Verde que te quiero verde

La revolución de las energías limpias, una apuesta de largo alcance geopolítico que parece más cercana

 

Mientras el gobierno hace malabares para apagar el incendio de la doble pandemia, la de Juntos por el Cambio y la del Covid-19 que dinamitaron al país, pasan cosas mas allá de la agenda mediática que tan bien sabe marcar la oposición. Algunas para celebrar y que parecen ir en el sentido de las decisiones estratégicas de un Estado bien orientado en el reordenamiento del tablero mundial que pareciera avecinarse.

Cuando el ex Presidente Mauricio Macri “nos integraba al mundo”, viajando y saludando efusivamente las plazas vacías que lo recibían, su discurso hablaba de futuro mientras las políticas iban al pasado. El modelo del Cambio era agrario, extractivista, partidario de la financiarización y amable con los amigos a cargo de negocios energéticos. El único futuro que trajo fue el endeudamiento, una industria destrozada y miseria desparramada por doquier.

Frente a tanta “modernidad republicana” de plastilina, el gobierno del Frente de Todos parece ensayar una decodificación de la actualidad geopolítica. Si bien la comunicación propia no acompaña, desafía con hechos a una intencionada minoría que maniobra para capturar votos con un mensaje oscurantista.

 

A descarbonizar que se acaba el mundo

La narrativa ambiental está mudando de ropa. Los debates que antes giraban sobre el peligro inminente ahora versan sobre las oportunidades que se abren. La economía verde está dejando atrás su bosquejo inicial asociado al costo socioeconómico del carbono, al que definía como el valor monetario del daño que en un momento dado causaba la emisión de una tonelada más de carbono.

Nicholas Stern, cabeza del Instituto Grantham de investigación sobre cambio climático, perteneciente a la London School of Economics and Political Science, elaboró para el primer ministro Boris Johnson un informe independiente de cara a la Cumbre del G7 que concluye hoy. Allí dice que este “momento especial en la historia ofrece la oportunidad, de hecho el deber, de que el G7 lidere una recuperación coordinada globalmente, impulsada por la inversión sostenible y la innovación tanto del sector público como del privado”. Y agrega que “la transición a un mundo con cero emisiones netas y resiliente al clima no representa un costo ni una carga sino las mayores posibilidades económicas, empresariales y comerciales en los tiempos modernos. Si el mundo no logra aprovechar esta oportunidad, los peligros y fragilidades del viejo modelo económico que se estaban acumulando antes de la crisis del Covid-19 serán cada vez más severos”. Puede consultarse aquí.

Hoy que el costo de producción de las energías renovables y limpias –particularmente solar y eólica– y el de la capacidad de almacenamiento de la energía producida en baterías con base en el litio se redujeron notablemente, la transformación tecnoproductiva se ve más cerca. Muy pronto el costo de extracción del gas para alimentar una central térmica será más gravoso que implantar parques de producción de energías limpias.

La revolución verde es una de las apuestas de alto alcance geopolítico y los países dominantes se adentran a sus bosques. China hace años anunció que hacia 2050 espera contar con una renovación de su producción energética, basada en energía eólica, que alcanzará una producción equivalente a todo el parque energético estadounidense actual. Europa discute y toma decisiones acelerando su paso hacia una economía amigable con el ambiente, y lleva la discusión al Grupo de los 7, apostando a una posición más favorable de la actual Casa Blanca. A propósito, el Presidente Joe Biden parece comprender mejor que su antecesor los beneficios de ligar el futuro estadounidense a una economía verde. Acaba de suspender la subasta de contratos de extracción de petróleo y gas en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, Alaska, promoviendo nuevos estudios de impacto ambiental en ese paraíso de la biodiversidad antes de avanzar con tecnologías que pueden causas daños irreversibles.

 

Viñetas del futuro

Con ese panorama puertas afuera, algunas decisiones recientes del gobierno permiten vislumbrar señales orientadas a una agenda de innovación y futuro, con varias fichas puestas en un Estado Hacedor. Si bien la agenda comunicacional del gobierno parece tener dificultades para acompañar, hay decisiones y discusiones que ubican al Estado en un rol más protagónico. Habrá que dejar de correr la liebre por detrás, intentando convencer al terraplanista autóctono que la luz eléctrica es mejor que la vela.

En los hechos, a fines de mayo el Estado argentino salvó del derrape a la empresa mendocina IMPSA, que desarrolla investigación, tecnología e infraestructura para la generación de energía a partir de recursos renovables. Pasó a ser accionista con el 64%. El resto del paquete se completa con el 21% del Estado provincial mendocino, un 10% para acreedores y un 5% que sigue en manos de la familia fundadora de la empresa.

 

 

La empresa fue considerada estratégica para el país y no es para menos. Además de equipamiento para la energía hidroeléctrica viene avanzando en insumos tecnológicos para la eólica, solar y nuclear; en esta última junto a INVAP y con investigación y desarrollo para exportar. Es una empresa altamente integrada en todas las etapas, llevando adelante el diseño, la ingeniería, la fabricación, el montaje y la puesta en marcha de proyectos para la generación de energía. Turbinas para Yacyretá, centrales hidroeléctricas como El Tambolar, en San Juan, los aerogeneradores del parque eólico Arauco en La Rioja, parques solares, equipamientos para YPF y la fabricación del Carem, el primer reactor nuclear argentino para generación energética. Licitó para construir la represa Portezuelo del Viento (Mendoza). Todas actividades que muestran una compañía única en Latinoamérica, con tecnología propia.

Forma parte de un núcleo de desarrollo estratégico para el país, que además es potencial generador de empleo, ingresante de dólares con altísimo valor agregado y aportante impositivo de fuste. Juan Carlos Fernández, al frente de la empresa, explicaba en un medio local algo que los empresarios del gobierno de CEO´s que perdió las elecciones en el 2019 nunca entendieron: “Exportamos altísima tecnología. Para eso, hace falta tener el respaldo del Estado atrás. La semana que viene nos presentaremos a la licitación de unas grúas para el Ejército de los Estados Unidos, al que ya le habíamos vendido. También estamos aplicando a un concurso en la India e iremos por otro en Pakistán”. Esta empresa, que en 2020 tuvo una ganancia neta de 7.033 millones de pesos y es uno de los tres principales jugadores mundiales del mercado de turbinas hidroeléctricas, no fue considerada por el gobierno del Cambio, del futuro versión 1880 y de la integración (fantasiosa) al mundo.

Una apuesta más a la innovación son los desarrollos de YPF Luz, compañía creada hace alrededor de ocho años, de la cual YPF participa accionariamente con un 75,01% del total del paquete, que completa General Electric. Esta empresa de energía actualmente tiene una capacidad instalada total de 2.308 MW, de los cuales 222 son provistos por dos parques de energía eólica ubicados en la provincia de Buenos Aires y otro de Chubut. A esto se suman dos nuevos parques eólicos en construcción en Buenos Aires y Santa Cruz, que agregarán 174 MW de energía limpia de carbón. Todos sus proyectos van hacia energías limpias como la eólica y la solar.

Otro dato positivo de los últimos días es que el CONICET volvió a ubicarse en el primer lugar entre las instituciones científicas de Latinoamérica. Parece que un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que se ocupa rinde más frutos que una Secretaría desfinanciada en la cual los científicos mendigan durante meses en las calles sin ser escuchados. Gracias a la reversión de las “políticas de futuro” del gobierno anterior se pudo enfrentar la pandemia generando la Unidad Coronavirus Covid-19, que hizo frente a algunas demandas del Poder Ejecutivo Nacional y del Ministerio de Salud. Hubo avances, estudios, investigaciones y tecnologías puestas al servicio, desde kits de testeo para la detección viral, pasando por tecnologías para confeccionar tapabocas, hasta desarrollos de vacunas. Muchos de estos estudios forman parte del acervo científico mundial.

 

 

En la misma dirección, el viernes 4 de junio el Presidente Alberto Fernández y su par ruso Vladimir Putin celebraron en un encuentro virtual que nuestro país comenzará a producir en los laboratorios Richmond la vacuna Sputnik V (VIDA). Una alianza estratégica del Estado Argentino con la Federación Rusa donde científicos y técnicos criollos, formados en universidades públicas e integrantes del laboratorio, llevarán adelante la línea de producción completa de un producto tan esencial en nuestros días como es la vacuna contra el Covid-19. La iniciativa apunta, además, a que en esa planta se ponga en marcha todo el proceso productivo de otras vacunas, a partir de abrir un fideicomiso público para recurrir al mercado de capitales en forma abierta.

 

Ladran, Sancho…

Los que si acusaron recibo del puñado de acciones orientadas a más Estado en contraposición al mercado como organizador excluyente, son los voceros del poder económico local.

El editorialista estrella de la señal LN+, Carlos Pagni, salió en una extensa bajada de línea de su programa a alertar sobre la dirección del presidente Alberto Fernández: “aplica controles de precios, cierra exportaciones, congela las tarifas, y establece un tipo de política que no tiene nada que ver con aquello que prometía”. Y agrega: “mucho menos con un posible acuerdo con el Fondo y una normalización de la economía argentina en términos de mercado”. El mismo tenor encontraremos en la notas publicadas en el diario La Nación y tituladas “La equivocada estatización de la empresa IMPSA” y “Puertos, granos, energía y petróleo: avanza en el Gobierno la intención de estatizar más actividades”. En esta última, con la misma preocupación pero con moderación edulcorada, se hace un análisis en signo contrario de los mismos datos que se resumieron previamente en estas líneas. Alerta que “distintos sectores del kirchnerismo duro impulsan proyectos de ´soberanía´ para que el Estado ´retome el control´ de áreas centrales de la economía”. Todas palabras que eslabonan un sentido claramente anti-Estado.

Esas orientaciones ideológicas que difunden los escribas confluyen con los recientes nombramientos de las cúpulas de organizaciones empresarias. Los más altos sillones de la Unión Industrial Argentina y de la Sociedad Rural Argentina fueron copados por representantes del antiestatismo, partidarios de un liberalismo de cepa pura.

Como si no fuera suficiente, la oposición, que durante días entretuvo a las audiencias con la sitcom “buscando desesperadamente a Pfizer”, ya mandó a editar el tráiler de la próxima puesta en escena, en la cual se animan a desempolvar desesperadamente fantasmas de siglos pasados.

Tal vez los acontecimientos de Chile y Colombia, y más recientemente las elecciones en Perú, llevaron a la ex diputada Elisa Carrió a disputarle cartel a Peter Capusotto y sus videos pero en clave “quiero flan” Casero de Cha Cha Cha. Animándose a una buena síntesis expresó sin ruborizarse: “Rusia está penetrando con la vieja KGB que entró por Cuba, incluso el viejo PC (Partido Comunista) que financiaba las guerrillas en América Latina ahora empieza de nuevo a través de Cuba, de Venezuela, Ecuador y todas estas dictaduras pseudososocialistas o semidemocracias, a tomar geopolíticamente parte del continente”. La titular de la Coalición Cívica, socia del PRO y la UCR se animó a redoblar su apuesta indicando ante las cámaras de TN que “esta alianza política con Rusia la hace Cristina, a tal punto que hace una alianza de intercambio no sólo de la vacuna, es decir, ella trabaja para Sputnik”. Y continuó: “Ese acuerdo con Rusia tiene algo más grave: primero es un satélite y además es compra y venta de armas”.

Finalmente, a la banalidad aserrín aserrán, quiero Pfizer, quiero flan, la belleza de Federico García Lorca, cuyas palabras bien pueden describir el triste momento que transita la voz de la República:

“Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas”.

 

 

 

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