Viaje al corazón de las tinieblas

La directora Alison Klayman habla de The Brink, la película que le permitió seguir a Steve Bannon por Europa

 

Hay un nombre que se repite una y otra vez cuando alguien busca informarse sobre el auge de la extrema derecha en el mundo occidental: Steve Bannon. Fundador del sitio Breitbart News y de la consultora Cambridge Analytica, es considerado uno de los mayores expertos en diseminar noticias falsas y contaminar el clima político de los países en los que opera.

En 2016 fue un armador clave de la campaña que llevó a Donald Trump a la presidencia y durante siete meses fue el estratega jefe de la Casa Blanca. Hasta que lo echaron y volvió al llano. En 2018, Bannon quiso articular a los movimientos de la ultraderecha europea de cara a las elecciones regionales. Y antes de ser detenido hace dos semanas por haber desviado fondos de una campaña privada que juntaba dinero para construir el tan mentado muro con México, Bannon estaba tratando de extender sus tentáculos hacia América Latina. Ya tiene vínculos con la familia Bolsonaro en Brasil y a fines de 2018 le concedió una amable entrevista a El Mercurio de Chile, en la que vaticinó que “una vez que los millennials se sumen”, lo que él llama populismo de derecha “será la fuerza más poderosa del mundo”. En esa entrevista no se privó de elogiar al mismo tiempo a los Chicago Boys de Augusto Pinochet, a Ronald Reagan y a Margaret Thatcher. En julio de este año, Horacio Verbitsky reveló en El Cohete las conexiones entre Bannon y el macrismo.

Para entender mejor la lógica de funcionamiento y las estrategias puestas en juego por los representantes de esta extrema derecha a nivel europeo, norteamericano y —cada vez con más ganas— latinoamericano, la directora Alison Klayman se sumó a la comitiva de Bannon en Europa para filmar un documental. Conocida por su retrato del artista chino Ai Weiwei y por su investigación de la industria farmacológica en Estados Unidos, Klayman registró el periplo europeo de Bannon para The Brink, una película que fue parte de la competencia oficial del festival de Sundance en 2019. Allí, en una suerte de road trip hacia el corazón de las tinieblas, pudo ver de cerca el talento, las miserias y las dudas de la persona que pretende unificar a las derechas de todo el continente al tiempo que se preocupa por su propia proyección y sus propios bolsillos. Después de todo, es alguien que empezó su carrera como un agente de bolsa y su motivación económica personal no puede estar fuera del análisis, sobre todo cuando está siendo juzgado en este momento por un desvío millonario de fondos.

 

 

El autor de esta nota vio el film el año pasado en DocAviv, el festival de cine documental de Tel Aviv, y la entrevista se realizó la semana pasada por videollamada con él en Buenos Aires y ella en Nueva York, mientras termina de editar su nuevo largometraje: una biopic sobre Alanis Morissette.

 

—¿Cómo llegaste a hacer esta película sobre Steve Bannon?

—La productora de la película, con la que había trabajado en otros proyectos, lo conocía desde hacía dos décadas, cuando él era un financista que había comprado una empresa en la que ella trabajaba. Eran los tiempos en los que él intentaba convertirse en un empresario de la industria de los medios y del entretenimiento. Ella trabajó con él durante unos años y después dejaron de estar en contacto. Bannon fundó Breitbart e hizo todas las cosas que ya conocemos, que lo fueron llevando más y más hacia la derecha y cuando en 2016 se sumó a la campaña de Trump, ella estaba horrorizada y lo mensajeó para decirle algo tipo: “Estoy muy decepcionada con lo que estás haciendo, no deberías. Pensá antes de ayudar a este hombre”. Y él le respondió ese mensaje, con lo que retomaron el contacto. Trump ganó, Bannon llegó a la Casa Blanca unos meses y ella podía ver cómo se estaba hablando de él en los medios: es el diablo, el gran manipulador detrás de Trump, el cerebro del Presidente. Estas eran obviamente referencias negativas pero al mismo tiempo poderosas, le estaban dando un montón de crédito. Ella sabía que esa parte le podía gustar y se preguntó si podría convencerlo de hacer un documental acerca de cómo opera realmente. Porque estas descripciones caricaturescas que lo pintaban como un villano eran unilaterales y no estaban ayudando a la gente a entender lo que estaba pasando. Así que ella le insistió muchas veces mientras él estaba en la Casa Blanca y él le dijo que no hasta le dijo que sí. Y yo fui su primera opción, porque ella pensó que era la persona adecuada para este desafío.

—¿Te costó aceptar la propuesta?

—Dije que sí inmediatamente. No porque estuviera en casa pensando “guau, quiero hacer una peli sobre Bannon”, sino porque pensé que se trataba de una oportunidad de contribuir en este momento de la historia. Lo que pensé en ese momento fue que si hubiese estado en los años '30 en Europa y hubiese tenido la oportunidad de filmar a una figura como Goebbels, habría sido un gran servicio para el mundo y para la historia. Y por eso dije que sí.

—Tuviste la oportunidad de conocer a Bannon en profundidad. ¿En algún momento temiste ser capturada por su red de mentiras y manipulaciones? Digamos que es una persona que sabe cómo mentir.

—Temor no es la palabra, preocupación tal vez sí. Me fui a dormir y me desperté durante muchos días con esa pregunta en mi mente. ¿Cuál puede ser la manipulación detrás de tal cosa que me contó, acaso le estoy haciendo las preguntas correctas, qué es lo más cercano a la verdad que puedo llegar a obtener de esto?  Estuve absolutamente con la guardia en alto en todo momento. Nunca lo subestimé: es un tipo encantador, sabe venderse, sabe hablarle a distintos tipos de personas. No es lo que uno piensa al ver su primera foto. Tuve la guardia en alto y siento que eso es importante para proyectos de este tipo. Y no fue un desafío solamente a la hora de estar con él, sino también a la hora de estructurar la película y editarla: ¿puedo mostrarle esto a la audiencia sin pegarles en la cabeza? No voy a mostrar una escena con un graph que diga debajo de algo que él afirma:“No, esto es mentira”. Voy a ser más sofisticada que eso, pensé. 

—¿Cómo hiciste para lograrlo?

—El truco pasa por dedicarle mucho tiempo al proyecto. Bannon está acostumbrado a hablar con periodistas. Lo hace todo el tiempo, constantemente les está dando historias y diciendo cosas off the record. Y está acostumbrado a ver las consecuencias de lo que dice casi en tiempo real, porque salen en diarios y él trata de operar sobre ese flujo de noticias. En este caso, pasé trece meses alrededor de él, tuve más tiempo para editar y después estrenar el documental. Eso creo que lo ayudó a bajar la guardia porque llegó un punto en que él no sabía lo que yo estaba pensando como directora porque no estaba produciendo nada que pudiera ver. El documental es una gran manera de pararse frente a un sujeto tan manipulador como este.

—Es muy importante eso que marcás acerca del tiempo como un elemento habilitador para pensar. No sé como es en Estados Unidos, pero acá en Argentina lo que podríamos llamar progresismo suele enojarse e indignarse con lo que hace la derecha sin poder salir de esa pose afectada. Hacen tweets y dicen “son personas terribles”, sin ponerse a pensar en lo que están haciendo. Y eso es justamente lo que hiciste en The Brink.

—A lo largo de mi carrera, hice muchas películas sobre personas que están en los medios y como documentalista me planteo hacer esas preguntas que muchos periodistas no se hacen por falta de tiempo o espacio. El documental es un espacio en el medio entre los límites y urgencias del periodismo y el arte: vos podés contar cuál es la historia que querés contar. Y esto funciona para estos personajes de la extrema derecha sobre los que se suele hablar con una frase o apenas un renglón para definirlos. La otra cosa que me mantuvo despierta muchas noches mientras hacía la peli fue sentir que tener acceso a Bannon era como estar mirando a través del espejo, era como estar en un mundo distinto. Y esto es más que decir que él y yo tenemos un sistema distinto de creencias o un sistema distinto de hechos, como se dice ahora. En ese mundo no hay fidelidad a los hechos y cada cosa existe para justificarse a sí misma; es una teoría conspirativa que construye como un mundo. Algunas personas están manipulando a otras y los manipuladores están subsumidos en esa lógica. La pregunta de qué se puede hacer con un documental en ese contexto se responde diciendo que hay que contar la verdad, quise contar lo que vi. El documental tiene algunas secuencias largas porque quería enfatizar esta sensación de que estuve ahí, en la sala con ellos. Y no tiene manipulación más allá de que por motivos obvios para hacer una película hay que editar y recortar secuencias. También quise ser entretenida, porque sino ¿quién lo iba a mirar?

—Hay muchas maneras de entrarle al personaje. ¿Por qué elegiste hacer una road movie por Europa?

—Porque quería mostrarlo en acción. Quería ver qué pasa en esas reuniones, con quién se encuentra, quién lo apoya. Estaba pensando en la historia y también hacia adelante porque desde que Trump asumió la realidad se puso patas para arriba. El veto a los musulmanes y todas esas medidas horribles. Y Bannon estuvo detrás de todo eso, entonces quise ver qué estaba tramando. Siendo que es alguien tan hábil para hablar a los medios, ¿por qué querría sentarlo frente a una cámara? Yo quería observar. A medida que fue pasando el tiempo, le fui haciendo más preguntas y mi voz se ve más en la película porque así es cómo se fue dando la dinámica. Mi premisa fue: si sus palabras no coinciden la mayoría de las veces con sus acciones, empecemos por sus acciones.

—Pienso que muchos estrategas de estas derechas contemporáneas, como Roger Stone, Dominic Cummings y Bannon, no están conformes con ser los cerebros detrás de los políticos sino que se convierten ellos mismos en figuras. ¿Cómo viste eso en este caso?

—Hay mucha gente que se pregunta cuánto cree Bannon lo que hace y cuánto hay de interés propio. Y yo pienso que hace las dos cosas, no tiene que ser una cosa o la otra (risas). En un punto, y esta es otra manera de responderte a la pregunta de por qué hice la película de esta manera, The Brink es una captura del momento en que Bannon dejó la Casa Blanca y tenía la mayor fama y el mayor poder que había tenido hasta entonces al tiempo que buscaba extenderlo aún más. En el inicio, se ve una escena en la que Nigel Farage y él hablan acerca de cómo unir a las extremas derechas del mundo. Y Farage le dice: “Steve, te estás convirtiendo en la cara de esto también, no solo el cerebro sino también el símbolo”. Algo que lo llevó también a esta gira europea fue ver la poca cantidad de dinero que se gasta en las campañas políticas de la Unión Europea comparado con lo que se gasta en las campañas presidenciales de Estados Unidos. “Por una inversión baja, podés tener un gran retorno”, pensaba; no nos olvidemos que viene de una carrera en Goldman Sachs. Este componente fue tan importante para él como lo fue impulsar una campaña anti inmigrantes y antimusulmanes en Europa.

—¿Por qué creés que te dio un acceso tan privilegiado a su círculo íntimo, sabiendo que sos una persona que no piensa como él?

—Desde el inicio del rodaje, dijo en voz bien alta: “Quiero convertir a parte de la izquierda a mi lado y lo voy a conseguir”. Mi esperanza fue que no pudiera lograr ese efecto en mí y creo que está claro que no lo logró, pero él marcó que ese era su interés. Al periodista de The Guardian que lo entrevistó en Italia y aparece en la película le decía: “Quiero que tus lectores se vengan para acá”. Para Bannon es un éxito salir publicado en medios mainstream, es publicidad gratis y es parte de sus objetivos extender su base de apoyo, que sabe que es muy estrecha. Y fue una pregunta que me recorrió durante todo el rodaje: ¿estoy haciendo mi película o su película? Al final creo que no fue tan difícil como pensé que podía llegar a ser él, porque subestimó lo que un documental de este tipo puede lograr. Él hace películas de propaganda, a las que orgullosamente denomina de propaganda, y lo que hice fue muy diferente así que para él fue difícil manipularlo. Que The Guardian publique notas con él no significa que lo están apoyando, pero él hace todo lo posible por sonar como un estratega, como un filósofo, como un hombre de ideas, ante esa audiencia, para que lo tomen en serio. También intenté deconstruir eso.

—Como una historiadora recibida en Brown, sabés que tanto Hitler como Mussolini hicieron lo que Bannon intenta recrear ahora: cooptaron personas de la izquierda que luego se convirtieron en nazis y fascistas...

—Y Bannon también está al tanto de eso. Cuando lo estaba filmando en su balcón de Venecia, en el cuarto de hotel lujoso en que se hospedaba sobre el Gran Canal, yo quería hacer una buena toma de esa vista y él decía: “Oh, me querés hacer ver como Mussolini en el balcón”. Es muy consciente de eso. Pienso también que la prensa mainstream le dejó un montón de espacio, sobre todo en ese momento para su idea de “hay populismo en la derecha y hay populismo en la izquierda”. Y yo no me compro eso.

—¿Cómo sería ese planteo?

—Bannon está tratando de usar palabras que son medio amorfas y que no tienen una connotación de extrema derecha. Quiere apropiarse de estas palabras para darle más validación. No sé si eso es algo que está pasando ahora en Argentina o Latinoamérica, pero habiendo estado en ese mundo y entendiendo lo que está pasando con el populismo de izquierda en Estados Unidos, puedo decir que no son fenómenos equivalentes bajo ningún punto de vista. Bannon habla del “hombrecito y la gente”: no hay nada de su movimiento que tenga una base popular. No hay nada que trate de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores o que venga de los trabajadores; es más bien una manipulación de arriba hacia abajo que tratan de disfrazar de otra cosa. Él quiere que se refieran a él de esa manera, tipo “ah, es la versión de derecha de lo mismo que está pasando en la izquierda”. Y no, no es lo mismo.

—Vi tu película en el festival de cine documental de Tel Aviv; soy judío y vos también sos judía. Algo que subyace a todas las teorías conspirativas, desde los Protocolos de los Sabios de Sion hasta las que se urden en torno a Soros, es el antisemitismo. ¿Cómo ves eso dentro del universo de Bannon?

—Eso es exactamente así y la extrema derecha trata de ocultarlo de varias maneras. Primero, diciendo que apoyan a Israel: gente como Bannon apoya a Israel porque su base evangélica de derecha les importa el tema, no porque amen a los judíos. Y porque les gusta esta idea nacionalista de “si hay un país para los judíos que se vayan todos a su país, buenísimo”. Segundo, también hay algunos judíos ricos de derecha que caen en eso o tienen visiones racistas y xenófobas y contribuyen al mundo de Trump. Por ejemplo, Sam Nunberg estaba en el avión con Bannon. De todas las personas que conocí para la película, Nunberg era el más parecido a mí. Tenemos casi la misma edad, tuvo una educación judía en Nueva York y habla acerca de la importancia de mantener afuera a los inmigrantes cuando él tuvo un abuelo en Europa durante Holocausto. Como alguien educada en valores judíos, entiendo y siento la responsabilidad de tener una sensibilidad especial respecto a temas como la inmigración y es muy decepcionante ver que hay judíos que se alinean dentro de este mundo. Pero nada de eso puede tapar el hecho que vos marcaste: el antisemitismo está en la raíz de todas las teorías conspirativas y ahora tratan de taparlo al hablar de “la civilización judeo cristiana”. Cuando de lo único que están hablando en realidad es de la mayoría blanca y cristiana de Estados Unidos y Europa. 

Bannon siempre fue sensible con este tema porque él sabía que soy judía desde el día en que nos conocimos. Así que él asumió que yo iba a estar indagando por ese lado y estaba siempre diciendo cosas del tipo “no, yo tengo amigos judíos y yo apoyo a Israel, ¿cómo podría ser antisemita?” Ese es su argumento y al mismo tiempo se sienta en la misma mesa con personas que homenajearon a las SS o que no están dispuestos a decir nada malo acerca de los supremacistas blancos que marcharon en Charlottesville. Está muy documentado que el antisemitismo está en la raíz de todo esto y están intentando de ocultarlo de una manera muy poco ingenua y muy poco honesta. Saben mucho como para decirlo en voz alta. 

 

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