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Las nuevas tarifas a China impuestas por Trump pueden tener deletéreos efectos globales

Las negociaciones comerciales entre EE.UU. y China se reanudarán esta semana en Shanghai. Hasta ahora, ninguno de los dos ha cedido a las condiciones del otro. Se recuerda que Estados Unidos busca reducir su déficit comercial, mejorar la productividad el aparato industrial interno, su competitividad en el mercado mundial y frenar el ascendente dominio comercial chino, mediante la ampliación de aranceles punitivos.

Recientemente el mandatario americano afirmó, vía Twitter, que “los aranceles […] están teniendo un efecto importante [pues] las empresas desean salir de China hacia países no arancelarios; [que se están] recibiendo miles de millones de dólares en aranceles de China […y que las] tarifas son pagadas por China devaluando y bombeando, ¡no por el contribuyente estadounidense!” Dijo que China alcanzará, en el segundo trimestre, el nivel de crecimiento más bajo desde hace 27 años como resultado de su estrategia comercial internacional.

El crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre se desaceleró, mientras China se mantiene estable en 6.2% porque el arancel es un impuesto, aplicado por el gobierno importador, es pagado por el importador y el consumidor final. La lógica es aumentar el precio de la mercancía importada para reducir su consumo y, de este modo, favorecer las mercancías locales. Salvo que los importadores sean empresas o consumidores chinos en EE.UU., no hay modo de que los aranceles sean transferidos a la economía china a menos que China tenga un solo mercado, pero Estados Unidos es el mercado mayor de China (20%) cuyo comercio se reparte 45% a países del Asia, 22% a países de la Unión Europea, y 9% a América Latina y África.

De ahí que la respuesta a las medidas proteccionistas de un Estado con otro no puedan ser más que alzas arancelarias en sentido contrario, no hay otra. En esta ocasión, después de cinco rondas de subidas arancelarias, una breve tregua e incontables amenazas, la guerra no parece favorecer a nadie. Se estima que el total de las medidas impuestas ha alcanzado 250.000 millones de dólares a las importaciones chinas y $ 110.000 a las estadounidenses. De este modo, la cuestión estratégica sería cuantitativa en determinados bienes de consumo final y cualitativa para ciertas ramas industriales. El impacto, empero, está recayendo sobre el comercio internacional en su conjunto.

 

 

En un sentido limitado es cierto que el déficit estadounidense con China ha disminuido, pero apenas a niveles previos al inicio de la guerra. El acumulado hasta mayo de 2019 disminuyó en 9.9% respecto a mayo de 2018, pero China aún corresponde al 38% del total del déficit comercial estadounidense. En cambio, el déficit total americano hasta mayo de 2019 alcanzó 359,579.8 millones de dólares, 25% mayor que el año anterior. Este incremento corresponde en buena parte al creciente déficit con México (ver gráfico).

La reducción del déficit comercial con China ha sido producto de una contracción de sus importaciones. Esta situación, dadas las condiciones del aparato productivo de EE.UU., sólo complica aún más sus niveles de productividad y competencia internacional. La reducción de las importaciones refleja su nivel de consumo interno y la limitada capacidad de crecimiento de la economía. De ahí que también el Bureau of Economic Analysis anunciara que el crecimiento del PIB cayó de 3.5% en el II trimestre de 2018 a 2.1% en el II trimestre de 2019, anticipando menos crecimiento para 2019 que para 2018.

Por otra parte, una buena parte de las cadenas productivas americanas dependen de insumos chinos. En 2017, el 50% de sus compras estuvo compuesto de aparatos electrónicos, maquinaria de radiodifusión, partes y piezas electrónicas y demás insumos industriales y de consumo final. El nivel técnico y de especialización que incorporan los productos chinos, apoyados en bajísimos costos de producción, ha desplazado a los productos estadounidenses. Esta condición del aparato productivo estadounidense no le permite sustituir las importaciones chinas sin encarecer los productos y generar inflación.

A la inversa, la matriz exportadora de EE.UU. está compuesta principalmente por maquinaria (22%), equipo de transporte, mayormente automóviles (15%), productos químicos (14%) y derivados del petróleo (11%). Como lo ha mostrado la trama Huawei y la red 5G, la economía estadounidense ha perdido el liderazgo en las ramas tecnológico-industriales y no parece encontrar vías para recuperarla. Lo que le ha quedado es asegurar su mercado interno (ampliado) vía el TMEC; ponerle aranceles punitivos a la Unión Europea (especialmente a Alemania) y esperar que su proteccionismo merme el crecimiento chino de 6.2%, sin afectar aún más su sufrido 2.1%.

Finalmente, si consideramos que hay una recesión autoinducida en México debido a los ajustes en el gasto fiscal, y que es probable que la caída en la demanda en Estados Unidos continúe, el resultado final debería ser menos importaciones mexicanas y un mayor déficit americano con México para diciembre de 2019. Esto podría significar más aranceles para los bienes mexicanos, dada la peculiar visión que el equipo económico estadounidense tiene del mundo. La Ley de Aranceles Smoot-Hawley de 1930 debe tenerse en cuenta, así como la no ratificación del Pacto de la Sociedad de las Naciones en 1920, fundado por el Presidente Woodrow Wilson en 1919. La bancada republicana, liderada por Henry Cabot Lodge, argumentó entonces que «la Liga comprometería a Estados Unidos con una organización costosa que reduciría la capacidad de Estados Unidos para defender sus propios intereses». Los gobiernos republicanos han sido conocidos por su aislacionismo y xenofobia en el pasado. Esto podría significar que nuevos males económicos en los EE.UU. podrían llevar a nuevas medidas aislacionistas con terribles impactos en la economía mundial, como en 1930.

 

 

 

– Oscar Ugarteche es Investigador Titular, IIEc-UNAM, SNI / CONACYT, coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano, OBELA
– Armando Negrete es Técnico Académico, IIEc-UNAM, miembro del obela.org
https://www.alainet.org/es/articulo/201338

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1 comentario
  1. Luis Juan dice

    Estimados Oscar y Armando:
    Una digresión.
    En agosto de 2011, bajo el título “Por qué EE.UU. y el dólar no se pueden caer”, Manuel Freytas hacía un análisis muy interesante.
    Transcribo algunos párrafos:
    “EEUU no domina el mundo por formulaciones doctrinarias político-diplomáticas o eventuales discursos «democráticos» o «militaristas» de sus presidentes, sino porque impone al resto de los países el dólar y la lógica de su poderío militar y económico, indestructible, salvo por un estallido nuclear del planeta.”
    “Entonces, como primer concepto estratégico, es necesario aclarar que EEUU no domina el mundo ni se constituyó en primera potencia imperial capitalista con los discursos de sus administradores eventuales, sino con el aparato nuclear-militar más poderoso del mundo, siete flotas con poder atómico surcando los océanos y cerca de mil bases militares rodeando los puntos estratégicos del planeta.”
    “Este es el punto central que explica porqué esas trasnacionales (con activos e ingresos que superan al de decenas de estados dependientes juntos) protegidas por la bandera y las embajadas estadounidenses, amparadas en el poderío de la maquinaria militar-nuclear de EEUU, cosechan el grueso de sus ganancias fuera de los EEUU y las transfieren impunemente a través del dólar a los países centrales.”
    “Utilizando al dólar como poder de tracción esos bancos y corporaciones transfieren sus ganancias y activos (cosechados en el mundo dependiente) y los convierten en bonos y acciones de la catedral mundial del capital imperial parásito y especulativo: Wall Street, la «casa matriz» del sistema financiero sionista internacional.”
    “En resumen, los que toman las decisiones y manejan la economía mundial capitalista «dolarizada» (tanto en EEUU y los países centrales como en Asia, África o América Latina) son los grupos financieros sionistas y las corporaciones trasnacionales «sin fronteras» que tienen como baluarte principal de sus operaciones a la Reserva Federal de EEUU y a Wall Street, y controlan los resortes decisivos del FMI, el Banco Mundial, los bancos centrales de los cinco continentes, Silicon Valley, y el Complejo Militar Industrial estadounidense.”
    “En la era del «capitalismo sin fronteras», el imperialismo ya no es el imperialismo de los monopolios estatales (que se repartían el mundo a través de las guerras) que estudiaba Lenin, sino grupos súper-concentrados de bancos y trasnacionales que controlan países, economías y gobiernos despojándolos de su soberanía y convirtiéndolos en gerencias de enclave de sus operaciones comerciales a escala global.”

    “Los bancos y grupos financieros así como las transnacionales que operan en Europa y EEUU, son las mismas que operan en Asia, África y América Latina, y han convertido al mundo en un sistema de economía de enclave cuya gerencia central funciona en Nueva York protegida por el arsenal nuclear y convencional del Pentágono.”
    “Protegidas por el paraguas nuclear-militar del Estado imperial estadounidense (su gendarme mundial) las trasnacionales capitalistas extraen (roban) las riquezas y recursos naturales de los países dependientes, que luego transfieren y reciclan en forma de capital especulativo en el sistema financiero internacional con central operativa en Wall Street y la Reserva Federal de EEUU que controla el dólar.”
    “En resumen, su pertenencia «territorial» al Estado estadounidense (donde generalmente se encuentran sus casas matrices) les permite, protegidas por el poder militar del Imperio, operar con total impunidad con sus gerencias de enclave extendidas a través de todo el mundo dependiente.
    Los números y el análisis estructural de la economía capitalista globalizada demuestran claramente que la teoría del «fin de la era del dólar» y de la supremacía imperial estadounidense es falsa e impracticable.”
    “La afirmación de que la crisis de la economía mundial capitalista referenciada en el dólar posibilitará el declive de la supremacía imperial de EEUU poniendo en el centro de la hegemonía económica mundial a China y al resto de los países emergentes (en crecimiento acelerado) de Asia o América Latina, es un mito que no resiste ningún análisis.”
    “Por lo tanto, los más interesados en salvar al dólar y a EEUU del colapso son Europa y las potencias centrales, además de China y las potencias emergentes, cuyo desarrollo económico depende de EEUU y de Europa y del entramado de la economía que tiene al dólar como moneda patrón.”
    “Esto explica porque la Reserva Federal y los bancos centrales europeos, asiáticos y latinoamericanos luego de estallar la crisis financiera con las subprime y de devaluarse el dólar por efecto de la especulación con los precios del petróleo en el 2008, corrieron al rescate de la divisa estadounidense.”
    “En Asia, Europa y América Latina operan las mismas trasnacionales y grupos financieros que establecen a Wall Street como cabecera central de sus operaciones especulativas financieras con el dólar y utilizan los bonos del Tesoro de EEUU como refugio ante cualquier desequilibrio mundial.
    Esto torna imposible pensar que el dólar desaparezca como moneda patrón sin un derrumbe generalizado del mundo capitalista en su conjunto.”
    “En el centro del modelo imperial-económico capitalista globalizado, y a modo de protagonistas centrales, se encuentran EEUU y la Unión Europea (los principales compradores mundiales), y China (el principal vendedor mundial), cuyas economías entrelazadas se proyectan como claves y dominantes en el funcionamiento de todo el sistema capitalista a escala global. Las operaciones se realizan mayoritariamente con el dólar como moneda de transacción. Además, China tiene el 70% de sus reservas en valores y títulos del Tesoro de EEUU.”
    “Como se sabe, EEUU es el principal comprador de productos chinos en dólares, y el gigante asiático, a su vez, es el principal importador de petróleo y materias primas de los «países emergentes» en dólares, con lo que se puede deducir que si la divisa y el Imperio estadounidense colapsaran (tal como vaticinan los garúes del «desacople») el impacto se va a proyectar inevitablemente en una crisis de China proyectada a los «países emergentes» y a los países centrales.”
    “Si China, Japón, India, Rusia, Tailandia y Corea del Sur (los mayores tenedores de reservas en dólares) resolvieran desprenderse de la divisa estadounidense, como vaticinan los teóricos del «desacople, el mundo se llenaría de papeles estadounidenses sin respaldo (el producto de la especulación financiera y la deuda USA por casi un PBI mundial), estallaría una recesión mundial proyectada desde EEUU y el dólar colapsaría junto con el comercio exterior, el sistema financiero y el sistema económico productivo, tanto de los países centrales como de los periféricos y emergentes.”
    “En resumen, si se cayeran EEUU y el dólar, sería como si una bomba nuclear estallase en la economía capitalista a escala planetaria y nadie podría escapar con vida de la radiación que se desataría por efecto encadenado.”
    “Y como el dólar tiene las funciones de reserva internacional, sirve de respaldo para la mayoría de las monedas, y hace de medio internacional de pago, su caída significaría el fin del patrón dólar, y generaría una mundialización de la crisis en la que ningún estado capitalista podría sobrevivir.”
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133432
    Mi supina ignorancia, me lleva a pensar que sería imposible por la fuerza… pero perfectamente posible si estuviese programado por esa elite.
    El oro y la plata robados para reemplazarlos por un papel sin valor intrínseco pero impuesto por esas elites; el reemplazo del patrón oro por el dólar… y, por qué no una nueva moneda, siempre que ello esté debidamente planificado por esas elites.
    La sentencia de Giuseppe Tomasi di Lampedusa en “Il gattopardo”: “…todo debe cambiar, para que todo permanezca inalterable”; amerita para que no estemos tan seguros.

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