Un sistema inalterable

Hay que discutir no solo personas, sino sistemas. El sistema cambia y hace ajustes, para que nada cambie

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene” – “Quién mató a Rosendo”,  Rodolfo Walsh.

 

El espectáculo derivado de los affaires que rodean a Comodoro Py es difícil de explicar. Se agudizó un proceso que viene de lejos y nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo va a seguir.

Sin embargo, llama la atención que dentro de ese sistema formado por jueces, fiscales, abogados, empresarios, espías, dirigentes políticos y aventureros de todo tipo haya quienes caen en desgracia y quienes se mantienen en sus lugares, pese a que no existan diferencias relevantes entre ellos.

Las sospechas de sobornos, tráficos de influencias, favores y amiguismos son de larga data. No obstante, las fracturas de estos últimos días son parciales, arbitrarias y en cierto punto antojadizas, porque selectivamente las lámparas de alumbrado se posaron en los casos del juez Luis Rodríguez y del fiscal Carlos Stornelli.

Centenares de hipótesis, relaciones, referencias e interpretaciones circulan en derredor de dos casos que tienen algunos puntos de contacto pero que, en general, muestran de un modo literal y sin metáforas que en la arena judicial se juegan muchas más cosas que las previstas por la Constitución, y que no siempre son compatibles con la ley.

Además, más allá de la intensidad actual, el aparato judicial nos ofrece crisis recurrentes. Lo hace cada vez con más frecuencia. La salida de los jueces Freiler y Ballestero, los traslados de jueces para integrar “adecuadamente” la Cámara Federal y los tribunales orales para juzgar la corrupción K, la crisis por la presidencia de la Corte Suprema, las maniobras del Ejecutivo y de la Justicia para acoplar el cronograma electoral con el avance de las causas, las presiones a los funcionarios judiciales independientes, las maniobras en el Consejo de la Magistratura, constituyen indicadores de una gran crisis.

Pero el sistema no cambia. Hay nombres que salen y nombres que entran, pero si borramos las marcas del DNI los productos de la justicia son similares. Esto significa que lo que hay que discutir no son solo personas, sino sistemas. Mi intuición es que el sistema cambia y hace ajustes, para que nada cambie.

Los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela crearon un concepto que fue importado por las Ciencias Sociales y que guía mi intuición: la autopoiesis. La definieron como uno de los rasgos característicos de los seres vivos. Los sistemas autopoiéticos constituyen una red de operaciones que reproducen el sistema. Le dan vida. Lo conservan y lo reproducen.

Para hacerlo, crean o destruyen elementos de ese sistema como respuesta a perturbaciones del medio ambiente. Pueden cambiar muchos componentes, pero la identidad del sistema permanece inalterable en el tiempo. El sistema permanece con vida gracias a la autopoiesis y ello le permite soportar el paso del tiempo sin modificarse significativamente en su esencia.

Algo de esto ocurre con el sistema institucional de la Argentina y con la Justicia en particular. Hace tiempo que las instituciones dejaron de servir al pueblo. Hace tiempo que la representación política representa intereses diversos a los de la Nación. Y también hace tiempo que hay muchos cambios, pero que lo único que no cambia es el sistema.

El sistema elige algunos elementos para afrontar tormentas del medio ambiente. Puede ser un juez, un fiscal, un abogado, un ex funcionario si el entorno se siente asfixiado por la corrupción. Puede ser un funcionario honesto que no captó los intereses del régimen.

Lo que hay que tener presente es que, más allá de los ruidos, el sistema permanece inalterable.

 

 

 

 

Publicado en #DosJusticias
3 Comentarios
  1. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Supongamos que nos metemos de lleno en pensar el cambio de sistema y con ello lo primero que surge es que para sustituir el sistema no debemos pensar en función de aquello que queremos sustituir. ¿No es verdad? Si es cierto ello entonces no debo pensar que es necesario que exista un Poder Judicial.
    Si eliminamos de la democracia este Poder, debemos generar una idea que suplante la necesidad que va a tener el grupo para dirimir diferencias de interpretaciones o adecuar las conductas al bien común.
    Bien, sigamos entonces. No hay Poder Judicial pero se necesita una entidad que proteja el bien común y sea considerada por todos como el fiel custodio y garante de la vida en grupo.
    ¿Cuál sería el mejor sistema? Yo creo que lo mejor que podemos tener es la presencia permanente del juicio del grupo respecto de las acciones de cada individuo que lo integra.
    ¿Cómo se traduce esto? Yo lo traduzco como “tribunal social”. Todos y cada uno de los integrantes del grupo deben estar obligados a ser parte de ese tribunal y nadie puede quedarse en el mismo más de un tiempo determinado, luego de lo cual no participa del referido tribunal hasta una vez completada la rueda de participantes del grupo.
    Caso práctico. Se constituyen sólo “Tribunales sociales” que están integrados por 11 individuos cada uno y en el que obligatoriamente todos los mayores de edad deben participar como carga pública. ¿Cuántos “tribunales sociales” se necesitan? Se hace un análisis y se estipula, como también su ubicación y su forma de trabajo.
    11 personas que analizan todos los casos que se someten a su jurisdicción, con las pruebas que se aportan y en un procedimiento de audiencia única, donde quien denuncia presenta las pruebas de su denuncia y quien defiende las que tiene para hacerlo. ¿Cómo obtienen las pruebas? Se hace un código de procedimientos que alcance sólo a los letrados con autorización para actuar ante los “tribunales”.
    El “tribunal” sesiona, escucha a las partes, analiza las pruebas, consulta a expertos que estarían a disposición de todos los “tribunales”, pagados por todos y toma una decisión, la que debe ser acatada y cumplida, asegurando que ello ocurra con el poder de policía del Estado.
    Ahí está un esbozo de un nuevo sistema.
    ¿Alguien tiene algo más? Si no empezamos a pensarlo, hablar es al pedo. A las cosas muchachos y dejémonos de joder.

  2. Horacio Raveta dice

    Con que claridad explicas este fenómeno que se hace mas fuerte cuando el sistema tiene peligros de extinción. La enfermedad de Huntington, hereditaria, hace que quien tiene, en la familia, el gen es el mas prolífico de los hermanos, para seguir existiendo este gen. Así el sistema mafioso en el mundo actúa de la misma forma para seguir existiendo.

  3. Raul horacio dice

    Berger y Luckmann , La construcción social de la realidad , Muestran cómo las instituciones (los sistemas judiciales por ejemplo) tienden a la autolegitimacion , mediante la creación de dispositivos, discursivos y prácticos que solo sirven para asegurar el statuquo, aunque vayan en contra de la lógica Fines / medios que dio sentido original a la institución . Es decir el sistema judicial , entre otros, solo busca autopoieticamante , garantizar sus privilegios , no administrar justicia , non proteger a los ciudadanos , sus fines originales

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