Una lágrima por Gaza

La vida cotidiana en la Franja de Gaza es hoy por completo insostenible: un desastre humanitario

 

Abril de 2018. Franja de Gaza, límite con Israel. Una cámara enfoca un descampado. Vallas y alambrados definen las zonas de seguridad detrás de las que se apostan soldados israelíes armados hasta los dientes. La cámara cierra el objetivo y la toma adquiere la perspectiva de una mirilla telescópica. Apunta hacia dos palestinos desarmados que simplemente se acercan a una de las verjas fronterizas. Ni siquiera tienen piedras, para qué, no hay nada adonde arrojarlas. En off se escuchan las voces de los soldados israelíes. El comandante le da la orden al francotirador:

–En cuanto se detenga el primero le pegás un tiro. ¿Estás apuntando?

–Lo tengo.

–¡Ahora! –vacilación—. …No, ahora no. Hay un chico ahí.

Después de un silencio el área se despeja.

–Le estoy apuntando al de camisa rosa—, dice el francotirador.

Y de pronto, un disparo. El cuerpo de camisa rosa cae desplomado. Del lado israelí estalla la algarabía. Como si se festejara un gol en medio de un mundial de fútbol.

–¡Hijo de mil putas, qué genio, le diste en la cabeza!

–Sí, el guacho le dio en la cabeza.

–¿Lo grabaste?

–Todo grabado. ¡Qué video!

El video se viralizó de inmediato. Como si fuera un trofeo de guerra. Vinieron las desmentidas, que se había grabado en diciembre del año pasado o antes. Finalmente no importa en qué momento se grabó ese video. Lo que demuestra es que hay un bando que juega a la guerra detrás de un objetivo donde el enemigo es un grupo de civiles desarmados. Son niños jugando a cazar enemigos no en una pantalla, sino en un campo abierto. La realidad como pantalla, la realidad tiene la misma frialdad y el mismo escarnio bochornoso que una pantalla. La realidad, para esos soldados atrincherados, protegidos, mimados, es una pantalla en donde se mata gente. Para esos soldados, el enemigo no existe de verdad, es un cuerpo muerto en vida, un número, un trofeo. No existe el otro, así como no existía el otro cuando Eichmann llenaba sus planillas para transportar seres números a los campos de exterminio. La realidad se ha vuelto banal como es banal nuestra pantalla cotidiana vomitando mentiras como si fueran verdades de última ratio. Los palestinos, el enemigo inventado. Igual que los mapuches o Santiago Maldonado.

El colmo de la aberración fue la declaración del inefable Ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, quien, tras ver las imágenes, manifestó: «El francotirador de la Gaza merece ser condecorado, y el que difundió las imágenes, degradado». Esa es la lógica de nuestro tiempo: castigar no al culpable sino al que difunde la aberración mientras se festeja que francotiradores maten a civiles desarmados. Lo que realmente se quiere borrar del mapa no es un pueblo en llamas sino su desesperación.

Esto viene sucediendo día tras día desde comienzos de abril de este año, momento en que palestinos sin filiación política decidieron manifestarse en la frontera con Israel hasta el 15 de mayo, día en el que se conmemora la Nakba, la catástrofe de 1976 cuando 700.000 palestinos fueron expulsados de sus territorios y no pudieron regresar nunca más. Desde comienzos de abril de este año hasta el momento han muerto 44 palestinos a manos de francotiradores israelíes, hay 5.500 heridos, entre ellos, 1.739 con balas de plomo. El objetivo de la demostración es que el mundo se entere de la desesperante situación de la franja de Gaza, a la que el senador estadounidense Bernie Sanders acaba de definir como un desastre humanitario. El senador Sanders se queda corto.

Luego de la ocupación de Palestina y a diez años del bloqueo israelí del año 2008, cuando los palestinos intentaron volar el muro que les impedía acceder libremente a sus trabajos, la situación de Gaza es, literalmente, imposible. No lo dice quien escribe estas líneas, lo predijo Naciones Unidas en el año 2012: con una tasa de crecimiento anual del 2,33% la Franja de Gaza es la trigésimo primera entidad política con mayor crecimiento demográfico del mundo. Con esa tasa de crecimiento y con los numerosos problemas de abastecimiento e infraestructuras derivados del bloqueo israelí y egipcio, el informe de la ONU afirma que, para el año 2020, la Franja de Gaza se tornará «inhabitable». Debido al bloqueo israelí, la población de la Franja no tiene la capacidad de entrar o salir de ella cuando lo deseen, como tampoco se puede importar o exportar productos libremente.

Según el grupo israelí de derechos humanos B´tselem, el acuífero que nutre a Gaza de agua potable está contaminado en un 96%. El agua no sirve siquiera para cocinar, bañarse o paliar la sed de los animales domésticos.

Gaza cuenta con cuatro horas de electricidad por día. Nada más. Hoy por hoy, el 80% de los residentes en Gaza recibe algún tipo de ayuda humanitaria. La vida cotidiana es infrahumana. Más allá de las presiones de Israel, existen grupos políticos disidentes con el gobierno de Hamás que se pelean entre ellos.

El desempleo entre los jóvenes asciende al 60%. Las siete mil viviendas que fueron destruidas durante el feroz bombardeo israelí de 2014 no han podido ser reconstruidas hasta el momento. En esta estrecha banda de tierra de 41 kilómetros de largo y 6 de ancho, la pobreza supera seis veces a la de Cisjordania, la otra parte del llamado «Estado Palestino». La Franja de Gaza, junto con Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán, está considerada por la comunidad internacional como «territorio ocupado» por Israel desde 1967. Desde 2007 está sujeta al bloqueo militar por parte de Israel y Egipto.

El 12 de abril pasado, veteranos de guerra del ejército israelí, todos ex francotiradores, publicaron una carta abierta publicada en The Guardian y reproducida en El País:

Nosotros, un grupo de excombatientes miembros del equipo de francotiradores del Ejército de Israel, queremos expresar nuestra aflicción por los recientes incidentes en la franja de Gaza.

Al escuchar que órdenes militares permiten a francotiradores disparar municiones reales a manifestantes desarmados, nos invadió la vergüenza y el dolor. Sentimos vergüenza por las órdenes que carecen de juicio moral y ético, y dolor por los jóvenes soldados que, como bien sabemos por nuestra propia experiencia, cargarán todas sus vidas con esas escenas de las que fueron testigos a través de la mirilla de sus rifles.

Instruir a francotiradores para disparar a manifestantes desarmados que no suponen peligro para la vida humana es otra consecuencia de la ocupación y de las reglas militares impuestas a millones de palestinos, al igual que el cruel liderazgo de nuestro país y su malogrado camino moral.

Herir a personas inocentes en Gaza forma parte de lo que es necesario para mantener el régimen de ocupación, y todos debemos oponernos a que esto perdure. Solo el cese del control militar sobre el pueblo palestino permitirá que esto termine.

Gil Fermon, 50ª Batallón de la Brigada Nahal

Amit Goldberg

Nadav Weiman, Unidad de reconocimiento de la Brigada Nahal

Avner Gvaryahu, Unidad antitanque de paracaidistas de la Brigada Nahal

Ron Zaidel, 931ª Batallón de la Brigada Nahal

 

Las imágenes del infame video pueden verse en:

https://elpais.com/elpais/2018/04/12/opinion/1523552224_037738.html

 

2 Comentarios
  1. Judío contra Israel dice

    ¿Qué hubieran comentado sobre esto mi padre y mis dos abuelos que forman parte de los 6.000.000 de masacrados por el nazismo?
    ¿Qué hubieran dicho de un «estado judío» que se constituyó expulsando a casi todos sus pobladores árabes autóctonos?
    ¿Y que no tiene vergüenza de utilizar su sufrimiento como excusa para sus propias tropelías?

  2. miguel dice

    Nazionismo

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.