VERDADES QUE FLOTAN SOBRE EL HIELO

Vuelve la escritora finlandesa Tove Jansson, empecinada en derretir el ártico literario

 

“Llevaba nevando sobre la costa más de un mes. Por lo que se podía recordar, nunca hubo tanta nieve, una nieve que caía constantemente, acumulándose en puertas y ventanas, abatiendo techos, sin detenerse siquiera una hora. Apenas se despejaban los caminos, la incesante nieve volvía a bloquearlos de inmediato. El frío hacía imposible trabajar en los botes. La gente se despertaba tarde porque ya no existía la mañana”. Así transcurre el invierno en el pueblito nórdico  de Västerby donde transcurre La verdad increíble, la extraordinaria novela de Tove Jansson (Helsinsky 1914- 2001), segunda de la autora publicada en la Argentina, traducida al español por Christian Kupchik merced a la encomiable iniciativa de una editorial cuyas dimensiones son inversamente proporcionales a su audacia.

Relato cuya potencia se dispara desde el jugadísimo primer capítulo en el que se muestran todas las cartas tanto como se reserva el juego, aparecen los personajes principales sin exhibir cuál ha de ser su participación, se presagia un final imposible de advertir, surge una trama donde no parece ocurrir nada fuera de lo común y sin embargo pasa de todo. Arranca con la descripción de dos hermanos huérfanos; Katri Kling de veinticinco años, inteligente, rapidísima con los números aunque poco sutil, y Mats, el hermano diez años menor, un tanto tosco, alto, fuerte, apasionado por los barcos de madera. Por poco tiempo, habitaron el ático emplazado sobre la tienda de ramos generales, epicentro social del pueblo. A Katri los pibes del barrio le llaman bruja y le tiran bolas de nieve, sin lograr que ella les haga algún caso. “La gente del lugar estaba acostumbrada a que los ojos de todo el mundo fueran más o menos azules, pero los de Katri eran casi tan amarillos como los de su perro. Miraba a su alrededor entornando mucho los párpados, por lo que rara vez se podía descubrir ese color tan antinatural, más amarillo que gris”. Ojos de color identitario, idénticos a los de ese perro enorme, sin nombre, que jamás se le despegaba, entre ambos infunden menos temor que respeto.

 

La autora, Tove Jansson.

 

Muy pronto ese primer capítulo pasa de la descripción en tercera persona a la voz narrativa en primera y es Katri quien cuenta que piensa en números toda la noche, “mucho dinero, cómo obtenerlo rápidamente, reunirlo con inteligencia y honestidad. Tanto dinero que ya no necesite pensar en él”, para comprarle a Mats su bote, “el mejor que se haya construido en este pueblo despreciable”, merecedor de que la nieve “lo borrara hasta limpiarlo del mapa”. Siempre la nieve, que no tiene olor, como Mats o como el dinero, que lleva el tufo de quienes lo portan y que se torna más fuerte a medida que emergen el enojo, la vergüenza, el miedo. Afectos que su perro de inmediato capta y menosprecia pero que, como le place vivir sin responsabilidades, se disimula bajo la mudez y la sumisión; considera a los humanos “una especie fatal, deforme y desproporcionada, como escarabajos gigantes y lentos. De ninguna manera como dioses”. Dinero a raudales y honestidad, una fórmula difícil de conjugar, como humanos y bestias, el mar congelado y la tierra firme.

Tove Jansson retoma en ese punto la tercera voz para anunciar el arribo de Anna Aemelin, dama mayor, solterita, de semblante naif, dibujante de libros infantiles, que vive sola “sin más compañía que sus ahorros” en la que los pobladores han bautizado “la casa de los conejos” pues “realmente parecía un gran conejo recogido sobre sí mismo. Las cortinas blancas que daban al porche y esas ridículas ventanas arqueadas bajo las cejas de nieve eran coronadas por las chimeneas que asomaban como oídos atentos”. Hacia allí avanza Katri: “Tengo que pensar con mucho cuidado antes de concederle a Anna Aemelin un lugar importante en mi vida”. Eso es todo lo que sucede, nada menos porque, obvio, y la autora en momento alguna pretende ocultarlo, la anciana señora asimismo ha de evaluar ese deseo en dirección simétrica e inversa. Será aleatoria la intensidad con que disponga la reflexión sobre el asunto.

La trampa de La verdad increíble en la que el lector se zambulle con espontánea devoción es que no hay trampa en esa literatura donde cada párrafo es una historia que va componiendo el delicadísimo puzzle que rompe la cabeza a golpe de belleza. Tanto que no requiere ganchos de sexo ni violencia, intrigas retorcidas, vericuetos inesperados en una trama imprevisible. Tampoco “héroes del mar, la jungla y el desierto” que se revelan “como imágenes sin vida” cuando dejan de ser “la puerta de acceso a un mundo donde cada uno recibe una recompensa justa, donde la amistad es para siempre  la gratificación legítima”. Cuando la verdad surge a cada paso, en cada renglón, Jansson logra hacer despertar a la comprensión aquello que ocurre y, precisamente, como el título anuncia, cuesta creer. Pues se halla expuesta a los ojos de todos, como esos trastos viejos mezclados con la basura que los habitantes del pueblo depositan en las aguas congeladas, lejos, en la bahía, para que al llegar el calor primaveral el hielo se rompa y el mar los devore.

 

 

 

 

FICHA TÉCNICA

La verdad increíble

Tove Jansson

 

 

 

 

 

 

 

Traducción de Christian Kupchik

Buenos Aires, 2020

190 páginas

 

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