Un ruiseñor de verdad

Vargas y D'Agostino

Fue una de las voces significativas de las décadas de 1940 y 1950, que el tango atesora como su época de oro. En sus actuaciones era presentado como El Ruiseñor de los Barrios Porteños, un apodo bien puesto. Pero a diferencia de otros cantores de entonces, cambió demasiadas veces de acompañantes y su repertorio fue muy dispar, con demasiados temas del estereotipo caricaturesco del tango, del hombre bueno atormentado por la mala mujer, que se refugia en la santa madrecita . Sus grabaciones no llegan a cubrir dos décadas. Su primer disco, cuando ya tenía 31 años, fue con José Luis Padula, y murió prematuramente a los 54, en 1959.  Sin embargo, contra todas esas contrariedades pudo prevalecer su calidad musical, que le aseguró un lugar entre los grandes. En 1942 participó en el cortometraje "Tangos de Ayer y de Hoy", dirigido por Enrique Cadícamo. En ese videoclip de nueve minutos, Angel Vargas canta dos tangos de Cadícamo: "Tres esquinas", sobre música de Angel D'Agostino y Alfredo Attadía, y"El cuarteador", letra y música  del propio  Cadícamo.

 

Un gran poeta popular como Cadícamo evoca con nostalgia una ciudad y un oficio que están desapareciendo, y Ángel Vargas las conserva para siempre en  el ámbar de su voz. El barrio de las tres esquinas es Barracas y las tres esquinas el nombre de una estación de tren y un café, en las inmediaciones de lo que hoy es el cruce de Montes de Oca y Osvaldo Cruz. D'Agostino compuso la música en la década del 20. Se llamaba "Pobre Piba".  En los 40, Cadícamo le puso letra, y entonces las pobres pibas dejaron de ser las cabareteras en quienes se inspiró D'Agostino, y pasaron a trabajar en una de las fábricas de la zona, las lindas pibas de delantal. El historiador del tango José María Otero contó las colaboraciones que confluyeron en la obra. Cuenta que D'Agostino no estaba satisfecho con el resultado, hasta que Ángel Vargas decide incluir un recitado al abrir la  segunda parte. Dice:

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental...

y lo enlaza con el canto:

Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parral....

En el final de la segunda parte había un solo de piano de D’Agostino, que tampoco lo conformaba. En una pausa del ensayo, el arreglista y primer bandoneonista Alfredo Attadía, improvisó unos acordes que entusiasmaron al director. Cuenta el historiador que cuando Ángel Vargas finaliza de cantar la segunda parte:

quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión...

el bandoneón hace un solo maravilloso al que sigue la entrada del violín y luego del piano, antes que vuelva Vargas con el final.

 

El video completo, de poco más de nueve minutos incluye también "El cuarteador",  un personaje que desapareció con los carros y las calles de tierra: era el encargado de desatascarlos cuando se quedaban en el barro o en las cuestas empinadas. Ese tiempo ya había sido inmortalizado por Gardel con "El Carrerito", de Vacarezza y De los Hoyos. ¿Te suena?

Chiche, Moro, Zaino!
Vamos, pingo, por favor
Que pa subir el repecho
No falta más que un tirón!
Zaino, Chiche, Moro
La barranca ya paso
Y por verla tengo apuro
De llegar al corralón!

Sin duda Cadícamo lo conocía, porque cuando Vargas se dirige a uno de los caballos, también lo llama Chiche.  En el video, que retrocede a principios del siglo, Ángel Vargas encarna al cuarteador, con una boina ampulosa, poncho, pañuelo al cuello, cinturón con una gran hebilla  refulgente y un clavel en la oreja. Del carro que se atranca en el barro  Cadícamo pasa a una metáfora sobre un amor fracasado.

 

 

Para despedirlo, esta joya a pesar de las frituras: "Carnaval de mi barrio", que Vargas cantó a cappella.

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