gobierno de Alberto y Cristina y concluye que este “ya no es más el país de Ricachón y sus amigos”.

 

Estos son datos no menores a la hora de entender lo sucedido en la Avenida de Mayo y 9 de Julio, donde la Policía de la Ciudad convirtió una celebración popular en un infierno de balas de goma, palazos y gases lacrimógenos. Las imágenes no dejan lugar a dudas. Los siniestros motociclistas de la Policía de la Ciudad agreden sin que nadie los provoque a muy jóvenes manifestantes que sólo portan sus banderas de gratitud a Diego. Esta filmación muestra cómo los escopeteros le disparan a dos metros de distancia a uno de esos pibes, que se retuerce de dolor.

No resisto cotejar esta imagen canallesca con una de Diego cuando hacía precalentamiento con la pelota y un fondo musical que el Napoli elegía para este espectáculo más hermoso que el propio partido que vendría después, pura generosidad y alegría.

Hasta el matutino La Nación consignó que “a las 16, sobre la 9 de Julio, dos efectivos policiales conducían una moto por la vereda de Cerrito, entre avenida Rivadavia y Avenida de Mayo. A pocos metros, una bala de goma impactaba sobre la pierna de un hombre de unos 30 años, vestido de Boca. «Les estaba gritando ‘antipatrias’ y se calentaron», dijo el joven. Estaba rodeado de otras personas que se acercaron a ver la herida”.

Foto, Lautaro Gatto

 

El fiscal porteño Walter López recibió un llamado de la policía porteña, pero respondió que era un tema de la Nación.
—Lo hicimos y nos dicen que corresponde a la Ciudad- le dijeron luego.
En total hubo 15 detenidos, 13 de las Brigadas de las Comisarías Porteñas 1, 3 y 5, bajo las figuras de atentado y de resistencia a la autoridad, que suelen utilizarse como paraguas legal para detenciones arbitrarias, y dos de Nación, por robo. López liberó a los 13 en el mismo lugar de los hechos, porque dijo que no quería entorpecer una fiesta popular. Al día siguiente, el Secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, a quien el presidente ordenó que investigara lo sucedido, denunció al jefe y al vicejefe de gobierno de la Ciudad ante la justicia porteña por intimidación pública, abuso de autoridad y abandono de persona.

 

El punto de inflexión fue la advertencia pública de Wado de Pedro:

 

 

En contacto con la ministra de seguridad federal, el vicejefe porteño Diego Santilli dijo que si la policía porteña se replegaba habría por lo menos 5.000 personas más que avanzarían sobre la Plaza de Mayo. La respuesta de Frederic fue que las dejaran pasar. En cuando los intimidatorios uniformes negros salieron de la vista, la calle se tranquilizó y no hubo más incidentes.

Lo que comenzó entonces fue la disputa entre ambos gobiernos sobre la responsabilidad de cada uno. Santilli dijo que todo el operativo estuvo bajo el comando unificado de la Nación. “El operativo lo organizó la Casa Rosada y nosotros colaboramos. La orden de interrumpir la fila la dieron las fuerzas de seguridad nacionales. En ese momento, un grupo empezó a tirar piedras y palos y nuestro límite es la violencia”. Pero todos los testimonios y documentos gráficos muestran que la violencia la inició la policía.

Frederic afirma que en su comunicación con Santilli, no le pidió que cortara la fila. Sólo le dijo que ante la decisión de la familia de terminar el velorio a las 16 se estaban evaluando alternativas. Una era una caravana que saliera por Sarmiento y recorriera 9 de julio para que pudieran verlo quienes formaban una fila hasta Constitución. Otra, que propuso la Policía Federal, fue transportar el cuerpo de Maradona hasta las cercanías del cementerio en helicóptero. El jefe de la Federal,  Juan Carlos Hernández, tenía otras preocupaciones: La Nación publicó que su camioneta chocó a un auto en la avenida General Paz, e incluyó un video casero en el que alguien solicita un test de alcoholemia.

 

Pero en otro video, que el diario de los Saguier no publicó, uno de los tripulantes del auto chocado afirma que quien conducía era el comisario Hernández, quien estaba borracho, hasta que un bombero de la policía lo rescató y se lo llevó en un patrullero. Circuló entre la policía y también lo difundió  el informático Javier Smaldone, quien en 2017 y 2019 fue detenido y acusado por Patricia Bullrich, luego de denunciar que los sistemas de la Federal habían sido violentados por hackers que subieron la información a la Deep Web. Los nexos del comisario Hernández con el macrismo están bajo observación oficial.

 

 

Finalmente, el gobierno nacional optó por una caravana, pero saliendo de la Casa Rosada por Paseo Colón. Lo que nunca se dispuso fue el corte de la fila. El comunicado oficial sostiene que es falso que las fuerzas policiales y federales de seguridad hayan dado o recibido orden de reprimir ni de participar de la represión desatada en la zona de la Avenida 9 de Julio, que es jurisdicción de la Policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  que posee la responsabilidad primaria del operativo”. Para Santilli, el tuit de Wado de Pedro politizó el acontecimiento, lo cual muestra su falta de reflexión sobre los actos propios: más que las palabras del ministro, la politización salió del caño de las escopetas policiales. Frente a las políticas provocativas de Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta parecía un moderado en cuestiones de seguridad. Pero en relación con las directivas y los protocolos del FdT encarna una visión autoritaria de la tarea policial, al estilo de la que Donald Trump reivindica en Estados Unidos.

 

La denuncia de Pietragalla sostiene con abundante soporte documental que la simultaneidad de una represión violenta y desmedida en distintos puntos «no permiten suponer que los abusos policiales hayan sido desvíos individuales de algunos miembros de la fuerza porteña». En cambio, esa «sistematicidad en el accionar y la violencia cometida por todos ellos da cuenta de una orden superior que dispuso la represión de esa forma: con balas de goma, gases, camiones hidrantes y detenciones arbitrarias”.

 

 

El conurbano profundo

Esto no implica ignorar la parte que le toca al gobierno nacional. En la Coordinación del acto, a cargo del jefe de gabinete Santiago Cafiero, participaron el secretario general de la presidencia, Julio Vitobello, de quien depende la Casa Militar a cargo de la seguridad presidencial; el subsecretario general y productor teatral Miguel Cuberos; la ministra Frederic y el jefe de asesores, Juan Manuel Olmos. Ninguno de ellos tiene experiencia en la organización de actos multitudinarios y, menos que menos, de estas características. Según el presidente eran barras bravas, aunque no hicieron nada peor que treparse a las rejas cuando se les hizo saber que se cerraría el paso. El único que mostró conocimiento de primera mano fue Cafiero, quien explicó al resto que los hinchas no estaban haciendo nada distinto a lo que practican cada fin de semana en las canchas, y que el gobierno no debía temerles. El coronel Guglielmi tenía la cara deforme por el llanto provocado por los gases que se filtaron hasta los despachos del primer piso. El barrabrava más famoso, Rafael Di Zeo, ingresó a primera hora de la mañana, como invitado de la familia Maradona, pero se había ido cuando se desató el pandemonio. El matutino La Nación fantaseó un acuerdo entre los gobiernos nacional y bonaerense y los barrabravas, para garantizar la paz social en el fin de año, y aderezó su ensalada con datos sobre los planes sociales que administra Daniel Arroyo y el rol que cumplen en el gobierno dirigentes del Movimiento Evita.

 

 

Miguel Cuberos, una superproducción

 

 

Un dirigente social kirchnerista ofrece una visión muy distinta: “Lo que apareció en la plaza fue el conurbano profundo, ese que representaba el Diego, que no va mucho a la capital. Las organizaciones sociales representamos un cachito de eso, pero solo un cachito, que es lo organizado, la inmensa mayoría no. Es base social del peronismo por motivos múltiples y el jueves fueron maltratados. Creo que suceden estas cosas porque nuestros dirigentes empezaron a creer que esa gente es igual a aquellas con las que interactuan por twiter, nuestros dirigentes cada vez se parecen menos a nuestro pueblo. Lo del jueves va a quedar en la memoria, fue una señal, la realidad nos golpeó la puerta, espero que se tome nota y podamos corregir. Que la agenda de gobierno cuide a esa base social en la que también está el reclamo de Libertad a nuestros presos políticos, que son tan negros como los que estaban ayer en la plaza o como los que abundan en los penales de todo el pais, o como los que se cagan de hambre y siguen apostando a organizarse alrrededor de una olla de un comedor, también maltratados con comida para perros que es la que reparte Arroyo. No es un problema de comunicación es un problema de empatía con lo que decimos que queremos representar. Si no tomamos nota de esto va a llegar el día en que los gorilas van a venir por el gobierno de verdad y los de abajo no van a defenderlo. Pienso en lo que pasó con Dilma y Lula en Brasil. Siempre pienso en Lula en el sindicato esperando que los de abajo vengan a bancarlo y nunca aparecieron porque hacía rato que ya no estaban y el PT nunca se dio cuenta”.

Los obreros industriales lo recordaron en las fábricas, como muestra este video emotivo de trabajadores mecánicos del automotor.

Y La Cámpora filmó un video que difundió Cristina en las redes, que da una idea del sentimiento colectivo.

En otra cuerda, la poeta rionegrina Liliana Campazzo, escribió:

Yo me robaría el cajón de Maradona.
Saldría en un carro de botellero                                        
como los que había en mi barrio cuando chica.
O mejor en el carro de Pascualito
que pasaba por el frente
de la casa de mi nona.
Me robaría al Diego
para pasearlo por todos los barrios
de pibes pobres
por todos los bordes
de los bordes.
Dejaría que lo tocaran
le tiraran flores, camisetas,
pelotas de trapo, besos.
Lo peregrinaría a Luján,
o hasta el mismo límite
en Ushuaia.
Lo pasearía con una orquesta
que tocara cumbias, tarantelas
el ji ji ji de los Redondos.
Todas sus mujeres bailarían atrás
y habría diez cuadras con sus hijos
caminando.
Dos caballos oscuros
arrastrarían ese carro.
Un recorrido eterno
dando vueltas
aviones dibujando con humo
10 en el cielo.
Vendedores de gorras
remeras
pelotas
salvarían este año de miseria
Choripanes pochoclos
tipos vendiendo pelotas con su cara
banderitas.
Me robaría el cajón
con las flores
y lo sostendría en este viaje
hasta que el sol la lluvia
la tierra el viento
lo volviera cenizas
que volaran
por todo el territorio
de la patria.

Es de imaginar que algo parecido hubiera dicho Leonardo Favio, a quien Diego llamaba “mi maestro motivador”.

 

 

La última palabra

La planificación oficial no escatimó errores:

  1. Acceder a la solicitud de las hijas y de una de las ex compañeras sentimentales de Maradona para velarlo en la Casa Rosada sin discutir antes en qué condiciones. La previsión más modesta sobre la asistencia esperable indicaba que el desfile doliente insumiría varias jornadas. Es posible que a eso se deba que el duelo nacional decretado fuera de tres días. Pero nadie se lo dijo a Dalma Nerea, a Gianina Dinorah ni a su madre, que tenían otra idea. “Diego se crió en el barrio, pero ellas en escuela privada”, dice un diputado nacional de antigua amistad con el presidente.
  2. Allanarse al planteo de la familia cuando ya había cientos de miles de personas haciendo fila sobre el cemento y al sol de fines de noviembre. Lo máximo que concedieron, luego de un diálogo con el presidente Fernández, la vicepresidenta CFK, el Ministro De Pedro y el gobernador bonaerense Axel Kicillof fue prorrogar el velorio hasta las 19. El Código Civil y Comercial dice en su artículo 61 que si el fallecido no dejó constancia de su voluntad, el modo y circunstancias de las exequias e inhumación corresponden “a los parientes según el orden sucesorio”. Es decir, Dalma Nerea y Gianina Dinorah Maradona. Pero este era un funeral de Estado, ocurría en la sede del gobierno, rodeada por una multitud, lo cual habilitaba al Poder Ejecutivo a tomar una decisión discordante con la de la familia. No es imposible que las tres o alguna de las mujeres lo hubieran puteado. Pero no el pueblo, que amaba a Maradona, no a su familia.
  3. El presidente se acercó a las rejas de entrada de la Casa de Gobierno y megáfono en mano explicó que se habían cerrado por un momento porque había ingresado demasiada gente, pero que en cuanto se reordenara la circulación volverían a abrirse. Pero sólo se enteraron las pocas personas que alcanzaron a escucharlo, mientras los medios de comunicación difundían versiones extraoficiales encontradas.
  4. La comunicación fue errática y siempre por detrás de los acontecimientos. Quienes comenzaron la cola con las primeras luces del día, no sabían que las puertas se cerrarían antes de que todos pudieran pasar. Una de las personas que integran el gabinete cree que eso se debió a que Alberto confiaba en su capacidad para convencer a las parientas. Mientras se discutía, distintos funcionarios guasapeaban con amigos periodistas, de modo que las distintas alternativas en estudio iban trascendiendo en las señales de noticias como si fueran decisiones ya tomadas. En el momento en que la familia accedía a la prórroga por unas horas, trascendía que nadie podría entrar después de las 16 y la policía porteña se entregaba al juego que mejor juega y que más le gusta. Con lo cual se intensificó la presión sobre la Casa Rosada, ante lo cual la familia pidió apresurar la salida, justo cuando se informaba que el velorio seguiría varias horas más.
  5. La señal de cable C5N, que según la oposición responde al gobierno, reproducía los off the record del gobierno porteño, que atribuían la represión a órdenes del Poder Ejecutivo Nacional, y repetía imágenes de los hinchas en el patio de las palmeras de la Casa de Gobierno, que no estuvieron allí más de media hora, como si siguiera ocurriendo hasta ese momento.
  6. Desde el 13 de diciembre de 2013 todos los canales y señales de cable “deben incluir de modo claro y legible un mensaje consignando la fecha y lugar de los hechos, y la expresión Archivo cuando se trate de noticias o imágenes registradas con anterioridad al día de su emisión”. Cuando se transmita “desde el lugar y en el momento de los hechos”, deberán consignar el lugar y la expresión En vivo. Si la noticia es del día, pero no en vivo, “deberán consignar la expresión Hoy, la hora y el lugar en que acontecieron”. Así lo estableció la Resolución 1478, de 2013 de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), publicada en el Boletín Oficial del 17 de diciembre de 2013. Nunca fue derogada, pero el Poder Ejecutivo no se preocupa por controlar que se aplique, ni a través de la Secretaría de Comunicación y Prensa a cargo de Juan Pablo Biondi, ni del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), que sucedió a la disuelta AFSCA, cuyo titular es Claudio Ambrosini, dos personas de confianza del presidente Alberto Fernández y del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.
  7. Más tarde, el Poder Ejecutivo emitió una declaración sobre los hechos: «Cuando el horario de finalización se acercaba, varias personas que estaban en la fila comenzaron a saltar las rejas para ingresar de manera irregular. Ante esa situación, se suspendió por unos minutos el ingreso. Cuando se volvió a habilitar algunas personas ingresaron rápidamente, sin cumplir las indicaciones del personal a cargo. Por ello, la Casa Militar habilitó un conducto de salida por el Patio de las Palmeras y la Explanada, donde permanecieron con cánticos durante unos minutos. Una vez que se controló de manera pacífica la situación, la familia transmitió su deseo y voluntad de dar por concluida la ceremonia». Hubiera justificado una cadena nacional para que se supiera mientras estaba ocurriendo.

 

 

 

Dos puntos

El gobierno se enorgullece de que ni dentro de la Casa de Gobierno, ni en la Plaza de Mayo, hubiera personas heridas o golpeadas, y que la caravana llegara al cementerio sin incidentes. Esto debe agradecerse sobre todo a la actitud de los manifestantes, que no era confrontativa. Si lo hubiera sido, el cuadro de seguridad habría sido gravísimo. No es justo decir, como lo hizo una colaboradora de Patricia Bullrich, que la Casa de Gobierno fue tomada, porque todos ingresaron por el sendero habilitado para ello. Pero sí que uno o dos centenares de personas permanecieron en espacios de la Casa Rosada sólo habilitados para los funcionarios que trabajan allí y muy cerca del despacho presidencial, al punto que se analizó la posibilidad de evacuar a Alberto y al féretro de Maradona. Esto es inquietante, porque sucede a solo dos meses y medio del alzamiento policial, que puso cerco a las residencias del gobernador bonaerense y del presidente de la Nación. Un presidente no está obligado a saber todo sobre todo, pero debe escoger colaboradores capaces de enfrentar las situaciones más difíciles y ahorrarle bochornos como el del megáfono junto a la reja.

Dos puntos trazan una recta y alertan sobre el futuro. ¿Qué podría pasar, superada la pandemia, en un país que se pone en marcha, con una monstruosa deuda social y la correspondiente conflictividad, si alguien decidiera repetir la excursión, con intenciones menos amables?  Es imprescindible preguntárselo antes de que pueda ocurrir, y prepararse para enfrentarlo con autoridad, porque un poder que no se ejerce, se pierde.

 

 

 

 

 

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