Un largo adiós

Entre negociar o dar batalla

 

La sensación de los analistas internacionales es que la guerra entre Rusia y Ucrania está en los tramos finales, pero esos tramos finales son una incógnita temporal. La despedida de la guerra es un largo adiós que todavía no ha comenzado.

Si la guerra no se termina en la mesa de negociaciones, se terminará en los campos de batalla; así lo ha dicho Putin, que evidentemente está seguro de sus propias cartas, y esta convicción podría desbaratar las negociaciones. Los rusos piensan que, si Ucrania no renuncia a los territorios del Donbas que todavía controla, los tomarán por la fuerza.

Los avances sobre el terreno confirman esta idea: los rusos ya controlan la mitad de Kostantininka, ocuparon completamente Minograd, han conquistado Guliapole, que era el punto de contacto entre el frente meridional de Zaporhizhizia y las ciudades del este, como Seversk, que ha sido conquistada en pocos días.

También las exigencias de Zelensky podrían desbaratar las negociaciones. El primer punto justamente son los territorios del Donbas que, comprensiblemente, no quiere ceder. El otro punto son las garantías de seguridad; la insistencia de la presencia en Ucrania de tropas de la OTAN e inclusive estadounidenses es un escollo insuperable para los rusos.

Tiempo atrás dijimos en El Cohete que en el ámbito de los voluntarios hay dos palabras ausentes: diplomacia y neutralidad. Al contrario, se insiste con la idea de la señora von der Leyen de transformar Ucrania en un erizo de acero para neutralizar los apetitos imperiales de Putin; se ha llegado al extremo de anunciar como probable un ataque ruso a Europa en 2029.

De todo esto se discutió en Mar-a-Lago, en el encuentro de dos horas entre Trump y Zelensky, el domingo 28 de diciembre.

 

 

Después del encuentro

Es visible la presión que Trump ejerce para que se llegue a un acuerdo. No solo quiere cerrar el conflicto de la Europa oriental, sino que tiene en mente además la normalización de las relaciones ruso-estadounidenses que abriría un horizonte de negocios y operaciones inimaginables.

Pero además el frente interno se deteriora. Los asesores le han preparado una gira para hablar de economía, de los argumentos que interesan a los ciudadanos comunes; es razonable que el staff presidencial esté preocupado. Un sondeo Reuters-Ipsos reveló que solo el 39% de los encuestados aprueba la gestión presidencial, mientras que el ataque a instituciones y ciudadanos extranjeros confirma los reflejos autoritarios de la administración.

Sobre el encuentro con Zelensky las opiniones son variables. Cada campo la interpreta tirando agua para su propio molino, como Irina Rinaeva del Komsomol'skaja Pravda, que sostiene que Trump no está intencionado a apoyar los requerimientos de Zelensky.

Alguna conclusión se puede sostener a partir de la conferencia de prensa que dieron los dos Presidentes juntos. En esta, Zelensky retomó sus habituales argumentos: "Putin bombardea Ucrania, por lo tanto no quiere la paz"; a lo que Trump respondió que "también atacan a Rusia, ¿y quién podría ser?, ciertamente no el Congo o los Estados Unidos".

Trump también sostuvo que el acuerdo ya ha sido concordado en un 95%; obviamente, debe mostrarse optimista. A su vez, agregó: "Se está llegando a un acuerdo sobre la cuestión territorial y pienso que será resuelta". Pero en el 5% restante reside el nudo del problema; Putin, después de una guerra con centenares de miles de muertos, tiene que ofrecer algo a su pueblo.

Para Zelensky "es una cuestión compleja; podríamos convocar a un referéndum para cualquier punto del plan que se revelase difícil para la sociedad, podríamos darle al Parlamento la posibilidad de votar".

La cuestión del referéndum ha sido ya ventilada; requeriría una tregua en el frente de al menos un mes y (según Zelensky) una fuerza internacional que garantizase el desarrollo del voto. Cuando Zelensky volvió sobre este argumento, fue interrumpido por Trump: "Se supone entonces que los ucranianos quieren todavía combatir; sé que un sondeo mostró que el 91% de la gente quiere poner fin a la guerra; también Rusia lo quiere. Pienso que ya han perdido la tierra de la que están hablando. Sería mejor hacer un acuerdo ahora".

La discusión giraba alrededor del plan de 20 puntos elaborado por Zelensky con sus aliados. Aleksandr Kots, corresponsal de guerra del Komsomol'skaja Pravda, comparando el plan Zelensky con el de 28 puntos acordado en Anchorage, sostiene que faltan cosas fundamentales, como las responsabilidades de Ucrania; figuran solo las obligaciones de Rusia en los diversos casos enunciados, pero no las de Ucrania, Europa o el mismo Occidente.

Por ejemplo, un ataque anfibio por parte de Ucrania, o un dron sobre una ciudad rusa.

Moscú ha ofrecido poner por escrito su compromiso de no atacar nunca, pero la contraparte no ofrece la misma garantía. En el plan de Trump se afirmaba que "si Ucrania ataca a Rusia, perderá las garantías de seguridad de Estados Unidos", con un extra que establecía que "Rusia no invadirá los países vecinos y la OTAN no se expandirá ulteriormente".

Y existía una doble llave para la cuestión OTAN: la no adhesión estaría escrita en la Constitución de Ucrania y la OTAN aceptaría la inclusión de una cláusula que estableciera que en el futuro Ucrania no sería admitida en el club. Como asimismo decía con claridad que "la OTAN no desplegará sus tropas en Ucrania".

El plan de 28 puntos trumpiano indicaba: "Ucrania adoptará las normas de la Unión Europea sobre tolerancia religiosa y protección de las minorías lingüísticas... cualquier ideología nazi y actividad relacionada están prohibidas", cláusula que apunta a la desnazificación exigida por Rusia.

El plan de 28 puntos es una ventana que se abrió para Ucrania; es la diferencia entre detenerse cuando todavía está en pie o sufrir una derrota con consecuencias graves.

Pero todavía Ucrania no se ha decidido, y Zelensky, como un amante indeciso, salta del lecho del marido al que no puede abandonar (Estados Unidos) al del amante que le susurra al oído palabras consoladoras (los voluntarios).

Los equipos de negociadores comenzarán a trabajar en enero. Por Estados Unidos estarán Narco Rubio y Pete Hegseth, el enviado especial Witkoff y Jared Kushner; por Ucrania estarán el secretario del Consejo de Seguridad Rustem Umerov, el vice ministro de Exteriores Sergei Kislitsa y Andrej Gnatov.

 

 

Verdades y mentiras

El informe Lavrov del ataque a la residencia de Putin en la noche del 28/29 de diciembre, después del encuentro Trump/Zelensky, ha desencadenado una serie de polémicas. La CIA considera que el ataque existió, pero no fue dirigido a la residencia de Putin de Novgorod; Trump fue informado de estas conclusiones el miércoles 31 en una reunión con el director de la Agencia, John Ratcliffe.

Zelensky rechaza la acusación considerándola "una completa invención", en tanto que un anónimo funcionario de la CIA en diálogo con el Wall Street Journal explicó que el objetivo del ataque era una estructura militar que "no se encuentra en las cercanías de la residencia de Putin".

Trump, después de un diálogo telefónico con Putin, el lunes declaró que "descubriría la verdad" del caso. Por ahora, el Presidente no ha comentado públicamente la versión de la CIA; mientras tanto, ha compartido en Truth Social un artículo de The New York Post que acusa a Putin de sabotear el proceso de paz.

El ataque podría ser una falsa noticia o podría ser verdad, no lo sabemos; uno de los puntos distintivos de esta guerra es el nivel extremo al que ha llegado la propaganda.

El 30 de marzo de 2025, Il Corriere della Sera publicó una exclusiva: "Ispra, drone russo in volo sul centro di ricerca UE sul lago Maggiore", la nota señalaba que un dron ruso modelo Zala 421 había sido avistado en la provincia de Varese, situada entre Milán y los Alpes. El artefacto, "maniobrado desde una zona no lejana", sobrevoló el ISPRA, Instituto para la Protección Ambiental; en sus instalaciones se encuentra el Joint Research Centre (JRC); por lo tanto, el dron amenazaba con robar los secretos nucleares e industriales que allí se esconden. El ministro de Defensa italiano, Croseto, evocó la "guerra híbrida", ahora en boga en la prensa y los ministerios europeos, intencionados a crear un clima paranoico pre-bélico, donde el enemigo es la Rusia de Putin.

El semanario online L'Independente, especializado en identificar y denunciar las falsas noticias que infectan la información, publicó el domingo 28 de diciembre un informe donde cuenta la investigación que inició la fiscalía de Milán después de la "revelación" del Corriere, que además, con un copia/pega, republicaron otros medios.

La fiscalía, después de nueve meses de investigación, informó que el dron ruso nunca existió; se trató de un amplificador GSM defectuoso utilizado por una familia de la zona para mejorar la conexión a internet. El amplificador engañó los sistemas anti drones con falsos positivos. En dicha zona, la vigilancia anti drones es intensa debido a la cercanía con el aeropuerto internacional de Malpensa.

No es novedad que la RAI haya repetido la denuncia a partir del título del Corriere, también se unieron al coro La Stampa de Turín, Varese News y hasta Il Manifesto, el diario "comunista", que se enroló acríticamente en la denuncia sobre el dron ruso que nunca existió.

Este aspecto de la guerra lo describimos ampliamente en El Cohete, pero la historia del falso dron en el norte de Italia revela otra faceta. Enrica Perucchietti, la periodista que firma el artículo de L'Independente, comenta cómo la prensa transformó una anomalía en un casus belli, sin esperar las verificaciones: "Es una radiografía del sistema informativo contemporáneo que refleja el encuentro entre velocidad mediática, sensacionalismo y ruso-fobia". Además, este caso deja otra inquietante lección: las mentiras mediáticas no nacen solo en los márgenes del sistema, también se asoman en diarios prestigiosos o emisoras estatales. 

Volviendo a la denuncia de Lavrov, si Ucrania niega el ataque, la opción es que se trataría de un auto-ataque o una invención rusa para desacreditar a Zelensky, para presentarlo como un saboteador del plan de paz de Trump; podría ser, las mentiras son habituales en una guerra, pero la misión de los medios es informar con prudencia y contención.

El periodista Marco Travaglio, director de Il Fatto Quotidiano de Roma, señala que, si bien todos mienten, Rusia miente a sus enemigos, pero Ucrania miente a sus amigos. Razones no faltan. Desde el comienzo de la guerra, Zelensky ha intentado arrastrar a la OTAN y  Occidente a la Tercera Guerra Mundial utilizando atentados y homicidios.

El asesinato de Darya Dugina el 20 de agosto de 2022 en pleno centro de Moscú con una autobomba fue considerado por Rusia una acción terrorista ucraniana. Mykhailo Podolyak, consejero de la presidencia, respondió: "es propaganda de un mundo de fantasía, Ucrania no tiene nada que ver con esto". The New York Times le contestó indirectamente en octubre revelando que, según la inteligencia estadounidense, "elementos del gobierno ucraniano habrían autorizado el atentado".

Después llegó el atentado al Nord Stream del 26 de septiembre de 2022. Kiev, a través de Podolyak, sostuvo que es ajena a los hechos, que no poseía grupos de saboteadores activos en el Báltico, que fue obra de los rusos, hasta que en marzo de 2023, medios americanos y alemanes descubrieron la pista de un comando pro-ucraniano. La fiscalía alemana investigó y, a través de un mandato de captura internacional, se arrestó en Italia en 2025 a uno de los supuestos coordinadores del grupo comando, como se relató aquí. No obstante la difusión de los hechos, Kiev no cambia la línea oficial.

Una cadena de homicidios seleccionados ayuda a la propaganda ucraniana sin revalidar la propia responsabilidad: el ex diputado socialista ucraniano Kiva, en diciembre de 2023; el blogger ucraniano Tatarsky, el 2 de abril de 2023; el escritor nacionalista ruso Zachar Prilepin, el 6 de mayo, sin olvidar las bombas contra el puente de Kerch en Crimea; hechos que la propaganda de Kiev atribuyó a veces a fantasmales brigadas de resistencia en territorio ruso, y en algunos casos reivindicó a posteriori como acciones brillantes de la inteligencia de Kiev, colocando a los aliados occidentales en situaciones embarazosas.

Resumiendo, en guerra la información falsa funciona así: todos mienten, Rusia miente a sus enemigos, Ucrania miente a sus amigos, ¿y Europa?... Europa se miente a sí misma.  

 

 

Epílogo en Florida

La mansión Mar-a-Lago del Presidente Trump en Florida ha sido llamada últimamente el nuevo Camp David, residencia campestre de los presidentes estadounidenses en Maryland, donde se han desarrollado algunos encuentros importantes de política exterior.

Mar-a-Lago está situada en Palm Beach; desde 1980 fue nominada National Historic Landmark. Fue construida por el matrimonio Marjorie Merriweather Post y Edward Hutton; los trabajos se terminaron en 1927 con un costo de siete millones de dólares.

El complejo dispone de 58 dormitorios, 33 baños, un gigantesco salón comedor, 12 hogares y tres refugios antiaéreos. La casa cuenta con un terreno de 11 hectáreas.

Si bien Marjorie Post dejó Mar-a-Lago al gobierno federal para que sirviera de residencia invernal al Presidente de Estados Unidos y sus huéspedes, la mansión fue poco utilizada; además, el mantenimiento era costoso. El gobierno restituyó la propiedad a la Fundación Post, que la puso en venta en 20 millones de dólares. La operación nunca se concretó; Trump ofreció 15 millones, su oferta fue rechazada. El magnate compró entonces por 2 millones de dólares una franja de terreno y amenazó con construir un edificio que quitaría la vista del mar a la residencia; los propietarios cedieron y en 1985 Trump adquirió la mansión por una cifra cercana a los 10 millones de dólares.

Entre las reestructuraciones que realizó Trump se encuentra la creación de una sala de baile de 1900 m², con lo que se comprende mejor el proyecto similar en la Casa Blanca; propiamente una manía por el baile.

La utilización de residencias paralelas con funciones diplomáticas no es una novedad en la historia. Probablemente la más famosa fue el castillo de Valençay, donde Napoleón convocó a su ministro de Relaciones Exteriores, el temible rengo Maurice de Talleyrand-Périgord.

Valençay era un conjunto de mármol, alfombras preciosas, cuadrería, gobelinos, mobiliario lujoso y frescos maliciosos en los muros; Napoleón fue claro: "En su rol de ministro de Exteriores reunirá en estas mesas embajadores, enviados, mensajeros y los mismos soberanos de todo el mundo".

Talleyrand tenía sus propias ideas sobre la cuestión: "La diplomacia pasa por los jugos gástricos; cuando una negociación va mal, hay que dar un banquete" (máxima que llevó al extremo en 1815 en el Congreso de Viena, para salvar lo salvable después de la derrota de Napoleón en Waterloo).

Para llevar a la práctica esa máxima, Talleyrand contaba con el arma secreta de Francia: el rey de los cocineros Antoine Carême.

Valençay puso a su disposición todo el subsuelo con múltiples cocinas y fogones. También tiene baterías de recipientes de cobre con manijas de plata, utensilios de porcelana con mango de marfil, armarios colmados de vajilla, cristalería y cuchillería palaciega. Además,  un ala dedicada a los productos lácteos, leche, manteca, quesos, otra para las especies. También tuvo una gigantesca carnicería y un vivero con huerta. Y todo funciona.

No sabemos cómo funciona la cocina en Mar-a-Lago, pero el flujo de invitados no cesa; pasaron Zelensky y al día siguiente Netanyahu. El diario de la historia parece que se escribe en esta residencia y los huéspedes salen satisfechos de la audiencia con el "boss", o al menos es lo que dicen en la sucesiva conferencia de prensa.

Con la excepción de Zelensky, que después del encuentro con Trump ha corrido a telefonear a sus aliados-amantes y rápidamente le han confeccionado un encuentro cumbre para el 6 de enero.

Alguien debería informarle al presidente Zelensky que no se haga ilusiones, que los Reyes Magos no existen.

 

 

 

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