USURA Y FASCISMO

De ocurrir una devaluación se multiplicaría la pobreza y se abrirían las puertas a la hiperinflación

 

Un viento fresco, cargado de esperanza, sopló por estas latitudes. Por un instante borró las miserias de una pandemia desbocada y dejó escuchar el grito desgarrador de miles de ciudadanos de a pie expresando su voluntad de construir un mundo mejor. En Bolivia, la Argentina y Chile, con distinta intensidad y diferentes grados de organización, vastos sectores populares reivindicaron principios éticos de todos los tiempos. Por un instante, el fulgor de estos reclamos contrastó con la oscuridad de un fascismo que, aprovechando la pandemia, busca ampliar su impronta en el mundo entero.

La igualdad de derechos ante la ley, la inclusión social y económica y la participación en las decisiones que rigen los destinos de los ciudadanos son hoy los ejes que unifican las reivindicaciones de los muchos que nada tienen frente a los pocos que dominan al mundo. Recogiendo místicas y experiencias del pasado, un nuevo proyecto de vida pugna por nacer en la oscuridad del ocaso de un capitalismo global monopólico que reafirma su hegemonía, multiplicando las muertes, el fanatismo y el odio, y colocando a la humanidad a un paso de una violencia geopolítica de consecuencias imprevisibles. Fragmentar al infinito, polarizar sembrando el miedo, cooptar los pedazos rotos con un relato de odio colectivo que apela a la irracionalidad y se impone con la violencia: esa es la dinámica que hoy reproduce a la usura como eje central de la vida social.

Las guerras y los saqueos han sido formas de apropiación de riqueza, dinero y poder a lo largo de los tiempos y en sociedades con distintos regímenes políticos y diferentes formas de organización social. Lo mismo ha ocurrido con la usura. Desde muy temprano los seres humanos descubrieron que el cobro de un interés excesivo sobre un préstamo podía no solo derivar en la perdida de la libertad y de la vida, sino también llevar a la destrucción social. La usura, esa práctica predatoria, donde la acumulación sin limites de bienes y/o dinero por parte de un individuo lleva a la destrucción del otro, provocó en la Antigüedad un rechazo social expresado en revueltas populares y creciente inestabilidad social y política. A estos estragos se sumo la erosión de los tributos de los Estados, derivando en pérdida de recursos humanos y materiales indispensables para enfrentar las guerras, hambrunas y catástrofes naturales. De ahí que, cerca del 2.500 A.C., los gobernantes de la Mesopotamia instituyeran la practica de condonar periódicamente ciertas deudas consideradas excesivas e impusieran limites a los intereses a cobrar y sanciones a su transgresión. Asimismo, el rechazo social a la usura se tradujo en una fuerte condena moral y social expresada en las obras de arte de todos los tiempos y en los códigos, religiones y filosofías más antiguas de la humanidad. Con el correr del tiempo, la usura fue naturalizándose.

La conformación del FMI luego de los Acuerdos de Bretton Woods en el siglo pasado habría de contribuir a transformar a la usura en una práctica saludable: el endeudamiento ilimitado, es decir la sustitución de deuda vieja por deuda nueva pasó a ser el principio rector de las buenas prácticas, indispensable para lograr el crecimiento económico de las economías más pobres y en vías de desarrollo. Así, el endeudamiento impulsado por tasas de interés abusivas, capitalización de intereses y crecimiento exponencial de la deuda originalmente contraída, derivó en ciclos cada vez mas cortos de crisis de endeudamiento, bloqueo del desarrollo industrial autónomo y crecimiento de la pobreza en los países en desarrollo. Pronto, sin embargo, el endeudamiento ilimitado habría de constituirse en práctica “saludable” y necesaria también en los países centrales. Esto derivó en la crisis financiera de 2008, que aun no ha sido resuelta.

En este contexto, un reducido núcleo de grandes monopolios tecnológicos y financieros ha alcanzado un poder que trasciende el terreno de la economía y desborda hacia la política y los medios de comunicación. La usura hoy alude a un comportamiento predatorio que maximiza no solo ganancias económicas sino también el control en todas las áreas de la vida social. La contrapartida de este fenómeno es una fragmentación y dispersión social y una creciente pérdida de control que trasciende a las condiciones de trabajo y atañe a la vida, la voluntad y los deseos de los individuos. Un grupo de corporaciones controla los medios de comunicación y las redes sociales e impone un relato oficial donde las ficciones sustituyen a la realidad. La brutal concentración del poder constituye el caldo de cultivo para la hegemonía de un relato fascista que busca controlar el disenso infundiendo miedo, detonando odio y anulando la capacidad de reflexión.

A este mundo llegó la pandemia y su impacto sobre la economía mundial acelera las transformaciones estructurales y los conflictos sociales y geopolíticos. Hoy la concentración del poder escala a niveles impredecibles y la manipulación de la vida, las ideas y los deseos se hace explicita. Paradójicamente, estos fenómenos contribuyen a iluminar las causas de los problemas que nos aquejan.

 

 

La Reserva y los monopolios tecnológicos en la crisis

Desde mediados de marzo, la intervención de la Reserva Federal en los mercados financieros provocó un aumento de la concentración del capital liderado por cinco corporaciones tecnológicas que hoy representan más del 22% del valor de capitalización de mercado del S&P500 (zerohedge.com 24 5 2020). Esta situación coexiste con una enorme precariedad financiera. Esta semana la Reserva adoptó regulaciones técnicas destinadas a reducir el impacto que la ocurrencia de un problema financiero en algunos de los seis grandes bancos del país podría tener sobre el conjunto del sistema financiero  (wallstreetonparade.com. 21 10 2020). Las medidas apuntan a la interconexión de los activos financieros y de la deuda con derivados de estos bancos (i.e: instrumentos financieros cuyos valores derivan del precio de otros múltiples activos). Hacia septiembre de 2019, cinco de los megabancos norteamericanos poseían el 88% del total de derivados en bancos norteamericanos. Esta tenencia iba desde un máximo de 54,9 billones (trillions) de dólares en manos del JPMorgan, a un mínimo de 36.2 billones (trillions) de dólares en posesión del Morgan Stanley. Hoy la magnitud de la deuda en derivados de estos bancos y su grado de interconexión supera a las condiciones que detonaron la crisis de 2008 (wallstreetonparade.com 25 2 2020). Un problema en cualquiera de estos bancos puede transferirse rápidamente al resto y no existe cantidad de dólares en el sistema financiero suficiente para apagar un incendio semejante.

Preocupada por esta situación y por la falta de aprobación por parte del Congreso de un nuevo programa de estímulo a la economía, la Reserva Federal ha anunciado que está estudiando la posibilidad de digitalizar al dólar (zerohedge.com 19 10 2020). Esto “permitiría que cada norteamericano tenga una cuenta en la Fed en la que esta depositaria dólares digitales que podrían utilizar los consumidores en caso de una emergencia” (clevelandfed.org 23 9 2020, bloomberg.com 1 8 2020). Así, la Reserva podría reactivar rápidamente la economía, abaratar costos e incorporar al mismo tiempo a sectores de la población que no han sido bancarizados. Todo esto tendría un enorme impacto sobre el sistema financiero, afectando a la banca comercial. En última instancia, implicaría una concentración del poder en manos de un numero muy reducido de funcionarios que podría controlar el flujo de todas las transacciones, locales e internacionales, desde el principio hasta el final. Asimismo, una eventual sustitución de los dólares físicos por los digitales también aumentaría enormemente el poder de la Reserva sobre la economía y las finanzas mundiales, quitando independencia monetaria y cambiaria a los bancos centrales de los países del mundo, especialmente a aquellos con deudas en dólares y/o con monedas débiles.

El proyecto de la Reserva enfrenta, sin embargo, la creciente competencia de un numero reducido de monopolios tecnológicos que aspira a introducir sus propias monedas digitales para expandir su control sobre los mercados y sobre su propia clientela. Estos grupos han adquirido un rol político cada vez mas importante, debido a su capacidad para manipular información e incidir en las próximas elecciones. Esta semana el escándalo de unos mails descubiertos en computadoras de Hunter Biden que involucrarían a su padre en negociados corruptos en Ucrania y China, aumentaron en intensidad. Esto ocurrió a pesar del bloqueo total a la circulación de esta información impuesta por las redes sociales y la mayoría de los medios de comunicación. Ante esto, las redes y los medios pasaron a una nueva fase en la campaña de desinformación:  las computadoras y los mails de Hunter Biden serian ahora el producto de una conspiración de Rusia para provocar la derrota electoral de su padre (zerohedge.com 19, 20, 22, 23, 2020).

 

 

Dólar, concentración económica y desestabilización política

El fracaso de los festejos virtuales del 17 de octubre contrastó con el éxito de la movilización convocada por los Moyano y el sindicalismo combativo (Fresimona, CTA, Corriente Federal) para el mediodía, seguida por un constante fluir de vehículos “autoconvocados” que pusieron de manifiesto en todo el país el apoyo al gobierno y la esperanza de un futuro mejor. Esta alegría quedó, sin embargo, rápidamente sumergida bajo el peso de una semana signada por una continua arremetida contra el gobierno en el mercado de cambios, al mismo tiempo que el lenguaje violento y racista escalaba en convocatorias a “algún guapo con ganas de pegarle a un negro de mierda de esos que odiamos tanto” y en el llamado “a los falcons verdes para ‘impartir’ la justicia a la medida ideológica de Grabois y Cía” (ámbito.com 23 10 2020).

Estas expresiones, provenientes de amigos y correligionarios macristas de Luis Miguel Etchevehere, ex presidente de la Sociedad Rural y ex Ministro de Agroindustria de Macri, y de una actual diputada del JxC por la provincia de Córdoba, desnudan el incendio fascista que algunos están dispuestos a provocar con tal de desestabilizar al gobierno. Al mismo tiempo, las alternativas del conflicto dentro de la familia Etchevehere  y la donación de parte de la herencia de Dolores a  un proyecto de cooperativa ecológica organizado por la CTEP, desnuda uno de los nudos gordianos que han encerrado al país en el estancamiento económico y la creciente miseria: la existencia de grandes productores agropecuarios dispuestos a impedir por cualquier medio una transformación productiva que garantice seguridad alimentaria, inclusión social y cuidado ecológico de los suelos.

En su lugar tenemos un país rehén de la especulación con el tipo de cambio, la liquidación de divisas, el precio internacional de los commodities y la retención de cosechas y de exportaciones. Así, siendo este un país con capacidad para alimentar a mas de 400 millones de personas, hoy tiene a cerca de la mitad de la población sumergida en la pobreza y con hambre. De esta vergüenza, los grandes empresarios de los distintos sectores de la economía no se hacen cargo. Tampoco asumen responsabilidad alguna frente al gasto fiscal extraordinario que impone la pandemia. Por el contrario, exigen ahora al unísono junto con los entendidos de siempre: devaluación y mayor ajuste fiscal. Este es el grito de guerra que justifica la arremetida contra el tipo de cambio. Algo que el gobierno ha rechazado hasta ahora, porque la experiencia histórica indica que de ocurrir una devaluación no solo se multiplicaría la pobreza, sino que se abrirían las puertas a la hiperinflación. Un solo economista del establishment ha tenido la honestidad intelectual de advertir sobre este peligro (Ricardo Arriazu, lpo.com 22 10 2020). El FMI, a su vez, ha sugerido la necesidad de un programa económico coherente y ha mantenido un reiterado y sugestivo silencio frente a la posibilidad de otorgar una ayuda especial a la Argentina para combatir la pandemia. Un apoyo que ya ha concretado en otras economías emergentes.

Mientras tanto, arrecia el descontrol del mercado de cambios. Las medidas tomadas esta semana por el Ministro de Economía para descomprimir la presión que ejercen sobre el ccl los fondos de inversión extranjera atrapados en pesos, no han dado el resultado esperado y la brecha cambiaria del ccl y el blue en relación al oficial, llegaban hacia fines de la semana al 131,9% y 143.3% respectivamente. Más allá del tamaño relativo de estos mercados, este fenómeno acrecienta el riesgo de desabastecimiento y estampida de los precios. Por otra parte, el balance comercial del mes de septiembre muestra que el crecimiento de las importaciones y la caída de las exportaciones son coherentes con el comportamiento especulativo en el mercado de cambios por parte de los grandes exportadores e importadores. Así, los actores principales del modelo agroindustrial son la punta de lanza de una dolarización creciente de la economía. Este es precisamente el chaleco de fuerza impuesto al país por la yunta nefasta de Macri y el FMI, con el objetivo de borrar al populismo de la Argentina.