UNA VIEJA AGENDA QUE PERVIVE

El Comando Sur y la Conferencia Sudamericana de Defensa en Buenos Aires

 

Una Nueva Conferencia Sudamericana de Defensa –SOUTHDEC, su acrónimo en inglés— se desarrolló el 28 y 29 de agosto en el Hotel Sheraton de Buenos Aires. Su tema central fue: “Contribuciones militares sudamericanas hacia la paz global”. Con anterioridad se llevaron a cabo siete conferencias desde 2009 hasta la fecha. Tuvieron una periodicidad anual con una interrupción entre 2012 y 2013.

Estos encuentros son patrocinados por el Comando Sur de los Estados Unidos y co-organizados por este y por los Estados Mayores Conjuntos (o sus equivalentes) de los países sudamericanos que fungen como sede. En Buenos Aires participaron por Sudamérica: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay y Perú; y estuvieron ausentes Bolivia, Surinam, Uruguay y Venezuela. Fueron también invitados observadores militares de Canadá y España, así como funcionarios del Departamento de Defensa y del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas, del Centro William Perry de Estudios Hemisféricos de la Defensa, de la Junta Interamericana de Defensa y la Guardia Nacional de Georgia. Y obviamente también estuvo el co-anfitrión Comando Sur.

“Esta oportunidad nos permitirá consolidar los muy necesarios lazos entre nuestros países con el objetivo de abordar e identificar soluciones integrales y comunes asociadas con la paz global”, expresó con tono enfático el teniente general Bari Sosa, jefe del Estado Mayor Conjunto argentino, en su discurso de bienvenida. Por su parte, el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, aludió a la misión que el buque hospital norteamericano Comfort desarrollará en el área. ”Simboliza una promesa duradera para los ciudadanos de este hemisferio”, dijo, en referencia a la nave que para el otoño (del norte) recorrerá Centroamérica y parte de América del Sur. Y agregó: “Hay muchas otras maneras de honrar esa promesa, como la creación de nuevas oportunidades para mejorar la interoperabilidad de las fuerzas de nuestro hemisferio y el fortalecimiento del vínculo de confianza entre nuestras naciones”. Añadió que las “SOUTHDEC son un foro perfecto para identificar juntos esas oportunidades… y defender los valores interamericanos”.

Con respecto a la influencia de Rusia y China en la región, uno de los temas meneados por del Secretario de Defensa James Mattis en de su gira reciente por Argentina, Chile, Colombia y Brasil, expresó: “Tenemos cero impacto del involucramiento ruso o chino en la región, nada en absoluto. La confianza ha sido una construcción de largo plazo y no será sacudida”. (Todas las citas provienen de la versión oficial del evento contenida de la página web del Comando Sur).

Es un poco extraño constatar que esta Conferencia de Buenos Aires concita la misma cantidad de participantes sudamericanos que no sudamericanos. Parece exagerado; claro que si se tiene en cuenta que estas SOUTHDEC son coorganizadas siempre por un país de la región y por el Comando Sur podría pensarse que este raro fifty-fifty está inscripto en su ADN. Por otra parte, si se repara en que además de co-organizarlas ese Comando las financia en su mayor parte, asoma inmediatamente la posibilidad de que esa dependencia acarree una subordinación. Al fin de cuentas y como se suele decir, quien paga al gaitero pide la tonada. “Los muy necesarios lazos” que deben conducir a “soluciones integrales y comunes” mencionados por el general Sosa, fueron asumidos prácticamente sin chistar por sus jefes civiles: el Presidente de la República y el ministro del ramo. Como corresponde a una cadena de mandos, él debe asumir esa orientación. Todo lo cual muestra, lamentablemente, un extravío del interés nacional y una resignación de soberanía –demasiado frecuentes en la política exterior actual y en la de relaciones internacionales militares— que se reflejan hasta en lo que debieron ser apenas unas meras palabras de bienvenida.

El jefe del Comando Sur navega en la corriente de la preocupación que trajo Mattis: interoperar, estrechar vínculos de confianza, defender incluso los valores interamericanos (si acaso existieran). Y contener a los rusos y a los chinos. Tidd, sin embargo, más papista que el Papa, ningunea las presencias de aquellos en la región: cero impacto ha dicho, lo que más bien parece reflejar un temor antes que una convicción. Esta última problemática podría calificarse de nueva, pues la recuperación de Rusia en el campo militar y en el de la seguridad internacional y la conversión de  China en una potencia económica mundial se han consolidado en años recientes, pero puede decirse también que vienen de arrastre. Estos desarrollos, al ofrecer espacios u oportunidades de autonomización a los países del área, pueden afectar la pretensión dominante de los Estados Unidos, de aquí su preocupación.

El sitio del Comando Sur refleja asistemáticamente las siete conferencias previas. Esos listados comienzan con la conferencia realizada en Cartagena, Colombia, en 2009. En rigor, esta fue una conferencia subregional organizada por el ya mencionado Centro William Perry, que depende de la Universidad de la Defensa de los Estados Unidos.  Se denominó Quinta Conferencia Subregional y se circunscribió a Sudamérica; ignoro qué pudo haber producido esta confusión que se arrastra desde hace ya bastante tiempo.

Su asunto central fue: “Los desafíos en seguridad y defensa en un entorno político complejo: perspectivas de cooperación y divergencia en América del Sur”, y se desdobló en cuatro temas: 1) El Consejo de Defensa Suramericano; 2) La erosión de las instituciones democráticas; 3) Actores extra-regionales; 4) Política de Estados Unidos hacia América Latina bajo el Presidente Obama. Como se ve, este temario contenía una densa agenda política. El Consejo de Defensa Suramericano, dependiente de la UNASUR, fue fundado el mismo año de esa conferencia, cuando predominaban en Sudamérica gobiernos nacional-populares, heterodoxos y contestatarios desde el punto de vista político, económico y social. Los principales objetivos de aquel eran/son: consolidar una zona de paz en Sudamérica; construir una identidad sudamericana en el campo de la defensa; y favorecer la cooperación entre sus miembros. Ponía/pone distancia frente al Comando Sur, a la Junta Interamericana de Defensa y, en general, frente a las pretensiones de subordinar y controlar de los Estados Unidos.

En 2009, los presidentes sudamericanos eran: Cristina Fernández de Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Lula da Silva (Brasil), Alvaro Uribe (Colombia), Michele Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador), Bharrat Jagdeo (Guyana; izquierda popular), Fernando Lugo (Paraguay), Alan García (Perú), Ronald Venetiaan (Surinam; socialdemócrata), Pepe Mujica (Uruguay) y Hugo Chávez (Venezuela). La mayoría de ellos aportaba a la “erosión de las instituciones democráticas”, vistas las cosas desde la perspectiva norteamericana.

Los actores extra-regionales eran obvios: China y Rusia; hoy siguen siéndolo.

De aquella conferencia en Cartagena surgieron las Conferencias Sudamericanas de Defensa pero con un formato modificado; la primera con este nombre formal se realizó al año siguiente —2010— en Lima. Constituyeron un instrumento más de la contraofensiva norteamericana dirigida a obstaculizar y desalojar a los gobiernos populares y progresistas de la región “erosionadores de las instituciones democráticas” y a obstaculizar –hoy— su eventual retorno al poder. Las Conferencias sirvieron, entre otras iniciativas, para recuperar y afianzar contactos militares, para incidir sobre ellos, para operar contra los objetivos del Consejo Suramericano de Defensa y para recuperar influencia. Promovieron la “doctrina” de las nuevas amenazas y desdibujaron los límites entre seguridad y defensa. Respecto de esto último puede decirse, por ejemplo, que los temarios de las Conferencias Sudamericanas han eludido la cuestión específica de la defensa y han prevalecido, en cambio, convocatorias tales como “Asistencia humanitaria y respuesta a catástrofes” (Lima, 2010),  “La colaboración civil-militar como apoyo a la seguridad regional” (Santiago, 2014), o “El rol de las Fuerzas Armadas frente a los desafíos del entorno global” (Lima, 2017).

Excepto el referido a Obama, los otros tres temas de aquella vieja agenda mantienen aún vigencia. Son desafíos a la hegemonía norteamericana frente a los que, en mayor o menor grado, las Conferencias son todavía de cierta utilidad.

 

 

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