Un gobierno sin confianza

Mensajes contradictorios de potencia psicotizante

 

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, sostuvo que seguiría dejando depositado en el exterior su cuantiosa fortuna y que su decisión “tiene que ver con la confianza que hemos perdido en Argentina”. Cuando se le preguntó por qué no había recuperado la confianza en el país, siendo parte del nuevo gobierno a cargo de la administración nacional, respondió: “El que se quemó con leche, ve una vaca y llora”. Unos días después, el ministro de Finanzas Luis Caputo, interpelado en el Congreso de la Nación sobre su participación en sociedades constituidas en guaridas fiscales, afirmó que las offshore son “como una caja de seguridad”. Habría que pensar que si los bienes personales se tienen en el país en cajas bancarias de seguridad por no confiar en la seguridad del domicilio particular, la motivación de los funcionarios del actual gobierno que tienen cuentas, dinero y sociedades en esas guaridas, comenzando por el presidente Mauricio Macri, obedece a una cuestión de desconfianza en el domicilio mayor del Estado que les corresponde administrar.

La inmoralidad de esas conductas es evidente a cualquier persona decente. En ese sentido, poco podríamos agregar a lo obvio. Sin embargo, cabe detenerse a reflexionar sobre estas conductas. Y una de las razones para hacerlo es que el gobierno emite mensajes contradictorios. Así como afirma su desconfianza en el país, por otro lado les pide continuamente a los ciudadanos que tengan confianza en él. Los ejemplos son numerosos. En su interpelación, el ministro Caputo, junto a la desconfianza que le llevó a las “cajas de seguridad” de las guaridas fiscales, dijo de su dinero depositado en ellas: “Yo era un tenedor fiduciario, alguien que tenía algo en confianza de otra persona”.  Y continuó: “… la historia que hemos vivido, siempre hace que el argentino sea más escéptico. Hay que apelar a la confianza, tratar de unirnos…”

Desconfianza del gobierno contra Confianza de los gobernados; Desunión del gobierno con los gobernados contra Unión de los gobernados con el gobierno. No es una conducta esquizofrénica. Es un mensaje contradictorio que tiene potencia psicotizante para aquellos a los que va dirigida (entiéndase esto bajo el concepto “histeria colectiva”, “locura de muchos”, “trastorno psicótico compartido” o del lacaniano “perversión generalizada”). Como los mensajes gubernamentales se dirigen a los gobernados, en una democracia los mensajes contradictorios de un gobierno conducen a los ciudadanos a la ambivalencia del respetar y no respetar a la vez el orden democrático. Algunas conductas mediáticas y judiciales en nuestro país o en el actual Brasil, son muestras de un caso en el que no se trata ya de la emisión de mensajes contradictorios sino de auténticos deliremas en los que el juicio de realidad que distingue si un objeto existe y dónde, y atribuye significados a los objetos y las personas, es claramente anómalo.

 

El doble vínculo

Cabe decir, con lo antes afirmado, que no corresponde confundir los planos de análisis psicológico y socio-político, que se manejan con distintos fenómenos y categorías de observación, y con distintos términos, relaciones y normas; pero tampoco cabe disociar en modo absoluto a los distintos campos. Y esto porque en la tarea de la reflexión podemos encontrar los puentes de conexión entre los diversos aspectos de un fenómeno. La esquizofrenia como trastorno individual y el grado de locura que pueda alcanzar a un colectivo, son fenómenos distintos. Pero el conocimiento de uno puede ayudar a reflexionar sobre el otro.

Fue Gregory Bateson quien desarrolló una teoría del “doble vínculo” para dar cuenta de la esquizofrenia en relación con aquellas situaciones en las que las personas son sometidas a la recepción de mensajes contradictorios. Por ejemplo, si unos padres descalifican a su hijo por ser débil de carácter pero cuando el niño reacciona fuertemente por esa reiterada descalificación le reprenden y castigan por hacerlo, entonces el niño hará suyos ambos mensajes en contradicción: sentirse aceptado y no aceptado (querido y no-querido), defenderse y no defenderse, ser fuerte y ser débil, expresarse y no expresarse. Será el camino esquizoide. Evitar la introyección de esta dinámica ha de ser una finalidad de cualquier individuo como persona y como ciudadano.

 

Varvara Stepánova, ‘Figuras’, 1921.

 

En 1911, mucho antes de Bateson, Eugene Bleuler había introducido el concepto de “ambivalencia” (que Freud tomaría de él) como uno de los conceptos fundamentales para comprender a la esquizofrenia. Bleuler decía que la contradicción de sostener simultáneamente un enunciado y su contrario era una ambivalencia intelectual. Pero que otros modos relacionados con ella eran la ambivalencia de la voluntad como querer y no querer hacer algo; y la ambivalencia afectiva de amar y odiar a la vez a un objeto o persona. Esta última pasó a ser la más importante para definir a la ambivalencia no sólo en la obra de Freud (Eros y Tanatos) sino en autores posteriores, entendiéndola como un conflicto entre hacer el bien preservando al objeto y a la vez procurando su destrucción. La dirección de la cura está claro que buscaría la resolución del conflicto a favor de las pulsiones amorosas.

Volviendo a la política, aún sin psicologizarla podríamos aceptar que hay formas políticas más destructivas como el terrorismo de Estado de las dictaduras, y formas políticas más constructivas y unitivas (más “amorosas”) como las democracias (aunque abramos entre ellas un catálogo de formas intermedias). Podríamos pensar que si un ciudadano debe hacer A (tener confianza en el gobierno de un país) y también debe hacer B (aceptar la desconfianza del gobierno en ese país), resulta claro que de hacer A no podrá hacer B y viceversa. Si le tenemos confianza al gobierno nacional con ello le tenemos confianza al país y no podemos desconfiar de éste. Si debemos hacer ambas cosas, sólo podremos hacerlo negando la evidencia de los hechos que indiquen que sólo se puede realizar, en modo coherente y saludable para la razón, una de las dos opciones. A modo de enseñanza: si un gobierno emite un mensaje contradictorio será un motivo de salud democrática el que un ciudadano resuelva esa contradicción optando por uno de los dos mensajes.

 

El dilema de la relación de confianza

En la teoría de juegos hay un problema ya clásico de cooperación y conflicto que es el “dilema del prisionero”, focalizado en la relación de confianza entre dos personas. El problema plantea que la policía arresta a dos sospechosos aunque no tiene pruebas suficientes en su contra, los separa, los visita a cada uno y les ofrece igual trato: 1) Si uno confiesa el delito y su cómplice no, el cómplice será condenado a la totalidad de la pena, diez años, y quien confiese quedará libre; 2) Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá los diez años y el cómplice saldrá libre; 3) Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años; y 4) Si ambos lo niegan, ambos quedarán privados de libertad durante un año.

 

 

Quienes deben enfrentar el problema podrán adoptar una actitud confiada o una actitud desconfiada, que les lleve a una estrategia cooperativa o a una estrategia egoísta. En la actitud confiada el sujeto estará seguro de la intencionalidad positiva del otro para con él. Esa seguridad estará basada en su propia seguridad de ser alguien que no oculta nada debido ante los otros y en creer que el otro no usará lo que sepa de él para dañarlo. El desconfiado, en cambio, encontrará mensajes negativos para él (“ve una vaca y llora”) y dudará de que el otro tenga la integridad moral para respetar el límite de no dañarlo (“la historia que hemos vivido, siempre hace que el argentino sea más escéptico”).

Si alguien es desconfiado y extremadamente egoísta, confesará, porque si el otro no confiesa queda libre y si el otro confiesa le tocarán seis años a ambos. Pero si alguien es confiado y busca cooperar con el otro, guardará silencio, porque si ambos lo hacen sólo los castigarán con un año a ambos. Aunque el ejemplo del dilema tiene varias objeciones para hacerle, el problema es útil para mostrar las debilidades de la actitud desconfiada y de las estrategias egoístas.

La corrupción y la honestidad de los gobernantes también pueden comprenderse con estas claves. Si todos los argentinos adoptamos la actitud desconfiada y la estrategia egoísta del ministro, aunque la gran mayoría no tendríamos dinero para llevar al exterior, sí podríamos adoptar otros actos de mini-corrupción interna comparables y desde ese individualismo tener peores resultados objetivos. La cooperación es una estrategia más eficiente para el bien común que exige que no haya mentiras, engaños y manipulación. Pero para apostar a ella debemos considerarnos iguales a los otros y a los otros iguales a nosotros. Si tenemos respeto por los otros, decimos la verdad y somos justos como gobernantes, no cabe llorar aunque nos hayamos quemado con leche.

 

 

 

2 Comentarios
  1. Ricardo Alberto Comeglio dice

    La realidad es que el actual gobierno utiliza la historia para determinar en qué se confía y en qué no, siendo que la confianza jamás es por el pasado sino por el futuro. No se puede nunca tener confianza en que las cosas pasaron, sino en las cosas que pasarán.
    Luego difiere su falta de confianza basada en lo que pasó y expresa que como pasó entonces no confía en lo que pasará, siendo que pasará aquello que el propio gobierno decida que pase.
    Estamos entonces frente a un gobierno que no tiene confianza en el futuro que propone porque carece de herramientas intelectuales para mantenerse en el poder durante el lapso que se necesita como futuro en la vida humana.
    Si los que gobiernan supieran con certeza que ellos gobernarán todo el tiempo que sus vidas le permita, entonces no podrían justificar su falta de confianza, que es futura, por lo que el metamensaje que dan es que no tienen confianza en Argentina porque no podrán ellos gobernarla todo el tiempo, lo que le mete en la cabeza a la población que la confianza sólo volverá cuando quienes estén en el gobierno sean ellos y no haya posibilidad que sean otros.
    Como esto es ajeno a una democracia y a la política, entonces justifican su falta de confianza personal en que el sistema de vida republicano elegido por la Argentina no merece esa confianza.
    Declaran abiertamente que jamás tendrán confianza en la Argentina, por más que ellos sean los que gobiernen transitoriamente.
    Ahora bien, le dicen a la gente que hay que tener confianza en que esa falta de confianza sólo es por el sistema que se utiliza para gobernar, no porque ellos sean gobierno. Atacan el sistema y le hacen creer a la gente que sus poderosos hombres que están en el gobierno, que son grandes ganadores y exitosos, deben ser respetados dándoles confianza ya que por algo llegaron a ser ganadores y exitosos aún cuando no tuvieran confianza en el país que ahora gobiernan.
    La esquizofrenia no es del pueblo sino de los que son ganadores y exitosos en un país y dicen que no tienen confianza en el mismo por la historia que ese país tiene, siendo que en el transcurrir de esa historia ellos se convirtieron, por la misma historia, en ganadores y exitosos.
    En síntesis, se gana mucha plata en Argentina pero eso no sirve para confiar en Argentina.
    Los inoculados con absurdas y contradictorias ideas esquizofrénicas son los que nos gobiernan y todos los ganadores y exitosos de la Argentina que no confían en el país que los hizo ganadores y exitosos.
    El pueblo, común, decente y ajeno al éxito, sólo mira todo desde su casa, que está en Argentina, su trabajo, que está en Argentina y sus ingresos, que están en Argentina y no entiende a qué se refiere alguien cuando habla de «confianza» ya que no hay alternativa alguna en su vida a otra cosa que no sea seguir viviendo en la Argentina, trabajar en la Argentina y tener ingresos en Argentina.
    La «confianza» sólo es para los ricos y ellos son justamente los que no tienen confianza en la Argentina.
    Este fue siempre fue el único problema argentino. Resuelto eso, se acaba todo el tema de la confianza.
    O le sacamos a quienes tienen dinero ganado en Argentina la posibilidad de seguir teniéndolo porque no confía en la Argentina, o jamás tendremos posibilidad de «desarrollarnos».

  2. Daniel dice

    El actual modelo es la demostración por el absurdo de su imposibilidad. Con todos los elementos a su favor, y dirigido sin intermediarios han invertido u$s 60 mil millones para conseguir convencer a Quintana y dos más, pero aun no a todo el gabinete. Para un inversor externo es impensable arriesgarse a comer en un restorán cuyos dueños comen enfrente. En cuanto a las offshore de esta semana, y tomando la comparación con una caja de seguridad, habría que patentar el material de la cara del ministro en la eventualidad que pudiera explicar el porqué de una caja dentro de otra, y de otra…y de otra, emulando las peores prácticas del dinero mas negro de los paraísos-guaridas fiscales.

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