UN PAR DE JAZMINES POLIMORFOS

Historias de vacaciones oxidadas, a ritmo de bolero y sin moraleja, en un libro de Hernán Lucas

 

Dentro de los rituales del amor cortés más o menos contemporáneo, el obsequio de flores se mantiene como una tradición de significado inconfundible: la seducción. En forma más prosaica, hay quien sostiene que se regalan flores porque son los órganos sexuales de las plantas, hacia allí se apunta y de ninguna otra cosa se trata. Como sea, la poesía derramó racimos de versos a la par que la canción complementó el espacio remanente entre el lirismo y cierta cursilería. En tal dirección, el bolero enfatizó con su aporte de calor tropical el carácter lascivo del vegetal obsequio.

Entre tantos boleros, Dos gardenias traza un circuito borgeano tanto en su letra como con sus historias, reales y ficticias. Compuesto en 1945 por la pianista cubana Isolina Carrillo, fue popularizada tres años después por el vocalista Daniel Santos bajo los sones de La Sonora Matancera con arreglos del inmortal Pérez Prado. Sin embargo, su autoría suele adjudicársele a Antonio Machín por el solo hecho de haberla popularizado en los Estados Unidos, la España franquista y Europa occidental, junto a Quizás, quizás, quizás y El manisero. De modo que Dos gardenias contiene en su recorrido y en su argumento, una pasión y un engaño. La letra, en efecto, habla de un gran amor único, incomparable, irrepetible, como no podía ser de otra manera: “Esos besos que te di / y que jamás encontrarás / en el calor de otro querer”. Así arranca: con un conjuro seguido de una profecía. Y termina lamentándose, porque ¡oh sorpresa! las gardenias se marchitan “porque han adivinado / que tu amor se ha terminado / porque existe otro querer”. Palo y a la bolsa.

 

El autor, Hernán Lucas.

 

La suspicacia propia de la literatura tuerce los sentidos obvios, conserva algunas formas y desarrolla renovados contenidos. En tal faena, Hernán Lucas (Buenos Aires, 1974) toma el título del bolero para su nuevo libro, mantiene en su nombre el homenaje al naturalista escocés Alexander Garden (aquí sería Alejandro Jardín) otorgado por Linneo, y se abstiene de traducirlo como “dos jazmines”, que es como se expende la flor estival por estos pagos. La calculada acrobacia viene en razón del carácter subrepticio de las meneadas gardenias (jazmines) del bolero, que detrás del mensaje amoroso esconden “una especie de caballo de Troya al servicio del enamorado”, que con el artificio se percata del momento en que se convierte en cornudo. O que le enamorade bien (escéptico) sabía desde el arranque que todo amor es hasta la muerte: hasta la muerte del amor.

Capas estratigráficas de sentidos y sus correspondientes registros que pueden o no abrirse en un lector a partir de ciertas escenas, sucesos, acciones, circunstancias, retazos. En más o en menos, como aquellas esculturas en metal cuyo autor permite “que el óxido siga trabajándolas”, Lucas esculpe algunos recuerdos que “tampoco dejan de transformarse. Cada vez que entro en ellos descubro algo nuevo o algo que falta”, lo que le lleva a continuar en la indagación de esa memoria, muchas veces sin el brete de las fotos, notas o testimonios. Disección que cimienta treinta y cuatro cuentos brevísimos, cada uno de los cuales propone distintas peripecias, pequeñas tal vez, enmarcadas en el ocio algunas, cobijando todas un reflejo escamoteado, sin moral ni moraleja. Una rauda visita al campo argentino, a un vuelo en avioneta sobre las líneas de Nazca, a La Habana en pos de la poeta Reina María Rodríguez, a un mercado limeño, a una Europa algo prematura, al salar de Uyuni, a esa playa caribeña donde el mismo autor hace la plancha panza arriba sin notar que un velerito de paños coloridos le acompaña no demasiado lejos.

 

 

El salar de Uyuni.

 

 

“Los recuerdos son un proyector que pongo a funcionar en cualquier momento de las no-vacaciones. Es como si los hechos, al volverse recuerdo, se metieran detrás de una pantalla, sin salpicar”, señala Hernán Lucas. Comparte esa experiencia para que el lector, en lo que dura una película, se zambulla en una historia compuesta por una multitud de tramas, que nunca son las que el cómodo espectador percibe por la vía de sus sentidos. Ni siquiera aquella que su propio protagonista experimenta.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Dos gardenias

Hernán Lucas

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2020

790 págs.

 

 

 

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