Una tormenta perfecta

El gobierno balbucea en medio de la crisis mundial y la ofensiva macrista

 

Un mito de la Grecia Antigua cuenta como el titán Prometeo robó el fuego de los dioses para dárselo a los humanos. Furioso ante tamaña transgresión a las normas del Olimpo, Zeus –el dios de todos los dioses– lo encadenó a una roca y dispuso que un águila comiese continuamente su hígado. Con el paso del tiempo, Heracles, el más fuerte y valiente de todos los héroes, puso fin al martirio de Prometeo matando al águila de un flechazo. Este mito nos advierte que el fuego sagrado de la reflexión lleva a la ruptura del status quo y a un castigo que sólo se supera con la fuerza descomunal de las convicciones. Estos son los atributos que la humanidad utilizó para llegar hasta nuestros días. Hoy se necesitan para enfrentar la tormenta que se avecina.

Un mundo en crisis colapsa sobre sí mismo y naturaliza sus turbulencias. Las causas de los males que nos aquejan desaparecen tras negros nubarrones y las mentiras, el miedo y el odio perpetúan el orden imperante. Así, mientras la realidad inmediata se vacía de contenido, la incitación al consumo y a la violencia del uno contra el otro sustituyen a la reflexión. Encajonados en sus pequeñas miserias cotidianas, aislados, fragmentados y sin épica alguna, los ciudadanos del mundo se desparraman, persiguiendo el deseo inacabable de consumir algo nuevo. En esta trampa, la pobreza, la miseria y las injusticias desaparecen del mapa. No se ven y no se tocan. Tampoco se hurgan sus raíces. En su lugar existe el otro, “feo malo y sucio”, al que se le atribuyen todos los males de esta tierra. La voracidad del miedo a la pérdida y al abismo que acecha reemplazan al razonamiento y embretan a la humanidad en el callejón sin salida de una violencia creciente.

Hoy, el ritmo espasmódico de conflictos sociales y geopolíticos atruena en el centro y en la periferia de la estructura global de poder. Sin embargo, no se lo escucha. Las cadenas de valor global rechinan los dientes, escupen inflación, miseria e implosión social, pero se responde con apertura al mundo y endeudamiento ilimitado. La historia muestra que hay un solo camino para salir de este laberinto: la reflexión y la organización colectiva, desde abajo hacia arriba, para enfrentar a la irracionalidad y a la violencia con un proyecto basado en la solidaridad y en los intereses comunes.

 

 

Dislocación de las cadenas de valor global

La guerra comercial entre Estados Unidos y China, desatada por el gobierno de Donald Trump, es hoy profundizada por la gestión de Joe Biden. Esta guerra, y el impacto de la pandemia sobre la economía mundial, han provocado una creciente dislocación de las cadenas de valor global. Esto ocurre en un contexto de fuerte control monopólico de las mismas y ha dado lugar a desabastecimientos y subas de precios generalizadas, tanto de fletes como de bienes e insumos de distinto tipo. Sin embargo, no todas las cadenas de valor tienen la misma importancia. El desabastecimiento en algunas de ellas repercute de un modo más fuerte sobre el conjunto de la economía global y tiene importancia crítica para el capitalismo de espionaje, donde un pequeño núcleo de corporaciones tecnológicas maximiza ganancias monopolizando la extracción, almacenamiento y monetización de todo tipo de información. En este capitalismo, la cadena de valor de los semiconductores o chips tiene importancia crucial: de ellos depende el funcionamiento de toda clase de productos electrónicos, desde los más simples a las computadoras más complejas y a los sofisticados sistemas de armamentos. Sin chips no hay digitalización posible.

En la actualidad existen dos corporaciones asiáticas que, en conjunto, controlan más del 70% de la producción global de semiconductores o chips: TSMC en Taiwán y Samsung en Corea del Sur. La primera controla el 58% de la producción global de chips, y la segunda el 18%. Intel, el gigante tecnológico norteamericano, controla una porción menor del mercado con una tecnología inferior a la de las otras dos corporaciones asiáticas. Existen, además, otras empresas norteamericanas y europeas que diseñan chips, pero para fabricarlos dependen de TSMC y Samsung. Por otra parte, tanto TSMC como Samsung dependen del suministro de equipo y maquinaria para producir chips. Este rubro está controlado en un 70% por cinco corporaciones: tres son norteamericanas, una es europea y la otra japonesa. Asimismo, sólo una empresa holandesa produce la tecnología que usa rayos ultravioletas de quinta generación (extreme ultraviolet EUV), necesarios para la producción de los chips más sofisticados fabricados por TSMC y Samsung [1].

 

TSMC, la principal productora mundial de semiconductores, un insumo crítico que sufre desabastecimiento.

 

 

Esta enorme concentración de la producción de un recurso crucial ha llevado al presidente de Intel a pedir la intervención inmediata del gobierno norteamericano a fin de impulsar aceleradamente a la producción local para superar el desabastecimiento, porque de esto dependerá “la capacidad de liderar el desarrollo de tecnología e innovación en el futuro”[2].

Estos descalabros en las cadenas de valor amenazan al liderazgo futuro de los monopolios tecnológicos que hoy controlan la digitalización de la vida social.

 

 

La geopolítica de los semiconductores

China ocupa un lugar particular en este escenario: desde hace un tiempo impulsa la producción de semiconductores de su empresa SMIC, pero esta tiene una tecnología atrasada en comparación con TSMC y Samsung, y además depende en más de un 80% del abastecimiento de componentes importados. Estados Unidos ha impuesto severas sanciones económicas a las empresas de cualquier país que provean estos componentes. En este contexto, Taiwán adquiere una iridiscencia peculiar: reclamada por China desde 1949 como parte de su territorio nacional, la isla es también sede de TSMC, la principal empresa productora de semiconductores del mundo, y ha tenido a China como uno de sus principales clientes. Así, en el conflicto en torno a Taiwán, no sólo está en cuestión la independencia de la isla, sino también el control de la principal fábrica del mundo que produce este insumo crítico.

La continua presencia de buques y aviones de guerra norteamericanos e ingleses patrullando el Mar del Sur de la China y el estrecho de Taiwán, en apoyo a la soberanía de la isla, y las sanciones económicas impuestas a las empresas que abastecen componentes y semiconductores a China, son los dos ejes de una misma política que busca frenar por la fuerza el desarrollo económico chino. Esto explica la rápida militarización del conflicto en torno a Taiwán y la posibilidad de que este escale rápidamente.

 

 

Inflación y desgaste político

La dislocación de las cadenas de valor global y la posibilidad de una inminente crisis energética han dado creciente relevancia política al fenómeno de la inflación.

Más allá de factores específicos que la semana pasada han ayudado a detonar problemas de abastecimiento de energía en lugares tan distantes como China, Alemania e Inglaterra, la caída de la inversión productiva en el sector energético (petróleo, gas natural y carbón) contribuye a degradar aún más a las cadenas de valor global [3]. El impacto de la crisis energética sobre la economía china se da en paralelo a la crisis desatada en el sector inmobiliario por el default de Evergrande, el principal desarrollador inmobiliario chino, y refuerza la posibilidad de un estancamiento de la producción que, de ocurrir, tendrá enormes repercusiones sobre la inflación y la economía global.

El martes pasado, el titular de la Reserva Federal admitió por primera vez su preocupación por una inflación que ha dejado de ser “transitoria” para transformarse en algo “estructural”. Ante el comité de bancos del Senado, también reconoció que la Reserva podría empezar a subir las tasas de interés y a reducir la enorme liquidez que inyecta mensualmente al mercado financiero para comprar bonos (QE). Con estas declaraciones, provocó la caída de todos los índices bursátiles. Así, pareciera que se van alineando los diversos factores que pueden provocar una implosión del enorme endeudamiento norteamericano. Si eso sucede, tendrá un impacto impredecible sobre un sistema financiero internacional horadado por la especulación de la banca en las sombras.

Por otra parte, el endeudamiento norteamericano asoma ahora en el escenario político, revelando las profundas divisiones existentes entre los partidos y dentro del propio partido gobernante. Estas divisiones empantanan a los demócratas en el Congreso y le impiden al gobierno sancionar las leyes que prometió durante la campaña electoral y que necesita para estimular a la economía. Los republicanos se niegan a compartir una resolución del Congreso que aumente los límites del endeudamiento en el nuevo año fiscal. Los demócratas se niegan a sacar una resolución a sola firma que puede descolocarlos en las próximas elecciones de medio término. Sin embargo, si no se cambian los límites del endeudamiento, el país entrará en default a fines de este mes. Si bien hubo episodios similares en el pasado, hay coincidencias en que nunca se estuvo tan cerca de esta debacle.

 

 

La secretaria del Tesoro y el presidente de la Reserva Federal advierten sobre el impacto devastador de un posible default.

 

 

Como un síntoma más de las divisiones políticas, un grupo de diputados conservadores del Partido Demócrata se sumó a la resistencia republicana y bloquea la aprobación de 3,5 billones (trillions) de dólares de estímulos a la economía prometidos por Biden. Frente a ellos, cerca de noventa diputados del sector progresista del Partido Demócrata se han unificado para bloquear el proyecto de 550.000 millones (billions) de dólares para el desarrollo de infraestructura, que ya fuera votado en el Senado con acuerdo republicano. Sostienen que sólo lo votarán luego de que se aprueben los 3,5 billones (trillions) de dólares que representan “lo que se prometió en las elecciones (…) o es tiempo de ir para atrás o de traicionar nuestras promesas (...) no imaginamos que tendríamos a republicanos infiltrados dentro de nuestro partido”[4].

La semana pasada, YouTube eliminó varios canales, entre los que se encuentra el del conocido dirigente demócrata Robert Kennedy, quien desde hace tiempo pelea contra las grandes corporaciones farmacéuticas y sus negocios con los medicamentos. Esta intervención de YouTube se suma a la que vienen haciendo, desde hace tiempo, un puñado de monopolios tecnológicos. Esto tiende a validar los hallazgos de un investigador de Harvard: “el espionaje digital y el control de la libertad de expresión en los Estados Unidos muestra similitudes sorprendentes con lo que encontramos en Estados autoritarios como China (...) En el gran debate de las últimas dos décadas en torno a la libertad de expresión versus el control de las redes sociales, China tenía en gran medida razón y los Estados Unidos estaban en gran medida equivocados”[5].

 

 

La cloaca de la impunidad 

El jueves pasado, la decisión del macrismo de arrebatar el gobierno por cualquier medio, quedó expuesta de un modo especialmente doloroso en el brutal y sorpresivo mega-operativo que con múltiples topadoras y policías destruyó las pertenencias y las casillas precarias instaladas por un grupo de madres, “Fuerza de Mujeres,” en un baldío de la Villa 31. Ochenta mujeres y 175 niñxs fueron violentamente arrojados a la calle. La imagen desgarradora de una pequeña niña que, abrumada por el peso de su mochila escolar, lloraba con rabia reclamando “nos destruyeron el único inodoro que teníamos y a mi mama le costó más de un peso”[6] sintetiza el drama del momento: la impunidad para pasar el mensaje mafioso de que vienen a matar en el huevo a ese populismo que tanto temen. Ya no se trata de invisibilizar a la pobreza, sino de naturalizar a la violencia contra los que menos tienen. Aquí no hubo medias tintas y parece haber sido premeditado. Tenían tiempo y recursos de sobra para negociar sin violencia y encontrar solución al problema. Eso, sin embargo, no les interesa. Quieren, en cambio, infundir miedo a los pobres, y miedo de los pobres. Al mismo tiempo, enardecen a una clase media empobrecida que teme caer en el precipicio y se encandila con los dólares y los viajes al exterior.

 

 

Brutal desalojo del gobierno porteño para infundir miedo de y a los pobres.

 

Así, la voracidad se cuela en todo lo que hoy dice y hace el macrismo: se preparan para el golpe institucional pretendiendo la Presidencia de la Cámara de Diputados aunque sean minoría, anticipan que “están listos para gobernar”, exigen un inmediato ajuste “porque la cosa no da para más” y se burlan de la Constitución, adjudicando al Tribunal Superior de la Capital Federal competencia por encima de la Justicia Nacional para vaciar las causas que involucran a Mauricio Macri y sus compinches en todo tipo de delitos, desde el espionaje al vaciamiento del Correo.

No sólo el macrismo amenaza con el inminente estallido de la tormenta. Para el Financial Times, “el gobierno debería actuar rápidamente (...) reducir la intervención en la economía, recortar el gasto público y alcanzar un acuerdo con el FMI. Si no lo hace, se avecina una crisis económica, seguida de una victoria de la oposición en las próximas elecciones presidenciales. Esta es una parte de la historia argentina que Kirchner no querrá repetir”[7]. Esta amenaza resuena en el ámbito local, reproducida por el periodismo de guerra, los “expertos” y los ex funcionarios, que con Macri a la cabeza, pintan las maravillas que hicieron y avisan que vuelven por más de lo mismo.

En medio de esta ofensiva, el gobierno balbucea nuevas medidas de alivio que hasta ahora sólo alcanzan al 0.5% del PBI, un nivel que sigue estando muy por debajo de lo que fue presupuestado para este periodo, algo que fue criticado por Cristina Fernández en su última carta. Esto ocurre mientras más de la mitad de los niños continúa estando bajo el nivel de pobreza, sigue aumentando el número de indigentes y se conoce que el 70% de los que se endeudaron durante la pandemia lo hicieron para comprar alimentos y medicamentos [8]. Paralelamente, un diputado macrista incendia a una funcionaria en las redes por su condición de mujer y Milagro Sala continúa presa, también por su condición de mujer y de militante. El silencio de las máximas autoridades correspondientes es llamativo, teniendo en cuanto que tanto los problemas de las mujeres como los de los presxs políticos fueron parte de las promesas electorales en 2019.

Las cosas no van a cambiar “pidiéndole a Dios que nos ayude”[9]. Van a cambiar inculcando una épica y movilizando a las bases del Frente de Todos. La campaña electoral y el 17 de octubre brindan oportunidades para empezar a frenar el avance de la impunidad macrista. No se pueden desaprovechar.

 

 

 

[1] cnbc.com, 12/04/2021; zerohedge.com, 06/09/2021; Randhir Thakur, intel.com, 24/02/2021.
[2] intel.com, 24/02/2021.
[3] zerohedge.com, 26, 27, 29, 30/09/2021.
[4] zerohedge.com 28/09/2021.
[5] “Internet speech will never go back to normal”, theatlantic.com, 25/04/2020.
[6] https://www.eldestapeweb.com/sociedad/villa-31/desalojos-en-la-villa-31-destruyeron-el-unico-inodoro-que-teniamos--202193019210.
[7] ambito.com, 28/09/2021.
[8] eldiarioar.com, 28/09/2021.
[9] Juan Manzur, lapoliticaonline.com, 29/09/2021.

 

 

 

 

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