UNA REPÚBLICA OLIGÁRQUICA

El sistema electoral estadounidense garantiza que la mayoría popular no pueda hacerse oír

 

A la luz de las imágenes de la violencia policial en las calles de Estados Unidos, resulta cada vez más claro que estamos frente a un país no democrático. Su sistema institucional es sumamente estable, pero al mismo tiempo impide el gobierno de las mayorías, condición básica para que exista democracia.

Pero no resulta igualmente claro que esta falencia no sucede por accidente, sino que surge de lo más profundo de su sistema constitucional.

Mostraremos algunos ejemplos para ilustrar la raíz sistémica de estas características elitistas.

  • En este momento, cercano a las elecciones presidenciales de noviembre, muchos periodistas recuerdan que en 2016 Donald Trump fue elegido –sin cometer fraude– pese a haber recibido menos votos que Hillary Clinton. Esos periodistas explican –de modo insuficiente– que esto se debe a que las elecciones no son directas sino indirectas, ya que los votantes eligen delegados a un Colegio Electoral que, a su vez, designa al Presidente. Pero la circunstancia de que la elección no sea directa no explica por sí misma que se pueda ser elegido con menos votos que el oponente. Las democracias parlamentarias europeas también tienen elecciones indirectas, ya que el pueblo vota a los miembros del Parlamento y estos designan al jefe de gobierno. Como la mayoría de los legisladores que designan al gobierno representan a una mayoría del pueblo, estamos frente a un régimen democrático. En la Argentina, hasta 1994, la elección también se hacía mediante un colegio electoral, cuyos miembros reflejaban proporcionalmente al voto popular. El sistema norteamericano es totalmente diferente: cada Estado federado –siguiendo leyes electorales estaduales– elige a un número de miembros del Colegio Electoral proporcional a su población. Pero la proporcionalidad termina allí, ya que quien obtiene la mayoría de votos en el Estado, se lleva la totalidad de sus delegados al colegio electoral, es decir, el 100%, aunque haya ganado sólo por el 51%. Este sistema anacrónico, imperante en la mayoría de los Estados, da a la elección un carácter no democrático, que permite que sea ungido quien no tiene una mayoría de votos. Un simple ejercicio aritmético clarifica este concepto: supongamos tres Estados con un número equivalente de 100.000 votos cada uno y elijan 10 delegados cada uno. Así es como Trump resultó elegido Presidente. Lo mismo sucedió en la elección de George W. Bush, aunque en aquel caso se denunciaron, además, irregularidades en el recuento de votos del Estado de Florida. La Corte Suprema desestimó el reclamo. Estos serían los guarismos:

 

CANDIDATO 1                                                               CANDIDATO 2

VOTOS               ELECTORES                 VOTOS             ELECTORES

ESTADO “A”      51.000                      10                                 49.000                    0

ESTADO “B”      51.000                      10                                 49.000                    0

ESTADO “C”         5.000                       0                                  95.000                  10

TOTALES           107.000                     20                               193.000                  10

 

 

  • Otro caso en que resulta palpable el carácter oligárquico del sistema normativo norteamericano: según su Constitución, son numerosos los casos de decisiones del Congreso que deben ser adoptadas por mayorías especiales de 2/3. Aún en los casos en que el partido gobernante tenga mayoría en ambas cámaras, nunca esa mayoría llega a un 66,6% de las bancas. Estas mayorías calificadas, exigidas por la Constitución, hacen que la minoría pueda fácilmente bloquear muchas iniciativas del  gobierno.
  • Un último ejemplo: cualquier reforma de la Constitución (amendment) requiere de la aprobación por parte de los 2/3 de cada Cámara del Congreso y de la ratificación posterior por parte de las legislaturas locales de 3/4 de los Estados federados. (Al presente, 38 de 50 Estados.) Esto da al sistema características tan rígidas que hace prácticamente imposible una evolución de la legislación. ¡Una de las últimas propuestas, el equal rights amendment, que finalmente no logró las aprobaciones requeridas en 1979, prohibía a los gobiernos federal y estaduales las violaciones a la igualdad de derechos de las personas con motivo de su sexo!

En definitiva, queda claro que el sistema norteamericano debe su gran estabilidad a que siempre las elites minoritarias, aún cuando pierdan las elecciones, tienen la facultad de bloquear muchos proyectos de reforma ansiados por la mayoría del pueblo y sus representantes.

Para terminar, lamentablemente con un comentario pesimista, digamos que este sistema, con diversas modalidades, está siendo cada vez más difundido en varios rincones de nuestro mundo. Las democracias meramente formales, en las que gobiernos elegidos por el voto popular luego actúan sin respetar derechos básicos ni el equilibrio de los poderes del Estado, están al orden del día. Estos sistemas, nominados por diversos autores como “democracias iliberales” o “democracias cesaristas”o “demoburocracias”, están cada vez más alejados de la voluntad soberana del pueblo. Quienes, doloridos por haber perdido una elección, “caranchean” inventando términos como “infectadura”, deberían dejar de lado su interesada ignorancia y, mirando lo que sucede en el mundo, regocijarse con la vitalidad de nuestra democracia, que nos muestra, trabajando juntos codo a codo, a gobernantes de distintos signos políticos en bien de la salud de los argentinos.

 

 

 

 

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5 Comentarios
  1. Victorio Nicolas Cocco dice

    es un mero analisis ucachense, seguro que lo auspicia el sector mas conspicuo del bernardismo militante

  2. apico dice

    Lo dicho por el autor es cierto. En USA, la democracia es un cuento chino. Todo el poder a los poderosos. Lo mismo se podría decir de su poder judicial, de justicia, minga.Pero sería cuestión de que el autor analice,como el dice, que en Argentina la democracia está mejor fundada. Minga….¿por que mi voto como ciudadano bonaerense vale mucho, pero MUCHO mennos que el voto de un Porteño, por ejemplo?…. ¿porque una absoluta minoría de radicales tiene tanta cantidad de senadores, que no representan a nadie, ni siquiera en sus provincias?….Sería bueno que alguien me explique el famoso Pacto de Olivos como un hecho democrático. Y del poder judicial Argentino ,podemos agregar una linea sobre su estructura que implique democracia’…vamos, no me haga reír, lo suyo es patético. De una verdad, la primera parte, se concluye con una mentira,segunda parte. No me gustan las medias verdades, porque siempre entrañan la peor mentira. Un saludo mperonista.

  3. Diego de Ucacha dice

    El sistema unicameral impuesto en la provincia de Córdoba en los noventa es casi lo mismo.

  4. Leonardo Malagón. dice

    Se supone que el partido Demócrata está de acuerdo con el sistema electoral pese a perder las elecciones de 2000 y 2016 en las cuales obtuvo un mayor número de votos que el Republicano. Y si no están de acuerdo parece claro que poco pueden hacer para modificar la constitución de los EE.UU.

  5. Guillermo A. Makin dice

    Tiene razon en señalar que es una democracia que solo es tal en el mito. La realidad es bien distinta y lo es como puntualiza porque lo establece la constitucion. Sus autores explicitaron sus razones ya que los debates fueron secretos en Filadelfia, en El Federalista donde señsalan que una de las virtudes de la constitucion es impedir el gobierno «de la mayoria». Tres veces se hace esta aseveracion. Uno de los mecanismos es el señalado, otro es la judicializacion de lo decidido por el poder electo a traves del poder judicial, cosa que por ejemplo no ocurre en el Reino Unido, o en Australia, o Nueva Zelanda o Botswana. Se confia en que el electorado dara cuenta del gobierno que hizo algo que no le cae bian a la mayoria. Queda ademas la dificultad para reformar la constitucion. En el Reino Unido la constitucion se reforma por ley ordinaria y la Corte Suprema ni se le ocurre intervenir porque decidio ya en el siuglo XIX que los jueces no deben presumir de decidir o cambiar lo decidido por el parlamento y el soberano. Con un poder judicial que usa politicamente en forma inconstitucional el recurso extraordinario hariamos bien en institucionalizar refo0rmas que lo impidan.

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