Una tragedia griega

La guerra en Europa y el acuerdo con el FMI parecen conducir a destinos inexorables

 

“Si la Unión Soviética se hundiera mañana bajo las aguas del océano, el complejo industrial militar tendría que permanecer sin cambios hasta que otro adversario sea inventado. Cualquier otra alternativa sería un shock inaceptable para la economía norteamericana” [1].

Así aludía George Kennan en 1987 a la simbiosis de la economía norteamericana con la guerra y a la consiguiente incidencia de los intereses de las corporaciones que producen armamentos para que Estados Unidos extienda su dominio militar. Poco tiempo después, el gestor de la Guerra Fría definiría a la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas como un “error estratégico de consecuencias potencialmente catastróficas”. Sus críticas, y la de muchos otros funcionarios y políticos norteamericanos, fueron sepultadas por la creciente prevalencia de la fobia contra Rusia en los think tanks, institutos de investigación y ONGs dedicadas a la política internacional. Como un cáncer que se esparce y hace metástasis, esta fobia también fue impregnando la vida de los partidos políticos norteamericanos hasta irrumpir en primer plano en 2016.

Por ese entonces, Donald Trump arrebataba el control del Partido Republicano a su dirigencia tradicional y amenazaba con ganar las elecciones prometiendo reconstruir la grandeza norteamericana perdida en el “pantano de Washington DC” [2]. Identificando a este último con una alianza entre los principales medios de comunicación “liberales” y el establishment de los dos partidos políticos, Trump logró captar el enojo popular, detonando al mismo tiempo al Russiagate. Este operativo, montado en los últimos meses del gobierno de Barack Obama por los organismos de inteligencia y la dirección del Partido Demócrata –aliada a los neoconservadores republicanos en el Congreso–, intentó frenar el avance de Trump, acusándolo de connivencia con Vladimir Putin y los intereses de Rusia. Luego de las elecciones, el Russiagate buscó destituir a Trump impulsando su juicio político en el Congreso, pero no logró sus objetivos. Recientemente, John Durham, el fiscal a cargo de la última investigación especial en curso, imputó criminalmente a un abogado de la campaña presidencial de Hillary Clinton por fraguar las pruebas que supuestamente involucraban a Trump con Putin. El expediente judicial abrió, además, una caja de Pandora al destacar el rol protagónico que tuvo Jake Sullivan –actual asesor de Seguridad Nacional del gobierno de Joe Biden y asesor de Hillary Clinton en 2016– en el lanzamiento del Russiagate.

Dicha investigación criminal pasó inadvertida en los medios de comunicación y las redes sociales, reiterándose así la pauta de desinformación y censura seguidas durante el gobierno de Trump contra este y sus seguidores. Esta censura también se aplicó a la información referida a los orígenes del SARS-CoV-2, a las opiniones contrarias a las vacunas y a la política oficial en relación con el Covid-19. Ahora opera a todo voltaje para imponer un relato sobre el origen de la guerra en Ucrania y eliminar las noticias provenientes de Rusia y las críticas a la política oficial, cualquiera sea el origen de las mismas. Según este relato, un Putin enloquecido por el poder busca ocupar Ucrania para recuperar el dominio perdido con la implosión soviética. El Presidente ruso, sin embargo, ha dejado en claro desde 2008 que la incorporación de Ucrania a la OTAN y su posesión de armas nucleares constituyen “un peligro existencial” que jamás será aceptado por Rusia.

Este reclamo fue sistemáticamente ignorado y en 2014 un golpe promovido por el Departamento de Estado norteamericano sustituyó al por ese entonces Presidente pro-ruso, elegido democráticamente, por un político de extrema derecha alineado con el gobierno de Estados Unidos [3]. Desde ese entonces, tanto el gobierno norteamericano como la OTAN han ocultado la influencia neonazi en las fuerzas armadas de este país, armándolas y entrenándolas. Sin descartar la integración formal a la OTAN, de Ucrania, ha sido desde ese momento incorporada de facto a esta institución.

La invasión rusa a Ucrania aumentó la intensidad de la guerra informativa: desde el 24 de febrero de este año, Facebook habilita a los miembros de los grupos neonazis de Ucrania a utilizar sus redes sociales para expresar sus ideas y hacer campaña política. Por estos días permite, junto con Instagram, la publicación en las redes de convocatorias neonazis para asesinar a Putin, al Presidente de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko y a los soldados rusos [4].

 

 

Escalada constante del conflicto

En varias oportunidades, Rusia advirtió que tiene pruebas que comprometen al gobierno de Ucrania en la elaboración de armas nucleares. Recientemente denunció la existencia de laboratorios en Ucrania que preparan armas químicas y biológicas en la frontera con Rusia, lo cual ha sido refutado por los gobiernos de Estados Unidos y Ucrania. Sin embargo, Victoria Nuland, actual subsecretaria del Departamento de Estado norteamericano, reconoció el martes pasado en testimonio ante el Senado la existencia de estos laboratorios en Ucrania y “la preocupación del gobierno ante la posibilidad de que las fuerzas rusas puedan tomar control sobre los mismos”. Un senador republicano sugirió que “si hay un incidente provocado por un arma biológica o química dentro de Ucrania no hay duda alguna que será 100% producido por los rusos”. Nuland asintió rápidamente, agregando que “esta es la clásica técnica rusa de acusar al otro por lo que ellos hacen” [5].

La semana pasada, los jefes de todas las agencias de inteligencia norteamericanas (CIA, FBI, Director of National Intelligence y Defense Intelligence Agency) testimoniaron ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Diputados que Putin “está furioso y en ebullición” ante el fracaso de la invasión militar a Ucrania y que “es capaz de hacer desaparecer una ciudad detonando un arma nuclear de mediano alcance”. El director de la CIA anticipó que los días que vienen serán muy turbulentos [6]. A esto se sumó el Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que aventuró la inminencia de un incidente biológico y/o nuclear provocado por Rusia.

Pareciera pues que, siguiendo el libreto que precedió a la invasión norteamericana a Irak, se busca legitimar la negativa a negociar y se magnifica el conflicto anticipando un incidente radioactivo o biológico. El jueves se reunieron por primera vez los cancilleres de Ucrania y de Rusia sin llegar a ningún acuerdo, ni siquiera sobre las condiciones de alto el fuego para la evacuación de civiles [7]. Así, la violencia y la irracionalidad escalan exponencialmente, mientras los lamentos de una población civil amenazada de muerte y su estampida atronadora para huir conforman el coro de una verdadera tragedia griega.

 

 

 

Impacto global de la guerra

En la Antigua Grecia, la tragedia expresaba el desenlace de un destino inexorable: las acciones de sus personajes provocaban aquello que desesperadamente intentaban evitar. Algo parecido está ocurriendo con las sanciones económicas y financieras aplicadas contra Rusia.

En un sistema económico y financiero global integrado a un nivel inédito, las sanciones que pretenden aislar a uno de los países productores de commodities esenciales más grandes del mundo no tardarán en provocar ondas expansivas que rápidamente afectarán al conjunto del sistema. Se busca impedir la propagación del impacto, interrumpiendo momentáneamente transacciones financieras y comerciales en distintos puntos de las cadenas de suministro de bienes y servicios y de pagos. Esto, sin embargo, no logra desacoplarlas ni revertir el efecto que estas sanciones tienen sobre el sistema económico y financiero mundial. Esto ocurre en un contexto de enorme endeudamiento global a tasas cercanas a cero [8]. Cualquier suba de las mismas puede hacer implosionar el endeudamiento. Tanto la Reserva Federal norteamericana como el Banco Central europeo carecen de políticas que les permitan poner coto a la inflación, evitar una recesión e impedir la propagación de un default a todo el sistema. Así, la interrelación sistémica comercial y financiera, el enorme endeudamiento global, la falta de liquidez y la velocidad de las operaciones regidas por algoritmos se combinan para provocar una situación caótica de índole desconocida.

El gobierno norteamericano prohibió las importaciones rusas, especialmente las de petróleo y gas, que constituyen cerca de un 3% del total de sus importaciones. Aunque Europa no ha hecho nada semejante, el gobierno ruso anticipó la posibilidad de cortar todas las exportaciones de gas y petróleo hacia Occidente. De ocurrir esto último, desencadenaría inmediatamente una crisis energética de magnitud insospechable: no hay posibilidad alguna de que Europa pueda sustituir las importaciones de gas y petróleo, ni el en corto ni en el mediano plazo. Biden acudió a Irán y a Venezuela –países cuya producción ha sido devastada tras años de sanciones económicas norteamericanas– y volvió a presionar a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos para que aumenten inmediatamente su producción de petróleo y gas. Estos son los únicos países con capacidad para producir resultados inmediatos. Sin embargo, han rechazado por el momento cualquier compromiso con Estados Unidos y buscan reafirmar sus lazos con Rusia y los mercados de Eurasia.

La semana pasada, Rusia anunció que suspenderá todas sus exportaciones a los países que la sancionan, suspendiendo inmediatamente las exportaciones de cereales y de fertilizantes. Esto último impactará brutalmente sobre la productividad agrícola, disminuyendo la cantidad producida y potenciando la suba de los precios de los alimentos, ya seriamente afectados por las sanciones económicas a Rusia. Asimismo, la suspensión rusa de sus exportaciones de metales y minerales especiales puede producir una debacle. Rusia responde por una altísima proporción de las exportaciones de metales estratégicos –el aluminio, entre otros– y de ciertas “tierras raras” y substratos de zafiros, indispensables para la producción de microchips. La suspensión de estas exportaciones afectará a la producción global de semiconductores y tendrá consecuencias sobre la fabricación global de productos electrónicos y de armamentos.

Las sanciones contra el Banco Central y siete bancos rusos han provocado una brutal depreciación del rublo y ventas precipitadas de activos financieros rusos en el mundo entero, potenciando la falta de liquidez y la depreciación de los mismos. Rusia suspendió todas las transferencias comerciales y financieras en dólares y euros, sustituyéndolas por rublos, y suspendió el pago en dólares de la deuda externa y de sus intereses. Estos pagos serán en rublos si los agentes bancarios no liberan las reservas internacionales rusas. Asimismo, nacionalizó los activos y bienes de corporaciones extranjeras con sede en Rusia que se hayan plegado a las sanciones económicas impuestas a este país. Todas estas medidas han complicado las perspectivas de estabilidad financiera en un contexto donde las tasas de interés de la financiación interbancaria (FRA-OIS) y el costo del endeudamiento a corto plazo se acelera, exponiendo creciente falta de liquidez en el sistema financiero internacional [9]. En este escenario, poderosos bancos y fondos de inversión con fuertes tenencias de activos rusos sufren los efectos de la crisis y al intentar desprenderse de sus activos, agudizan la falta de liquidez. Otros grandes bancos y fondos de inversión compran activos rusos depreciados para obtener ganancias extraordinarias en el futuro, al tiempo que aumentan el riesgo de sus carteras en el corto plazo.

El jueves pasado, el Presidente Putin anunció que el país se orientará hacia China y hacia Eurasia para sustituir los mercados perdidos y que los bancos rusos emitirán tarjetas de crédito usando el sistema operativo estatal chino (UnionPay, proveedor de los pagos de la mayoría de las tarjetas de crédito chinas), que junto con las redes de transferencia financiera rusa Mir, les permitirá absorber a los clientes de las tarjetas Visa y MasterCard, luego de que estas se sumaran a las sanciones económicas contra Rusia. En la misma línea, China se encamina a aumentar su participación en las corporaciones rusas que producen energía, alimentos y minerales estratégicos [10].

La reciente publicación de las directivas oficiales para la emisión del dólar digital por parte de la Reserva Federal norteamericana intenta capear una crisis de la hegemonía del dólar como moneda internacional de reserva imponiendo un control total, directo y al instante sobre los depósitos y transacciones con esta moneda en cualquier lugar del mundo. La Reserva se apresura así a tomar decisiones drásticas que alterarán la estructura financiera internacional. Sin embargo, las circunstancias actuales hacen posible un rechazo creciente de distintos países a aceptar semejante control sobre depósitos, activos y reservas. Más aún, los últimos acontecimientos anticipan la posible generalización de distintas formas de trueque en las cadenas de pagos y de suministros y configuran una situación cada vez más parecida a la ocurrida en la década de 1930 [11].

 

 

 

La tragedia del acuerdo entre la Argentina y el FMI

En nuestro país, la semana pasada se votó en la Cámara de Diputados una revisión del proyecto inicial de Acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentado por el ministro de Economía, Martín Guzmán. La nueva versión fue aprobada con 202 votos positivos, 37 negativos y 13 abstenciones y será enviada al Senado la semana que viene.

Los cacareos de un macrismo desesperado por garantizarse impunidad pasaron a segundo plano luego del apoyo brindado al acuerdo por los grandes empresarios y el embajador norteamericano, Marc Stanley. El 96% de esta fuerza garantizó al oficialismo la aprobación una vez que este eliminara el “plan” explicitado en el segundo artículo del proyecto original y sugestivamente sustituyera las palabras “refinanciación” y “endeudamiento” por “operaciones de crédito público” en el nuevo texto. Máximo Kirchner lideró la oposición de La Cámpora al acuerdo. Dejando constancia del carácter ilegítimo e insostenible de la deuda, criticó duramente al gobierno y al ministro de Economía por no haber sabido negociar, agravar con este acuerdo los problemas del país y aceptar una cesión de soberanía y un co-gobierno con el FMI.

Esta postura arroja un rayo de luz en medio de las tinieblas que levanta una oposición desmadrada y un gobierno que carece de brújula y prioriza su reelección. Ese mismo día, una multitud manifestó pacíficamente su oposición al FMI frente al Congreso y, anticipando lo que se viene, un grupo sospechoso provocó desmanes contra las oficinas de la Vicepresidenta, posibilitando la brutal represión de la policía de la Ciudad de Buenos Aires.

En un mundo donde los commodities que exportamos se han transformado en un instrumento de guerra de importancia crucial y donde el proteccionismo y distintas formas del trueque son cada vez más posibles, el país se ata con este acuerdo a una geopolítica dominada por la Reserva Federal norteamericana y el dólar. El gobierno desaprovecha así las posibilidades que surgen del contexto internacional para impulsar el mercado interno y garantizar la soberanía alimentaria y la autosuficiencia energética gravando a los formadores de precios, a los bancos y a los monopolios que dominan el comercio exterior e interior. En su lugar, se amarra a un modelo exportador liderado por multinacionales que reproduce, entre otros problemas, la restricción externa, la puja entre formadores de precios, la inflación, las corridas cambiarias, el deterioro de los ingresos de los sectores medios de la población y el hambre y la desnutrición de los más vulnerables.

 

 

 

[1] George Kennan, At Century’s Ending: Reflections, 1982-1995, W.W. Norton & Company, Nueva York, 1996.
[2] Hemos analizado este período en varias notas publicadas en este medio.
[3] Una prueba de la injerencia directa puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=WV9J6sxCs5k.
[4] theintercept.com, 24/02/22; 10/03/22.
[5] Ver video en: https://www.zerohedge.com/geopolitical/nuland-warns-russia-may-seize-ukraine-biolabs-stage-false-flag-using-bioweapons.
[6] zerohedge.com, 09/03/22.
[7] bbc.com, 10/03/22.
[8] En varias notas del Cohete venimos desde hace tiempo analizado la coyuntura económica y financiera global.
[9] zerohedge.com, 04 y 07/03/22; zerohedge.com, 11/03/22.
[10] Bloomberg.com, 08/03/22.
[11] Michael Every, de Rabobank, zerohedge.com, 10/03/22.

 

 

 

 

 

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