Unidad

¿Qué ideas y qué valores expresaría la potencial unidad opositora?

 

Imagen principal: Cueva de las manos (detalle).

 

Decíamos en otra nota de El Cohete (El momento crítico), que a medida que el tiempo avanza hacia las elecciones nacionales, algunos temas pasan a ser los más repetidos. Y entre ellos los de la unidad de la oposición y el proyecto a desarrollar por esta en un futuro nuevo gobierno, en el caso de ser elegida. En el debate público sobre estos temas se escuchan diversas opiniones que muestran la importancia y la riqueza de los mismos. Pero hay dos supuestos que se reiteran: la oposición no logra unirse y la oposición no tiene un proyecto común. Y algo más: la oposición debe encontrar cómo enamorar a los votantes.

 

¿Qué es la unidad?

Aunque en cualquier campo de nuestras actividades hay algunas cuestiones cuyo significado se da por sobreentendido, y está bien que así sea (dañar, mentir y explotar están mal), hay otras cuestiones que merecen ser discutidas. Por eso cabe preguntarse: ¿qué es la unidad? Muchos dirán que es obvio que esto significa que todos los partidos políticos, movimientos sociales y representantes de la oposición al actual gobierno se unan con el objetivo común de derrotarlo en las próximas elecciones. Y aunque el fin (derrotar a un gobierno escandalosamente injusto e ineficaz) y el medio (la unidad política de la oposición) sean aceptables, las preguntas que podemos hacernos es la de si ese fin justifica cualquier medio de unidad y en caso contrario cuál ha de ser la seña de identidad común a las partes a sumar para alcanzar el todo de la unidad.

Se ha dicho que el límite del conjunto de la unidad es Mauricio Macri. Y se ha exagerado diciendo que en la unidad: “Entran todos: Massa, Pichetto, Urtubey, Vidal, Larreta… El problema acá se llama Mauricio Macri” (Juan Grabois). Esto motivó una respuesta dentro de la misma oposición: “El problema no es Macri. Nunca se personaliza en política. Las diferencias son las ideas y los valores que expresa cada espacio” (Leandro Santoro). Si acordamos con esta respuesta, la pregunta que surge es obvia.

 

¿Qué ideas y valores expresa la unidad?

Se puede intentar rescatar entre estas ideas a la de una unidad de la más amplia diversidad de ideas políticas (el Frente). Pero para recortar el espacio político opositor más amplio en su diversidad de ideas, deberíamos encontrar una Idea que les dé unidad a todas ellas y haga posible la coexistencia de lo uno y de lo múltiple. En ese caso: ¿cuál es la idea común a la diversidad de ideas de la oposición que habrá de darles unidad?

 

Conjuntos: diferencia de sucesos.

 

Una candidata es la de la eficacia electoral: la idea que debe unir a la oposición es “ganarle a Macri”. Pero como pasa con muchas ideas, aunque nos parezcan aceptables y no las rechacemos, se nos complica cuando pensamos si va en primer lugar o acompañando a otra idea en lugar subordinado. Ese fue un aspecto de la crítica a la idea de una amplitud tan exagerada para ganarle a Macri que permitiera incluir a las figuras destacadas del macrismo. Eficacia sí, pero subordinada a otras ideas y valores. ¿A cuáles, entonces?

Otra es la responsabilidad: la idea que debe unir a la oposición es “el deber”. Así, varios políticos opositores vienen trabajando por la unidad porque la tarea política en sentido virtuoso exige dialogar con otros actores. Y así el diálogo político es el instrumento eficaz para unir voluntades en persecución de la idea del bien común y la justicia política como valor. Una idea y un valor para una unidad amplia de la oposición, por diferencia con el gobierno actual que persigue el injusto bien de unos pocos mediante el daño común. Pero esto es todavía tan general y aplicable a cualquier situación de la historia política, y por eso tan poco convincente y seductor para cualquier elector, que ningún político avezado saldría a proponerlos como eslóganes de campaña. ¿Qué idea y qué valor entonces dan unidad política a la oposición?

Todavía cabe una tercera opción: el temor. La oposición debería unirse y buscar el voto que los acompañe por temor a las consecuencias de un nuevo triunfo del gobierno que ya anuncia la profundización inmediata de todo lo que viene haciendo en caso de ser reelegido. Pero aunque la situación es distinta a la de 2015, ya que Cambiemos todavía no había gobernado, el anticipo por Scioli de cuáles serían las temibles políticas a desplegar por Macri, visto el resultado de la elección parece haberle restado electores. Y una razón posible es que el temor, ante el mal indebidamente destructivo que pueda venirnos o se pueda repetir, se vive como amenaza al cuerpo propio o de los cercanos, pero nunca como amenaza a la comunidad. El temor se vive en forma individual y el individualismo es la ideología que cultiva el gobierno. Los votos del temor suman individualidades pero nunca una comunidad solidaria en el reconocimiento en el sufrimiento de los otros de una condición vulnerable que todos compartimos.

 

Lo humano

 

Miguel Angel- La creación de Adán, 1511 (detalle).

 

En una entrevista, un referente de los movimientos sociales (Daniel Menéndez) describía la crisis social con datos de la destrucción de empleo, la suba de los alimentos, el aumento de los comedores populares, el hambre… hasta que el periodista lo interrumpe señalándole que otro dirigente también le había presentado estas estadísticas: ”Pero te quiero llevar a lo humano”.

En otra entrevista a un referente de la oposición política (Axel Kicillof), después de una extensa exposición descriptiva de todos los daños que está haciendo el gobierno actual, Kicillof afirma: «La gente quiere algo superador… Hay que hacer un gobierno más humano». Y dos días después lo repite.

¿Es “lo humano” la idea y el valor que pueden dar unidad política a la oposición? “Un gobierno más humano” parece ser un buen eslogan de campaña (aunque esto lo evaluarán los publicistas) porque si hay algo que puede identificarse rápidamente como una síntesis de la negatividad del gobierno de Macri es su carácter inhumano, en especial con los más débiles. Pero “lo humano” como unidad política todavía exige mayor precisión como idea y como valor.

 

Sin piedad

Mucho se ha escrito en filosofía sobre “lo humano”, pero puede afirmarse que cuando se dice que el gobierno de Macri “no tiene sensibilidad”, se está reiterando lo que sostuvo Hannah Arendt al decir que para reaccionar en modo razonable ante una grave tragedia hay que estar tocado por la emoción y que lo que se opone a lo emotivo es la insensibilidad. Una insensibilidad que en la carencia de la facultad y voluntad de establecer una comunicación entre los sentimientos de los gobernados (sus necesidades y sufrimientos) y los de unos gobernantes que clausuran toda piedad, compasión, o empatía necesaria para esa comunicación, muestra el disvalor de lo inhumano y revela en su contrario al valor de lo humano.

 

Picasso – «Guernica», 1937 (detalle).

 

Y es que sólo después de poder sentirse pasivamente afectado por el dolor y el sufrimiento de los otros (la humanitas aesthetica dirá Kant), se puede alcanzar por ese medio la piedad moral (la humanitas practica) que fomenta la obligación hacia los demás de una benevolencia activa y racional, o deber de humanidad. La seña de identidad de un político, que es la voluntad de participar en el destino de los hombres, cuando nace del sentimiento y de principios morales, es auténtica compasión o humanitas practica. Cuando no tiene ese origen porque no se tiene la sensibilidad para ello, el político no llegará a tener, siquiera, la afectación pasiva de un apiadarse. Y si no la tiene, en tanto la política es acción, nunca podrá ser parte de la unidad de un conjunto que quiera sintetizar sus ideas y valores en el valor y la idea de “lo humano”. Un valor y una idea que pueden marcar el límite más amplio posible de toda unidad práctica. Pero que para realizarse en cada parte del conjunto unitario –en la individualidad, que es distinta del individualismo— exige la sensibilidad y la racionalidad necesarias que son parte de la tarea propia de la política.

 

Paradojas

Al volver a casa el día miércoles en el tren de Constitución a La Plata, los vagones desbordaban con el regreso de los manifestantes contra el hambre y los tarifazos. Hombres, mujeres y niños, en silencio, cansados, con un dejo de vacía tristeza en los ojos sin alegrías. A mi derecha, una chica que trabaja en Recoleta (su conversación era claramente audible) iniciaba por celular el pedido (de miles de pesos) de un Plan OSDE de medicina privada. Un rato después, a mi izquierda, otra mujer joven, que sostenía a su hija, llamaba para dar aviso a alguien que había podido juntar cien pesos y que pasara a buscarlos. Un pibe comía garrapiñadas. Un par de muchachos con buena vestimenta, que contrastaba con la ropa pobre de la mayoría, hablaba alegremente. Al bajar, el adolescente-adulto que me lleva en el taxi me cuenta que una chica que volvía de la manifestación le había dicho que un puntero político le había dado comida para ir a la manifestación. Que no se lo habían contado. Que él lo había escuchado. Y sin abundar transmite el conocido desprecio por esas masas movilizadas. Alcanzo a decirle: ¡Qué paradoja, esto de aceptar comida como pago para ir a pedir comida!

 

 

 

 

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