Un halo de ilusión para Jujuy

A 45 años de los apagones en Ledesma, marcha masiva en Jujuy y acto íntimo en Plaza de Mayo

 

El pañuelo blanco de Luis Ramón Arédez, con la leyenda “detenido-desaparecido, 13.5.1977, Jujuy”, brilla en el sol del invierno alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo. Pegadas en las rejas, en un colorido panel, hay fotografías de marchas y retratos de militantes: es una viva exposición de 45 años de memoria y de lucha, 45 años del apagón más siniestro y lúgubre de la historia argentina. Aquel que ocurrió en el pueblo jujeño de Ledesma cuando el Ejército, la Gendarmería y la policía provincial cortaron durante una semana las luces para secuestrar del propio ingenio azucarero a 400 obreros y estudiantes, de los cuales 33 continúan desaparecidos. El operativo, en rigor, tuvo un sello de fábrica: los secuestradores usaron las camionetas de Ledesma para llevarse entre las sombras a decenas de personas.

Ricardo Arédez, hijo de Luis, toma el micrófono en un escenario improvisado a metros de la pirámide y rememora el episodio. En la tarde del jueves, mientras ocasionales visitantes cruzan la plaza, el acto es pequeño, íntimo y sobrecogedor, con una radio abierta que se escucha de fondo. En su cuerpo Ricardo lleva pegados dos papeles con el logo de la marca Ledesma, que rezan: “Participó del terrorismo de Estado”.

–Es la primera vez que estamos en Plaza de Mayo. Siempre hemos ido a Ledesma a acompañar a las Madres y hoy estamos acá, por el contexto de la pandemia. Unidos en la memoria y en la denuncia del poderío económico de la empresa Ledesma –dice Ricardo, emocionado.

Más adelante agrega, con tono calmo: “Ledesma es un pueblo chico del interior, la gente sigue viviendo con miedo, arrastrando esa historia de sangre del emporio azucarero. Aquí estamos para hacerles sentir el apoyo a los compañeros y compañeras que están marchando de forma multitudinaria en Jujuy. Basta de impunidad para Carlos Blaquier”.

Las cenizas de su madre Olga, emblema de Madres de Plaza de Mayo en Jujuy, están repartidas entre su pueblo natal en Tucumán, la plaza jujeña de Libertador San Martín y cerca de Plaza de Mayo junto a las de Azucena Villaflor. “Hoy las siento muy cercanas, es algo tremendamente vivo”, suelta Ricardo con los ojos humedecidos, mientras saluda a conocidos que se contienen el abrazo por la distancia del tiempo pandémico.

 

Olga Márquez de Arédez, símbolo de las Madres de Jujuy. Foto Luis Angeletti.

 

Luego es el momento de la murga “Los verdes de Monserrat”, que junto al Comité por la Libertad de Milagro Sala de Zona Norte animan el acto. Familiares de desaparecidos y agrupaciones de derechos humanos hacen dos rondas a la pirámide y entonces una señora con una cinta celeste y blanca en su saco se acerca a hablar con ellos. “Yo soy de Ledesma y no hay que vivir más en el pasado. Hoy hay que denunciar los muertos del Covid”, dice, provocativamente, y minutos más tarde se retira.

“Impresionante columna de la Tupac Amaru en la Marcha del Apagón de Jujuy. No pudieron, no podrían. La Tupac sigue existiendo y resistiendo con Memoria, Verdad y Justicia”, escribe Coco Garfagnini, referente de la Tupac en Buenos Aires. Desde Jujuy llegan las imágenes de una nueva marcha del apagón con miles de militantes de organizaciones gremiales y sociales que caminaron los diez kilómetros de Calilegua a Libertador San Martín –más conocido por sus habitantes como Ledesma, ya que allí está instalado el famoso ingenio azucarero–.

 

 

Allí, en la estrecha plaza del pueblo y durante años, Olga Arédez caminó en soledad haciendo la tradicional marcha de las Madres –narrada de forma notable por el documental Sol de Noche (Pablo Milstein, Norberto Ludin, 2003)– en el pedido de justicia por su esposo Luis, médico e intendente de Ledesma secuestrado en el ejercicio de su cargo el 24 de marzo de 1976. Después de estar encarcelado en La Plata, fue liberado el 5 de marzo de 1977. Volvió a Ledesma a ejercer nuevamente su profesión de médico hasta que el 13 de mayo de ese año volvieron a secuestrarlo. Desde entonces permanece desaparecido.

Silvana Castro tiene 61 años y desde los 30 vive en Buenos Aires. Su testimonio es uno de los  históricos de Ledesma. “Durante los apagones del terror vivía en Ledesma con mi familia, nosotros habitábamos una casa del ingenio porque mi papá trabajaba en la empresa Ledesma –dice a El Cohete al Luna–. Mi papa hacía el turno noche y durante los apagones de esa semana entraron varias veces a allanar y romper todo. Nosotros éramos cuatro hermanos, mi vieja ya había fallecido. Mi hermana menor tenía ocho años. Con mi hermana mayor (ahora ya fallecida) habíamos sido integrantes del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal de Libertador General San Martin y participábamos en actividades de denuncia por los aprietes que recibían algunos docentes de la escuela”.

Siendo adolescente, Silvana estuvo detenida en el centro clandestino que funcionó en la Comisaría 9 de San Pedro de Jujuy, junto a compañeros y compañeras del secundario. “Las marchas siguen siendo indispensables para reclamar justicia, porque las heridas continúan abiertas hasta que los responsables civiles y empresariales no rindan cuentas en los tribunales”, enfatiza, presente en el acto en Plaza de Mayo.

 

Silvana Castro: “Las marchas siguen siendo indispensables”. Foto Luis Angeletti.

 

No es, sin embargo, un aniversario cualquiera. Las conversaciones que circulan en la exposición fotográfica de la pirámide giran en torno a las novedades judiciales. Se observa un halo de cierta ilusión, aunque en los militantes sobrevuela un reparo ante tantos años de dilación.

–Sabemos que está la voluntad política, pero la Justicia ya ha tardado mucho tiempo. La cuestión empresarial todavía está en veremos por los altos intereses económicos vigentes –comenta Ricardo, entre los suyos.

Tras el fallo de la Corte Suprema, que luego de seis años de injustificable demora destrabó el proceso para juzgar al dueño de Ledesma, Carlos Pedro Blaquier –próximo a cumplir 94 años– y a su lugarteniente Alberto Lemos –ex administrador general del ingenio– por delitos de lesa humanidad, aún no se definió la situación procesal del empresario. En las últimas horas, en rigor, hubo dos avanzadas para exigir la celeridad del trámite. Una fue un recurso presentado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que insistió para que se habilite la feria judicial y se trate de manera urgente. La otra provino desde el riñón de la justicia: el fiscal Marcelo Colombo le pidió a la Cámara Federal de Casación que deje de demorar el envío del expediente a la justicia federal de Jujuy para que, de ese modo, pueda ser elevado a juicio.

“Nos interesa resaltar que lo que tenía que hacer la Cámara de Casación en feria era muy sencillo: enviarlo a primera instancia. Entonces no se justifica que se tome la feria y creemos que esto también es consecuencia de que el mensaje de la Corte no fue categórico”, dijeron desde la Secretaría.

El proceso, no ajeno al lento avance de las causas de complicidad civil durante el terrorismo de Estado, permanece frenado hace ocho años. Luego de la resolución de la Corte Suprema del pasado 8 de julio, el expediente retornó a Casación, donde volvió a quedar varado. El juez Carlos Mahiques, autoridad de feria del tribunal, rechazó tratar el expediente y dejó nuevamente en suspenso la causa hasta el 2 de agosto, cuando finalice el receso. Es por eso que la Secretaría y las querellas de familiares y sobrevivientes presentaron pedidos de pronto despacho para que se resolviera con rapidez. Además hay otro agravante, rayano a la impunidad biológica: los dos acusados tienen una edad avanzada y la demora coloca a las víctimas frente al riesgo de no poder concretar el reclamo de justicia.

Blaquier y Lemos fueron procesados en 2012 en las causas conocidas como “Arédez” y “Burgos”, que investigan secuestros ocurridos a principios de 1976 y en el mes de julio, durante la semana de los apagones. Entre 2013 y 2021 su caso estuvo paralizado por la decisión de la Sala IV de Casación. En el transcurso de ese tiempo, en efecto, Lemos y Blaquier lograron evitar el juicio oral donde debían ser juzgados junto a los demás imputados. Las audiencias comenzaron hace más de tres años, y el debate debería llegar a su etapa final.

–El proceso no admite ninguna demora más. Queremos a Blaquier y Lemos interrogados por los jueces, dando explicaciones de lo que pasó en los apagones y qué digan dónde están nuestros desaparecidos –concluyó Ricardo Arédez, caída la tarde ya en el acto de Plaza de Mayo.

 

Las Marchas del Apagón, en imágenes, en Plaza de Mayo. Foto Luis Angeletti.

 

 

 

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