El lunes pasado escuchamos al Presidente Donald Trump decir una frase que condensa la política exterior de su administración: "Creo que tendré el honor de tomar Cuba... Sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer lo que quiera con ella”. No fue un desliz retórico. Fue la proclamación prepotente e ilegal que pisotea el derecho internacional mediante el cerco económico, financiero y diplomático que Estados Unidos le ha infligido a Cuba, en particular desde que emitió la orden ejecutiva, el 29 de enero, que impuso aranceles a las importaciones de los países que exportaran petróleo a la isla. El derecho internacional no otorga el derecho a imponer sanciones económicas a terceros Estados por participar en un comercio lícito con otro país soberano.
Sesenta y cuatro años después de que John F. Kennedy firmara la Proclama 3447, el embargo que prohibía el comercio entre Estados Unidos y Cuba, esta ha dejado de ser una herramienta de presión diplomática y comercial para convertirse en una maquinaria geopolítica que busca el quiebre total de su sistema de gobierno mediante el agotamiento extremo de su población. Esta política utiliza el hambre y la falta de servicios básicos de la población civil como instrumento político para derribar a un gobierno. La perversidad de la medida es tan grave como la incapacidad de América Latina y el Caribe de manifestarse y condenarla de forma determinante, expresar su solidaridad con el país agredido y exigir su derogación con apego al derecho internacional.
Ayer a las ocho de la noche todavía no había sido publicada la Declaración que debía emitirse como resultado de la X Cumbre de Presidentes de la CELAC, realizada en Bogotá. Toda vez que esta debe alcanzarse por consenso, los países alineados con Estados Unidos se resisten a abordar, y más aún condenar, el crimen sin bombas perpetrado contra la población civil cubana por el gobierno de Trump, con el apoyo cómplice de sus países satélites en la región. De los 33 Presidentes convocados sólo participaron el anfitrión, Gustavo Petro, y el uruguayo Yamandú Orsi, quien recibió la presidencia pro tempore, Lula da Silva, Ralph Goncalves de San Vicente y las Granadinas, y el Primer Ministro de Guyana, Mark Anthony Phillips. El resto de líderes de la región, salvo algunos que enviaron a sus cancilleres (Bolivia, Perú, Chile, Venezuela, Honduras, Costa Rica, entre otros), optó por la seguridad de esconderse tras delegaciones de bajo nivel, en un acto de vasallaje preventivo. Así, la CELAC ha pasado de ser un bloque que nació para ser un contrapeso a la política de Washington, a un coro de semimudos que esperan instrucciones de la Casa Blanca.
El emperador no escucha
La diplomacia de hacha y guadaña que ejerce Trump ha tenido éxito en América Latina y el Caribe. Nos hemos convertido en una región sin espina dorsal. Es esta la razón por la que Trump puede asfixiar a la población civil de Cuba o invadir y secuestrar a un Presidente, sin que su foro más abarcativo rechace tajantemente esos delitos, independientemente de las críticas que puedan hacerse a los gobiernos agredidos.
Un grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas ha publicado un informe en el que se señala que la orden ejecutiva emitida por Trump el 29 de enero de 2026, en la que, bajo una supuesta emergencia nacional, autoriza la imposición de aranceles comerciales a las importaciones de petróleo de terceros países a Cuba, constituye una grave violación del derecho internacional y una seria amenaza para un orden internacional democrático y equitativo. Se trata de una forma extrema de coerción económica unilateral con efectos extraterritoriales, mediante la cual Estados Unidos busca ejercer presión sobre Cuba y obligar a otros Estados a modificar sus relaciones comerciales legítimas, bajo la amenaza de medidas comerciales punitivas. Señala también el informe que un orden internacional democrático es incompatible con prácticas en las que un Estado se arroga la autoridad para dictar las políticas internas y las relaciones económicas de otros mediante amenazas y coacción. Además, advierten sobre las previsibles consecuencias humanitarias de esas medidas en Cuba, que se añaden a las sanciones estadounidenses previas, derivadas de la designación ilegal que Estados Unidos ha hecho de Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo”.
El asedio promovido por el gobierno estadounidense a Cuba incluye también un cerco diplomático. Este mes, dos países latinoamericanos han roto relaciones diplomáticas con Cuba: Ecuador, el 4, y Costa Rica, el 18 de marzo. El Presidente costarricense, Rodrigo Chaves, ha dicho que su gobierno no reconoce la legitimidad del sistema cubano y que el hemisferio "debe ser limpiado de comunistas". El ecuatoriano, Daniel Noboa, acusó al embajador cubano de interferir en asuntos internos y participar en "actividades violentas". También en febrero, varios países (Honduras, Guatemala, Jamaica, Guyana, Paraguay, Bahamas, Antigua y Barbuda y Granada) han suspendido, cancelado o reducido drásticamente sus programas de cooperación médica con Cuba. Lo han atribuido a presiones externas de Estados Unidos, desacuerdos sobre los términos de pago o la intención de fortalecer sus propios sistemas de salud. Ecuador ya había suspendido el programa principal de brigadas médicas en noviembre de 2019, bajo la administración de Lenín Moreno.
Trump justifica las medidas mencionadas bajo el argumento de que Cuba representa una "amenaza inusual y extraordinaria" para su seguridad nacional. Así, en un acto de soberbia imperial, y haciendo uso de la humillación como política, el gobierno estadounidense decide quién debe ser su contraparte en las conversaciones que tienen lugar actualmente, sin respetar la institucionalidad del país. “Con el actual Presidente no negocio, así que todo el proceso, mientras la población se asfixia, depende de que el Presidente Miguel Días Canel renuncie".
Asfixia
Las nuevas sanciones y el bloqueo del combustible han agravado la vida diaria en Cuba. El transporte público está semiparalizado y el precio de los boletos de los microbuses particulares se ha disparado por la escasez de diésel. Los viajes interprovinciales están restringidos y varias aerolíneas internacionales han reducido sus frecuencias por la incertidumbre con el reabastecimiento de combustible en los aeropuertos cubanos. Los apagones, por déficit de generación eléctrica, que en algunas zonas del interior del país superan las 12 o 15 horas diarias, tienen impacto en los tratamientos hospitalarios (intervenciones quirúrgicas, diálisis, radioterapias, quimioterapias, entre tantas otras), así como en la refrigeración de alimentos. Asimismo, el envío de dinero a Cuba se ha convertido en un desafío al tener que saltar el cerco financiero por el incremento de sanciones a más bancos internacionales que procesaban transferencias a Cuba desde Estados Unidos. Esto obliga a usar rutas más largas y comisiones más altas.
Asimismo, la salida de ciudadanos cubanos del país se ha complicado debido a que, en febrero, Nicaragua eliminó el libre visado, lo que les ha cerrado la ruta terrestre por Centroamérica hacia Estados Unidos. A cambio, Ortega busca que se suavicen sanciones financieras que asfixian a su propio gobierno. Panamá y República Dominicana han endurecido también los requisitos de visas de tránsito, impidiendo que los cubanos hagan escala en sus aeropuertos. Por otro lado, el gobierno estadounidense ha condicionado el otorgamiento de visas (como la de reunificación familiar) a que Cuba acepte vuelos de deportación masivos, los cuales se han vuelto frecuentes en 2026. Con estas medidas aumenta la presión social interna en la isla, en medio de las dramáticas condiciones de subsistencia. Es precisamente lo que buscan Trump y sus asesores, para que esta situación produzca un estallido social que tire abajo al gobierno sin haber gastado una sola bala. Por eso Trump dice que ha puesto a Marco Rubio a cargo de este tema y que "es solo cuestión de tiempo" antes de que el sistema caiga. Y como si ellos no fueran los principales autores de esta crisis, Trump dice que Cuba es una "nación fallida" y que, tras el fin del apoyo petrolero de Venezuela (luego de la captura de Maduro a inicios de año), la isla está en su punto más débil.
Réquiem por la soberanía regional
Mientras hay gente que no puede recibir atención médica en Cuba, los US lovers se resisten a firmar una declaración que condene firmemente las medidas estadounidenses. Lamentablemente las declaraciones finales se toman por consenso y es evidente que la región está fracturada.
Estas discrepancias entre los gobiernos de la región en un tema tan elemental sorprende a los Jefes de Estado de la Unión Africana, que tuvieron una reunión conjunta con la CELAC los días 19 y 20 de marzo. La Asamblea de los 55 Jefes de Estado y de Gobierno que conforman la Unión Africana respaldó a Cuba de manera contundente durante su última Cumbre ordinaria celebrada en Adís Abeba en febrero. En ella, aprobaron una resolución que incluyó el rechazo al bloqueo de Estados Unidos por ser “injusto e ilegal”; se solició la exclusión de Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo; se denunció la aplicación del Título III de la Ley Hems-Burton y se reafirmaron los lazos de cooperación y la contribución de la isla al continente. De hecho, en el marco del Foro CELAC-Unión Africana de Bogotá, los delegados africanos reiteraron que su apoyo a Cuba es un asunto de justicia histórica y solidaridad Sur-Sur, algo que pone en una situación incómoda a los gobiernos latinoamericanos que, en muchos casos, guardan silencio.
Ya durante la IX Cumbre de la CELAC, celebrada en Honduras en abril de 2025, se produjo un conflicto generado por Javier Milei y el Presidente de Paraguay. Ambos rechazaron el texto de ocho párrafos de la Declaración, bastante general y anodino. Pero hubo uno al que se opusieron tajantemente: “Resaltar la plena vigencia de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz,sustentada en la promoción y el respeto a los propósitos y principios de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional, la cooperación internacional, la democracia y el Estado de Derecho, el multilateralismo, la protección y promoción de todos los derechos humanos, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos, la soberanía y la integridad territorial. De igual manera, rechazar la imposición demedidas coercitivas unilaterales, contrarias al Derecho Internacional, incluidas las restrictivasal comercio internacional”.
La entonces presidenta Xiomara Castro dio por aprobada la Declaración de Tegucigalpa afirmando que existía un “consenso suficiente” de 30 de los 33 países, lo que generó la protesta inmediata de ambos Presidentes, ya que los estatutos de la CELAC exigen unanimidad para las declaraciones conjuntas.
Mientras Donald Trump proclama desde su escritorio que puede hacer "lo que quiera" con Cuba, la respuesta de América Latina y el Caribe se hace esperar. En el debate que tiene lugar en la cumbre entre los gobiernos defensores de la política imperial estadounidense y los que abogan por respetar los principios del derecho internacional, la región pierde su voz.
En la declaración de Bogotá no veremos una condena a la invasión de un país y el secuestro de su Presidente, ni al asesinato extrajudicial de más de 150 ciudadanos, tripulantes de pequeñas embarcaciones estacionadas frente a las costas de países de la región. Aceptamos, por omisión, que el hambre sea una herramienta política válida. Imposible pensar en que podía haberse plasmado un párrafo en el que se exhorte al gobierno de Trump a suspender la vigencia de las medidas punitivas a terceros países simplemente por venderle petróleo a Cuba, en el marco de un comercio legítimo.
La X Cumbre de la CELAC será probablemente recordada como el acta de defunción de la autonomía latinoamericana como resultado del alineamiento automático de algunos gobiernos, como el de la Argentina, a la política de Donald Trump. La asfixia de Cuba es, en última instancia, el espejo del doblegamiento de todos. Hemos permitido que la prepotencia gane la partida. En ese tablero de imposiciones, la dignidad de América Latina es la verdadera víctima que yace, junto a la población cubana, bajo el peso de una bota que ya no necesita bombas para mandar en la región.
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