La guerra está llevando a Ucrania hacia una reestructuración que se observa tanto en la geografía como en la sociedad; hay una economía en dificultad, ciudades bajo el fuego y un 20% del territorio ocupado; se produjeron cambios sociales en los estamentos de la población. La última novedad es la llamada a las armas de las mujeres.
Obviamente, se ha llegado a este punto por el agotamiento de la población masculina apta para combatir y las dificultades de presupuesto, que limitan la oferta económica a posibles nuevas levas. Los soldados mercenarios no bastan para cubrir las vacantes que se abren continuamente en el ejército ucraniano.
El gobierno ucraniano abordó el tema con una campaña informativa para normalizar el argumento, quitarlo del área de excepcionalidad a la que realmente pertenece; el ex ministro de Defensa Oleksij Reznikov ha declarado sin mayores vueltas que se trata del modelo de conscripción de Israel, que sería el único capaz de garantizar la subsistencia de la nación, dado que se extiende a todos los residentes capaces de combatir o de servir en la logística militar, sin distinción de sexo. En esta línea se ha difundido el discurso oficial: la mujer sería destinada al pilotaje de drones, comunicaciones y servicios de retaguardia.
La medida anunciada por Kiev, como es habitual, ha tenido una difusión positiva en los medios anglosajones, en The Telegraph, por ejemplo, o en el diario de las Fuerzas Armadas estadounidenses, Stars and Stripes. La cuestión se presenta dentro del nuevo marco que la guerra propone con sus avances tecnológicos. El argumento subraya que la guerra cibernética y los drones no necesitan ya de la fuerza física individual; se valoran, en cambio, la resistencia psicológica y las motivaciones ideales como libertad o patriotismo.
En la sociedad ucraniana se vive con tensión esta nueva realidad. En el portal del Consejo de Ministros aparecen reclamos populares para que el reclutamiento femenino se dirija primariamente hacia las mujeres sin hijos. Además, regresa un argumento que en Ucrania se difundió cuando en Estados Unidos todavía estaba Joe Biden en la Casa Blanca. Los consejeros estadounidenses querían que Zelensky incorporara reclutas a partir de los 18 años. El gobierno de Kiev rechazó las presiones porque de esa manera se comprometía la continuidad generacional en la futura posguerra; los sondeos de opinión demuestran que parte de la población ve la convocatoria femenina como un paso que puede comprometer el futuro demográfico del país.
Sin embargo, la urgencia de la guerra ha obligado al gobierno a efectuar correcciones; lo que en 2022 y 2023 era impensable ha quedado superado por las necesidades bélicas y la legislación sobre movilización militar ha sido drásticamente corregida.
Una de las razones fundamentales de la decisión es el déficit de las cuentas del país. El Presidente Zelensky ha dado una cifra: 30.000 millones de dólares. Estas dificultades derivan de la necesidad de sostener el gasto bélico corriente, de los gastos derivados de la compra de misiles y material para mantener una línea de defensa efectiva en el frente.
El déficit en el presupuesto de guerra deriva del modelo estratégico que ha prevalecido en el último año, o sea, el uso intensivo y continuado de aeronaves sin piloto; las cifras de drones y misiles utilizados diariamente contra infraestructuras rusas se han devorado los recursos económicos destinados a la gestión ordinaria de la guerra.
Estos ataques contra refinerías de petróleo o los colosos rusos de la venta online tienen una gran repercusión. Las antiguas restricciones de los estadounidenses sobre los ataques en profundidad contra Rusia se vaporizaron en la escalada sostenida con entusiasmo por la Unión Europea y Gran Bretaña; como se demostró a raíz de la destitución de Fedorov del Ministerio de Defensa, la modalidad cuenta con la aprobación de la población que ha visto en estos ataques una respuesta adecuada a Rusia. Un objetivo importante de estas acciones es demostrar a los aliados occidentales la capacidad de mantener la iniciativa en el territorio. Obviamente esta modalidad no cambia la situación sobre el terreno. Aunque las noticias sobre el avance de los rusos son divergentes según la fuente, las tropas de Moscú lentamente se acercan a sus objetivos. El presupuesto anual del Ejército ucraniano se agotó en pocos meses y la necesidad de fondos para mantener los ritmos de producción industrial bélica ahora está en manos de los aliados europeos.
Y aquí surge un problema: ¿hasta cuándo la Unión Europea podrá permitirse financiar esta guerra por precaución? Paralelamente, los países europeos han comenzado a rearmarse para un futuro conflicto con Rusia. Los recursos para el rearme derivan de recortes en el welfare, la primera víctima de la ceguera bélica que sufre la dirigencia europea, y así nos encontramos con que compiten dos presupuestos, uno para la guerra que los "futurólogos" anuncian para 2029, cuando Rusia atacará algún país de la OTAN, y el otro para la guerra en curso en Ucrania.
Siempre se regresa a la misma pregunta: si el apoyo a Kiev en dinero, armas y endeudamiento produce resultados políticos, si el problema de Ucrania se transfiere a la Europa occidental. Si los ciudadanos de la región comienzan a conectar la baja de salarios, las restricciones a las pensiones, el decaimiento de la sanidad pública con la voracidad de los costos de la guerra en Ucrania, la suerte de estos políticos se verá comprometida. Las elecciones que hoy se están realizando en Alemania son una de las respuestas, con todos los problemas que comporta para una sociedad democrática el ascenso de un partido ultraderechista como AFD.
Estas cuestiones no parecen comprometer la posición del nuevo ministro de Defensa ucraniano, Yevhenii Khmara, que se ha propuesto reformular el conflicto armado con otro enfoque. La dificultad de renovar el Ejército con nuevos miembros parece que se ha vuelto estructural. Khmara apunta entonces a la capacidad, que sería el conjunto de armas, medios, protección y sistemas de información; la fuerza, en tanto, son los hombres, pero fuerza y capacidad deben actuar de manera equilibrada para que el esquema funcione. El problema para Ucrania es que se encuentra metida en una guerra de desgaste donde las reservas cumplen un rol fundamental; en Rusia abundan y en Ucrania escasean.
Khmara, que llegó al Ministerio desde el área de operaciones especiales, quiere crear un nuevo ente, al menos informalmente, donde su Ministerio, el Estado Mayor, el Parlamento, la industria militar y los aliados funcionen como un organismo único. El objetivo es retomar la iniciativa en tierra, mar, aire, espacio de información y espacio cibernético. La idea es dar mayor responsabilidad a los comandantes que desarrollan la preparación militar: reclutamiento, adiestramiento, equipamiento, transmisión de la experiencia bélica y, finalmente, la entrada plena en acción.
Khmara sostiene que Ucrania debe darse los objetivos, independientemente del comportamiento cinético de los rusos. Los objetivos a larga distancia son refinerías, almacenes, nudos ferroviarios, bases de lanzamiento de drones o misiles; el ataque se producirá después de abrir un corredor de seguridad eliminando radares, sistemas de defensa antiaérea y electrónica.
Hasta aquí no cambia el concepto de su antecesor Fedorov, pero Khmara sostiene que hay plena coincidencia con el comandante en jefe Mykhailo Drapatyi, algo que no ocurría con Fedorov. Una de las novedades es resolver la cuestión de los contingentes enviados al frente sin la debida preparación, el reclutamiento forzado y la tendencia a considerar las personas como un recurso sustituible.
La debilidad del enfoque es la dificultad de Ucrania para sostener las posiciones defensivas en el frente. ¿Bastará que cada soldado ucraniano posea la capacidad tecnológica anunciada para compensar el desequilibrio en el territorio respecto a los contingentes rusos?
Mientras tanto, aumentan las deserciones, en Alemania en particular, dado que, según informaciones difundidas por el Ejército alemán (Bundeswehr), alrededor de 29.000 soldados ucranianos han sido entrenados en Alemania en manejo de armas, mimetización, primeros auxilios. Al término del adiestramiento, deben regresar a Ucrania para ser enviados al frente. Pero algunos desaparecen en la misma Alemania; al comienzo del ataque ruso en 2022, la Unión Europea simplificó las reglas de residencia para recibir a los ucranianos que escapaban de su país, la llamada residencia automática; por pedido de Kiev, la Comisión Europea decidió en junio la exclusión de dicho régimen a los ucranianos en edad de leva; el régimen vigente en Ucrania impide dejar el país a los hombres mayores de 23 años.
Los hombres adultos representan el 26,6% de los refugiados ucranianos en Europa, pero no hay datos sobre cuántos sean en edad militar.
El jueves se reunieron en Downing Street Burnham y Macron, donde uno de los argumentos fue cómo intensificar la ayuda a Kiev, y en particular discutieron la producción de misiles de largo alcance en Ucrania; la hipótesis apunta al montaje del Scalp, la versión francesa del Storm Shadow inglés.
Pero las perspectivas para Ucrania se acortan en el tiempo; la intención de proponerse como fabricante de armas ya probadas sobre el terreno, para los aliados occidentales y el mercado de armas en general, choca con la presión rusa, que está demoliendo sistemáticamente fábricas y depósitos.
Chocolatines
Cuando Rusia destrabó el freno de mano, comenzó a golpear los recursos de Kiev; el cerco al puerto de Odessa es devastador para las exportaciones. La desesperación de Zelensky se hizo evidente esta semana cuando anunció a las aeronaves civiles, comerciales y de pasajeros que el espacio aéreo ruso de ahora en adelante se volvería un lugar peligroso. La primera noticia sobre esta nueva carta que juega Kiev la reveló Simon Shuster en The Atlantic el 20 de agosto; el plan prevé la utilización de drones guiados por inteligencia artificial, pequeños y económicos como los chocolatines M&M's, y así se llama la operación.
La campaña podría resultar exitosa; en los paneles informativos de los aeropuertos Vnukovo y Sheremetevo, de Moscú, comenzaron a aparecer atrasos y cancelaciones. No sabemos hasta qué punto Zelensky llevará adelante el plan M&M's dado el tráfico aéreo comercial y de pasajeros que transitan diariamente; estamos hablando de aviones chinos, árabes, indios, etc. (en Strana del 1 de septiembre). No sería extraño que el Presidente Zelensky, después de estas amenazas, reciba en estos días algún mensaje de los países cuyas aeronaves transitan regularmente en el gigantesco espacio ruso.
El jueves, desde Vladivostok, Putin los calificó de actos terroristas, que interfieren en las relaciones bilaterales para resolver el conflicto, y agregó que "son cómplices de estos sabotajes todos los aliados de Kiev".
Pero además de amenazas para mantener la imagen, Zelensky anunció en Telegram la llegada a Kiev de los enviados especiales Witkoff y Kushner, "que también viajarán a Moscú; preveo encontrarnos en los próximos días".
Señales de humo
Hormuz-Ucrania: ¿Llega una cumbre de tres? Frente al bloqueo de negociaciones en los dos focos de guerra principales, la posibilidad de un entendimiento al más alto nivel podría concretarse en una reunión propuesta por el Kremlin a Trump, después de la reunión de Putin con Xi Jinping en la cumbre SCO (Organización de Shanghái para la Cooperación) de Kirguistán. Evidentemente, la guerra habrá sido uno de los argumentos tocados por los dos Presidentes. Si se produce el encuentro, no será visto con buenos ojos por Inglaterra y la Unión Europea, que alimentan la tensión en el frente oriental de Europa.
Trump se encuentra saltando de la presión económica a los ataques a la población iraní; el último devastó una fiesta de matrimonio, y aunque el Pentágono lo haya negado "porque no atacan civiles", la noticia fue confirmada por The New York Times: "In small Iranian town, a US attack turns a wedding into a tragedy", con el análisis de un especialista militar ("En un pequeño pueblo iraní, un ataque estadounidense convierte una boda en una tragedia").
Frente al desastre del Golfo, Trump quisiera cerrar la cuestión lo antes posible; no aceptará la victoria de Teherán, pero quiere retirarse. Lo ha confirmado The Wall Street Journal: "Trump estaría discutiendo en privado con sus colaboradores más íntimos sobre la oportunidad de declarar terminada la guerra contra Irán... confiando en que la presión económica obligará finalmente al régimen a desmantelar el programa nuclear o a colapsar".
Como habitualmente sucede, las señales son contradictorias, ya que Pete Hegseth anunció que se renueva la permanencia del contingente estadounidense al menos por los seis primeros meses del 2027, decisión que habría suscitado preocupación en la cúpula del ejército, que considera imposible sostener semejante compromiso militar. Los desacuerdos entre Hegseth y el ejército se reflejaron vistosamente con la dimisión de Dan Driscoll a cargo de Secretario del Ejército después de 18 meses de tensiones. Esta dimisión fue aceptada el lunes por la noche. Recordemos que Driscoll es amigo del Vicepresidente Vance, considerado uno de los impulsores de las negociaciones con Irán.
La Operation Economic Outcast en la que confía Trump para doblegar Irán no funcionará; son solo ilusiones, pero podrían ayudarlo a tomar la decisión de retirarse. El gobierno de Teherán no caerá, como quedó demostrado en el comunicado de la SCO denominado "Declaración de Biskek", donde se condena la guerra ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Al día de hoy, la guerra contra Irán le ha costado a Estados Unidos 113.000 millones de dólares. Trump no puede mantener semejante ritmo de gastos, pero debe moverse entre presiones gigantescas para convencer a los poderes fuertes de Washington de que la retirada no dañará la imagen de potencia del país; la invitación de Rusia y China podría ofrecerle un flanco para acreditarse como indispensable en el ámbito internacional frente a la opinión pública.
Xi Jinping llegará a Washington el 24 de septiembre; en la capital podrían limarse los detalles del futuro encuentro de los tres grandes. La ocasión podría ser en noviembre en el encuentro de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) en Shenzhen, China.
Crucemos (una vez más) los dedos.
Leipzig: Misterios y elecciones
El 1 de septiembre, en una presurosa conferencia de prensa que no fue tal, no hubo lugar para las preguntas de los periodistas presentes. El ministro de Interior, Alexander Dobrindt, y el ministro de Exterior, Johann Wadephul, acusaron a Rusia de un atentado, que tampoco fue tal, dado que no hubo ni explosión, ni víctimas, ni destrozos.
Quizá los lectores de El Cohete se habrán preguntado qué tipo de dron era el hallado en el aeropuerto de Leipzig/Halle; por lo que sabemos, un dron vuela hacia su objetivo guiado por pilotos, o con navegación propia en los de última generación, y explota cuando toca el blanco. La noticia fue presentada de manera poco clara: ¿cómo llegó a "posicionarse" cerca del avión Antonov de transporte ucraniano, o tocó tierra destrozándose y lo que encontraron los investigadores alemanes fueron restos capaces de ser identificados gracias a los componentes recuperados?
El diario Die Zeit tuvo acceso a las cámaras de vigilancia. Estas muestran cómo a las 19.30 del martes el dron va a impactar contra un ala del Antonov, rebota y cae a tierra. Es descubierto cuatro horas más tarde por un chofer de autobús del servicio interno de la base. Al día siguiente fue desactivado por un robot y comenzaron las conjeturas; ya Il Post de Roma el 11 de agosto escribía que los indicios apuntaban cada vez más a la responsabilidad de Rusia, pero por el momento los detalles no son convincentes.
Y la prueba de la endeblez de la acusación la encontramos en la misma prensa alemana que no se conforma con el discurso oficial, como Boban Dukic en el Berliner Zeitung, que firma la nota "Wann sehen wir die Beweise für Russlands Schuld, Herr Merz?" (¿Cuándo veremos las pruebas de la culpabilidad de Rusia, señor Merz?).
También el 2 de septiembre el ZDFheute anuncia que "fueron identificados dos sospechosos con conexiones con Rusia", en una nota firmada por Sarah Tacke. A continuación comenzaron las habituales respuestas oficiales, cierre del consulado ruso en Bonn y la adopción de medidas más severas contra la flota clandestina rusa. En Moscú, frente a las medidas "anti-rusas", el Ministerio del Exterior ruso convocó al embajador alemán y cerró el Instituto Goethe de la capital.
No podían faltar los comentarios de AFD, que a través del diputado Markus Frohnmaier declaró que "si de estas acusaciones derivan medidas políticas, entonces deberán mostrar pruebas muy, pero muy concretas".
La disputa entre el oso negro de Berlín y el oso rojo de Moscú comenzó a desinflarse; el gobierno había analizado la posibilidad de invocar el artículo 4 de la OTAN, finalmente desistió; una de las razones es reservar respuestas más duras en caso de repetición por parte de Rusia. La Convención de Viena de 1961 permite expulsar a un diplomático sin tener que explicar los motivos; es una medida fulminante a disposición de un Estado, y Merz no la ha utilizado. Ningún país europeo ha roto las relaciones diplomáticas con Rusia en los últimos años; en general, se considera una respuesta blanda la de Berlín.
Recordemos que el "atentado" se produjo el martes 4 de agosto; casi un mes después, el gobierno lanzó la acusación contra Rusia. No se puede descartar la hipótesis de una medida propagandística en vista de las elecciones de hoy en Sajonia-Anhalt, sería el típico caso del enemigo externo que ayuda a aglutinar las fuerzas gubernamentales, donde además el enemigo externo cuenta con aliados locales, o sea, la AFD, a la que los sondeos dan un porcentaje que gira en torno al 40%; el candidato Ulrich Siegmund podría llegar al gobierno de la región sin necesidad de alianzas.
Antonio Villafranca, del prestigioso ISPI (Instituto per gli Studi di Politica Internazionale), considera que la victoria de AFD no tendría mucha relevancia dado que Sajonia-Anhalt es un land pequeño (Estado federado), pero se rompería un tabú en Alemania. Y sigue: "Desde hace tiempo que la izquierda y la derecha moderada tendrían que haber considerado las cuestiones sociales, verdaderas o presuntas, que la ultraderecha propone. Esta lentitud y opacidad en las respuestas son la linfa vital que alimenta los extremismos de derecha, y también los de izquierda".
Epílogo con la gran prensa italiana
Una vez más, Marco Travaglio, director del diario de Roma Il Fatto Quotidiano, observa con mirada sardónica a los colegas; además, lo hace con humor, lo que permite sobrellevar los desbordes semántico-ideológicos de los diarios importantes.
El blanco de las diatribas es Putin, a quien llaman habitualmente "el zar", y su hiperactividad durante el verano europeo para organizar desastres (mientras devasta Ucrania y avanza en el Donbass).
La última del zar ha sido trucar el referéndum en Islandia, el inefable Gianni Riotta en La Repubblica, "Spots y noticias falsas en las redes sociales: la larga sombra del Kremlin en el triunfo del No".
Claramente, no podían faltar los drones que Putin ha diseminado por toda la Europa del norte, ¡aunque después las pruebas no aparezcan! Y además está el dron asesino en el aeropuerto de Leipzig; Merz acusa y presentará las pruebas; y para fastidiar aún más a Alemania, Putin ha dejado "un depósito de armas en un bosque vecino a Berlín. Sospechas sobre los servicios de Moscú", La Repubblica.
Además, ha incendiado "fábricas de armas en Estonia, Bulgaria e Italia"; el ministro de Defensa italiano Crosetto descarta un ataque ruso, ¡pero el cronista de La Stampa lo supera!: "El Kremlin ha contratado bandas locales para no dejar huellas". Y ha desencadenado la "desinformación para influenciar las elecciones en Sajonia-Anhalt con la operación Matrioska" y desacreditar a "Glusckmann, candidato en Francia", según Il Foglio, órgano que replica la línea de la embajada (ya sabemos cuál), fundado por el comunista apóstata Giuliano Ferrara y la ex mujer de Berlusconi.
Y Putin no se detiene; ahora prepara "ataques híbridos sobre las islas Svalbard, islas Åland, Estonia, Gotland y el corredor de Suwalki", Il Corriere della Sera.
No hay con qué darle, también está organizando la invasión de los "países bálticos, la presa más fácil para el zar" y Noruega, "crucial para Putin", Il Domani, de Roma.
En tanto, en Gran Bretaña, el nuevo Primer Ministro sigue la línea anti rusa de sus antecesores, sembrando el pánico en la población: "Londres se prepara para un ataque ruso. 'Lo harán, es inevitable'. Reservas de agua y alimentos en lata están por llegar el nuevo manual (de supervivencia)", Il Corriere della Sera.
Y tanto para adelantar el trabajo, ha "robado los datos de nueve millones de pasajeros", La Repubblica; en los ratos libres "enrola espías-escort en la red de Epstein", Iacoboni en La Stampa de Turín.
Y no descuida el deporte (resabio de la vieja URSS): "Las fallas del sistema Infantino y la red, desde los sauditas a Putin, para apoderarse del fútbol", La Repubblica.
Y lo más terrible, ha abarrotado Ceuta de marroquíes con "canales rusos y la máquina del fake", según Il Foglio.
Y pensar que lo daban por muerto.
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