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Los artilugios de Bolsonaro para impedir que Lula regrese al poder en Brasil

 

El 2 de octubre venidero se realizarán elecciones generales en Brasil. Se elegirán Presidente y Vicepresidente, 513 diputados (la totalidad) y 27 senadores (de un total de 81). El período presidencial y el de los diputados duran cuatro años, en tanto que el de los senadores es de ocho años y tiene la peculiaridad de que se renueva cada cuatro años, pero no por mitades, sino por un tercio y por dos tercios sucesivamente.

Conviene indicar, también, que el sistema electoral brasileño es electrónico. No existe lo que aquí llamamos “cuarto oscuro”, ni voto con boletas de papel ni urnas, sino un sencillo dispositivo con una pantalla, un teclado con números de cero a nueve y tres botones: verde, para confirmar; naranja, para corregir y blanco, para el voto ídem. El/la votante –obviamente luego de ser registrado/a por las autoridades electorales pertinentes– teclea el número que corresponde a su candidato, inmediatamente aparece la foto del mismo y luego debe utilizar el botón verde. Si se ha confundido, debe apretar el botón naranja y corregir. Y si prefiere votar en blanco, usa la tecla para tal fin.

Al finalizar la jornada, cada presidente de mesa debe introducir un código en su máquina, que imprime una especie de recibo con el recuento de lo votado y paralelamente genera un mensaje criptografiado que se envía a los ordenadores centrales de la Justicia Electoral, en Brasilia. Las urnas electrónicas no están conectadas a ningún dispositivo de red y no tienen conexión con Bluetooth, wifi o a Internet, lo que las hace inmunes a ataques de hackers. En las zonas donde no llega la electricidad o en las que esta no es estable, funcionan sobre la base de pilas. En fin, se trata de un sistema tecnológicamente adelantado, muy seguro, sencillo y eficiente: en las elecciones de 2018, que proyectaron a Jair Bolsonaro a la presidencia, se conoció al triunfador en un lapso de dos horas y dieciséis minutos.

Esta quizá engorrosa presentación viene a cuento porque Bolsonaro hace tiempo que anda denostando esta forma de votar, no obstante haber sido la que lo llevó al Palacio de Planalto en la elección general anterior. Muy recientemente –el 18 de julio pasado–, en una reunión con el cuerpo diplomático auspiciada por el embajador norteamericano en Brasilia, se despachó a piacere. Entre otras barbaridades, dijo que “el sistema es completamente vulnerable”; que él estaba expuesto a un fraude electoral (en su contra, claro); señaló que el sistema electrónico “no es auditable” y puso en duda la imparcialidad del Tribunal Supremo Electoral. Poco después, Edson Fachin, presidente de dicho Tribunal, le contestó (sin nombrarlo), afirmando que el debate político estaba siendo “reducido por narrativas que tensan el espacio social”. Y agregó que era “hora de decir no al populismo autoritario, que pone en peligro las conquistas de la Constitución de 1988”.

 

 

 

El papel de los militares

Durante la primera mitad de 2021, Bolsonaro embistió con fuerza contra el voto electrónico. Sin embargo, atento a que no tenía mayor éxito, propuso la alternativa de adicionarle unos formularios impresos. El 10 de agosto del aquel año, la Cámara de Diputados descartó esa desatinada alternativa. En respuesta, el ex capitán, ofuscado, maltrató nada menos que al presidente de aquella cámara, Arthur Lira, que aún continúa en ese cargo. El entonces ministro de Defensa, general Walter Souza Braga Netto, con anterioridad a esta decisión, le había advertido a Lira que si no se usaba el sistema de cómputos impreso, no habría elecciones. Su presión no surtió efecto. Y al año siguiente, renunció a ese cargo para incorporarse como candidato a Vicepresidente en la fórmula encabezada por Bolsonaro.

Estos hechos, a los que podrían sumarse muchos otros más, muestran claramente que los uniformados apoyan políticamente al actual Presidente. Ejercen un intervencionismo militar activo en el campo de la política que supera al intervencionismo militar prescindente, pero con sesgo tutelar, que rigió en Brasil prácticamente desde su retorno a la democracia.

Es, por otra parte, evidente que la actual campaña bolsonarista contra el voto electrónico –al que se le endilga la posibilidad de un fraude que beneficiaría el triunfo de Luiz Inácio “Lula” da Silva en las próximas elecciones– es un espurio recurso defensivo frente a la probabilidad de que aquel pudiera desplazarlo de la presidencia. Ante este escenario, el tándem centroderecha (bolsonarismo)-intervencionismo militar activo podría perturbar el proceso electoral e incluso no reconocer un triunfo de Lula, lo que abriría una situación sumamente crítica en Brasil.

 

 

 

Encuestas electorales recientes

Las encuestadoras Instituto Idea y el Instituto de Investigaciones Sociales, Políticas y Económicas (Instituto de Pesquisas Sociais, Políticas e Econômicas – IPESPE) realizaron sendos sondeos el pasado 25 de abril. Arribaron a conclusiones muy parecidas. Veamos los resultados que ofrecen en lo que respecta al plano presidencial. Las cifras, obtenidas de información subida a Internet, están redondeadas probablemente por decisión de ambas instituciones.

De un total de 11 candidatos, se distinguen dos en el tope de la lista y dos inmediatamente más abajo de aquellos. De estos últimos, ninguno supera el 10% de las preferencias. Para la primera vuelta electoral, Lula y Bolsonaro alcanzan, según Idea, un 44% y un 33% de las preferencias respectivamente. En tanto que IPESPE registra que Lula obtiene también un 44% y Bolsonaro un 35%.

En un segundo escalón se ubican Ciro Gomes (Partido Democrático Trabalhista) y Simone Tebet (Movimiento Democrático Brasileño), con un 8% y un 4% respectivamente, según Idea. IPESPE registra prácticamente lo mismo: un 9% y un 4%, respectivamente. Como puede verse, ambos están muy alejados de los dos primeros.

Esos cuatro candidatos suman en total 89% (según Idea) y 92%, según IPESPE. El resto se reparte entre siete candidatos que suman en total menos de 5% en ambas encuestas. Por último, Idea mide un 7% entre votos en blanco e IPESPE un 6%. Las apreciables coincidencias de ambas encuestadoras estarían indicando que ni Lula ni Bolsonaro alcanzarían el 50% más uno necesario para ganar en la primera vuelta.

Las dos entidades han medido también los desempeños que podrían tener ambos contendientes en una segunda vuelta. Los resultados son los siguientes:

 

 

CANDIDATO IDEA IPESPE
Lula 47% 53%
Bolsonaro 37% 36%
En blanco 16% 11%

 

 

Los resultados que presentan ambas encuestadoras dan ganador a Lula. Los guarismos de IPESPE son casi lapidarios: 17% de diferencia y sobrepasando el 50%. En cambio, los resultados de Idea podrían quizá envalentonar al bolsonarismo, que podría protestar o impugnar el resultado, pues la opción por Lula no superaría el 50%. Es factible, pero no legítimo, pues la normativa que rige este sistema electoral establece claramente que los votos en blanco no deben ser contabilizados, lo que le permitiría a Lula superar ese límite.

 

 

 

Final

Todo parece indicar, hoy por hoy, que Bolsonaro estaría dispuesto a echar mano de cualquier recurso para ganar la elección o para obstaculizar el acceso de Lula a la presidencia, probablemente con el apoyo de los militares. Su decisión de afiliarse al Partido Liberal para competir desde allí lo ha vinculado al Centrão, un variopinto amontonamiento de partidos de centro-derecha, conservadores, liberales o simplemente pragmáticos que le ha permitido acortar distancias en su disputa contra Lula, pero no lo suficiente como para ganar, como se desprende de los datos consignados más arriba.

Falta poco más de dos meses para las elecciones. Es un tiempo bastante largo en el que pueden surgir situaciones inesperadas, capaces de alterar los rumbos actuales. Sabido es que atisbar el porvenir no es fácil. Habrá que ir viendo y esperar.

 

 

 

 

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