Un destello de verdad

Un sobreviviente vio a Ledo secuestrado y torturado en Tucumán después de que se lo presentara como desertor

 

Un sobreviviente declaró haber compartido cautiverio con Alberto Ledo en el centro clandestino que funcionó en la compañía de arsenales Miguel de Azcuénaga, en Tucumán. Lo vio para fines de 1976, meses después de su desaparición mientras cumplía el servicio militar obligatorio en esa provincia. Es la primera vez que, después de 43 años, la madre y la hermana del conscripto tienen una noticia sobre los últimos días del muchacho a quien el ejército presentó como un desertor y por cuyo caso juzgan al ex jefe del ejército César Milani y al militar Esteban Sanguinetti.

 

 

Dos historias

Osvaldo Pérez, sobreviviente de arsenales, fue convocado por los fiscales Pablo Camuña y Agustín Chit para prestar testimonio. En otro juicio, había mencionado a Ledo, pero no quedaba claro si era porque lo conocía o lo había visto en el mayor campo de concentración del noroeste argentino.

“Lo recuerdo como prisionero dentro del arsenal”, le aclaró al fiscal. “Con Alberto Ledo éramos amigos. Nos conocíamos de antes, del frente estudiantil”, contó.

Pérez era de Chaco y estudiaba en la Universidad Nacional de Tucumán. Ledo, de La Rioja, y se había mudado para estudiar Historia. Juntos estuvieron en la conformación del centro de estudiantes de Artes y en la pelea por el comedor universitario. A fines de 1974, se encontraron en una confitería, La Franco-Argentina, con sus novias. Susana Auad, la pareja de Pérez, y Silvia Boggiatto, la compañera de Ledo. Ellas eran amigas, por lo que el contacto entre ellos fue creciendo.

Para principios de 1976, la caída de militantes se había vuelto una cruel rutina en el Tucumán del Operativo Independencia. La última vez que Pérez y Ledo se vieron fue para enero de ese año. Al mes siguiente, Ledo se incorporó al servicio militar obligatorio en el batallón de ingenieros de construcciones 141 de La Rioja.  Pérez le perdió el rastro hasta que volvió a verlo en el arsenal.

 

Un encuentro en el horror

Sus captores le habían encomendado a Pérez una tarea, servir la comida, el mate cocido o el agua, dentro del centro clandestino. Estaba en eso cuando detectó una nueva presencia en uno de los cuartos de tortura.

—¿Le llevo comida?– le preguntó a uno de los gendarmes encargados de la seguridad.

—No, no. Éste tiene mucha máquina encima, que no coma.

“Lo que alcance a ver era a un muchacho joven, que estaba embarrado, sucio, lastimado y tenía un calzoncillo blanco de esos que daban en el ejército y una camiseta blanca”, recordó Pérez.

Volvió a ver al chico en otro sector del campo de concentración, en los polvorines, donde estaban alojados los secuestrados. “Recién varios días después, Alberto Ledo me reconoció a mí, porque (él) estaba muy golpeado”, dijo Pérez. “Yo no lo reconozco de inmediato. Él me pregunta si yo era el Chaqueño, le digo que sí, nos damos a entender…”

Durante la audiencia, el testigo situó ese encuentro en septiembre de 1976, es decir, casi tres meses después de que Ledo desapareciera de Monteros. Dijo que Ledo estuvo varios meses secuestrado ahí y que creía que había sido traído solo desde otro lugar, no como parte de un traslado de un grupo de detenidos. En el mismo tiempo, dijo que estuvieron secuestrados Luis “Lucho” Falú y los primos Luis, Anabel y Germán Cantos. Germán era conscripto también y había sido secuestrado en septiembre de 1976 mientras cumplía con el servicio militar en Santiago del Estero. En 2014, un tribunal condenó al jefe de la compañía de la que dependía Cantos al momento de desaparecer — una situación similar a la de Sanguinetti.

Para verano del ’76, Pérez ya no volvió a ver a Ledo en los polvorines.

 

 

Alberto Ledo era militante del PRT y estudiaba Historia. Desapareció en junio de 1976.

 

 

Una versión controvertida

Un rato antes había declarado por videoconferencia un ex conscripto, Julio César Tello, que está detenido en La Rioja por un intento de homicidio. Su declaración fue pedida por la defensa de Milani y por la fiscalía.

Tello buscó desvincular al ex jefe militar de la desaparición de Ledo. Declaró haber visto a Ledo, de uniforme y sin lentes, mientras hacía guardia en la compañía de arsenales entre el 15 y 20 de diciembre de 1976. Según Tello, Ledo iba en un jeep con tres militares del batallón 141 de La Rioja, Coronel, Otero y López. Concretamente contó que Ledo estaba sentado a la izquierda del sargento López, que era de Salta. “Coronel me dice que era un soldado (por Ledo) para hacer un relevo de otro soldado que estaba enfermo”, relató.

—¿Cómo se llamaba el soldado enfermo?– le consultó Claudio Orosz, abogado querellante por la Secretaría de Derechos Humanos.

—Pregunté. Fue falso porque no había ningún soldado enfermo– reconoció el ex conscripto.

Tello contó que conocía bien a Ledo porque habían compartido los primeros tiempos en la colimba en La Rioja. Después, a Ledo le tocó ir a Tucumán con la compañía a cargo de Sanguinetti. Milani integró la misma comitiva. Tello, que atendía el teléfono en el casino de oficiales del batallón de La Rioja, se enteró por conversaciones que Ledo había desaparecido, pero, según él, lo vio para fin de año en Tucumán.

Para fiscales y querellantes, la declaración de Tello tiene ribetes inverosímiles, pero sitúa a Ledo en el mismo tiempo y espacio que Pérez: en arsenales y en el último trimestre de 1976. A pesar de que el fiscal Camuña le pidió que describiera el lugar, Tello no pudo contar cómo era arsenales. La gran contradicción con Pérez es que él no notó ningún tipo de maltrato en Ledo, como describió el sobreviviente.

Tello y Milani estuvieron en la misma cárcel en 2017. Dijo que sólo se cruzaron un domingo en la capilla del penal. Fue entonces que pidió declarar en la causa. Antes había mandado a llamar a Graciela Ledo para decirle que el ex jefe militar no tenía ninguna vinculación con el caso.

 

Las responsabilidades

Al finalizar la audiencia, Sanguinetti pidió declarar para decir que él no recordaba haberle ordenado a Milani que confeccionara un acta de deserción por la ausencia de Ledo. Había dicho lo contrario en 2013, cuando hasta contó que el documento se había hecho en Famaillá porque allí había una máquina de escribir. El militar retirado sostuvo que se había dejado llevar por un artículo que leyó en el diario La Nación y que le hizo creer que estaba su firma y la de Milani.

El juicio se reanudará el 21 con las últimas testimoniales. El tribunal – compuesto por Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Enrique Lilljedahl – accedió a convocar a Susana Auad, sobreviviente de arsenales, que podría haber visto a Ledo allí.

Es probable que las defensas usen los testimonios para separar el momento de la supuesta deserción del de la desaparición. Milani ya había apuntado a sectores de inteligencia que operaban en Tucumán como los responsables del secuestro de Ledo.

Para fiscales y querellantes, la declaración de Pérez complica más la situación de los acusados. Tello, por su parte, situó a Milani como instructor en tácticas anti-guerrilleras, lo que contradice la línea sostenida por el general retirado y abona la idea de que era consciente acerca de cuál era el destino que podía correr el conscripto al momento de confeccionar el acta de deserción con el que se encubrió la desaparición. Milani viene diciendo en las audiencias que él no hizo ese documento.

La sentencia está prevista para el 29 de noviembre. Para los jueces, la complejidad pasa por entender una desaparición en la que se conjuga la responsabilidad de un batallón de La Rioja operando en un contexto de secuestros y exterminio en Tucumán. Graciela Ledo y su madre, Marcela Brizuela, tienen la esperanza de que esa verdad que empezó a surgir en las audiencias se traduzca en justicia.

 

 

 

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