Una lucha abierta

Zaffaroni explica la historia real de los derechos humanos, y de sus enemigos

 

Eugenio Raúl Zaffaroni, director de la Maestría en Comunicación y Criminología Mediática de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, brindó el lunes una charla abierta virtual sobre “Colonialismo y masacres”. Zaffaroni centró su crítica en el relato eurocéntrico que pretende que el colonialismo gestó la idea de Derechos Humanos, mientras fue el encargado de violarlos. También señaló que, en la actualidad, en el mundo hay “una lucha por los derechos humanos. Unos que tratan de hacer del discurso de Derechos Humanos un instrumento de dominación y otros que tratamos que sea un instrumento de liberación”. En referencia al Poder Judicial argentino y al lawfare, expresó: “Esto se resuelve luchando, exigiéndole a la clase política que enuncie soluciones. Y si no las enuncia, un buen día el pueblo se las va a exigir”.

La clase fue coordinada por la docente y magíster en Periodismo y Medios Masivos de Comunicación Azucena Racosta y contó con la coordinación técnica administrativa de Laura Rapallini, por parte de la Maestría en Comunicación y Criminología Mediática. La secretaria de Posgrado, María Elisa Ghea, brindó las palabras de bienvenida y Graciela Otano, quien comparte como docente con Zaffaroni el dictado de la materia “Perspectivas criminológicas: el curso de los discursos de la cuestión criminal”, realizó una breve introducción. El ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y doctor honoris causa comenzó diciendo: “Conversar sobre colonialismo es conversar sobre el fenómeno más contrario a los derechos humanos a lo largo de toda la historia”. Luego desarrolló cómo los derechos humanos ingresaron al Derecho Internacional.

Con claridad, Zaffaroni refirió que “el Derecho Internacional históricamente se había ocupado de las relaciones entre Estados, pero nunca de las relaciones de los Estados con sus habitantes, con su población. En consecuencia, a lo largo de siglos –por no decir milenios–, los Estados conservaban el poder de matar o dejar vivir a sus habitantes”. Fue hasta que “un día, el 10 de diciembre de 1948, la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprueba la Declaración Universal de Derechos Humanos”. Explicó que “una declaración de Naciones Unidas es una manifestación de buena voluntad, no es una ley para el Derecho Internacional. En el Derecho Internacional las leyes son los tratados, y una declaración no es un tratado”. Posteriormente, Zaffaroni detalló que en las décadas siguientes la ONU sancionó el Pacto de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y recordó que “entraron en vigencia treinta años después que la Declaración Universal”.

El también ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación expuso que, en ese momento, la Declaración Universal se introdujo en la Carta de Naciones Unidas y “por ende, es ley internacional. Pero eso sucedió casi treinta años después de aquella Declaración de 1948. Es decir, que se interpuso la Guerra Fría, el mundo bipolar, y en las postrimerías de este mundo bipolar es cuando se aprueban esos dos tratados o pactos, que son los que forman el sistema de control universal de derechos humanos. Muy débil, por cierto. Es un control político, no jurisdiccional, no son jueces, son órganos políticos internacionales”, describió. También refirió que a lo largo de esos años surge primero, con la Convención de Roma, el Sistema Jurisdiccional Regional, que es el Tribunal de la Corte de Derechos Humanos Europea. Luego, hacia 1980, surge nuestro Sistema Interamericano, y con posterioridad el Sistema Africano. “Esos son controles jurisdiccionales, establecen tribunales que juzgan a Estados que violan derechos humanos”.

En esa línea, dijo “que los únicos que pueden violar derechos humanos son los Estados. Las personas podemos cometer crímenes, pero no violaciones de derechos humanos. Las violaciones de derechos humanos las cometen los Estados por acción o por omisión, pero siempre los responsables en el orden internacional son los Estados”. Zaffaroni aclaró también que no deben confundirse los tribunales que juzgan los Estados con tribunales internacionales que juzgan personas, tribunales que “juzgaban personas en los casos de Estados en cuyos territorios se habían cometido crímenes de lesa humanidad y no estuviesen en condiciones de juzgar a los responsables”. Además dijo que hay una historia larga de los derechos humanos, que encierra “posibilidades de trampa”. “Cuando aparece la Declaración del Hombre o la Declaración Norteamericana, y autores del Iluminismo enuncian y trabajan sobre un concepto de derechos subjetivos, ese sería el origen ideológico de los derechos humanos. Es cierto que el Iluminismo de fines del siglo XVIII contribuyó de una manera importante a la ideología de derechos humanos”. Sin embargo, subrayó como falso que “a partir de entonces esta idea de derechos, elaborada en el hemisferio norte, baje al sur en forma de civilización”.

Continuando con esa idea, especificó que “el mundo que puede regular el Derecho es el mundo de las relaciones humanas. Y las relaciones humanas mundiales sólo pudieron tener inicio cuando más o menos todos los habitantes de este planeta tuvieron la posibilidad de conocer la existencia de los otros. Y tiene una fecha precisa: fines del siglo XV, 1492, cuando (Cristóbal) Colón llega a América y cuando Vasco da Gama da la vuelta por el sur de África para llegar a la India”. Así –sostuvo Zaffaroni– se conoció mejor el África subsahariana”.

 

 

 

Colonialismo y derechos humanos

Luego señaló que “el mundo se presenta con un crimen mundial, que es la colonización de nuestro continente, de nuestra América. Por supuesto después los ingleses fueron por el norte. Pero, ¿por qué en nuestra América los primeros que llegaron y los primeros que nos colonizaron fueron los ibéricos? ¿Cuál fue la razón?”.

Para explicarlo, el ex juez dijo que “colonizar significa ocupar policialmente un territorio extranjero. Ocuparlo policialmente y convertirlo en un campo de trabajo forzado”. Zaffaroni explicó que ese colonialismo originario sólo lo pudo practicar quien contó con “una estructura colonizante, una estructura jerárquica de la sociedad, con estamentos muy marcados, con jerarquías muy marcadas, en forma de ejército. Y los únicos que la tenían eran los ibéricos, porque llevaban siglos colonizando a los islámicos de Iberia, al ala andaluz”, graficó. Fueron “siglos de colonización. Terminan echándolos de la península casi al mismo tiempo que Colón llega al Caribe”. Lo que había dotado a la sociedad ibérica para tener una formación de ejército, con “unidades pequeñas a cargo de cabos, sargentos, suboficiales, que son necesarias porque, de lo contrario, no se pueden ejecutar las órdenes de los generales”.

El doctor e investigador sobre genocidio, que recibió el premio Estocolmo en Criminología en 2009, describió esa Europa que inició la colonización: “Era una Europa que había sido diezmada en el siglo anterior por la peste y que además estaba arrinconada por los islámicos, que si bien habían sido echados de Iberia a fines del siglo XV, se quedan al otro lado de Gibraltar”. También, “los turcos ponen sitio nada menos que a Viena. Es decir, era una Europa arrinconada por los islámicos, que le habían cortado la vía de comunicación con Oriente, India, China, que era el centro comercial”. Analizó que esa fue la consecuencia por la que Colón vino para este lado, “para ver si podía llegar al mismo Oriente por otra vía. Y Vasco da Gama da la vuelta por el sur, también buscando establecer esas vías comerciales interrumpidas por el poder de los islámicos”.

Fue así que “esa Europa pobre, diezmada por la peste, es la que lleva a cabo la colonización de nuestra América, matando o causando la muerte de aproximadamente –los cálculos son difíciles de precisar– sesenta millones de personas”. Muertes que no eran producto “sólo de la explotación, también (eran causadas) por enfermedades infecciosas que traían los europeos por haber estado en contacto con animales domésticos que no existían en América”. Por eso “nuestra población se había reducido de una manera impresionante. Los nativos que saludaban a Colón, a la llegada de éste, como se muestra en los dibujos y en las ilustraciones de las revistas infantiles, a los pocos años estaban muertos. La población mexicana se redujo terriblemente. Ni (Hernán) Cortés ni (Francisco) Pizarro venían a traer el cristianismo, en verdad venían a robar oro”.

Así, “logran colonizar, dominar el territorio de nuestra América, merced a alianzas que hacen con grupos locales. Cortés no podía haber tomado Tenochtitlán si no contaba con el apoyo de los enemigos de los aztecas. Jamás tan pocos hombres pudieron dominar a tantos”. Zaffaroni dijo que esto se repetirá a lo largo de todas las etapas del colonialismo: “Siempre alguno de los colonizados cree que se puede aliar con el colonizador y obtener alguna ventaja en su competencia con otro de los grupos originarios o colonizados”. Fue así que existió “en los primeros años del siglo XVI, primeros años del 1.500… alguien pensó en la necesidad de una protección universal a la persona. Fueron varios, pero fundamentalmente se destaca fray Bartolomé de las Casas”. Luego se refirió al debate “de Valladolid con (Juan) Ginés de Sepúlveda, que era un mediocre y que, como muchos, pasa a la historia por haber discutido con un grande. En ese debate, fray Bartolomé de las Casas sostenía la necesidad de respetar la vida a los indios, su propiedad, devolverle lo que les habían robado. Respetarles sus religiones, sus cosmovisiones, devolverles sus templos, cuando sobre sus templos se habían construido iglesias cristianas”.

Zaffaroni apuntó que “ese es el origen de la ideología de los derechos humanos”, término que usó en un sentido neutro: “Ideología puede ser un sistema de ideas que nos permita aproximarnos a la realidad, pero también puede ser un sistema de ideas que nos encubran la realidad. Describió que “a lo largo de los siglos de colonialismos originarios, de ocupación territorial para convertirnos en campos de trabajo forzado, fue necesario jerarquizar a la población”. Como “dato curioso”, contó que “a nosotros nos colonizaron personas que en Iberia eran marginales. Nos colonizaron andaluces, islámicos colonizados a garrotazos un rato antes. Los que eran marginados europeos se convirtieron en la clase superior en los enormes campos de concentración policialmente controlados”. Aunque “es cierto que luego vinieron marqueses, duques, condes, virreyes, etc. Pero esos eran funcionarios de alta categoría. La mayor población nuestra, la colonización, fue del sur de Iberia. Esto se observa –incluso hoy– en la musicalidad del castellano hablado en el Caribe”, argumentó.

También señaló que en nuestra América se produjo algo que no sucedió en la colonización británica, que fue el mestizaje, “lo que llevó a que los colonizadores sean más selectivos sexualmente que los ingleses”. Zaffaroni desarrolló la idea del neocolonialismo, con el empoderamiento de Europa de todo el resto del planeta. Habló que como categoría de jerarquización en los campos forzados se inventó el racismo. “Antes la colonización, los europeos, sabían que había negros, pero eso no era motivo de jerarquización”. Brindó el ejemplo de que (William) Shakespeare “considera que Cleopatra era negra, lo que es probable”. Por lo tanto, el racismo se inventa “con la colonización, cuando es necesario jerarquizar al personal de las colonias. Entonces, es cuando la melanina pasa a ser un criterio discriminatorio”.

A continuación, Zaffaroni explicó que las burguesías que se fueron generando lucharon contra las noblezas, haciendo que la hegemonía de Europa, concentrada en las potencias marítimas de España y Portugal, se desplace hacia el centro-norte del continente. Así terminó el colonialismo originario y la nueva potencia dominante, Gran Bretaña, “se ahorra de enviarnos virreyes porque esa función la asumen nuestras oligarquías vernáculas”. Así –prosiguió– comenzó el neocolonialismo, que describió en forma minuciosa. Luego se refirió a la transformación del capitalismo mundial, hasta el capitalismo o colonialismo financiero, que empieza a funcionar sin el control de la política. “Nos van endeudando mediante sus procónsules, que son impulsados a la política por los que asumen hoy el rol de partidos políticos, que son los medios monopólicos de comunicación”, con campañas destinadas a defender intereses financieros de las transnacionales. “En el Hemisferio Norte los políticos también perdieron el poder y están presos de las transnacionales. Este es el tardo-nacionalismo financiero que estamos viviendo, y tiene una ideología, que es el llamado neoliberalismo”.

De esa manera, sostuvo Zaffaroni, tuvimos distintas ideologías de colonialismo. La primera, que podemos ubicarla en Juan Ginés de Sepúlveda, implica hacer la guerra porque no se respeta el derecho natural de la cultura superior, por lo tanto, te someto y oprimo. Luego, en el neocolonialismo, tenemos el discurso erudito de los iluministas, del idealismo romántico europeo, que ejerce a través del discurso del filósofo Hegel, quien construye en su relato la desaparición de los colonizados. Con Herbert Spencer y sus ideas evolutivas lamarckianas, se aplica un racismo evolucionista. Spencer “decía que no había que interrumpir la evolución de la raza, que se hacía fuerte mediante la competencia. Los más fuertes iban a ser los que se siguieran reproduciendo y la raza iba a seguir evolucionando”. Agregó que “esto les servía tanto para legitimar el colonialismo, como para matar pobres en Inglaterra” e hizo referencia a otros reduccionistas biologistas del llamado positivismo, enumerando los médicos que hicieron esos aportes, destacándose el taquillero Lombroso.

Esas teorías entran en crisis luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando el racismo y los racistas no desaparecen, pero no pueden admitir su posición abiertamente. Entonces comienzan a hablar de superioridad o inferioridad de culturas, llegando hasta el tardo-colonialismo financiero, “que se disfraza con una ideología encubridora, que es el neoliberalismo, según la cual el mercado lo rige todo y el Estado debe dejar funcionar el mercado, conforme a la regla del mercado”. Luego Zaffaroni citó a dos “evangelistas austríacos” que defienden esas teorías neoliberales: Friedrich von Hayek y Ludwig von Mises. Sobre este último, dijo que “sintetiza como nadie la ideología contraria a los derechos humanos. En su extraordinaria sinceridad, escribe que ‘hay un error sumamente difundido, según el cual se considera que cada uno por el hecho de nacer tiene algún derecho’”.

 

 

 

Dominación o liberación

Para culminar, el director de la Maestría en Comunicación y Criminología Mediática expresó que “esta es la historia real de los derechos humanos y de sus enemigos”. “En este momento hay en el mundo una lucha por los derechos humanos. Unos que tratan de hacer del discurso de los derechos humanos un instrumento de dominación, y otros que tratamos de que sea un instrumento de liberación”. También señaló que “esta lucha está abierta. La vemos en muchas sentencias, la vemos en el uso perverso de los derechos humanos, la vemos en los obstáculos que le oponen a su eficacia. Y de lo que se decida en esa lucha será el destino de los derechos humanos y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”. Recordó que la lucha por el derecho es de la que “hablaba en el siglo XIX Rudolf Von Ihering”, y precisó que “los derechos nunca se obtienen por concesión del príncipe. Los derechos no son regalos. Los derechos se obtienen por lucha y muchas veces se arrancan. La lucha por el Derecho continúa”.

Finalmente se abrió paso a las preguntas, y el ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación fue respondiendo a cada interrogante con la misma claridad y serenidad de su disertación. Con respecto a nuestro Poder Judicial y al lawfare, utilizado para detener a líderes populares y en nuestro país para anular políticamente a Cristina Fernández de Kirchner, señaló que “es uno de los tantos instrumentos que se utilizan en la guerra híbrida, que lleva este capitalismo tardo-financiero contra nuestros Estados, nuestras democracias en nuestra América. Se vale para ello de un contubernio entre espías, algunos jueces –no todos–, algunos ministerios públicos, pero sobre todo medios masivos de comunicación, que son los que asumen el rol de partidos políticos”, y remató que “sin los medios masivos de comunicación, que son monopólicos en nuestra región, no podría existir”.

Con respecto a cómo se resuelve esta situación, Zaffaroni respondió: “Luchando. No queda otra. Exigiéndole a la clase política que enuncie soluciones, y si no las enuncia, un buen día el pueblo se las va a exigir y va a pasar por encima de sus dirigentes”. Dijo que “no se están dando cuenta que están destruyendo las reglas del juego de la democracia. Ni para oficialismo ni para oposición es bueno, por más que algunos se alegren y digan: ‘Hoy tengo el poder, lo manejo yo’. Sí, hoy lo maneja él, pero mañana no lo va a manejar más”. Remarcó que “es parte de la lucha por el Derecho. Nunca hemos tenido una situación tan caótica. Aquella máxima de que toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorarse, parece que también se está cumpliendo con respecto a la institucionalización de nuestro Poder Judicial”, que “tiene fallas que vienen de lejos. Se las observó, se las denunció, la clase política no hizo caso. Porque los defectos institucionales no se notan mientras haya gente racional manejando, pero un día llegan los peores y ese día es cuando sale a la luz”.

 

 

 

 

 

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