Usura y fuerzas del cielo

Tiempos de desmesura y de iluminación

 

Un nuevo año avasalla a una humanidad fragmentada en mil pedazos. Paralizada por el espanto, contempla impotente a una vorágine económica que escala en prepotencia y violencia sin fin. No es un fenómeno nuevo. En tiempos bíblicos, la Conquista, la Guerra, el Hambre y la Muerte se encarnaban en los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Hoy estos personajes míticos exudan una misma sustancia: el fuego de la avaricia, esa fuerza volcánica que unifica a las distintas facetas de la autodestrucción, sea ésta de la humanidad, de las sociedades o de los individuos. El deseo nunca satisfecho de poder y riqueza, esa fuerza que hilvana todas las desgracias posibles e impone la ley de la selva en todos los ámbitos de la vida social, busca ahora globalizarse impregnando hasta el último rincón del planeta. Sin admitir límite alguno, este fuego destruye los vínculos entre los seres humanos y la naturaleza y siembra el caos en todas las relaciones sociales. Sin embargo, estos tiempos de desmesura son también, paradójicamente, tiempos de iluminación. Nos recuerdan que la reflexión y la cooperación han sido desde los orígenes del tiempo los vectores que permitieron a la humanidad llegar hasta nuestros días. Así, el tumulto de un año que termina también apunta subrepticiamente hacia la salida del laberinto.

Este laberinto no surgió de la nada. Fue impuesto por un orden global que llega a su fin carcomido por conflictos que ha engendrado y no puede resolver. En este punto de inflexión, recurre a la violencia descarnada para perdurar. En este proceso expone sus límites y, enganchado en una espiral interminable, carcome su legitimidad y pierde impunidad. Esto ocurre en distintos órdenes de la vida social y en distintos escenarios: desde la coyuntura global a los episodios locales, desde la economía y las finanzas a la política y las guerras; desde las turbulencias partidarias a las aventuras mesiánicas. Así, tanto en el centro como en la periferia, las entrañas del orden global exponen un deseo obsceno de acumulación de poder y riqueza, un deseo insaciable que desemboca en la violencia desmadrada y vacía de contenido a los valores y a las instituciones.

El año que culmina ha contribuido pues a correr el telón que oculta la esencia más profunda de la miseria humana. Al mismo tiempo, nos muestra que sólo iluminando las profundidades del caos podremos construir una conciencia colectiva que ponga fin a los conflictos que nos destruyen. De ahí la necesidad de rascar hasta el hueso para explicar lo que acontece, corregir errores e impulsar acciones solidarias tendientes a la creación de nuevos valores e instituciones.

 

La usura en el centro del orden global

A lo largo del tiempo y según las distintas culturas, la acumulación sin límites de afectos, símbolos, bienes, dinero y poder ha dado lugar a distintas formas de expoliación. La usura es una de ellas. Remite a una relación social donde un polo de la misma (el acreedor) se apropia de todos los recursos del otro polo de la relación (el deudor), concretando así un sometimiento total que muchas veces ha implicado la cárcel y hasta la pérdida de la vida. En los tiempos que corren, la usura ha cristalizado en el endeudamiento ilimitado, una estructura de poder que, centrada en la deuda, consolida el dominio total de una de las partes sobre la otra, sean éstas países, familias o individuos. En esta relación, el crecimiento de la deuda no es lineal sino exponencial, es decir continuo y acelerado, determinado por las leyes de las matemáticas y desvinculado de los acontecimientos sociales y/o naturales que configuran el contexto en el que se desarrollan las relaciones sociales. Así, la deuda inicialmente contraída se independiza de los recursos existentes para saldarla y crece continua y aceleradamente derivando inexorablemente en la constante contracción de deuda nueva para enfrentar a una deuda vieja que es imposible de saldar. Algunos aspectos de este proceso han salido a la luz del día a lo largo del 2023, tanto en el centro como en la periferia del orden global.

Un aspecto crucial de este endeudamiento ilimitado en los Estados Unidos ha sido el ocultamiento de la creciente debilidad de la economía real. Poco a poco el endeudamiento sustituye al crecimiento de la economía real configurando una maraña de relaciones financieras de carácter especulativo que tienen un brutal impacto sobre la sociedad norteamericana y sobre la economía internacional. Un fogonazo de este proceso puede ser vislumbrado al analizar la evolución del PBI y de la deuda pública en el periodo comprendido entre el tercer trimestre del 2022 y el tercer trimestre del 2023. Durante el mismo, el PBI norteamericano creció 414,3 mil (billions) de dólares mientras que la deuda pública alcanzó los 1,3 billones (trillions) de dólares [1]. Esto implica que, si se excluye a la deuda pública, el 2023 fue el peor año de crecimiento de la economía real norteamericana desde la década del ‘30. Otro fenómeno típico del endeudamiento ilimitado es el crecimiento acelerado de los intereses de la deuda en relación con el crecimiento de la misma: desde 2019 a la fecha, la deuda pública creció un 25% mientras que sus intereses crecieron un 75%. Hoy representan un 20% de los ingresos recaudados, y tienen mayor impacto sobre el déficit fiscal que los gastos en defensa. Esto ocurre en un país cuya economía real está estrechamente ligada a un estado de guerra permanente.

La magnitud de la deuda norteamericana y la dinámica de sus intereses tienen otra consecuencia: imponen límites a la política monetaria de la Reserva Federal y la encierran en una trampa. Si esta aumenta las tasas de interés para combatir a la inflación arriesga con implosionar el endeudamiento generalizado. Si no hace nada, la inflación desmadrada destruirá a la economía, al valor del dólar y a su rol como moneda internacional de reserva. En los dos últimos años la Reserva aumentó rápidamente a las tasas de interés con el objetivo de poner límites a una inflación internacional alimentada por la guerra en Ucrania. Esta política derivó en el 2023 en la peor crisis bancaria desde la debacle financiera del 2008 y contribuyó a exponer la fragilidad del sistema financiero internacional. En un contexto de alto endeudamiento bancario, la suba de las tasas de interés provocó una caída del valor de las tenencias de letras del Tesoro norteamericano acumuladas en el balance contable de los bancos. Esto derivó en una masiva salida de depósitos y liquidación de activos de bancos norteamericanos, y en cuestión de días se produjeron tres de los cuatro defaults bancarios más importantes de la historia norteamericana.

Asimismo esta corrida bancaria tuvo repercusión internacional y produjo el default del Credit Suisse, el segundo banco suizo que, liquidado a precio de remate, fue absorbido por el UBS. Desde ese entonces, la situación precaria de los bancos norteamericanos pequeños, medianos y regionales no ha sido corregida, y desde principios del 2022 han perdido 1,1 billones (trillions) de dólares [2].

El endeudamiento ilimitado norteamericano también afecta a las familias, tengan o no propiedades y/o activos. Esta deuda hoy asciende a los 17,3 billones (trillions) de dólares. Un estudio reciente [3] encuentra que la principal causa de este endeudamiento radica en la pobreza y/o la presión de gastos relacionados con el pago de los servicios de deudas imposibles de saldar.

 

Usura en la periferia

Según un informe reciente del Banco Mundial, el estancamiento económico, el endeudamiento y la inflación en estos países ha derivado en los últimos tiempos en un crecimiento global de la pobreza a niveles nunca vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Frente a las serias deficiencias de su financiamiento público, tanto el BM como el FMI promueven el financiamiento provisto por las corporaciones privadas con fines de lucro (bancos, fondos de inversión, etc.). Estas recomendaciones ignoran la divergencia de intereses entre el aumento de las ganancias corporativas y el interés público y las prioridades de estos países. También ignoran que la creciente participación de las corporaciones privadas en el financiamiento de estos países ocurrida en los últimos años se asocia con la explosión de la deuda externa al punto que estos países hoy enfrentan la peor crisis de deuda de su historia.

En efecto, la relación deuda/PBI en estos países es hoy más del doble de la que existía en 1996. Asimismo el servicio de esta deuda representa en promedio el 38% de sus ingresos, supera al gasto en educación, salud, seguridad social y cambio climático, y en los pocos acuerdos de reestructuración de deuda con acreedores privados logrados recientemente el servicio de la deuda equivale a más del 48% de los ingresos de estos países [4].

Así, las condiciones de financiamiento promovidas por los organismos internacionales profundizan el endeudamiento ilimitado y abren las economías locales al saqueo permanente de rentas, ingresos, riqueza acumulada y recursos naturales, solidificando el dominio de intereses geopolíticos que nada tienen que ver con los intereses de estas naciones.

 

Usura y guerra

 

 

Las energías fósiles constituyen la sangre que corre por las venas productivas del planeta y en ellas descansa el poder del petro-dólar [5] y su función como moneda internacional de reserva. Un rol garantizado en última instancia por el control norteamericano sobre el abastecimiento y transporte de los recursos energéticos del Medio Oriente. Hoy este control es cuestionado y una nueva guerra iniciada en Gaza en 2023 desnuda la importancia de estos recursos y el rol que cumple Israel en la expansión de los intereses norteamericanos en la región [6].

En las últimas semanas, la ofensiva israelí en Gaza y Cisjordania ha escalado al Líbano y partes de Siria e Irak, con bombardeos sistemáticos y asesinatos de importantes comandantes de Hezbollah. La contracara de esta escalada militar es un recrudecimiento del conflicto militar en el Mar Rojo y el Canal de Suez, por el que transcurre entre el 10 y el 15% del comercio global y el 30% del tráfico mundial de contenedores. Hoy la guerra ha obligado a las principales compañías de transporte a desviar sus barcos hacia el Cabo de la Buena Esperanza. En días recientes el operativo naval norteamericano ha culminado con el hundimiento de tres barcos Houthis. Esto detonó la reacción de Irán, que advirtió sobre la posibilidad de un bloqueo del Mediterráneo y del estrecho de Hormuz, despachando barcos de guerra hacia el Mar Rojo [7].

Así, tras las acciones de los Houthis emerge un plan que busca poner fin a la guerra en Gaza. Este tendría distintas fases: en la primera, desplegada por los Houthis, el objetivo es bloquear a los puertos de Israel para debilitar a su economía, algo que ya empieza a concretarse. En la segunda, se buscaría bloquear totalmente el tráfico de petróleo y gas con el consiguiente impacto sobre la economía global y sobre un sistema financiero internacional altamente impregnado por una deuda con derivados que tiene altísima exposición a los precios del petróleo y del gas.

Por otra parte, al no poder impedir la continuidad de los ataques de los Houthis el operativo naval montado en el Mar Rojo expone la vulnerabilidad de la costosa maquinaria de guerra norteamericana ante ataques de fuerzas menores con armamentos que cuestan una ínfima parte del costo de eliminarlos. Revela también que el ejercicio de la fuerza bruta no sólo no alcanza para proyectar poder y mantener la hegemonía global sino que puede deslegitimar rápidamente a la fuerza que la ejerce.

 

La Argentina: fuerzas del cielo y avaricia sin límites

Luego de la brutal devaluación del 118% y del decretazo, el gobierno emitió una Ley Ómnibus que por su forma y fondo constituye un verdadero golpe contra la Constitución y las instituciones del país. La ley elimina cientos de leyes que regulan desde hace décadas la vida del país y concreta las reformas estructurales impulsadas desde hace años por el FMI, el BM y el gobierno norteamericano. Promueve el endeudamiento externo y la privatización de las empresas estatales y abre los recursos estratégicos del país y todas las áreas de la vida social y económica a la penetración de capitales extranjeros. Impulsa la primarización y monopolización de la economía y la precarización del trabajo, desarticulando el poder de los gremios y reprimiendo la protesta social, sea ésta espontánea u organizada. Esta batería de medidas tiende además a beneficiar especialmente a algunos grupos de la patria contratista, destacándose entre ellos Rocca, Eurnekián, Elzstein y Macri. Además de estos feudos, otros empresarios específicos reciben beneficios, pero el mosaico resultante, lejos de convalidar un proyecto colectivo, expresa la puja interna a la patria contratista y consolida el sometimiento del país a la geopolítica norteamericana.

Detrás de estas medidas emerge el plan Caputo: un brutal shock devaluatorio asociado a tasas de interés negativas busca licuar rápidamente el valor de los pasivos del Banco Central y de los activos del país, preparando el camino para una dolarización a muy corto plazo. Las medidas iniciales incluyeron el aumento del tipo de cambio a un ritmo mensual del 2% hasta llegar al mes de marzo o abril, cuando se espera una fuerte liquidación de las divisas de la cosecha gruesa por parte de los exportadores, con el consiguiente aumento de las reservas del BCRA. Gracias a la brutal caída inicial de la brecha cambiaria y al consiguiente aumento de las reservas del BCRA el gobierno espera convencer a “los mercados” para que apuesten por el “cambio”, evitando la corrida cambiaria y controlando la inflación mensual. Como parte de este intento ofreció el Bopreal, un bono que tiene por principal destinatario a las filiales de complejos multinacionales que controlan la mayor proporción de la deuda por 58.000 millones de dólares incurrida en importaciones en los últimos tiempos. Este bono permite cambiar pesos por dólares billete al final de los contratos e implica un comienzo de dolarización, que sin embargo no logra arrancar vuelo.

Mientras tanto, continúa la remarcación desenfrenada de precios, alentada especialmente por los grandes monopolios vinculados a la alimentación y a los insumos difundidos y por el fuerte aumento de los combustibles y las subas de tarifas a muy corto plazo. A esto se suma la protesta de las organizaciones empresarias del campo y de la industria por la suba de las retenciones a las exportaciones, la reticencia de los exportadores a liquidar sus divisas y la negativa de los importadores a aceptar el Bopreal. Las sospechas del FMI y otras fuentes de financiamiento sobre la gobernabilidad del plan Caputo los lleva a retacear el desembolso de más deuda para enfrentar los próximos vencimientos de la deuda externa. Esta situación ha llevado al gobierno a emitir el viernes otro decreto por el que salva esos vencimientos con las reservas acumuladas desde que asumió. Esto explicita la debilidad de su poder de fuego y alienta a la corrida cambiaria.

La fragmentación política, la falta de liderazgo de la oposición, el empantanamiento de la discusión en el ámbito legislativo y la proliferación de cautelares contra la nueva legislación pueden provocar la intervención directa de las fuerzas del cielo para que el Campeón de la Libertad logre sus objetivos. Encarnándose en la Corte Suprema, estas fuerzas del cielo podrían sacar un conejo de la galera del lawfare y provocar un cisne negro. En este contexto tenebroso, los cacerolazos y asambleas alientan la posibilidad de impulsar la reflexión y la autocrítica, de abajo hacia arriba, para cambiar una relación de fuerzas que precipita al país al abismo de la avaricia y el canibalismo social.

 

[1] Bureau of Economic Analysis, zerohedge.com 26 12 2023.
[2] Zerohedge.com 28, 29/ 12 2023. Hoy estos bancos dependen para sobrevivir de líneas de crédito especial provistas por el fondo de salvataje (Bank Term Funding Program) creado para impedir su default. Este fondo caducará en marzo del 2024. Sin embargo, aún continúan los problemas que dieron origen a la crisis.
[3] Nakedcapitalism. 3 1 2023.
[4] Nakedcapitalism 20 12 2023.
[5] Analizado en notas anteriores.
[6] Ídem.
[7] Zerohedge.com 24 12 2023; 1 1 2024.

 

 

 

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