UNA COCINA DE CONTENIDOS EN CADA CASA

¿Qué desafíos nos esperan en el área de la cultura y de la comunicación?

 

En un pasaje de los Evangelios —aquel que dedica a las Bienaventuranzas—, Mateo razona así: nadie enciende una lámpara para esconderla debajo de una vasija dada vuelta. Más bien es al revés: la lámpara va encima del candelero, para alumbrar a los que viven en la casa. Una lógica que parece inapelable, a prueba de balas. Y sin embargo, eso es precisamente lo que este gobierno hace con la cultura argentina desde que asumió: taparla con una vasija para evitar que brille, y apostando además a que consuma el oxígeno de ese espacio cerrado y que su llama se apague.

Eso es lo que también está haciendo con casi todos los otros ámbitos de la vida del país: la producción y el trabajo, la Justicia, la educación, la salud… Pero por vocación y profesión, el área a la que soy más sensible — porque es la que frecuento como lector / oyente / espectador, y porque es aquella que recibe lo que elegí y amo producir— es la de la cultura y la comunicación. Sobre la cual el oscurantismo macrista descendió y desciende cada vez más, cubriéndola con su cono de sombras.

La emergencia más grande es la económica, que priva a millones de alimento, techo y medicamentos: eso está claro. En contextos como este, lo que denominamos consumos culturales es lo primero que desaparece de nuestros gastos. Pero sin embargo —aunque esto suene a paradoja, créanme que no lo es— cuando se asfixia la vida cultural, se acalla el disenso hasta límites orwellianos y se potencia la basura que circula por medios y redes hasta humillar al Huxley que escribió Un mundo feliz, la posibilidad de cambiar la situación económica de las mayorías se reduce drásticamente. El ciudadano alienado y distraido por contenidos frívolos o malintencionados es un esclavo que no sabe que es esclavo. El ciudadano angustiado y alimentado con noticias falsas es un siervo que se apura a renovar la sumisión ante su amo, tan pronto le indican que pase al cuarto oscuro.

 

En «Un mundo feliz», Huxley imaginó una felicidad química.

 

Si queremos un salto de calidad democrática que no sea cosmético y fugaz sino profundo y duradero, tiene que echar raíces en el nuevo panorama cultural. Algo que el oscurantismo macrista parece haber comprendido e instrumentado mejor que el campo popular. No hay mejor prueba que el shock que produjo en vastos sectores de la población, que tolera mansamente despojos dignos de escándalo pero además los justifica, mientras defiende a la mano de hierro que se los impone. Tanto en la clase media como en los sectores más vulnerables hay gente que padece una suerte de Síndrome de Estocolmo, sólo que colectivo. Para ayudarlos a despertar de ese trance, la cultura y la comunicación pueden ser más efectivos que la militancia política formal.

 

Los dolores de la (indi)gestión macrista

En mi experiencia, cada vez que se saca el tema de alguna crisis en el campo cultural, de lo único que se termina hablando es de guita. Tiene su lógica, y hoy más que nunca. La forma más efectiva de acallar ciertas voces es cerrando la canilla que las ayuda a producir obra. Y la (indi)gestión macrista ha sido muy efectiva a este respecto. Casi no nos queda cine. La industria editorial perdió todo apoyo estatal. Nuestra producción televisiva está entre las más pobres —en términos de dinero y de ideas— de América Latina. Los medios opositores se encuentran en terapia intensiva, atacados en maniobra de pinzas por presiones políticas y económicas. Los estatales no admiten el disenso ni la pluralidad, y los medios privados más populares —aquellos que ya en los ’50 Walsh denominaba la cadena de desinformación— mucho menos.

Al mismo tiempo que reduce la producción cultural a su mínimo histórico (porque, entre otras cosas, sabe que siempre le será arisca), el gobierno fabrica a destajo contenidos Marca Acme que propala por los medios amigos y por las redes sociales que parecen diseñadas para su marketing. Estos nuevos medios son muy útiles a las características biodegradables de lo que pasa por nueva política: ideas-fuerza —lo que antes llamábamos slogans— que tornan innecesaria la elaboración o la argumentación, efecto inmediato y producción industrial (un contenido reemplaza a otro, la capacidad de concentración no es imprescindible) de piezas intercambiables que se valoran por su efecto y no por su verdad: la mentira que deseamos oír produce placer químico y desmoviliza, al igual que la droga soma que inventó Huxley en su distopía de 1931; la realidad, en cambio, suele ser incómoda, difícil de digerir, abrasiva al tacto.

 

 

Cuando el gobierno retorne a manos de una fuerza política de corte popular, habrá que tomar medidas urgentes también en esta área. Porque si no interviene muy activamente en la cultura y persuade a la sociedad de adoptar una agenda común —un relato-río, del cual se desprendan todas las conversaciones secundarias que sean contingentes—, llevar adelante contrarreloj las transformaciones que el pueblo espera y necesita se le va a hacer cuesta arriba — por no decir imposible.

Hay que devolver su provisión de oxígeno a las formas tradicionales de la cultura: el cine, los libros, el teatro, la televisión, la música. La emergencia económica tornará difícil que abunde el dinero, pero el Estado dispone de infinidad de variables (exenciones impositivas, por ejemplo) que brindarían inmediato alivio a la producción cultural. Y aunque se dispusiese de fondos suficientes, la decisión esencial no debería ser económica sino política: determinar el sentido del financiamiento posible. Durante los gobiernos kirchneristas se privilegió una política de subvenciones que apuntaba al pleno empleo de artistas y artífices culturales. Que no se la haya complementado con un direccionamiento estratégico terminó dando lugar a esta paradoja: un gobierno popular que invertía y mucho en la producción cultural, pero que sin embargo no contribuía a crear contenidos masivos. De este modo se generaba multiplicidad de obras en un espacio cultural enorme pero a la vez atomizado, mientras se cedía el mainstream —la creación de contenidos populares— al adversario político. ¿Cómo puede ser que, si se nos pregunta qué pelis fueron fenómenos masivos durante el kirchnerismo, las primeras que acudan a la mente sean las de Campanella — cuyos valores no pueden ser más ajenos a los de nuestro pueblo?

Si hubiésemos contado con un Favio joven durante las gobiernos kirchneristas, le habríamos permitido filmar pelis como sus tres primeras: de producción modesta y gran ambición artística. Cuando lo que necesitaríamos es financiarle un Juan Moreira o un Nazareno Cruz: obras de ambición equivalente pero con vocación de llegar a un gran público, de convertirse en un hecho cultural de esos que todo el mundo comenta en su casa, en el bondi o en la oficina. Y para eso, además de talento hace falta una política cultural que ayude a que los proyectos seleccionados a ese fin alcancen valores de producción internacionales. La raquítica producción actual no sólo no satisface la demanda del mercado interno: también nos impide instalarnos como polo cultural en el mundo, donde —por ejemplo— la enorme mayoría de nuestra producción audiovisual aparece como substandard en términos industriales.

 

El «Juan Moreira» de Favio: cine popular con contenido popular.

 

Los primeros gobiernos peronistas marcaron el camino: a mediados del siglo pasado, estaba claro que un gobierno popular debía contribuir también a crear un imaginario popular en el espectro audiovisual — que por aquel entonces se limitaba al cine y a la radio. Fue el tiempo en que brillaron Discépolo y del Carril, como en los ’70 brillaron Favio y Solanas. Que en lo que va del siglo no haya habido artistas equivalentes en lo audiovisual (para encontrar repercusión masiva semejante hay que irse a otras disciplinas, como la música del Indio Solari o los espectáculos radiofónicos de Dolina), ¿significa que no existen hoy talentos semejantes, o más bien que no hemos sabido identificarlos y acompañarlos?

Pero aun cuando consiguiésemos financiar la producción artística, proteger a lxs talentos menos comerciales y crear un polo de producción de contenidos para el público masivo (películas, series, programas de entretenimiento, telenovelas y tiras), sólo habríamos cumplido con el treinta por ciento del objetivo necesario. Porque —y con esto volvemos a aquellas realidades que el gobierno actual parece haber entendido y asumido mejor que nosotros— en este siglo XXI ya no se verifica por un lado la producción cultural y en segundo término su difusión por los medios de comunicación: en el presente, la comunicación es en esencia el mainstream de la cultura. Ya no hay dos dimensiones aisladas, la cultura por acá y a continuación los medios que la recogen para diseminarla por el mundo. Hoy en día, la comunicación (o sea, aquello que ocurre en las redes y en los medios) es la cultura.

 

 

To communicate, or not to be

En cualquier otro momento, la escandalosa merma en términos de producción cinematográfica y televisiva habría sido percibida como una carencia, como un agujero indisimulable. Sin embargo, lo que está ocurriendo es, por un lado, que los espacios vacíos son cooptados por la producción internacional, con el beneplácito de un gobierno que se caracteriza por su entreguismo; y después, que la demanda popular de contenidos locales está siendo satisfecha por lo que circula en las redes — mensajes sociales, polémica, discusión política, música ligera en forma de tweets, gifs, historias de Instagram, podcasts, videos de YouTube y demás.

Por su misma naturaleza, la dinámica cultural es permeable a la energía de los más jóvenes. Y la cultura juvenil de hoy no pasa por el cine, ni por la TV abierta ni por los escenarios formales, sino por sus celulares, tablets y computadoras. Lo que no puede ser leído, visto, oído, disfrutado, producido y difundido por esos aparatos, no existe para ellos. Lo cual significa que se manejan con las mismas herramientas de comunicación que este gobierno manipula tan bien, y que por ende están particularmente expuestos a su influjo.

 

 

Hablamos de formas breves e instantáneas, llamativas antes que seductoras, de efecto adrenalínico, que admiten la analogía con el fenómeno punk: cualquiera puede usarlas, aunque carezca de formación académica; basta un acorde mal tocado para que nos sintamos interpelados por su energía, para que nuestros cuerpos respondan a su provocación aun antes de haber podido razonar al respecto. Son pura forma, que no precisa indefectiblemente de contenido, y por eso los poderosos de este mundo —que son habilísimos en eso de renovar el packaging de la realidad, disimulando que adentro de esos envases tan vistosos no hay nada, o hay veneno— los articulan tan bien a su servicio.

Los del campo popular debemos abrazar la diversidad del presente; dejar de ser conservadores en lo cultural, de apegarnos exclusivamente a las formas tradicionales, para tomar las formas nuevas por asalto. Nosotros, que somos empatía pura, estamos llamados a llenar esas tecnologías flamantes de contenido. Porque, mientras muchos piensan que sólo sirven para sus usos actuales —deslumbramiento sensorial, adicción al high permanente, sentimientos sin sensatez—, nosotros sabemos que una tecnología sólo puede ser medida por el empleo que hagamos de ella. No olvidemos que los Lumière, que inventaron el cinematógrafo, creían que no servía más que para espejar la realidad e impactar a un público ingenuo que compraba la fantasmagoría del tren que irrumpía humeando en la sala de proyección. Tuvieron que llegar otros, que entendieron mejor las potencialidades de la invención, para crear a través suyo obras de arte imperecedero y ayudarnos a reflexionar sobre la condición humana.

En estos días, los que creen manejar las redes se conducen con la misma miopía de los Lumière, y las explotan con la ansiedad cortoplacista de quien sólo busca rédito económico y político. A través de estos medios nuevos, el poder somete a las masas a un maratón de masturbación compulsiva, una sucesión interminable de excitaciones y agotamientos. Pero esas herramientas pueden ser redefinidas para usos más sofisticados, que nos permitan apreciar —e incluso profundizar— los infinitos matices de la experiencia humana.

Hay que lanzarse a llenar esos envases huecos de contenido; y el contenido es, por definición, nuestra área de excelencia. Por eso hay que lanzar una ofensiva en múltiples frentes en simultáneo.

 

 

Tenemos que hacer lo que esté a nuestro alcance para que vuelva a funcionar la factoría del arte local, en todas sus disciplinas y estilos, y para que sus creaciones vuelvan a estar al alcance de las mayorías. Porque, además de dar trabajo y crear un producto que alimente el mercado interno y circule por el mundo —donde el talento argentino es tan reconocido como nuestra carne, nuestros vinos y nuestro fútbol—, el arte popular tiene un efecto terapéutico sobre la sociedad, a la que ayuda a metabolizar las circunstancias que le tocan vivir, por dificultosas que sean. Un pueblo en contacto frecuente y familiar con el arte es un pueblo que, además de disfrutar, de permitirse el goce, puede proyectarse hacia el futuro.

Tenemos que producir contenidos populares, para no cederle el mainstream —que construye el imaginario colectivo del presente, las figuritas y las emociones a las que el pueblo apela para decodificar su realidad— a los fabricantes de sentido que trabajan al servicio de la causa antipopular. ¿Quién contaría sus desvelos, su cotidianeidad, sus anhelos, su resistencia, sus rebeldías, mejor que nosotros? Así como sabemos que no se debe dejar la información en manos de Magnetto y sus minions, tampoco podemos regalarle las ficciones que el pueblo ve en familia y comenta con sus relaciones y amigos y a las que usa como espejos para definirse por la positiva o por contraste.

Tenemos que redefinir el canon cultural de la Argentina, agregándole aquello que el poder le retaceó por razones políticas: la decisiva contribución de los artistas populares, de Discépolo al Indio Solari, pasando por Arlt, Oesterheld, los Walsh —Rodolfo y María Elena—, Favio, Osvaldo Soriano, Liliana Bodoc y tantos otros. Nuestra idea de nación como comunidad solidaria se expresa mejor a través de ellos, de sus juegos sensibles y de sus heroísmos colectivos, que de las fantasías solipsistas de Borges.

Tenemos que alimentar la potencia cultural de los jóvenes desde la infancia, y para eso hay que sincronizar esfuerzos con el sistema educativo que también se reinventa desde la consciencia de que hoy no hay educación sin (los nuevos medios de) comunicación. En los Estados Unidos de la posguerra, a mediados del siglo pasado, la conducción política del Estado entendió que para minimizar los efectos del shock en la juventud —la orfandad de los hijos de los caídos en batalla, las limitaciones económicas causadas por el efecto bélico— había que generar marcos de contención y canalización de la energía juvenil ya desde el sistema educativo. Fue entonces que instrumentaron Departamentos de Drama en cada escuela, permitiendo que los jóvenes encontrasen en los escenarios un lugar donde transformar su dolor y su rebeldía en arte. (Y generando, de paso, un efecto secundario al que también sacaron su jugo: de esas experiencias escolares salieron los James Dean, los Marlon Brando, los de Niro, y las Meryl Streep.) Hoy en día ni siquiera es necesario un escenario físico para ayudar a les pibes a sacar afuera sus obsesiones y sus dudas: basta con un teléfono que disponga de una cámara decente.

 

 

Y también tenemos —last, but not least— que intervenir de forma inteligente en el escenario de las comunicaciones. Tal vez sea esta la parada que se presenta más difícil, precisamente porque es aquella de la que dependen todas las iniciativas que acabo de mencionar. El campo antipopular es el dueño de casi todos los medios masivos, y peor aún: es el dueño de casi todos los cables por los que navegan los contenidos. En algún momento (más temprano que tarde, por favor) habrá que dar la pelea legal para democratizar, o sea desmonopolizar, ese escenario. Lo que hoy está a nuestro alcance es darnos una política de medios que, primero, sustente y ayude a crecer a aquellos que vienen expresando nuestras voces desde el desierto de la pauta y los anunciantes; y que de ser necesario cree nuevos, siempre sobre la base de un proyecto a largo plazo sin el cual la construcción política perdería sus pies. Así como no debemos regalarle a los minions la factoría de los sueños de nuestro pueblo, tampoco debemos dejar en sus manos el mainstream de la comunicación. Mientras tanto, como no podemos disputarle al adversario la posesión de la fábrica de soma, lo que sí está a nuestro alcance es interceptar sus envíos y alterar la fórmula; quiero decir, intervenir las formas breves que producen las nuevas tecnologías para despojarlas de sus efectos narcóticos, antipolíticos, y cargarlas de la multiplicidad de contenidos que en el campo popular producimos a destajo, hasta con los ojos cerrados.

Los herederos de Los siete locos, de Cambalache, de Operación masacre, de El Eternauta, del Moreira, de Dailan Kifki, de Oktubre, de No habrá más penas ni olvido, de La saga de los confines, serán concebidos, investigados, plasmados y/o difundidos a través de las nuevas tecnologías a los que las mayorías tienen acceso, porque esa es la masilla que les pibes moldean y a la vez es el horizonte sobre el cual proyectan su imaginacion. Ahí están las pantallas del futuro, por allí desfilarán las lecturas por venir, los nuevos manifiestos, las estéticas de ruptura, los sonidos de la rebelión. Ese es el idioma con el cual debemos familiarizarnos, los códigos a través de los cuales necesitamos expresarnos para que el proyecto político de las mayorías eche raíces y su luz brille como debe, alto y a la vista de todos, de una vez y para siempre.

 

 

(Una versión cruda de este texto fue presentada el viernes 7 de junio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el contexto del ciclo PCN 2020: Políticas Culturales Nacionales. El disparador fue el tema CULTURA Y COMUNICACIÓN: ¿cómo integrarlas?)

 

39 Comentarios
  1. María Martha (May) dice

    Ojalá, es urgente trabajar en la construcción de sentido, es urgente hacerlo de manera creativa y diversa. Me preocupa la cantidad de jóvenes hoy todavía, asumen que la.politica es cuestión de «políticos» -como si ser «político» fuera un laburo, una profesión-. Me asustan la cantidad de docentes que asumen que el derecho de propiedad es más importante que su propio derecho a vivir dignamente. Me preocupa el colectivo docente porque es el que más fuertemente contacta con las nuevas generaciones.
    Viví hasta hace tres meses en CABA, me mudé a Chubut. Acá y acullá, un mismo desbalance: descreimiento sobre la relevancia de la política, desconocimiento de la responsabilidad pública, hiperconsumo de medios de comunicación masivo.
    Ojalá lo hagamos mejor en el próximo gobierno popular.
    Gracias por esta nota

  2. María Martha (May) dice

    que asumen que el derecho de propiedad es más importante que su propio derecho a vivir dignamente. Me preocupa el colectivo docente porque es el que más fuertemente contacta con las nuevas generaciones.
    Viví hasta hace tres meses en CABA, me mudé a Chubut. Acá y acullá, un mismo desbalance: descreimiento sobre la relevancia de la política, desconocimiento de la responsabilidad pública, hiperconsumo de medios de comunicación masivo.
    Ojalá lo hagamos mejor en el próximo gobierno popular.
    Gracias por esta nota

  3. pH1 dice

    Parece que ya empezó la campaña para ocupar la secretaria de cultura…

  4. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Brillante como siempre.
    Una digresión. La misma resulta una continuación de los comentarios realizados a los artículos de Mónica Peralta Ramos, Sebastián Soler y Horacio Rovelli, y está relacionada con el documental del año 2008, escrito, dirigido y producido por Peter Joseph con el título «Zeitgeist Addendum» en el cual trata sobre temas de la globalización.
    Transcribo algunos párrafos:
    Así que es un golpe doble, triple… cuádruple. El precedente de los sicarios económicos realmente empezó a principios de los años 50, cuando Mossadegh fue elegido democráticamente en Irán. Fue considerado la «Esperanza para la democracia» en Oriente Medio y alrededor del mundo.
    Fue el «Hombre del Año» de la revista Time. Pero, una de las ideas de su campaña y que empezó a implementar fue que las compañías extranjeras de petróleo tenían que pagarle a los iraníes mucho más por el petróleo que se llevaban de Irán, que los iraníes debían beneficiarse de su propio petróleo. Extraña política.
    Por supuesto que eso no nos gustó, pero temíamos hacer lo que normalmente hacemos, que era enviar al ejército. En cambio, enviamos a un agente de la CIA, Kermit Roosevelt, un pariente de Teddy Roosevelt. Y Kermit fue allí con unos pocos millones de dólares, y fue muy pero muy efectivo y eficiente, y en poco tiempo, se las ingenió para derrocar a Mossadegh, y trajo al Sha de Irán para reemplazarlo, quien siempre fue favorable al petróleo, y fue extremadamente efectivo.
    REBELIÓN EN IRÁN Multitudes inundan Teherán. Los oficiales del ejército gritan que Mossadegh se ha rendido y su régimen como virtual dictador de Irán, ha terminado. Retratos del Sha desfilan por las calles mientras los sentimientos dan un vuelco.
    Al Sha se le da la bienvenida a casa. Así que, aquí en los Estados Unidos, en Washington, la gente se mira y dice «eso fue fácil y barato».
    Así que esto estableció una nueva forma de manipular países, de crear imperios. El único problema con Roosevelt fue que tenía tarjeta de agente de la CIA y si era atrapado, las consecuencias podían ser muy serias, así que muy rápidamente, se tomó la decisión de usar consultores privados, encauzar el dinero a través del Banco Mundial o el FMI o alguna agencia por el estilo, y reclutar a personas como yo, que trabajaban para compañías privadas. Así que si nos atrapaban, no traería consecuencias gubernamentales.
    Cuando Árbenz se convirtió en presidente de Guatemala, el país estaba en manos de la compañía «United Fruit», la gran corporación internacional. Y Árbenz basó su campaña en un lema que decía, «Queremos devolverle la tierra a la gente».
    Y una vez que tomó el poder implementó políticas que harían exactamente eso, devolverle la tierra a la gente. A «United Fruit» no le gustó mucho eso, así que contrataron firmas de relaciones públicas para hacer una gran campaña en los Estados Unidos para convencer a la gente de los EEUU, a los ciudadanos de EEUU, a la prensa de los EEUU, y al Congreso de los EEUU, que Árbenz era una marioneta soviética. Y que si lo dejaban seguir en el poder, los soviéticos podrían tener un punto de apoyo en este hemisferio.
    Y en ese momento había un gran temor en la mente de todos, del terror rojo, del terror comunista. Entonces, para acortar la historia, de esta campaña de relaciones públicas llegó el compromiso de parte de la CIA y de los militares, de eliminar a este hombre. Y de hecho, lo hicimos.
    Enviamos aviones, enviamos soldados, enviamos chacales, enviamos todo para eliminarlo. Y así lo hicimos. Y tan pronto como fue destituido de su cargo, el chico nuevo, que tomó el control después de él, básicamente devolvió todo a las grandes corporaciones internacionales. Incluyendo, a United Fruit.
    Ecuador, estuvo controlada por muchos años por dictadores a favor de EEUU, con frecuencia, relativamente brutales. Entonces, se decidió tener elecciones verdaderamente democráticas. Jaime Roldós se presentó como candidato y dijo que su objetivo principal como presidente sería asegurarse de que los recursos del Ecuador fueran usados para ayudar a las personas. ¡Y ganó! Abrumadoramente. Por muchos votos más, que cualquiera que haya ganado antes en Ecuador. Y empezó a implementar estas políticas. Para cerciorarse que las ganancias provenientes de petróleo sirvieran para ayudar a su pueblo.
    Bueno… eso no nos gustó en los Estados Unidos. Me enviaron como uno de tantos sicarios económicos a cambiar a Roldós. A corromperlo. A persuadirlo… a hacerle saber… ya sabes. «Está bien, puedes volverte muy rico, si tú y tu familia juegan nuestro juego. Pero si intentas continuar con estas políticas que has prometido… ¡tendrás que irte!». No quiso escuchar. Fue asesinado. Apenas el avión se estrelló, toda el área fue acordonada.
    Los únicos autorizados fueron militares de una base estadounidense cercana, y algunos militares ecuatorianos. Cuando se inició la investigación, dos de los testigos clave murieron en accidentes de auto antes de que tuvieran oportunidad de testificar. Sucedieron muchas cosas extrañas alrededor del asesinato de Jaime Roldós.
    Tanto yo como la mayoría de los que analizaron este caso no tuvieron ninguna duda de que fue un asesinato. Y por supuesto, en mi posición de sicario económico, obviamente esperaba que algo le sucediera a Jaime, ya fuera un golpe de estado, o un asesinato, no estaba seguro, pero tenía que ser eliminado porque no se estaba dejando corromper, de la manera que nosotros queríamos hacerlo.
    Omar Torrijos, el presidente de Panamá, fue… uno de mis favoritos. Realmente me gustaba. Era muy carismático. Era un tipo que realmente quería ayudar a su país. Y cuando traté de sobornarlo o corromperlo me dijo: «Mira Juan… «. Me llamaba Juanito. «Mira Juanito, no necesito el dinero. Lo que realmente necesito es que mi país sea tratado con justicia. Necesito que los Estados Unidos indemnice a mi pueblo por toda la destrucción que han hecho aquí. Necesito estar en una posición donde pueda ayudar a otros países latinoamericanos a ganar su independencia, y ser libres de esta presencia terrible del norte. Ustedes han abusado seriamente de nosotros. Necesito tener el Canal de Panamá nuevamente en manos de panameños. Eso es lo que quiero. Así que, déjame en paz, no trates de sobornarme.»

    Fue en mayo de 1981 que Jaime Roldós fue asesinado. Y Omar era muy consciente de esto. Torrijos, reunió a su familia y dijo: «Probablemente yo sea el próximo, pero está bien, porque he hecho lo que vine a hacer. Renegocié el Canal. El Canal ahora estará en nuestras manos.» Acababa de terminar de negociar el acuerdo con Jimmy Carter.
    En junio del mismo año, apenas un par de meses después, también murió en un accidente aéreo. Que sin ninguna duda, fue ejecutado por chacales patrocinados por la CIA. Hay muchas pruebas de que uno de los guardias de seguridad de Torrijos le dio en el último momento, cuando estaba subiendo al avión, un grabador. Un pequeño grabador que contenía una bomba.
    Me resulta interesante ver cómo este sistema ha continuado casi de la misma manera durante años, y años, y años, excepto que los sicarios económicos han ido mejorando en su labor sin cesar.
    Entonces tenemos el caso muy reciente de lo que sucedió en Venezuela. En 1998, Hugo Chávez consigue ser presidente electo, después de una larga línea de presidentes muy corruptos que básicamente habían destruido la economía del país. Y Chávez fue elegido en medio de todo eso. Chávez le hizo frente a los Estados Unidos. Y lo hizo ante todo, exigiendo que el petróleo venezolano fuera usado para ayudar a la gente de Venezuela.
    Bueno… eso no nos gustó en los Estados Unidos. Así que, en 2002, se organizó un golpe de estado, que no tengo ninguna duda igual que la mayoría de la gente, que la CIA estuvo detrás del mismo. La manera en que se promovió ese golpe fue un reflejo de lo que Kermit Roosevelt había hecho en Irán. Pagándole a la gente para que saliera a las calles, a alborotar, a protestar, a decir que Chávez era muy impopular. Ya sabes, si consigues unos pocos miles de personas que hagan eso, la televisión puede hacerlo parecer como que es el país entero, y las cosas comienzan a proliferar rápidamente.
    Excepto en el caso de Chávez, que fue lo suficientemente inteligente, y la gente lo apoyó fuertemente. Tanto… que lo superaron. Y eso fue un momento excepcional en la historia de América Latina.
    Irak, es en realidad, el ejemplo perfecto de la manera en que todo el sistema funciona. Nosotros, los sicarios económicos, somos la primera línea de defensa. Vamos allí, tratamos de corromper a los gobiernos y convencerlos de aceptar esos enormes préstamos que luego usamos como influencia, para básicamente, adueñarnos de ellos. Si fallamos, como fallé en Panamá con Omar Torrijos, y en Ecuador con Jaime Roldós, hombres que se negaron a ser corrompidos, entonces, la segunda línea de defensa es enviar a los chacales. Y los chacales, o bien derrocan a los gobiernos, o los asesinan. Y una vez que eso sucede, un nuevo gobierno entra y por supuesto se atiene a las instrucciones, porque el nuevo presidente sabe lo que pasará si no lo hace. En el caso de Irak, ambas cosas fallaron. Los sicarios económicos no pudieron llegar hasta Saddam Hussein. Lo intentamos muy arduamente. Tratamos de hacerlo aceptar un trato muy similar al que había aceptado la Casa de Saud en Arabia Saudita, pero no quiso aceptar. Entonces, los chacales fueron a eliminarlo. No pudieron. Su seguridad era muy buena. Después de todo, había trabajado una vez para la CIA. Fue contratado para asesinar al presidente anterior de Irak, y fracasó, pero conocía el sistema. Así que, en 1991, enviamos tropas y sacamos a los militares iraquíes. Así que asumimos que en ese punto Saddam aceptaría nuestras condiciones. Podríamos haberle eliminado, por supuesto, en ese momento, pero no quisimos porque es el tipo de hombre fuerte que nos gusta. Controla a su pueblo. Pensamos que podría controlar a los kurdos, mantener a los iraníes en su frontera y seguir bombeando petróleo para nosotros, y que en el momento que elimináramos a su ejército, aceptaría.
    Así que los sicarios económicos vuelven en los 90 pero sin éxito. Si hubieran tenido éxito todavía estaría gobernando el país, le estaríamos vendiendo los cazas que quisiera, cualquier otra cosa que quisiera, pero no pudieron, no le convencieron. Los chacales tampoco pudieron con él esta vez así que enviamos de nuevo a los militares y esta vez completamos el trabajo y lo eliminamos. Y en el proceso creamos negocios de construcción muy lucrativos para nosotros… teníamos que reconstruir el país que esencialmente acabábamos de destruir. Lo que es un muy buen negocio si uno tiene grandes empresas de construcción. Así que Iraq nos muestra las tres fases. Los sicarios económicos fracasaron allí. Los chacales también. Y como medida final enviamos al ejército. Y de esa manera hemos creado realmente un imperio, pero lo hemos hecho muy sutilmente. Es clandestino.

  5. Marcelo Domínguez dice

    Menuda y urgente tarea la de apropiarnos de la construcción de sentido común. Supongo que es la única posibilidad que tenemos de erigirnos como un pueblo libre. Algún día discutiremos los nombres.
    Saludos.
    MD

  6. apico dice

    Estimado Marcelo,creo que tu esperanza proyecto es posible,es necesario,y ademas urgente. Son justamente Uds. los trabajadores de la Cultura,quienes deberán encontrar las formas de conseguir la comunicación necesaria con nuestros niños y jóvenes. Mis nietos adolescentes solo se comunican y aprenden con sus herramientas,que son las redes,dado que no leen,ni ven TV. A veces me desespero por su ignorancia,que en sus colegios no solo no corrigen,sino que agrandan.Mi hija que es docente en barriadas populares,siente tremenda impotencia ante el desinterés de niñes,que están condicionados,por el hambre,la violencia y la falta de esperanzas de ser incluidos. Estoy seguro que hay un camino,una forma, para que los niños y jóvenes de hoy puedan empoderarse para sentirse personas de un País que les ofrezca futuro.Gracias por tu nota.

  7. Cuca Rapoport dice

    Estimado Marcelo me mueve la culpa a escribir estas líneas para definir si mi cultura entendida como «universal» es opuesta a mi necesidad de contribuir a una cultura popular. Leí mucho, al principio sin orden ni concierto y desde mi bien elegido Aventuras de Naricita,mi
    familia me proveyó de materiales de nuestra América toda, y el elegido es Rulfo, y no se queda atrás el paraqueño, y Roa Bastos y, y,en mi patria Viñas, Walsh,Borges, Uhart, y más y más, caí en la magia de los japoneses Ishiguro-me encanta y otros, de los europeos Erri De Luca, Sudáfrica: Coetzee, Africa Amos Tutuola, es imposible en este contexto y para tu paciencia seguir nombrando. Leí gente apasionada como Figueras, -el mejor-y otros conciudadanos decentes que me cautivaron. Qué hice, maestro? Me considero porteña, casi de 80, claro sólo 80 y sigo en un taller literario que, casi sin querer privilegia la escritura llana, sincera, con formas literarias buenas, es malo considerar que la cultura universal es democrática?. En la docencia con literatura y cine creo que se logra interesar a todos los adolescentes provengan de barriadas humildes o no. No niego que un docente marcado con la cultura que nos manipula necesita ayuda para elegir el marco teórico que propende a otorgar las condiciones favorables a todos los humanos hermanados por un Estado que debe ser ley y justicia

  8. mercedes dice

    Marcelo, maravilloso el texto que leíste sobre Walsh, el otro día, en «Habrá consecuencia»!!!
    Y medulosa tu nota de hoy!!
    Felicitaciones!!!

  9. Emiliano Tomé Piérola dice

    Excelente nota. ¿Qué opinas de «Facundo o Martín Fierro» de Carlos Gamerro? No se si lo leíste. Muy recomendable cómo se pregunta sobre el modo en que la literatura puede incidir en los destinos de una Nación. Ah y otra cosa, en Paraná, Entre Ríos, tenemos un programa en la Radio de la Universidad (UNER) que se llama «La raíz del grito» en homenaje a un poema del gran Raúl González Tuñón y nos encantaría entrevistarte. Un abrazo Marcelo.

  10. marcelo daniel cosin dice

    El Jorobadito de la mano de Arlt, en medio de la Pesadilla en Aire Acondicionado de Miller, jugando a Rayuela de Cortazar, leyendo el número uno de Crisis, sin perderse en Manhatan de Woody Allen, subiendo a la Catedral de Carver, con Betinotti payando y Menotti que enseña fútbol por la tv. La Nouvelle vague, Hiroshima Mon amour, Los 400 golpes y Gatica de Favio. Stivel, Cosa Juzgada y Fidel Pintos. Olmedo, Rosario y San Telmo. Satiricón, Humo(R) y Crítica. El Centro Forward murió al amanecer, Moliere y a Puertas cerradas. Fausto con Pedro el librero, Lorraine y Loire, Bergman y de Sicca. Somos la generación del 60, porque nacimos en los 40, y dimos el abrazo al Di Tella, tomamos café con Federico Peralta Ramos en el Florida Garden. Con los muertos como Paco Urondo, Milton Roberts. Hay mucho por hacer Marcelo Figueras y leerlo promueve cultura. Se lo aseguro. Salute.

  11. Geraldine Rogers dice

    Estimado Marcelo Figueras; comparto la inquietud y las preguntas de la nota acerca de los desafíos en el área de cultura en un próximo proyecto nacional y popular. Pero creer que Borges escribía «fantasías solipsistas» resulta simplista, conservador y estrecho. Basta pensar en las fascinantes clases de Ricardo Piglia producidas por Canal Encuentro y la Biblioteca Nacional en 2013 donde la idea parecía ser exactamente la contraria: Borges es parte de la cultura argentina a la que todxs tenemos derecho. O habrá que aceptar que los intelectuales paternalistas decidan qué libros (películas, música) debe leer (ver, escuchar) el pueblo?

    1. Marcelo Figueras dice

      Nadie dijo que (las fantasías solipsistas de) Borges no forma(n) parte de la cultura argentina. Sólo aspiro a que la representación de la cultura argentina se amplíe, porque la derecha siempre ha limitado el acceso de los artistas populares al canon. Qué manía esta de acusarnos a los del campo popular de imponer cosas de modo paternalista, cuando los únicos que censuran y sesgan siempre son los de derecha «neoliberal».

  12. Adriana Imperatore dice

    De acuerdo con todo, con ampliar la lista, con todo y agradezco la lucidez de tu perspectiva… Discrepo sobre lo de Borges, en la etapa kirchnerista uno de los mejores ciclos fue el «Borges por Piglia», emitido por la TV pública, el mismo Piglia que llevó a miniserie a «Los siete locos». No hay que regalarle la literatura a la derecha y esta derecha, además, no sabe qué hacer con ella, le dieron un lugar de académico en la Academia Argentina de Letras a Oscar Martínez por haber escrito tres obras de teatro, estando viva Griselda Gambaro… En Walsh también hay una respuesta a Borges. La literatura de Borges no es de derecha, aunque él lo haya sido. Es una pelea saldada al comienzo de la posdictadura, en los ochenta ya, toda la mejor crítica sobre Borges y su rescate viene por izquierda.

    1. Marcelo Figueras dice

      Soy admirador de Borges desde crío. Lo único que deseo es que se deje de mirar la cultura con un ojo solo y se contemple también a los artistas tan maravillosos como él que produjo el campo popular.

  13. 21gramosdenada dice

    Lo de la imbecilidad en los medios es un hecho, pero proponer que unos «iluminados» usen el Estado para reeducarnos ? Eso es facismo. Si querés borrarlo a Campanella, hace/hagan/hagamos cosas mejores que él. Ya tuvimos un Apold, gracias.

    1. Marcelo Figueras dice

      ¿Hacer política cultural y de medios es fascismo? Tenés razón, dejemos la cultura y los medios en manos de los mercados, que se regulan solos.

      1. Ignacio dice

        Te iba a decir algo sobre Campanella y su apelación a lo emotivo ( que es la clave de la publicidad PRO) pero ésta respuesta me cerró el culo…es del mismo tenor que la repregunta
        » a vos en qué te fue mal?» que obtura la indignación del gorilaje
        De todas maneras demos una vuelta por «Los bárbaros» de Alessandro Baricco (ensayo sobre las mutaciones del gusto) …es lo mejor que he leído sobre ésta problemática ( que palabra de mierda,no?)para explicarnos el asalto y conquista de ciertos nichos culturales respirando con las branquias de Google

  14. Ofelia dice

    Me encantó volver a ver Juan Moreira, la semana pasada después de leer tu excelente nota y recomendársela a mis hijos y nueras ¿De eso se trata, no?

    1. marcelo daniel cosin dice

      También yo volví a verla. Gracias Marcelo.

  15. Gabriela dice

    Como siempre, amo las notas que me abren preguntas. Como ganarle a algunos errores y al tiempo? Tenemos que entender esto que decís muy profundamente. Siempre un placer leerte.

  16. Pato Notaristefano dice

    Esta mañana veía el vídeo de Va Pensiero en el que Muti le dedica una palabras a Berlusconi – que se encontraba en la sala – antes de iniciar una repetición de ese coro que el pueblo italiano siente como propio. «Nos está haciendo falta un Muti y un bis», pensé. Leo tu nota y siento que pusiste en palabras todo lo que se me vino a la cabeza en ese momento.

  17. Carmen dice

    Marcelo, como siempre excelente lo tuyo. Nos esperan tiempos dolorosos sumados a los actuales. Me alegra ver a mi hija leer Edipo rey, no porque se lo exijan en la escuela sino porque en casa hablamos del tema y porque además el libro estaba en nuestra biblioteca. Quiero decir con ésto que resta trabajar mucho en cuanto a incorporar hábitos culturales que fueron siendo relegados en función de la inmediatez de la estupidización desde los medios hegemónicos de comunicación. No dejo de ser optimista en cuanto al futuro, aunque sea en defensa propia.
    Abrazo!!

  18. Juan Manuel Gorostegui dice

    Genial

  19. Fabian dice

    Marcelo con Todo respeto te olvidaste de Pablo Trapero en Elefante Blanco refleja la presencia de la cultura popular y muestra un mundo para muchos desconocidos

    1. Marcelo Figueras dice

      Me olvidé de media humanidad. No pretendía armar una lista exhaustiva, sino producir disparadores y animar a completarla.

  20. Luis dice

    Marcelo, leí dos veces tu nota, porque me generó mas de un disparador para entender la construcción cultural en nuestro diverso país, pensando en el ahora y el futuro.
    Justo la semana pasada vi por youtube algunos pasajes del programa Badia y compañía, que pasaban por uno de los tres canales de aire que llegaban dónde vivía. Y pensaba, lo difícil que es actualmente mantener la atención durante el tiempo que un contenido se merece o requiere, para ser entendido en su escencia e internalizado como parte de nuestra cultura.
    Habrá que encontrarle la vuelta.

  21. Miguel Ángel Gutiérrez dice

    Marcelo: soy Arquitecto y artista plástico, docente en una escuela secundaria en Wilde, adjunta a una villa miseria, mis alumnos provienen de ahí. Es una realidad la ausencia de abstracción intelectual en esos chicos. No tienen incorporados conceptos o ideas como estructuras del pensamiento. Es un tema muy difícil de revertir a corto y mediano plazo.
    De cualquier modo coincido con vos cómo co-generacional tuyo y además te propongo como futuro Ministro de Cultura!

  22. El Distinto dice

    Aguante Dailan Kifki, bro.

  23. Soledad elizabeth dice

    Que buena editorial!! Se lo acabo de leer a mi madre que tanto me pregunta que haces un domingo 6 AM leyendo, y le dije que eso hago todos los fines de semana bien temprano leo a Figueras al perro Verbitsky y a la doctora Peñafort.

    1. Marcelo Figueras dice

      Maravilloso… ¡Pero dormí un poco más, por amor de Dios, que a las 10 de la mañana seguiremos estando ahí!

  24. Cecilia dice

    Me encanta leerte. Gracias

    1. Marcelo Figueras dice

      Gracias a vos.

  25. Visconti dice

    Marcelo,como siempre, tu artículo es nuy interesante
    No siempre se parte de cero.Hay que retomar experiencias exitosas como las producciones de los canales Encuentro y Paka Paka, la TV Pública,entre otros ,que están disponibles. A través de ellas se incorporaron públicos de todas las edades que valoraron esos contenidos

    1. Marcelo Figueras dice

      Claro que no partiríamos de cero. Pero hay que afinar la puntería a partir de lo que se hizo bien y añadir lo que no se hizo y hace falta.

  26. Fabiana dice

    Hola. Me llegan mucho tus palabras porque pienso que es posible, obviamente si volvemos. Posible por dos motivos: porque de nuestro lado hay gente como vos que piensa y acciona estos sentidos. Pero sobre todo porque me parece que esta segunda vuelta, tal como se está dando, no me parece una mera vuelta solo porque el gobierno de Ceos fracasó. Me parece un intento pensado y apoyado justamente en revisar y corregir. Obviamente que las circunstancias son otras, pero creo que es una vuelta con mucho aprendizaje en el dolor y la impotencia, pero no en el enojo y la venganza (aunque muchos lo sintamos así ante las infamias que vivimos a diario). Por esas dos razones, me parece esperanzadoramente posible lo que planteás. Y coincido, que milagro maravilloso sería seguir contando con Fabio.

    1. Marcelo Figueras dice

      Mil gracias por tus palabras.

  27. Gus dice

    Hay espacios de contracultura, nuevos codigos comunicacionales que nosotros adultos sub 50 apenas logramos dilucidar; creo que no debemos esperar versiones nuevas de aquellas obras, hemos inculcado en modo padres a nuestro hijos algunas de las obras que mencionas y ellos las han captado pero con la vision del siglo XXI. No quiero bandas tributo a mansalva ni de musica ni de libros ni de arte, quisiera que los espacios se abran a los pibes y si no los entiendo demasiado, entonces los respeto mas, quiere decir que hay un nuevo lenguaje una nueva contracultura, que no debemos empaquetar para nuestro consumo, sino apoyarla y entenderla, abrirles camino, ampliar sus sustentos, sino, nos estaremos conviertiendo en aquello que soliamos criticar de mas jovenes. Gracias por tus textos y por el Cohete, tan necesario los domingos a la mañana.

  28. Marce dice

    «tampoco podemos regalarle las ficciones que el pueblo ve en familia y comenta con sus relaciones y amigos y a las que usa como espejos para definirse por la positiva o por contraste.» Un ejemplo ex-ce-lente de esto -una telenovela «evitista» hermosa- fue La Leona y se hizo ¡en 2016!

    1. Marcelo Figueras dice

      Exactamente.

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