Vietnam por Muraro

El recuerdo de un artículo escrito en 1963 por el valiente y prolífico sociólogo

 

El pasado 22 de septiembre murió a los 85 años el sociólogo Heriberto Muraro. Formó parte de la primera camada de egresados de la carrera de Sociología, inaugurada en 1957 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Fue profesor universitario, periodista e investigador con especialización en los medios masivos de comunicación en Latinoamérica y la Argentina.

 

 

Uno de los libros fundamentales de Heriberto Muraro.

 

 

Quien esto escribe era estudiante de Sociología en 1963 cuando cayó en sus manos una revista con un artículo titulado: “Esa pequeña, fea guerra de Vietnam del Sur”. Su autor era Heriberto Muraro. Era nuestra primera lectura de un tema que había comenzado a crecer en noticias dispersas en la prensa, pero del que no teníamos mayores referencias. Muraro desarrolló los principales parámetros del conflicto, que hoy resumimos como la lucha del pueblo vietnamita contra el retorno de la dominación colonial francesa tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la rendición del Japón; la separación del territorio en un Vietnam del Norte comunista bajo la conducción de Ho Chi Minh y un capitalista Vietnam del Sur; la humillante derrota de los franceses en Dien Bien Phu en 1954 por el ejército del Viet Minh (Liga para la Independencia de Vietnam), conducidos por el estratega general Vo Nguyen Giap; la Conferencia de Ginebra posterior, que acuerda un referéndum para unificar o separar ambos países; el golpe de Estado en el Sur del Primer Ministro Ngo Dinh Diem con apoyo de la CIA, eliminando la convocatoria al referéndum; el surgimiento en 1959 del movimiento guerrillero Vietcong (Frente Nacional de Liberación de Vietnam) y el aumento de tropas norteamericanas hasta llegar a 16.000 a mediados de 1963, bajo el gobierno de John Fitzgerald Kennedy.

El artículo de Muraro –que lamentamos no conservar– fue escrito al inicio del fuerte crecimiento de las tropas norteamericanas. Valga este recuerdo como homenaje a un intelectual valiente y prolífico de alguien que, como estudiante, lo conoció de vista y lo leyó con curiosidad, respeto y admiración.

Tras el asesinato de Kennedy en noviembre de 1963 y el ascenso de Lyndon Johnson, el incremento masivo de tropas norteamericanas no lograba controlar la creciente lucha del Vietcong con el apoyo de la población vietnamita. En su momento máximo (1968, ofensiva Vietcong del Tet) llegaron a 540.000 soldados. Luego comenzó la lenta retirada, que culminaría con los Acuerdos de París de 1973 [1] y el retiro completo de las fuerzas norteamericanas, prólogo de la inevitable caída del régimen del Sur en 1975. Las revoluciones en la ex Indochina francesa (Vietnam, Laos y Camboya), tras treinta años de luchas, culminaron con la derrota y retiro de las fuerzas norteamericanas y la posterior caída de sus títeres. Los partidos comunistas de los tres países tomaron el poder entre 1973 y 1975. La última batalla fue la caída de Saigón (hoy ciudad Ho Chi Minh), el 30 de abril de 1975.

Recordamos como si fuese hoy la imagen imborrable de los últimos helicópteros evacuando norteamericanos y jerarcas sud-vietnamitas del techo de la Embajada de Estados Unidos en Saigón, muy semejante a la retirada de Afganistán en 2021.

La guerra de Vietnam o Segunda Guerra de Indochina (la primera, de 1945 a 1954, fue contra los franceses) se cobró la vida de entre 400.000 y 2.000.000 de civiles vietnamitas. Sumados a los combatientes, totaliza entre 900.000 y 3.000.000 de muertos vietnamitas, 200.000 a 300.000 camboyanos y 20.000 a 60.000 laosianos. Esto sin contar con los millones de heridos, mutilados y afectados por el napalm y el defoliante naranja que quemaba la vegetación para visualizar a los guerrilleros, además de la flora y la fauna, veneno que duró por décadas. Los norteamericanos no llegaron a 59.000 muertos y no pudieron triunfar, a pesar de su superioridad militar y a haber lanzado más toneladas de bombas que en la Segunda Guerra Mundial en Europa. El repudio a la guerra en Estados Unidos y en otras latitudes, las manifestaciones ante la llegada de los ataúdes y la creciente politización de los jóvenes norteamericanos decidieron el retiro de una guerra que Estados Unidos no podía ganar: la primera derrota militar en su historia.

El mundo parecía volcarse a un cambio hacia el socialismo de la mano de revoluciones sociales en Asia, África y América Latina. En nuestro continente, en 1959 había triunfado la Revolución Cubana, irradiando un movimiento de luchas armadas para cambiar el estado de atraso, dictaduras y dependencia. Luego de varios intentos fracasados, incluida la muerte de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia en 1967, la última revolución armada triunfante de inspiración socialista fue la guerrilla sandinista en Nicaragua en 1979, con el derrocamiento del sangriento dictador Anastasio Somoza.

Ese mismo año, una revolución de distinto tipo derrotó al Sha de Persia (Irán). Su anticapitalismo no fue de tipo socialista, sino de reacción religiosa islámica, conducida por el imán Ruhollah Jomeini. Pocos años después se desmorona el “socialismo real”, tras los intentos de cambios (Perestroika y Glasnost), con el ascenso de Mijaíl Gorbachov (1985) y la caída del Muro de Berlín (1989), culminando en 1991 con la disolución y desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el ascenso al poder de Boris Yeltsin en Rusia. A fines de 1978 había comenzado un cambio de rumbo en China, con el ascenso de Deng Xiaoping y su apertura a las relaciones mercantiles.

 

 

 

¿Qué fue de Vietnam?

El Vietnam unificado intentó reproducir en el Sur el modelo socialista de planificación central del Norte. Pero luego de 10 a 15 años quedó claro que la situación económica no progresaba lo suficiente, especialmente en el campo, donde vivía la abrumadora mayoría de la población. Las reformas de mercado se fueron implementando de manera experimental, de manera similar a lo acontecido en China desde fines de 1978 bajo Deng Xiaoping, pero sin relación directa entre ambos países, ya que las relaciones diplomáticas habían cesado tras la breve guerra entre China y Vietnam de 1979.

 

 

 

La guerra China-Vietnam

En febrero de 1979, el ejército chino invadió el norte de Vietnam con 120.000 soldados en veinte divisiones. Antes de un mes había retirado sus tropas. Deng Xiaoping indicó que era una operación limitada, ingresando no más de 12 kilómetros en suelo vietnamita para defender a minorías chinas hostigadas por Vietnam. La realidad es más compleja. Vietnam –que contaba con el apoyo de la URSS– había invadido Camboya con el histórico general Vo Nguyen Giap, donde gobernaba Pol Pot con sus jemeres (khmer) rojos y el apoyo de China. Pol Pot había ordenado masacres contra los campesinos de origen vietnamita que, junto a la hambruna provocada por una descabellada política económica y persecuciones políticas, produjo millones de muertos. No se sabe a ciencia cierta cuántas fueron las bajas militares de ambos bandos en esta breve guerra, pero no fueron pocas (entre 20.000 y 30.000 entre ambos países). Fue un capítulo más de la oposición entre China y la Unión Soviética, iniciada en 1960 y que culminó con los acuerdos de Shanghái entre Mao y Richard Nixon en 1973. Recién en 1999 se volvieron a reanudar las relaciones diplomáticas entre China y Vietnam. A la fecha siguen las tensiones sobre las islas Spratly en el Mar del Sur de China (archipiélago disputado por varios países asiáticos) con recursos petroleros de importancia limitada. Estados Unidos aprovecha estas disputas para ganarse el favor de Vietnam.

A fines de los ’70 caía la producción de arroz, alimento básico en toda la región. La colectivización inicial fue resistida por los campesinos, en especial en la rica región del Delta del río Mekong y sólo fue parcialmente aceptada en otras provincias. En 1989 se implementó en Vietnam un plan de estabilización que controló la inflación retomando un crecimiento más acelerado. La base del cambio fueron los nuevos contratos iniciados en 1981 por los que las familias campesinas debían entregar una cantidad fija de alimentos a las cooperativas a precios bajos, quedando en libertad de consumir o vender al mercado los excedentes, algo muy similar al primer proceso de mercantilización en China, sin contacto entre ambas.

En el VI Congreso del PC Vietnamita (1986) se aprueba el objetivo de “economía de mercado de orientación socialista” o Do Moi (renovación), combinando empresas del Estado y privadas, nacionales y extranjeras. Según cálculos con datos del Banco Mundial, la tasa de crecimiento del PBI promedio anual entre 1985 y 2020 ha sido del 6,4 %, una de las más altas del mundo (la tasa china en igual período fue superior al 9%). El descubrimiento de petróleo (a la postre, menos importante de lo que suponían) aceleró inversiones. Las empresas del Estado mantenían una participación del 40% en el PBI, pero a diferencia de China, la tasa de ahorro era muy baja y el excedente extraído a los campesinos con los precios de transferencia a cooperativas no alcanzaba para altas inversiones. La distribución del ingreso –igualitaria en los primeros años– se ha ido deteriorando con el enriquecimiento acelerado de los nuevos empresarios capitalistas, y si bien la pobreza extrema se ha reducido fuertemente, todavía los salarios reales promedio son muy inferiores a los de China, aunque crecen en línea con el PBI, a tasas nada despreciables. El excedente de población campesina es aun elevado y continúa alimentando a las industrias de exportación.

Al igual que China, el vector de crecimiento fueron las exportaciones de productos con mano de obra intensiva, con el concurso de inversión externa y la apertura del mercado norteamericano a Vietnam (acuerdo de “nación más favorecida” en 2000) y posterior ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2007.

Vietnam es hoy un país de 100 millones de habitantes (25 millones en 1950). Sus exportaciones han crecido a un ritmo mayor que el crecimiento del PBI, pasando de 16.000 millones de dólares en 2002 a 281.400 millones en 2020. Las empresas estatales se redujeron de 12.000 en 1990 a 6.000 en 1996. Con los años, las más importantes de ellas fueron agrupadas en 147 consorcios, al modo de lo hecho por la SASAC (Comisión estatal para la supervisión y administración de los activos del Estado en China). Hubo cambios en la forma de conducir esas empresas, a las que se dotó de los instrumentos y objetivos de las corporaciones privadas, pero sin renunciar a los objetivos estratégicos del Estado y ciertos objetivos sociales.

Las inversiones extranjeras tienen más importancia en el PBI que en China y están poco integradas al conjunto económico interno. Se iniciaron con los tradicionales ramos de calzado, confecciones y textiles, para pasar al montaje de productos electrónicos, a lo que se agrega el petróleo y productos primarios. Dada la baja remuneración promedio, no existe la aceleración del proceso de cambio tecnológico que se observa en China partiendo de condiciones similares. El Estado concentra el sector financiero/bancario.

 

 

 

Algunos interrogantes finales

La Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS dominó la etapa de posguerra mundial hasta 1991. Pasados casi 50 años de la caída de Saigón, asistimos a una nueva guerra fría entre Estados Unidos y una fuerte China, ahora aliada a Rusia. Vietnam, por problemas de recursos en fronteras disputadas y otros desencuentros históricos, se inclina cada vez más a Estados Unidos. El socialismo de tipo soviético ha quedado reducido a Corea del Norte y Cuba, sin propiedad privada de los medios de producción. China, Vietnam, Laos y Camboya autorizaron el desarrollo de relaciones mercantiles sin otorgar el poder político a los representantes de las nuevas clases propietarias, con éxito en todos los casos. La similitud de los cambios entre China y Vietnam –realizados cuando las relaciones entre ambos estaban cortadas (1979-1999) – obliga a repensar en escenarios tan distintos como los nuestros los caminos más adecuados que fortalecen el desarrollo de las fuerzas productivas para lograr la mejora en los niveles de vida de los pueblos.

 

 

 

 

[1] Los principales negociadores (aunque no signatarios) fueron Henry Kissinger y Lê Ðức Thọ. Ambos fueron premiados con el Nobel de la Paz, que Lê Ðức Thọ no aceptó.

 

 

 

 

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