El 7 de octubre, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Argentinas declaró que Francia y Alemania se habían ofrecido a financiar la compra total del submarino, con pagos a plazos, si bien ninguno de los gobiernos ha confirmado públicamente las condiciones. La Armada ha concluido la evaluación técnica del Scorpène de Naval Group y del Tipo 209NG ofrecido por ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS). La decisión final recae ahora en el Presidente Javier Milei.
El presupuesto propuesto para 2027 autorizaría un endeudamiento de hasta 2.300 millones de dólares (aproximadamente 1.700 millones de libras esterlinas) para tres submarinos con base en Mar del Plata. Se destinarían otros 1.200 millones de dólares para la construcción de dos fragatas. Estas disposiciones permitirían negociaciones y acuerdos de financiación, pero no constituyen contratos de construcción naval.
El almirante presentó la compra como independiente de cualquier intención de tomar las Malvinas por la fuerza, pero sugirió que conservarlas acabaría siendo económicamente insostenible para Gran Bretaña. Esta es una retórica de soberanía habitual, pero la restauración de una fuerza submarina argentina supondría una importante complicación para los planificadores de defensa británicos. Incluso un solo submarino en el mar representa una amenaza potencial para el transporte marítimo y exigiría escasos recursos antisubmarinos de la Marina Real, que competirían por prioridad con las misiones de la OTAN.
Reconstruyendo la fuerza
El veterano ARA Salta permanece atracado en Mar del Plata como plataforma de entrenamiento, mientras que submarinistas argentinos realizan ocasionalmente prácticas de mar con la Armada peruana. El Salta es un submarino tipo 209/1200, comisionado en 1974, fabricado por secciones por HDW en Alemania (actualmente TKMS) y ensamblado en el astillero Tandanor de Buenos Aires. Los submarinos argentinos posteriores, el TR-1700 Santa Cruz y el San Juan, eran de un diseño diferente y de mayor tamaño.
Existen razones marítimas legítimas para reconstruir la fuerza, más allá de la disputa por las Malvinas. La Argentina cuenta con extensas aguas que vigilar, actividad pesquera extranjera en el límite de su zona económica exclusiva y vecinos como Brasil y Chile que operan submarinos modernos. Un submarino es un instrumento costoso para la vigilancia pesquera, pero proporciona información de inteligencia y un medio para impedir la libertad de movimiento de un adversario en el mar.
La geografía de la zona de operaciones exige submarinos con buena autonomía. Mar del Plata se encuentra a unos 1.500 km (820 millas náuticas) de las Islas Malvinas, mientras que Ushuaia, donde la Argentina planea desarrollar sus instalaciones navales, está a unos 700 km. El ARA San Juan y su gemelo, el ARA Santa Cruz, eran submarinos convencionales relativamente grandes y rápidos cuando entraron en servicio, adecuados para las distancias que implican las operaciones en el Atlántico Sur.

Propuestas europeas
El diseño francés Scorpène Evolved ofrece una alternativa potencialmente atractiva. Con aproximadamente 72 metros de eslora y un desplazamiento de alrededor de 2.000 toneladas, utiliza baterías de iones de litio en lugar de las convencionales de plomo-ácido. Naval Group anuncia una autonomía de 80 días, un alcance superior a 14.800 km (8.000 millas náuticas) y más de 12 días sumergido sin necesidad de utilizar sus generadores diésel. Estas cifras son proporcionadas por el fabricante y el rendimiento real dependerá de las condiciones de operación, especialmente de la velocidad y la demanda eléctrica.
El diseño cuenta con seis tubos lanzatorpedos y puede transportar hasta 18 armas, incluyendo torpedos pesados y misiles antibuque Exocet. Su tripulación de 31 personas limitaría los requerimientos de personal, aunque la organización en tierra necesaria para apoyar a tres lanchas sería considerablemente mayor. Chile opera dos lanchas Scorpène anteriores y Brasil ha construido cuatro en Itaguaí, lo que le proporciona una base de apoyo regional consolidada.
El submarino alemán Tipo 209NG es más pequeño, con aproximadamente 63 metros de eslora y 1.590 toneladas de desplazamiento en superficie. El Tipo 209 es el diseño de submarino de exportación más exitoso del mundo, y la Nueva Generación (NG) es la última versión de TKMS. Combina el sistema de combate ORCCA con diversas configuraciones de baterías y se basa en una familia de submarinos que la Argentina opera desde 1974. El entrenamiento a bordo de submarinos peruanos Tipo 209 proporcionaría cierta continuidad, aunque los sistemas y los requisitos de mantenimiento de un submarino moderno aún exigirían una capacitación adicional sustancial.
El diseño alemán, de menor tamaño, podría ofrecer menores costos operativos, mientras que el submarino francés, de mayor tamaño, podría ser más adecuado para patrullas prolongadas en el Atlántico Sur. El desplazamiento por sí solo no determina la comparación. La configuración de las baterías, la eficiencia de la maquinaria y la capacidad de almacenamiento influirían en la autonomía, mientras que el armamento y los sensores determinarían gran parte de la efectividad en combate de los submarinos.
Tres submarinos constituirían una fuerza modesta pero útil. La Argentina entró en el conflicto de 1982 con los submarinos Tipo 209 ARA Salta y San Luis, y el veterano ARA Santa Fe, antiguo submarino de la Armada estadounidense. La amenaza potencial de estos submarinos era una gran preocupación para la fuerza de tarea. Solo el Santa Fe y el San Luis fueron desplegados operativamente, mientras que defectos impidieron que el Salta realizara una patrulla de combate. El ARA Santa Fe fue inutilizado en superficie por helicópteros de la Marina Real y encalló en Georgia del Sur. El ARA San Luis afirmó haber atacado al menos un objetivo de la Marina Real, pero sufrió fallos en sus torpedos.
Crédito y credibilidad
La precaria situación financiera de Argentina podría ser más determinante que la evaluación técnica. Según se informa, la oferta de Alemania incluye garantías de exportación avaladas por la comisión de presupuesto del Bundestag a principios de 2025, que cubren hasta 4.100 millones de euros frente a un contrato previsto por un valor aproximado de 2.200 millones de euros. Se ha barajado la posibilidad de entrega para 2034 y 2035.
La postura francesa es menos definida. Se firmó una carta de intenciones a finales de 2024, pero Naval Group posteriormente declaró que las negociaciones estaban estancadas por la falta de un préstamo con garantía estatal. París no ha confirmado públicamente los términos de financiación completos descritos por el jefe de defensa argentino. La reunión del Presidente Macron con Milei el 1º de octubre ofrece un contexto político, más que una prueba de que se haya concluido un acuerdo sobre submarinos.
La financiación de los submarinos argentinos sigue siendo incierta, ya que aún no se han obtenido los préstamos. Una solicitud para aplazar los pagos hasta la llegada del primer submarino dejaría a los prestamistas y a los gobiernos garantes desprotegidos durante gran parte de la construcción.
La dotación de personal y el apoyo requerirán inversión mucho antes de la entrega. Para cuando un submarino de reemplazo entre en servicio, la Argentina podría haber pasado 15 años o más sin un submarino operativo. El entrenamiento en el extranjero implica una valiosa experiencia, pero no puede sustituir por completo la operación de una fuerza nacional. La Armada deberá reconstruir su experiencia en ingeniería y retener al personal mediante un extenso programa de adquisiciones.
Intereses de los aliados
Francia y Alemania han firmado acuerdos de cooperación en materia de defensa con el Reino Unido. El acuerdo de Trinity House de octubre de 2024 y el Tratado de Kensington de julio de 2025 ampliaron la cooperación con Alemania. El acuerdo de Lancaster House 2.0, también firmado en julio de 2025, reforzó la relación con Francia e incluyó una colaboración más estrecha en materia de exportaciones de defensa. Por supuesto, estos acuerdos no otorgan a ninguna de las partes voz ni voto en las exportaciones de defensa de la otra. La cooperación en equipos desarrollados conjuntamente es diferente del control sobre equipos de producción nacional. Las Malvinas también se encuentran fuera del área geográfica cubierta por el Artículo 6 de la OTAN.
Londres puede realizar gestiones diplomáticas sobre las implicaciones de una venta, especialmente si los líderes argentinos vinculan explícitamente la renovación militar con la presión sobre las islas. Su influencia dependerá de la importancia que París y Berlín otorguen a las preocupaciones británicas en relación con los pedidos industriales y sus relaciones con la Argentina. Es probable que el beneficio económico prevalezca sobre las inquietudes europeas respecto a las Malvinas. (En Francia aún persiste un considerable resentimiento por la pérdida del contrato de exportación del submarino Shortfin Barracuda a Australia como consecuencia del pacto AUKUS).
Las restricciones británicas a las exportaciones de armas a la Argentina pueden obstaculizar la entrada de equipos que contengan componentes británicos controlados. La propuesta de venta del FA-50 surcoreano se topó con el mismo problema, ya que la aeronave utilizaba asientos eyectables británicos. Existen precedentes de enfoques diferentes. Francia embargó las entregas de armas a la Argentina durante la guerra de 1982 y ayudó a Gran Bretaña con información sobre el Exocet. Posteriormente, Alemania Occidental entregó los dos submarinos TR-1700, el Santa Cruz en 1984 y el San Juan en 1985. Los cuatro destructores MEKO 360 de fabricación alemana también entraron en servicio en la Argentina después del conflicto, entre 1983 y 1984.
Otros proveedores
Dinamarca, otro aliado cercano de Gran Bretaña, suministró recientemente a la Argentina 12 cazas F-16 excedentes, con otros 12 pendientes de entrega. Esta venta constituye un ejemplo más de cómo los socios británicos proveen a la Argentina de equipo militar moderno a pesar de la continua disputa por las Islas Malvinas. Incluso si la presión diplomática británica lograra dificultar una compra europea, la Argentina podría buscar proveedores alternativos o embarcaciones de segunda mano, aunque la tecnología extranjera y las autorizaciones de exportación seguirían siendo relevantes.
Brasil ha participado en dos propuestas distintas para restaurar la flota de submarinos de la Argentina. La primera contemplaba la transferencia de submarinos de segunda mano de la clase Tupi, basados en el diseño alemán Tipo 209/1400. En junio de 2019, la Armada brasileña confirmó que las conversaciones bilaterales incluían el estudio de una posible transferencia, así como la cooperación en el mantenimiento y la construcción de submarinos. Estas conversaciones no culminaron en una adquisición.
La segunda propuesta contempla la construcción de nuevos submarinos Scorpène de diseño francés para la Argentina en Itaguaí, Brasil, donde Naval Group posee una participación del 41% en el astillero. El ministro de Defensa brasileño ha impulsado esta opción, que mantendría la actividad de construcción naval brasileña y le daría a la Argentina acceso a instalaciones de construcción y apoyo en el mismo continente. Las relaciones políticas entre Buenos Aires y Brasilia siguen siendo un obstáculo. Las fechas de entrega sugeridas oscilan entre 2032 y 2036, aunque aún no se ha acordado ningún contrato ni un calendario de construcción definitivo.
Corea del Sur cuenta con una industria consolidada de construcción de submarinos y experiencia en exportación gracias al suministro de embarcaciones a Indonesia. Hanwha Ocean también comercializa internacionalmente el submarino KSS-III, de mayor tamaño. Esto convierte a Corea del Sur en un proveedor potencial creíble si la Argentina amplía su búsqueda, aunque incluso un submarino de fabricación coreana no estaría necesariamente exento de las restricciones de exportación europeas. Diseños coreanos anteriores tienen origen alemán, mientras que Babcock suministra sistemas de manejo y lanzamiento de armas para el programa KSS-III.
Guerra antisubmarina del Atlántico Sur
La presencia británica permanente en las Malvinas está configurada principalmente para disuadir y repeler un ataque aéreo o naval. Los aviones Typhoon y los helicópteros Sky Sabre proporcionan defensa aérea, mientras que el buque patrullero de altura (actualmente el HMS Medway) apoya la seguridad marítima y demuestra la soberanía. No existe ninguna capacidad de guerra antisubmarina permanentemente estacionada en las islas.
Una amenaza submarina creíble podría requerir escoltas para el transporte marítimo militar, vigilancia de las aproximaciones a las islas y protección adicional para las instalaciones en alta mar. La respuesta podría incluir fragatas, aviones de patrulla marítima o un submarino de ataque. Cada uno de estos recursos tendría que provenir de fuerzas ya desplegadas en otros frentes y contar con apoyo desde una distancia aproximada de 13.000 km (7.000 millas náuticas) del Reino Unido.
Los sistemas no tripulados podrían ofrecer una forma más asequible, o al menos de despliegue rápido, de mantener una presencia antisubmarina constante alrededor de las islas, aunque los buques tripulados nunca se eliminarán por completo. El Reino Unido se encuentra entre los países que lideran el desarrollo de este enfoque a través de Atlantic Bastion, un proyecto que busca combinar sensores no tripulados con fragatas, submarinos y aeronaves en el Atlántico Norte. Para cuando los nuevos submarinos de la Argentina entren en servicio en la década de 2030, Gran Bretaña debería contar con una capacidad antisubmarina no tripulada madura, ampliamente probada contra objetivos exigentes en el Atlántico Norte. (La posible amenaza de drones que la Argentina podría desplegar contra las Malvinas en el futuro es tema de otro artículo).
La adquisición de submarinos es un proceso costoso y prolongado para cualquier nación, y la creciente demanda internacional ejerce una presión adicional sobre la capacidad de los astilleros. La Argentina aún debe asegurar la financiación, firmar un contrato y reorganizar la estructura necesaria para operar sus nuevos submarinos. Incluso si se cumplen las fechas de entrega previstas, el país habrá pasado al menos 15 años sin un submarino operativo, seguidos de un período adicional de pruebas y puesta a punto. Esto le da al Reino Unido la ventaja de disponer de tiempo para prepararse, pero la competencia por la atención y los recursos deja poca capacidad disponible para abordar la adquisición de submarinos argentinos, lo que supondría un cambio radical en el equilibrio estratégico.
* Publicado por Navy Lookout, portal de “noticias y análisis independientes de la Marina Real” británica.
--------------------------------
Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí