Una zanahoria de 4000 hectáreas

Campo de Mayo está en la mira de la ‘famiglia’ presidencial

 

La conducción de Parques Nacionales no está formada por especialistas en medio ambiente, sino por hombres que vienen del mundo del marketing y CEOs de empresas como la Philip Morris o Pepsi Cola. Tal vez por eso, el presidente Mauricio Macri no mencionó ni una sola vez las palabras centro clandestino cuando salió a vender el proyecto de Parque Nacional para el territorio que albergó al campo de exterminio más numeroso del país. Sólo dijo que iba a ser uno de los parques nacionales urbanos más grandes del mundo. En esa misma línea, también habló días más tarde el único verde de la dirección de Parques, Emiliano Ezcurra, que viene de Greenpeace. Dijo que va a ser un lugar con «prestaciones de servicios para los visitantes, paradores de picnic y pequeños restaurantes, guías y alquiler de bicicletas». Pero también esas líneas eran parte de un guión, en este caso de los borradores que hacen circular los funcionarios del PRO entre sus funcionarios para saber qué decir ante pregunta engorrosas.

 

 

Los apuntes de Parques Nacionales para hablar sobre Campo de Mayo.

Pero los funcionarios fueron cambiando de explicaciones de acuerdo al interlocutor. Macri dijo en la apertura de sesiones del Congreso, por ejemplo, que el supuesto parque iba a ocupar sólo una parte de la guarnición militar. El ministro Sergio Bergman dijo más tarde que serían unas 4.000 ó 5.000 hectáreas sobre las supuestas 8.000 de ese terreno. Y funcionarios de Parques explicaron a este medio que en realidad el proyecto se está pensando para el predio completo. Un predio que en realidad, hay que aclararlo, no tiene 8.000 hectáreas como todo el mundo dice, sino 4.200. También dijeron que el proyecto no es nada estrambótico porque sobre ese modelo se pensó el parque que supuestamente hoy alberga al Sitio de Memoria de La Perla en la provincia de Córdoba. Pero cuando este portal preguntó sobre eso al director de La Perla, Emiliano Fessia lo negó. Dijo que no es un parque nacional sino una reserva pero sobre todo explicó una de las enormes diferencias: a diferencia del proyecto Campo de Mayo, la propuesta de los cordobeses se hizo de abajo para arriba, surgió articulada por las comunidades ambientalistas de la zona y los organismos de derechos humanos. Luego escaló a la etapa legislativa.

Como sea, a casi dos meses del anuncio aún no se conoce el proyecto, pero Ezcurra se la pasa de reunión en reunión y comenzaron a moverse distintos actores del juego. Hay casos serios como las inversiones de la famiglia Macri a 20 cuadras de distancia. Y otros casos más estrambóticos, como el lobby para abrir dentro de Campo de Mayo un parque hortícola de 400 hectáreas. En sintonía con las huertas de Juliana Awada, la propuesta es llevada adelante, de oficina en oficina, por Mariano Winograd, presidente de una ONG llamada 5 al Día, que difunde el principio de comer cinco frutas o verduras al día para estimular una vida saludable. Conocido por su paso en el Mercado Central o porque protestó contra una placa de Cristina Kirchner en el lugar, el año pasado fue bendecido con páginas y páginas de  La Nación y Clarín cuando promovió la apertura de casas de familia para los refugiados sirios. Ahora Winograd habló con Ezcurra, luego llamó a la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y al coordinador de Prohuerta del INTA para contarles del proyecto. A unos les mencionó toda su red de contactos. Y las autoridades del INTA lo escucharon, dado que el hombre viene de Agronomía, lo conocen pero sobre todo porque ya no se espantan: Macri les hizo armar una huerta para Awada en la terraza de la Casa Rosada donde, además, tuvieron que colocar un muñeco de jardín para cuidar los cultivos.

 

Casa Rosada difunde la imagen de Beto, el guardián del jardín instalado alrededor de la huerta de Juliana Awada.

 

Desde que se conoció la iniciativa, los organismos de derechos humanos están inquietos. Presentaron una cautelar en la justicia como ocurrió en 1998 con la ESMA para impedir cualquier modificación. El diputado Horacio Pietragalla está convocando a una reunión a los distintos espacios. Y por otro lado existe un movimiento articulado con centro en la UNGS coordinado por María Pía López, que trabaja en torno a la idea de pensar Campo de Mayo, recuperando voces de quienes abrieron un espacio similar en 2012. Allí no existe un rechazo de plano a la idea de un parque o, mejor dicho, reserva urbana, pero ponen las cosas en contexto. Y el contexto en el que emergió ese proyecto está pinzado por varias dimensiones: la presión inmobiliaria en un territorio de diez millones de personas en un lugar donde la famiglia tiene enormes inversiones y las 450 hectáreas del millonario negocio del CEAMSE que no paró de crecer en los últimos años en un espacio militar, al que los investigadores llaman «la reserva del CEAMSE» y con un escenario clave esta semana en la Legislatura porteña donde el PRO espera aprobar el proyecto que permitiría reanudar la incineración de basura. Por último, también están las tensiones de caja entre gobierno y Ejército.

Para entender Campo de Mayo

Hacia 1900, Campo de Mayo estaba dividido en pequeñas estancias y era parte del paisaje pampeano, con una inmensa llanura ondulada, muy pocos árboles, animales sueltos y poco tránsito de personas o vehículos. En 1901 se creó la guarnición militar con la ley 4005 por la que se expropian las primeras tierras. La superficie se extendió más tarde a partir de donaciones de familias patricias que las cedieron, como la ESMA, con la condición de que fueran destinadas a uso militar. El predio llegó a tener 5.000 hectáreas, un tercio de la ciudad de Buenos Aires. En los ’90, el gobierno de Menem vendió un tramo del territorio de  DonTorcuato durante el auge de los barrios privados. Cuando el Ejército se dio cuenta de que no iba a recibir ni un peso por el loteo, dio marcha atrás con los acuerdos.

De las 4.200 hectáreas, las unidades del Ejército ocupan un tercio. El resto del predio tiene mucho terreno vacante, está la cancha Nacional de Pato, en algún momento se sembró soja, se encuentra el Club Hípico de Salto, hay un barrio llamado San Jorge que creció a partir de ocupaciones, otro eje que mira este proyecto y, además, está el CEAMSE. Dentro de los espacios militares hay varios edificios que fueron usados en dictadura. El Campito que fue tirado abajo pero cuyos cimientos están marcados y es prueba judicial; las Casitas, la cárcel de Encausados, el Hospital Militar y las pistas de vuelo. Los lugares con aquellas funciones no tienen señalizaciones. Sólo hay una señalización en el ingreso de la Puerta 4, una placa frente al Hospital y un mural. Cuando una de las familiares de desaparecidos habla de esto dice algo que de alguna manera es muy cierto: ¿qué vas a señalizar en Campo de Mayo, si en realidad no es un sólo lugar como puede ser la ESMA? Ahí lo que existió es un territorio dedicado al exterminio, como sucedió en Tucumán,  una suerte de centro clandestino a cielo abierto, explica Adriana Taboada.

Volver a quemar basura

En este momento, según los expertos, el área tiene condiciones como reserva urbana pero no como Parque Natural porque no hay zonas sin tocar que puedan ser preservadas. Esa es la línea por ejemplo de los antiguos compañeros de Ezcurra en Greenpeace: «Si bien se trata de un área que amerita su conservación por ser valiosa en términos de biodiversidad —dice Hernán Giardino—, al ubicarse dentro de una dependencia militar no se encuentra en estos momentos amenazada. Por otra parte, la creación de nuevas áreas protegidas requiere de consultas y acuerdos con las comunidades locales y otros actores involucrados». Y así como está hoy brinda distintos servicios ecológicos, como los llama Francisco Suárez, antropólogo, integrante de la UNGS y del Instituto del Conurbano: produce oxígeno, funciona como espacio de infiltración de agua y barrera para inundaciones, provee biodiversidad y paisaje.

Suárez es uno de los mayores especialistas en el tema, no sólo por lo que sabe sino porque además vive en San Miguel, parte del barrio. Hizo auditorías en CEAMSE. En 2012 activó el proyecto de la UNGS para pensar Campo de Mayo con Virginia Vechioli. En 2013 presentó un proyecto de ley. Y ahora promovió con Martín Malamud de Huella Digital la reconstrucción digital de los lugares de exterminio en Campo de Mayo. En diálogo con El Cohete a la Luna menciona una escena que condensa varios problemas. Corría el año 2016, Macri comenzaba su mandato. Para los vecinos de la zona no era extraño saber de la presencia del Presidente. A 20 cuadras de Campo de Mayo está la quinta del hermano Gianfranco,   que en realidad es un barrio privado donde los Macri tienen varias propiedades del Buenos Aires Golf Club de Bella Vista, presidido por Gianfranco. Ahí Macri jugó su partido con Barack Obama. Allí se prepara la sede de los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Los Macri son gente que no suele pasear por las calles del centro de San Miguel, aunque alguna vez los vecinos vieron al Presidente comprar zapatillas en cuotas en un comercio, y eso se transformó en comidilla de la prensa local. La famiglia, dicen, más bien se mueve a puertas cerradas, en un lugar que funciona como casa de desembarco de fin de semana. Como sea, aquel día de 2016 Macri pasó en helicóptero. Y Suárez dice que en un momento miró para abajo y dijo: Amplíen por acá, cuando pasaba por Campo de Mayo. Días más tarde, algunos diarios terminaron de explicar esa idea porque anunciaban una nueva extensión para el CEAMSE de 161 hectáreas.

«Cuando lo escuché hablar en el Congreso, me hizo acordar a todo esto», dice Suárez. Y explica dos cosas. Primero, porque el CEAMSE siempre intentó avanzar sobre Campo de Mayo y eso fue un problema. En 2007, el ministerio de Nilda Garré motorizó un convenio con Parques Nacionales para crear la Reserva ecológica Las Tosqueras aledaña a los rellenos sanitarios, cuyo objetivo central era ponerle un freno al basural. Ese proyecto no se cerró. En 2012, sigue el experto, Cristina Kirchner dijo en público que Campo de Mayo no se iba a tocar más para ampliar el terreno del CEAMSE. Y en 2016, Macri le dio más territorio.

Pero Suárez piensa además en un punto número dos. El CEAMSE es una sociedad del Estado. A Campo de Mayo van a parar los desechos de dos de las tres plantas de transferencia de la ciudad de Buenos Aires y de otros 20 distritos. Recibe 15.000 toneladas por día. En la dirección del CEAMSE participan representantes de Provincia y de Ciudad de Buenos Aires: Gustavo Gabriel Coria y Claudio «Chiqui» Tapia. Tapia, se sabe, es yerno de Hugo Moyano y presidente de la AFA. El CEAMSE es lo que es pero también es una caja. Y Tapia era una persona de bajo perfil en 2016. Y desde marzo de 2017 es otra cosa. Habrá que ver si esto juega en el proyecto del Parque Nacional, si ponerle el anuncio del parque es una forma de ponerle un límite a la CEAMSE, por ejemplo. O está ligado, como lo piensa Suárez, con el apuro por la sanción de la Ley de Incineración de Residuos. El proyecto que busca construir siete plantas con un costo de 500 millones de dólares cada una recibió críticas de las más variadas organizaciones ambientales, cartoneros y curas villeros. Suárez sospecha además del negocio llave en mano. Porque aunque hay empresas internacionales interesadas, suelen estar siempre asociadas con la familia de la patria contratista.

El otro eje son los negocios. Horacio Verbitsky viene publicando datos sobre inversiones inmobiliarias de los Macri. Marcela Viguera es concejal del Frente para la Victoria en San Miguel. «No es una novedad que el gobierno negacionista pisotee una y mil veces la memoria de nuestra historia», dice. Y aclara: «Un parque nacional en Campo de Mayo no es un inquietud desinteresada: esto es acá la llave y el enclave de una cadena de negocios inmobiliarios formidables. Hay que ver nada más los proyectos que circulan para constatar que la finalidad es todavía más ambiciosa. Por eso la única certeza que tengo es que vamos a pelear para que la memoria de Campo de Mayo no se toque y para que San Miguel deje de ser objeto del negocio de unos pocos en detrimento de los más vulnerables».

(Continuará.)

2 Comentarios
  1. Pedro dice

    Alejandra
    Tengo comentarios para aportar, si te interesa. Fui Guardaparque por 27 años y trabajé tanto en el Norte como en Nor y Sur Patagonia. Estuve por más de 4 años en el norte del PN Lanín en donde trabajé en las comunidades Mapuce Aigo (Rukachoroy), Ñorkinko y Lefiman. Mi opinión política sobre las áreas protegidas son muy opuestas a la actual gestión y también diferente a la anterior. En tal caso te dejó mi correo-e, saludos,
    PPA

  2. Mariano Winograd dice

    Soy Mariano Winograd, escribo en relación a la «nota escrache» publicada por Alejandra Dandan

    Dandan titula al espacio propuesto para Campo de Mayo con el «creativo» nombre de Parque Nacional Los cadáveres, hace un refrito de varias cosas juntas (memoria, ceamse, relleno sanitario, incineración de residuos, macri, awada, agricultura periubana, etc) y me adjudica siniestras intenciones
    Es una clara muestra de periodismo amarillo, intolerante, antidemocrático, ortiva, alcahuete y quasirepresor
    En lugar de promover el intercambio de ideas, las pretende impedir a «sablazos de tinta»

    Si Dandan tuviera alguna preocupación por el desarrollo social del conurbano bonaerense podría analizar la importancia que la agricultura periurbana tiene en vínculo con la materia

    Ahhh. por si eso no le alcanzare podría consultar a Francisco Suarez, antropólogo de la UNGS y principal referente académico de la posición «promemoria» en Campo de Mayo, a quien visitamos respetuosa y democráticamente en sus oficinas de la Universidad dias pasados con Gabriel Rojas
    Como consecuencia de dicha visita, se constata que la preservación de la memoria en Campo de Mayo no tiene un milímetro de contradicción con la coexistencia en esas 4000 has de un parque nacional, un parque agroalimentario y … varios usos más

    MW

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.