Una muralla contra la pobreza

Empresas, Estado y bienestar colectivo en China

 

A lo largo de varios años y en diversos viajes, indagamos en China cómo hizo su gobierno y su pueblo para sacar de la pobreza a 800 millones de personas —hito verificado por el Banco Mundial— y anunciar la eliminación de la indigencia en 2021. 

China. Muralla contra la pobreza. Compromiso, organización y patriotismo es el nombre del libro que acaba de ser distribuido en este 2026, en la Argentina, por Editorial Corregidor, y explica en detalle el plan que siguió adelante la República Popular China y su Partido Comunista para alcanzar ese cometido.  El texto había sido originalmente publicado en 2024 en Madrid para el público hispanoparlante. 

Es una investigación propia y exclusiva de 27 capítulos sobre una gesta inédita en la historia de la humanidad que abarca la cronología del programa, visitas a las zonas más afectadas (en Tíbet, Shanxi, Qinghai y otros territorios rurales y montañosos), el repaso de la bibliografía existente y entrevistas a varios protagonistas en centros políticos y académicos como Beijing, Shanghái o Guangzhou.

Para un país como la Argentina, cuyas capacidades económicas, composición demográfica y nivel educativo deberían redundar en niveles muchísimo más bajos de pobreza y hambre que los que padece, asomarse al menos a la experiencia china tendría que ser un imperativo para su clase dirigente. No se trata de imitar el modelo social chino, algo en varios aspectos (aunque no en todos) impracticable aquí y en general en Occidente por varias razones. Pero sí, de tomar algunos aspectos del patriotismo, la solidaridad, el compromiso militante y la organización con que China ha avanzado hacia un estadio de bienestar inocultable para su gente sin las mentiras que en la Argentina se profesan a diario sobre el rol del Estado, la planificación y un supuesto avance de la libertad.

El libro es el segundo que hacemos juntos sobre el programa chino de alivio a la pobreza; el primero fue publicado en 2015 por la Universidad de Congreso y recopiló artículos nuestros y de académicos chinos sobre una hazaña que por sus dimensiones es única en la historia de la humanidad.

China. Muralla contra la pobreza fue presentado en diciembre y estuvieron presentes, además de nosotros, la directora de la editorial, Paula Pampin, y el investigador superior del CONICET y ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el prologuista del libro Fortunato Mallimaci.

Como adelanto exclusivo para El Cohete a la Luna, se publica el capítulo 10 sobre el rol de las empresas en el cometido.

 

 

El bienestar colectivo como política empresarial y de Estado

Desde las reformas del Presidente Jiang Zemin (1993-2003), en cuya teoría de la triple representatividad dio cabida al empresariado y al emprendimiento al Partido Comunista de China (PCCh), el rol del sector privado se potenció más.

Empresas públicas y privadas han sido, al igual que cuadros del gobierno y del PCCh y de su Liga Juvenil, universidades y otros actores, parte importante de la lucha contra la pobreza en China. Motivadas por un programa con alto contenido patriótico y ventajas económicas, más de cien mil compañías han participado en diversas iniciativas para contribuir desde el sector empresarial a que salgan de la pobreza millones de personas.

Según reveló poco antes de la pandemia la Agencia de Noticias Xinhua, un total de 109.500 empresas de propiedad privada se habían sumado al cometido, en base a declaraciones de Fan Youshan, vicepresidente de la Federación Nacional de Industria y Comercio de China (FNICCh). Al final del programa en 2021, ya habían sido casi 130.000, como se verá más adelante. 

Fan Youshan se refería a empresas privadas, que ayudaron a 127.100 aldeas, incluidas 68.900 aldeas registradas afectadas por la pobreza. El empresario habló en Xinhua durante un foro celebrado en el distrito de Danzhai en la provincia de Guizhou, que queda al suroeste de China, y que puede considerarse una de las más beneficiadas por estos programas de alivio a la pobreza.

El programa de la FNICCh arrancó en octubre de 2015 y contó con la cooperación de la Oficina del Grupo Dirigente para el Alivio de la Pobreza y el Desarrollo del Consejo de Estado y la Sociedad de China para la Promoción del Programa Guangcai.

Las empresas privadas afiliadas a la FNICCh realizaron inversiones industriales por cerca de 91.600 millones de yuanes (alrededor de 13.400 millones de dólares) en las áreas afectadas por la pobreza durante los últimos años, con 15.200 millones de yuanes adicionales para proyectos de bienestar público.

Esas compañías ayudaron a crear 799.000 empleos y han capacitado a 1,16 millones de personas, lo que ha beneficiado a una población registrada de 15,64 millones afectados por la pobreza.

Junto con esa labor, las empresas estatales chinas, que son clave en los sectores estratégicos del país, también han sido un segmento especialmente destacado en la lucha contra la pobreza, en este caso con mandatos más concretos de parte del poder central.

Tanto en un caso como en otro, sector público o compañías particulares, la obligatoriedad de participar en el programa de alivio de la pobreza fue de la mano con la búsqueda de ganancias. Es decir, el mandato del Estado y del Partido, orientadores y controladores del ciclo económico más allá del rol del “mercado”, no iba en contra de la rentabilidad que podía surgir de ayudar a las personas a salir de la pobreza; muy al contrario, las inversiones realizadas en ese cometido siempre han tenido como norte, además del fin en sí, la posibilidad de generar ganancias, que, como ha sucedido no sólo en China, sino en otros casos exitosos del sudeste asiático, mayormente se reinvierten en el lugar y no se fugan, práctica que en América Latina lamentablemente es tan común. Allí el rol disciplinador del Estado, más aún en un país como China, en el cual la burguesía se reconstituyó en parte tras la reforma y apertura, pero no gobierna, lo cual impide hablar de capitalismo, es un dato clave.

Cuando hablamos de empresas particulares, incluimos a grupos grandes, pero también y muy en especial a pymes, minipymes y negocios familiares, por ejemplo, casas que se reciclan a hoteles o restaurantes en el sector turismo, en donde, al tiempo que abandonan ellos mismos su condición de pobres, generan excedentes y reinvierten esas ganancias para seguir mejorando sus vidas.

Entre los ejemplos de empresas públicas y privadas que se han anotado en programas de alivio a la pobreza hay numerosos casos a destacar.

Por ejemplo, en el Proyecto Esperanza (un programa educativo que se trata en otro capítulo del libro) participan firmas como Ping’an Insurance (seguros), Samsung China (electrónicos), YumChina (restaurantes y comida rápida), Air China (aerocomercial) o IHG (hostelería), entre otras de diversos rubros comerciales. En general, las firmas tienen un sistema de padrinazgo de una aldea o una escuela y se encargan de hacer el seguimiento fijado para la reducción gradual de la pobreza.

CITIC (China International Trust and Investment Corporation, una empresa estatal de inversiones), a través de varias subsidiarias, es otro ejemplo, con una contribución varias veces millonaria en renminbi para construir jardines de infantes en la ciudad de Xainza, Tíbet, y en Liangshan, Sichuan. 

En todos los casos, los empleados y gerentes que viajaron a hacer la labor respectiva en el programa contra la pobreza recibieron mejoras salariales o incentivos, aunque también debieron sacrificar vida familiar y superar otros obstáculos.

También antes de la pandemia, autoridades de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en el noroeste de China, decidieron trabajar con empresas privadas locales para ayudar a mejorar la vida de los pobres en la región y, de acuerdo con un informe de Diario del Pueblo, el histórico diario oficial del PCCh, unas 1.600 compañías ya habían ofrecido para entonces 550 millones de yuanes (alrededor de 80 millones de dólares) para la financiación de proyectos de alivio de la pobreza, así como generado 6.800 empleos y donado otros 6 millones de yuanes, de acuerdo con las cifras de la Federación de Comercio e Industria de Xinjiang, liderada por Jueit Imin.

Otro caso que puede citarse es el de Xuzhou Constructing Machinery Group, que ha cooperado con la Fundación Especial de “Ensueño Azul”. El grupo donó 1,85 millones de yuanes a la Fundación China de Alivio de la Pobreza y en 2016 ganó el premio mayor en el Festival de Bienestar que se realiza para alentar a las empresas a participar del programa.

Una experiencia contada por The Tricontinental (2021) es la de Ge Wen, una de las directivas de una firma de turismo y cultura de Suzhou. La firma colaboró con una aldea remota en la provincia de Guizhou para desarrollar un resort de ecoturismo y estimular la industria turística en la región. Invirtió 130 millones de yuanes en la construcción de infraestructuras y en la renovación de 107 hogares de la aldea, varios de los cuales eran de familias de la minoría étnica Dong. Ge Wen viajó a colaborar y enfrentó desafíos por las diferencias culturales, lingüísticas y climáticas. En las montañas de Guizhou puede llover durante meses seguidos. La ubicación también es remota: cuando Ge y su equipo estaban construyendo el resort, la carretera asfaltada hasta el lugar tuvo que ser excavada manualmente porque no se podían traer las grúas. Pero todos quedaron orgullosos de los resultados. 

En la misma zona, 285 empresas del este desarrollaron proyectos en Tongren, invirtiendo 26.410 millones de yuanes y generando empleo para 44.400 personas en el programa de reducción de la pobreza. 

En el proceso se crearon 19 parques industriales.

The Tricontinental dice también que 94 empresas de propiedad pública invirtieron más de 13.500 millones de yuanes en 246 distritos, implementando casi 10.000 proyectos de asistencia. Y en cuanto a firmas privadas, a través de la campaña “Diez mil empresas ayudan a diez mil aldeas”, 127.000 empresas privadas apoyaron a 139.100 aldeas pobres, lo que benefició a 18 millones de personas, según datos del Consejo de Estado para 2021.

Finalmente, entre tantos otros antecedentes, el banco ICBC fue asimismo un gran participante del proyecto de alivio de la pobreza. Lo vino haciendo tempranamente desde 1995. Por ejemplo, ayudó a financiar el desarrollo de la industria de crianza de aves de Jiuyuan, en Wanyuan, provincia de Sichuan. Ello supuso el diseño de un plan de cría de animales para consumo de carne aviar, que abarcó en especial a cientos de personas de las aldeas de Laowaping y Lijiagou del municipio de Chaya, así como la aldea de Dalunkan de la ciudad de Jiuyuan.

El plan se basó en la enseñanza de técnicas de cría y de uso de herramientas como el comercio electrónico para la venta en mercados, construcción e instalación de gallineros, etc. El banco utilizó su plataforma de comercio electrónico “ICBC Mall” y sus recursos para recomendar y promover Jiuyuan Black Fowl (nombre del emprendimiento) a clientes de todo el país, ayudando a ampliar el mercado de aves y huevos negros. La participación del ICBC –el mayor banco de China y de mucha presencia en la Argentina– en este programa fue producto de un acuerdo firmado entre Yin Li, gobernador de la provincia de Sichuan, y Yi Huiman, presidente de ICBC, junto a otros directivos. Fuera de este proyecto en sí, el ICBC ya ha donado durante los últimos 22 años unos 140 millones de RMB (alrededor de 20 millones de dólares) a cuatro distritos.

 

 

 

* Gustavo Ng y Néstor Restivo son autores de China. Muralla contra la pobreza Compromiso, organización y patriotismo (Ed. Corregidor, Buenos Aires, 2025). Periodistas, docentes universitarios y fundadores y directores del medio “DangDai” sobre relaciones sino-argentinas.

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí