¡TU PUEDES!

Un espejismo de progreso, modernidad y falso bienestar, para que lo siga una masa inmóvil e hipnotizada

 

«No soy mago, pero trato de transmitir esa clase de sensaciones placenteras que la vida no siempre brinda»,  afirmaba el enigmático y exitoso Tu Sam de los años ’70, quien prefería definirse como un practicante del dominio orgánico. Ya desde muy joven comenzó a especializarse en la hipnosis y el dominio de su sistema nervioso. Sorprendió a la audiencia llegando a masticar vidrio, insertarse agujas o clavos en el cuerpo, hacer levitar personas, deglutirse un sable de metal o lamparitas encendidas, batir el récord de permanencia bajo el agua o sugestionar animales (desde pajaritos hasta temibles cocodrilos). Técnica, unción, sabiduría, amor y mística, son las palabras que conformaron el acróstico que adoptó como nombre artístico.

El personaje construido por Tu Sam promocionado en las publicidades televisivas como “el hombre que penetra más allá de la conciencia humana”, ejerció una fuerte fascinación desde las pantallas de TV y los escenarios de los teatros. ¡Tu puedes!, exclamaba para convencer al hipnotizado o fascinado. ¡Puede fallar!, solía decir cuando algo salía mal. Hasta se dio el lujo de hacer docencia con el público. En una de sus presentaciones televisivas, no sólo hipnotizó a un canario, sino que repartió varios entre el público para que los espectadores también lo hicieran, obteniendo inmediatos resultados.

 

 

Nunca hubiera pensado que estas habilidades artísticas y orgánicas de Tu Sam pudieran reconvertirse en una estrategia política. Esta estrategia de convencimiento cuasi-hipnótico es la piedra angular del gobierno de Cambiemos. Imponen cotidianamente y sin desmayos, un espejismo. El aparato mediático-propagandístico-marketinero intenta generar (y muchas veces lo consigue) una sensación constante de que “así no podíamos seguir”, que sin duda “algún día” estaremos mejor y que ya se empieza a notar la mejoría.

De la mañana hasta la noche, desde la mayoria de los medios masivos, se ejerce una constante acción, llamémosle hipnótica (por lo menos en la concepción popular pre-científica del término) para convencer que lo que nos está pasando es lo mejor que nos podría haber pasado. Los medios, las crónicas diarias o los hiperbreves ¿discursos? presidenciales derrochan optimismo: lo peor ya pasó.

La palabrería estalla cada día. Tenemos un presente lleno de promesas, el populismo no nos conducía a nada, nos habíamos acostumbrado a vivir bien, el derroche de recursos del estado genera una fantasía que se acaba, ahora sí que estamos en camino, los argentinos somos imparables, se ve la luz al final del túnel, ya se acerca el segundo semestre y bla, bla, bla. Como el canario mirado fijamente por el hipnotizador y atado por un delgado hilo para que no se vuele, hemos de creer que, aunque la panza nos haga ruido y nos hayan echado del trabajo, estamos muchísimo mejor y ¡no imaginamos lo que vendrá!

Es francamente increíble lo que está sucediendo. Todos los funcionarios repiten a diario un discurso unificado y estudiado, basado en un pseudo-optimismo generado por hechos falsos presentados como si hubieran sucedido, de datos falsos que no coinciden con los de fuentes confiables, con datos parciales maquillados para encubrir los datos totales e incluso más: se presentan como cosas normales y cotidianas, sucesos que en muchos paises del mundo serían motivo de un escándalo seguido de un proceso judicial y una presión para la renuncia a sus cargos. Da pena escuchar a cualquier ciudadano de a pie (y no creo que sean pocos) decir que es pobre, tiene trabajo precario, no llega a fin de mes, pero prefiere pagar más cara la luz que en 2015 porque “así no podíamos seguir”. Alguien me decía la semana pasada que la está pasando mal, pero no quiere que vuelvan los que se robaron todo. Con delicadeza le pregunté: Y lo que antes se robaban, ¿ahora dónde está? ¿Está en tu sueldo? ¿Está en posibilidades más amplias de trabajo? Me respondió: No sé, pero no quiero que vuelvan más.

Este canario hipnotizado representa la repetición de un relato que contradice sus propias quejas. No tiene trabajo, no llega a fin de mes, vive mal, pero no le importa no tener otro trabajo mejor, con tal de que no vuelva… el gobierno que produjo un histórico indice de desocupación. El cambio, que nunca llega y siempre queda para el próximo semestre, debe ser esperado estoicamente desde la precariedad y la incertidumbre. ¡Tu puedes!

Las mentiras y manipulaciones de las derechas latinoamericanas y en especial la de nuestro país, se nutren de nuevos artilugios más sofisticados que los de Tu-Sam. El manejo esotérico de Big-Data, el uso indebido de la maquinaria de espionaje llamada simpáticamente Facebook, el tráfico de datos, los ciberatacantes a sueldo que crean tendencia de voto en las redes sociales con mentiras, insultos, calumnias y otras variedades. A esto debe sumarse la casi total desaparición del periodismo (no total, afortunadamente) que fue perpetrada por la aparición de un ejército de ex-periodistas (a jugoso sobresueldo llamado naturalmente pauta)  que ya no consigue información investigando, entrevistando, estudiando, acercándose a la realidad y la verdad para retransmitirla. No informa porque en el centro de este pseudo periodismo ya no es necesario informar. Es mas urgente distraer para que la realidad no se vea, la información veraz no se transmita y el canario siga patitas arriba creyendo que “algo está por pasar, algo está por venir”.

 

 

El colmo de la falsedad han sido las nuevas cifras de pobreza. Casi como Tu-Sam mirando fijo al canario, Macri nos anunció que la pobreza bajó casi 7 puntos desde octubre de 2016. Si pensamos que la pobreza, que era alrededor del 54% en 2002 bajó al 23-26% aproximadamente en 2015, después de 12 años de políticas económicas contracíclicas, es una quimera decir que en poco más de un año la pobreza bajó 7 puntos con una inflación del 40% en 2016 y del 25% en 2017, con subas descomunales en las tarifas y el transporte, cierre de industrias, destrucción del empleo genuino y crecimiento del empleo no registrado o subempleo, rojo comercial, endeudamiento gigantesco. Nos están vendiendo el buzón más grande de nuestra historia. La angustia y la tristeza se palpa en tantísima gente, se siente el deterioro de la vida de tantos trabajadores/as y sus familias, pero Macri y los suyos buscan fascinar con un discurso absurdamente irreal, pero dicho con alegría delante de algunos extras.

¿Cómo romper esta farsa que nos tiene acorralados? Es notable, y bastante única en la historia, la cantidad de denuncias por mala praxis, conflictos de intereses, maniobras fraudulentas y violaciones de la división de poderes y la ley en general que recaen sobre Macri y sus ministros. ¿No cabe ninguna posibilidad de instrumentar un pedido de juicio político para el presidente de la falsedad continua? ¿La sumisión del poder judicial que lo acolchona no caerá jamás? Mientras tratamos de buscar respuestas, la protesta callejera, la búsqueda de información veraz en medios alternativos a los masivos, la educación en todos sus niveles, la militancia de las ideas en el territorio junto a la gente que sufre, la creatividad política, la solidaridad activa, la unidad en la acción a pesar de las diversidades ideológicas serán el soplido que despierte al canario de la hipnosis, más temprano que tarde.

Quizá he sido injusto en la comparación. Después de todo Tu Sam desarrolló con creatividad un entretenimiento popular con sus capacidades y talentos que generó curiosidad y admiración. Macri nos dejará el saqueo y la ruina más despiadada que hayamos conocido si no despertamos del torbellino de falsedades fascinadoras que nos rodea.

1 comentario
  1. sergio alberto carrizo dice

    EL NAUFRGIO
    No hay tal farsa que nos tenga acorralados, estamos donde estamos porque una parte(importante) de la poblacion quiere estar allí. El porque quiere estar allí no es el engaño, en todo caso el discurso del poder sirve para justificar la decicion, pero no la provoca, el caso es que la usa para sus propios fines.
    Lo que nos ha metido en esta situacion es (debiera ser) digno de estudio por las ciencias sociales, no se exactamente a cual corresponderia quizas sociologia o sicologia tal vez, o a la antropologia misma(quizas estemos repitiendo ciclicamente viejas historias), pero mientras esperamos el veredicto de la ciencia para conocer la verdad se me ocurre un pequeño ejemplo que quizas nos ayude a comprender; Tratemos de imaginar un naufragio, un buque hundiendose lenta e irremediablemente rodeado de botes salvavidas como única esperanza, gente tratando de subirse a los botes que nada para acercarse a ellos, pero ay, algunos estan completos y se alejan(como el pánico les hace ver que hay mas personas que lugares en los botes, aunque no sea verdad) los que ya han conseguido su lugar poseidos por el miedo comienzan a gritar que si sigue subiendo gente el bote se hundirá, por lo que la mayoria toma los remos (o lo que etenga a mano) y la emprende a los palos para que los que aún estan en el agua no logren subir.
    Resumiendo, no estabamos tan mal, algunos habian dejado la indigencia, otros trataban de hacer lo mismo con la pobreza y pugnaban por subirse al bote de la clase media(baja), pero los del bote pensaron que eso los hudiria a ellos y decidieron que el resto debia sufrir las consecuencias del naufragio para que ellos pudieran salvarse, por lo que es impensable que recapaciten, si en realidad eso es lo que pasó, solo tratarán de taparlo y seguir adelante, que las victimas ya son victimas y hablar de ellas no les traera un consuelo, que por otro lado no parecen necesitar.

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