VIOLENCIA POLÍTICA Y CRISIS ECONÓMICA

Duhalde ha sido y sigue siendo el mensajero de los medios de comunicación mas concentrados

 

Corren los días, se acumulan las muertes y los contagios por Covid-19 y crece la desesperanza de encontrar un rápido punto final a este azote. Al mismo tiempo, el ruido de los conflictos sociales y políticos impregna la realidad inmediata de los estados nacionales y oculta la estrategia del orden social para la post pandemia. Sin embargo, no todo es caos y oscuridad. En las turbulencias de una crisis sistémica se recorta el perfil de los principales actores de este drama y un destello en el horizonte ilumina un sendero que apunta hacia la salida de la crisis.

La humanidad ha podido adaptarse a un medio natural hostil y evitar la desintegración de la vida social gracias a su capacidad para analizar las causas de los males que la aquejan y para desarrollar acciones tendientes a su resolución. Esto dio origen al desarrollo de mecanismos de disciplinamiento y de inclusión social y a la estructuración de relaciones de dominación y de cooperación.

Así, la tensión entre la dominación y la cooperación ha existido desde el comienzo de la vida humana. Sin embargo, se ha desarrollado de distintas maneras a lo largo del tiempo y de las diferentes culturas. En nuestro mundo, caracterizado por un capitalismo global monopólico que concentra el poder en todos los ámbitos de la vida social y se expande arrolladoramente por el mundo, la necesidad de establecer relaciones de cooperación y de inclusión es crecientemente invisibilizada. En su lugar se impone la naturalización de la violencia en el ejercicio del control que unos pocos tienen sobre los recursos, opiniones y destino de las mayorías. Dos actores representan este drama: un puñado de monopolios que concentran poder a escala global y una mayoría integrada por ciudadanos de a pie, cada vez mas fragmentados, aislados los unos de los otros y adormecidos por una música que anula la capacidad de reflexión incitándolos al consumo sin límites y desparrama miedo y odio hacia un otro que es percibido como un competidor del espacio y de los recursos. Esta naturalización de la violencia oculta las causas sociales y geopolíticas de los conflictos que sacuden hoy al mundo y busca reproducir a la actual estructura de poder.

A este contexto llegó la pandemia. Su impacto global en contagios y vidas ha contribuido a descarnar aceleradamente la contradicción que existe entre la lógica de un orden social basado en la concentración del poder en todos los ámbitos de la vida social y la incapacidad de las instituciones políticas para legitimarlo.

Asimismo, a medida que se intensifica la pandemia y se globaliza la crisis económica la violencia política emerge, ocupa el centro del escenario mundial e involucra tanto a la resolución de conflictos geopolíticos como a los antagonismos que se desarrollan al interior de los Estados nacionales entre las elites y entre estas y la mayoría de la población.

Desatar los nudos de los monopolios, descentralizar el poder en todos los ámbitos de la vida social y construir nuevos canales institucionales para que los ciudadanos de a pie expresen sus intereses y controlen a sus representantes implica empezar el largo camino de la deconstrucción de las relaciones de poder que hoy colocan a la humanidad al borde de un precipicio.

 

 

Violencia, crisis política y concentración del poder

La proximidad de las elecciones en los Estados Unidos expone la intensidad de la crisis institucional que sacude al país y amenaza con desbordar hacia el mundo, intensificando los conflictos geopolíticos.

La Convención Republicana transcurrió esta semana en un clima de creciente polarización partidaria y la eventualidad de una crisis constitucional acompañada de episodios de violencia civil y racial. La sospecha de un posible fraude electoral ha sido instalada en la opinión publica y el enfrentamiento partidario ha escalado a nuevos niveles mientras el belicismo se consolida en la dirigencia tradicional de los dos partidos. Esta semana más de 100 miembros del equipo del senador republicano John McCain —fallecido recientemente y líder de los halcones— firmaron una carta de adhesión a la candidatura de Biden con el objetivo explícito de desalojar a Trump de la Presidencia (zerohedge.com 27 8 2020).

La pandemia fue minimizada durante la Convención, que se centró en la necesidad de consolidar el orden frente a la anarquía y desintegración nacional. Dirigentes negros y latinos y una pareja blanca conocida por su defensa armada de su mansión ante el supuesto asedio de BLM (Black Lives Matter) contribuyeron a definir a la anarquía como el resultado del “desborde socialista” del partido Demócrata y la incapacidad de sus dirigentes para poner fin a protestas raciales desatadas en los Estados y ciudades que gobiernan desde hace décadas. Este mensaje recibió el impulso de recientes encuestas, que muestran la consolidación del liderazgo nacional de Trump gracias al repudio a la violencia callejera (zerohedge.com 27. 8 2020).

Por otra parte, nuevos episodios de violencia policial blanca contra ciudadanos negros desarmados desataron protestas, disturbios y saqueos en Kenosha, Wisconsin, y en Minneapolis, ciudades de la región central norte del país (midwest) que muestra los mayores índices de desigualdad racial en términos de ingresos, vivienda y encarcelamiento (bloomberg.com 27 8 2020). Los disturbios y saqueos en Kenosha duraron varios días, dejando el saldo de dos muertos y revelando al mismo tiempo la participación de civiles blancos, armados, provenientes de otras ciudades que, con el objetivo declarado de “defender la propiedad privada”, pasaron a la acción directa. Los videos de los disturbios revelaron la relación de algunos de estos grupos con la policía y la guardia nacional encargadas de la represión. Uno de los militantes blancos detenidos participó en un curso de la policía y se definió como partidario de Trump y de BLM (zerohedge.com 25 y 26 /8 2020).

La evolución de la economía tiene cada vez más incidencia sobre los resultados de las próximas elecciones. El estímulo otorgado por el Congreso para mitigar la recesión y la crisis sanitaria ha llegado a su fin y su renovación es bloqueada en el Congreso por el desacuerdo entre los partidos respecto a los montos a otorgar. Trump emitió un decreto otorgando un magro aumento provisorio en la compensación por desempleo y ha extendido por unos pocos meses la prohibición de desalojos. Esto no elimina la posibilidad de mayor deterioro económico con impacto en las protestas callejeras.

Este peligro ha sido advertido por varios altos ex funcionarios de la Reserva Federal y otras reparticiones estatales. Entre ellos, Janet Yellen y Jair Bernstein publicaron una advertencia: “El Senado está de vacaciones mientras el pueblo norteamericano pasa hambre”, conminando a la dirigencia a renovar los estímulos para evitar una severa recesión y mayores conflictos sociales (nytimes.com 24 8 2020). Paralelamente, Sheila Bair, cuya actuación como Presidenta de la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) fue decisiva durante la crisis financiera de 2008, acusó a la Fed de fomentar la desigualdad económica y social con una política monetaria que “ayuda a los mas grandes… inflando el valor de activos financieros que son poseídos en su mayor parte por los ricos” y acusó a los dos partidos de desentenderse del problema mientras “irónicamente el público entiende perfectamente lo que esta pasando” (zerohedge.com 24 8 2020).

Esta coyuntura política caldeada por la violencia desborda hacia la geopolítica y empieza desencadenar incidentes militares de resultados imprevisibles. Trump ha otorgado al conflicto con China importancia central en su estrategia electoral y ha enviado en los últimos tiempos barcos y aviones para monitorear los ejercicios militares en el mar del sur de la China. Este país reclama soberanía sobre estas aguas y ha repudiado la presencia militar norteamericana. Esta semana lanzó dos misiles advirtiendo a los buques de guerra norteamericanos que deberán retirarse inmediatamente de la zona (zerohedge.com 26 y 27 2020).

 

 

Cuando el deterioro social llega a la anarquía

Esta semana la Argentina superó por primera vez los 10.000 contagios diarios y pasó al cuarto lugar en el ranking mundial. La relación entre Larreta y el gobierno nacional se tensó debido a que el primero tuvo que dar marcha atrás con el proyecto de iniciar una fase de escolaridad limitada para los niños con vulnerabilidad social y sin conectividad. A cambio de ello, el gobierno nacional ofreció la entrega de computadoras gratis a esos hogares. Cabe preguntarse cómo no se le ocurrió esta alternativa a Larreta, y cómo contribuirá el territorio más rico del país a que este proyecto se concrete. Asimismo, Larreta se plegó a la oposición cerril de JxC al tratamiento de la reforma judicial en el Congreso, pero se abstuvo de apoyar la convocatoria a las calles el miércoles y jueves, episodio que resultó en un fracaso.

El ex Presidente Duhalde arrojo una bomba política al señalar a los medios que vivimos un “momento pre anárquico… semejante al año ’76”. Según Duhalde, el deterioro social causa anarquía, esta tiene olor a sangre y conducirá a un golpe de Estado que impedirá las elecciones legislativas del año próximo. Ante esto, “debemos sentarnos a dialogar todos juntos”. Todo el arco político rechazó estos dichos, a la vez que el propio Duhalde reconoció poco después que tuvo “un momento psicótico” provocado por el miedo que le produjo cierta información que recibió de una persona de peso dentro del Ejercito (ámbito.com 25 26/ 8 2020, lpo.com 27 8 2020). A pesar de ello, sus declaraciones no debieran ser banalizadas.

Duhalde ha sido y sigue siendo el mensajero de los medios de comunicación más concentrados. Estos son la verdadera cabeza de la oposición cerril al gobierno. El DNU que declara esenciales a los servicios de telefonía (celular y fija), internet y televisión paga y establece una tarifa social para estos servicios se ha sumado al proyecto de reforma judicial para exacerbar la ofensiva de los medios.

Ese DNU constituye la medida más contundente adoptada hasta el momento frente a la ofensiva del poder concentrado y del macrismo. Les recuerda a los poderes fácticos que el gobierno puede, debe y está dispuesto a intervenir en los mercados monopólicos para regularlos. Establece también la necesidad de un precio adecuado o tarifa social, en tanto el acceso a las telecomunicaciones e internet es hoy un derecho humano. Abre además la posibilidad futura de un eventual control de la manipulación de mercados, información y opiniones a través de internet. Esta batalla, sin embargo, recién empieza. Todavía falta la regulación del decreto y se aproximan meses difíciles para el gobierno.

Esta semana ha tratado de limitar la peligrosa caída de reservas del BCRA, incorporando al canje de la deuda local en dólares 13.500 millones de dólares en títulos de la deuda del Tesoro con los cuales el BCRA tendría más liquidez para intervenir en los mercados paralelos y contener la brecha cambiaria. Asimismo el gobierno ha iniciado conversaciones con el FMI, con lo cual podría recibir a corto plazo algo de financiación que, si bien seria destinada a pagar deuda vieja, podría implicar momentáneamente un refuerzo para controlar la brecha cambiaria.

Sin embargo, en una economía altamente dolarizada donde el ingreso de divisas depende de exportaciones en un contexto de demanda internacional golpeada por la recesión, y con exportadores y grandes productores que ya retienen el 14% de su producción para forzar la evolución del tipo de cambio, es difícil esperar que este “se pacifique” en los meses que vienen. El intento oficial de fortalecer a la moneda local también choca con los intereses monopólicos de formar precios internos de acuerdo a la evolución del dólar y fugar divisas cuando lo estiman necesario.

Es pues posible que el gobierno deba adoptar medidas más drásticas para controlar el tipo de cambio y la inflación, aunque el BCRA crea que esta última ha desaparecido durante la pandemia. Es posible que la reactivación de la economía y el aumento de los combustibles se traduzcan en alza de precios a corto plazo. Sería importante entonces fortalecer la organización de los que votaron al gobierno para poder así mostrar los dientes en una coyuntura política enrarecida por la dolarización, la falta de divisas y el enorme poder de desestabilización política de los monopolios.

 

 

 

4 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimada Mónica:
    Excelente análisis.
    Si me permite, una humilde digresión:
    En mayo de 1995, Kevin Doyle (Red and Black Revolution) entrevistó a Noam Chomsky:
    “RBR: En muchos aspectos la izquierda se encuentra a si misma de vuelta en su punto de inicio en el último siglo. Como entonces, ahora enfrenta un modo de capitalismo que está en ascendencia. Parece haber mas concenso ahora, mas que en cualquier otro momento de la historia, de que el capitalismo es la única forma válida de organización económica posible, esto a pesar de que la desigualdad en las riquezas se está ensanchando….
    CHOMSKY: Esto es mayoritariamente propaganda, en mi opinión. Lo que se llama ‘capitalismo’ es básicamente un sistema de mercantilismo corporativo, con inmensas y en gran parte inauditas tiranías privadas ejerciendo un vasto control sobre la economía, los sistemas políticos, y la vida social y cultural, operando en cerrada cooperación con estados poderosos que intervienen masivamente en la economía domestica y en la sociedad internacional. Esto es dramáticamente cierto en los Estados Unidos, contrariamente a lo que mucho imaginan. El rico y el privilegiado no se muestran mas deseosos de enfrentarse a las
    disciplinas del mercado como lo estaban en el pasado, si bien las consideran buenas para la población en general. Meramente para citar algunos ejemplos, la administración Reagan, la cual se chupó los dedos con la retorica del libre mercado, asimismo se jactaba ante la comunidad financiera que fueron los más proteccionistas en la historia estadounidense de la post-guerra – actualmente mas que todas las otras juntas-. Newt Gingrich, que lidera dicha cruzada, representa a un distrito súper rico que recibe mas subsidios federales que cualquier otra región suburbana en el país, fuera del sistema federal en sí. Los ‘conservadores’ quienes están demandando por el fin de los comedores escolares para los niños hambrientos están también demandando un aumento en el presupuesto para el Pentágono, el cual fue establecido de la actual forma en los tardíos 1940s porque como la prensa financiera tenía la bondad de decirnos la industria de alta tecnología no podía sobrevivir en una » economía pura, competitiva, sin subsidios, de ‘libre empresa’,» y el gobierno debió ser su «salvador.» Sin este «salvador,» los constituyentes de Gingrich serían pobres obreros trabajadores (con mucha suerte). No habría computadoras, electrónicos en general, industria de la aviación, metalurgia, automatización, etc., etc., y sigue la lista. Los anarquistas, de todos los pueblos, no tienen que ser tomados por estos fraudes tradicionales. Más que nunca, las ideas socialistas libertarias son relevantes, y la población esta mas abierta a ellas. A pesar de la enorme propaganda masiva de las corporaciones, por fuera de los círculos educados, la gente todavía mantiene bastante sus actitudes tradicionales. En EUA, por ejemplo, mas del 80% de la población considera el sistema económico como «inherentemente injusto» y el político como un fraude, el cual sirve a «intereses especiales,» no a «el pueblo.» La abrumadora mayoría cree que el pueblo trabajador tiene una voz muy pequeña en los asuntos públicos (lo mismo es cierto en Inglaterra), que el gobierno tiene la responsabilidad de asistir a la gente necesitada, que el gasto en educación y salud debería quedar inmune a los recortes de presupuestos e impuestos, que las actuales propuestas de los Republicanos en el Congreso benefician al rico and dañan a la población en general, y así mas. Los intelectuales podrán contar una historia diferente, pero no es para nada difícil encontrar el por qué…”.
    Álvaro García Linera, dio su discurso en el Foro de la Izquierda (2013), en la Universidad Pace de New York y, entre otros señalamientos refería:
    “Simultáneamente a la subordinación de la sociedad planetaria al capital, estamos asistiendo a la subsunción real del conocimiento humano mundial, de las capacidades cognitivas o fuerzas intelectivas, a la propia producción del capital. La producción moderna se sostiene cada vez más en la ciencia aplicada al procesamiento de materias primas, pero además las propias ciencias como la física, las matemáticas, la biotecnología, la ingeniería de sistemas, etc., son en sí mismas industrias de punta que generan incluso más valor agregado que la extracción de materias primas o los servicios.
    Eso significa que el capitalismo se ha apoderado de una fuerza productiva ilimitada: el conocimiento humano, y al hacerlo ha hecho emerger dos contradicciones fundamentales. La primera, que al estar subsumiendo una capacidad humana de fundamento comunitario-universal -pues la ciencia ya no es el producto de genios individuales sino cada vez más un producto colectivo-universal-, a la larga se está socavando la base de la apropiación privada capitalista que se hace de esta fuerza productiva comunitaria. Y la segunda, que se crea y se
    escinde a la clase obrera mundial: una vinculada más a las ciencias, al conocimiento y la tecnología en las metrópolis del mundo capitalista, y la otra ligada más al esfuerzo rutinario y a la asociatividad en las extremidades del cuerpo capitalista planetario.
    Estamos pues, entonces, ante el surgimiento de una nueva condición obrera planetaria expandida en todo el mundo, difusa y distinta a la que dio lugar al Estado de bienestar, la vida sindical y los partidos del siglo XX.
    La subordinación técnica de la ciencia a la ganancia ha desatado una subsunción formal y de manera creciente una subsunción real de los procesos metabólicos de la naturaleza a la acumulación capitalista. La biotecnología que modifica los códigos y la arquitectura de la vida a nivel micro, la devastación capitalista de los bosques y ríos, la desenfrenada explotación de los minerales, hidrocarburos, aguas subterráneas y la extinción de miles de especies naturales por obra del ser humano, están transformando irreversiblemente el sistema integral de la vida natural del planeta, poniendo en riesgo la existencia de la vida misma, de la naturaleza y del ser humano (como parte de la propia naturaleza).
    Esto da lugar a una paradoja histórica: la propia expansión ilimitada del capitalismo lo está convirtiendo en naturalmente imposible a futuro porque no existe naturaleza ni materias primas capaces de sostener la producción de todos los productos que hoy vemos en los escaparates para las personas de todo el mundo.
    … La emancipación de las clases subalternas de y en el capitalismo pasa necesariamente por la lucha por el poder del Estado. El Estado tiene como finalidad histórica monopolizar e imponer el sentido común de lo que es común a toda una sociedad, el sentido de lo universal que es propio de una comunidad existente. El Estado monopoliza la materia y la creencia de casi todo aquello que hace vivir a una sociedad como parte integrante de una comunidad territorial con un destino compartido.
    Y hasta hoy, la administración de esa materialidad y de esas creencias ha estado dirigida u organizada desde el punto de vista y desde los intereses de las clases capitalistas.
    Habrá algún momento en que lo común y lo universal de la sociedad vendrá, directamente y sin mediación, de la propia actividad laboral de las personas que trabajan con medios universales. Sin embargo, los movimientos sociales, clases obreras, naciones indígenas, intelectuales, activistas, sindicatos, no pueden renunciar ahora a la batalla de ser ellos los que conduzcan y articulen el sentido de lo universal, el sentido de comunidad política de un país. Esa voluntad material de administrar y conducir lo común, lo universal de una sociedad, es la lucha por el poder del Estado que consiste, sobre todo, en un asunto de hegemonía en el sentido gramsciano, es decir, se trata de una construcción político-cultural y no de una simple ocupación del poder estatal por la clase capitalista.
    Detrás del resquebrajado poderío de un capitalismo planetario triunfante está el poderío latente de un comunitarismo técnico, organizativo y moral de las naciones y clases subalternas, pero únicamente como potencia, tendencia y posibilidad material.
    Para que esa potencia devenga en insurgencia social se requiere un largo y sistemático activismo molecular con voluntad de poder, capaz de tejer voluntades crecientes y materialmente sustentadas de luchas por el poder, primero nacionales, luego continentales y finalmente planetarias, que gatillen el cúmulo de fuerzas comunitarias constreñidas y ahogadas por el capitalismo. Al final, la comunidad real será universal o no será nada.

  2. Pedro dice

    Hoy, 02/09/2020 leí este artículo en Página 12: ¿Por qué fracasan todas las estrategias para frenar los contagios? El investigador Daniel Feierstein asegura que la respuesta está en la sociología y no en la medicina. También me explicó el porque vociferan los antitodo. Gracias Cohete a la luna y gracias Sra. Peralata Ramos.

  3. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo la doctora Peralta Ramos expresa:

    “Así, la tensión entre la dominación y la cooperación ha existido desde el comienzo de la vida humana. Sin embargo, se ha desarrollado de distintas maneras a lo largo del tiempo y de las diferentes culturas. En nuestro mundo, caracterizado por un capitalismo global monopólico que concentra el poder en todos los ámbitos de la vida social y se expande arrolladoramente por el mundo, la necesidad de establecer relaciones de cooperación y de inclusión es crecientemente invisibilizada. En su lugar se impone la naturalización de la violencia en el ejercicio del control que unos pocos tienen sobre los recursos, opiniones y destino de las mayorías. Dos actores representan este drama: un puñado de monopolios que concentran poder a escala global y una mayoría integrada por ciudadanos de a pie, cada vez mas fragmentados, aislados los unos de los otros y adormecidos por una música que anula la capacidad de reflexión incitándolos al consumo sin límites y desparrama miedo y odio hacia un otro que es percibido como un competidor del espacio y de los recursos”.

    La dominación que la élite ejerce sobre la mayoría se da en todos los regímenes políticos, incluso en los más democráticos. El problema es que desde hace bastante tiempo la democracia como filosofía de vida estás perdiendo su esencia, se está “oligarquizando”; se está, en definitiva, corrompiendo. A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir la parte final de un interesante ensayo de Antoni Jesús Aguiló Bonet (Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra) titulado “Democracia y crisis económica en un mundo global (*).

    Desmercantilizar la democracia

    Uno de los efectos más perversos del neoliberalismo, junto con la destrucción de lo público y lo social, es la mercantilización de cada vez más dimensiones de la vida individual y colectiva: la educación, la cultura, la salud, la ciencia, el suelo, el ocio, entre otras. La mercantilización es hoy una de las principales señas de identidad de la crisis, una experiencia tan intensa como el aumento de las formas capitalistas de explotación en el siglo XIX. Ya en 1848 Marx y Engels (1997: 26) destacaron la tendencia intrínsecamente expansionista del capitalismo y su afán de crear un mercado mundial “cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo”. Una idea que conecta con las ideas del economista Franz Hinkelammert (2001: 83), para quien la esencia última del proyecto civilizatorio del neoliberalismo consiste en la “totalización del mercado” capitalista y sus principios: desigualdad, insolidaridad, individualismo posesivo, competencia, cálculo económico, consumismo, privatización, entre otros. La democracia representativa no es una excepción. Sometida desde los años ochenta del siglo XX a gobiernos y políticas de signo neoliberal, parece haberse convertido en un mercado político en el que opciones subordinadas a los grandes poderes económicos compiten a sangre y fuego por obtener los máximos beneficios electorales. Es la democracia de libre mercado, con objetivos, conceptos y procedimientos propios de la economía capitalista libre y competitiva. Esta perspectiva, inspirada en los planteamientos de Schumpeter (1961), Downs (1973) Buchanan y Tullock (1962), entre otros teóricos de las concepciones económicas y elitistas de la democracia, traslada el modelo de la sociedad de consumo a la política, elaborando un modelo mercantil de política y democracia donde la soberanía del pueblo es reemplazada por la soberanía del votante-consumidor.

    La democracia, así, funciona como un mercado político donde los consumidores-electores “compran” las mercancías (programas electorales) que mejor satisfacen sus intereses egoístas y el valor de los votos se establece en función del dinero: quien más tiene, más influye y manda. Los candidatos a representantes, por su parte, actúan como proveedores que se enfrentan en el libre mercado electoral por seducir al electorado y acumular poder mediante el voto individual como mecanismo de legitimación. Detrás de esta concepción subyace la antropología del homo economicus en la que se sostiene el liberalismo económico, según la cual las personas son básicamente agentes de cálculo egoísta que buscan maximizar los lucros y minimizar las pérdidas. De este modo, los intereses privados de los consumidores-electores se imponen sobre las virtudes cívicas, sólo relevantes cuando sirven para optimizar los beneficios particulares. La mercantilización de la política y la democracia representativa en la época de la globalización neoliberal se manifiesta de múltiples maneras: 1) Financiación de los partidos políticos y de las campañas publicitarias y electorales por empresas privadas, hecho que convierte a los partidos en lacayos del poder económico. 2) Compraventa de votos con dinero público o privado (una de las formas más flagrantes de corrupción y mercantilización) y otras prácticas clientelares afines. 3) Transformación de la política en un espectáculo de masas de ínfima calidad, observable en fenómenos como la teatralización (al estilo de Berlusconi) y la patetización de la democracia parlamentaria.4) Desposesión de derechos económicos y sociales de los ciudadanos, lo que recorta el campo de la democracia social y económica y lo limita a la democracia política (voto y representación). 5) Vaciamiento de la esfera pública como espacio de deliberación y acción cívico-política, que pasa a ser comprendida como un espacio privado de consumidores que utilizan los medios públicos para satisfacer y proteger sus intereses particulares. Deliberar y decidir en común proyectos de sociedad son cuestiones secundarias en la esfera pública de mercado, despolitizada y articulada sobre los intereses de la propiedad privada y el afán de beneficio. En el fondo, la democracia de baja intensidad rechaza la idea de que “la defensa de lo público –como escribe Emilio Lledó (2011)– hace vivir la democracia” y genera espacios de emancipación. 6) Privatización de la democracia representativa a través de dos procesos. El primero es su transformación en un nido de intereses privados encubiertos por un simulacro electoral en el que los votantes refrendan políticas impuestas por una élite y en su beneficio. El segundo es la banalización del voto: la pérdida de la capacidad real de elegir de la ciudadanía. La influencia del poder económico sobre la política es tan grande que el derecho a voto termina siendo el derecho a elegir a los representantes específicos de la clase dominante que “representarán” y oprimirán al electorado en el Parlamento mediante partidos-marioneta. En Europa, la austeridad ha sido el pretexto para privatizar la democracia y entregar a pocos lo que es de todos. En Italia y Grecia la privatización de la democracia condujo a la suspensión de la democracia electoral y a la imposición de tecnócratas procedentes de Goldman Sachs.

    Ante este panorama, las actuales luchas por la democracia están llamadas a ser luchas por la desmercantilización de todas las esferas de la vida. Son luchas emprendidas por una pluralidad de sujetos políticos (movimientos sociales, sociedad civil no organizada, ONG, partidos, etc.) comprometidos con la “eliminación del lucro como categoría” rectora de las relaciones humanas (Wallerstein, 2002: 36). Desmercantilizar, siguiendo a de Sousa Santos, significa: “Dejar de pensar la naturalización del capitalismo. Consiste en sustraer grandes áreas de la actividad económica a la valoración del capital –a la ley del valor–: economía social, comunitaria y popular, cooperativas, control público de los recursos estratégicos y de los servicios de los que depende directamente el bienestar de los ciudadanos y de las comunidades. Significa, sobre todo, impedir que la economía de mercado amplíe su radio de alcance hasta transformar la sociedad en una sociedad de mercado –donde todo se compra y todo se vende, incluso los valores éticos y las opciones políticas–” (Santos apud Aguiló, 2010: 138). Desmercantilizar la democracia, desde esta óptica, es impedir que el enfoque de mercado y sus valores se apoderen de ella. La democracia no es el procedimiento que legitima una disputa electoral de las élites en el mercado de votos. Es el resultado de luchas históricas que construyen relaciones, procesos y condiciones (espacios, tiempos, sujetos, saberes, instituciones, formas de sociabilidad) que aspiran a la igualdad real en la diversidad y al poder compartido en cualquier ámbito. Todos los avances en materia de democracia política y social logrados desde el siglo XIX fueron conquistas de luchas populares en reivindicación de sus derechos. La experiencia histórica muestra que las luchas sociales son un factor de humanización de la política y la sociedad. La conversión de la democracia en un mercado político donde los candidatos se venden como productos y los consumidores más poderosos ejercen un fuerte poder de influencia sobre la política es una de las perversiones más peligrosas de la democracia. Parafraseando a Thomas Jefferson, el poder sin control del mercado puede ser más destructivo para la democracia que el de un ejército en armas. Las luchas por la desmercantilización y la desprivatización de la democracia son luchas por alterar el predominio de la economía sobre la política, fortalecer el control social del mercado, alejar la democracia del cálculo electoralista, ampliarla y llevarla allí donde aún no ha llegado.

    Democratizar la democracia

    Democratizar la democracia de baja intensidad significa liberarla de la camisa de fuerza que la oprime, desbordar los límites que la reducen a una democracia política vacía de contenido, alejarla de la pura igualdad formal y de la mera representación y apostar por la democracia como radicalidad y desmesura (Rancière, 2006). La democratización de la democracia se asienta en tres ejes de acción: 1) regenerar la democracia política con el reforzamiento de la transparencia y la autonomía del poder político respecto de los poderes económicos en la toma de decisiones. 2) Aumentar la participación y el control ciudadano del sistema político con formas de participación social que debiliten los privilegios de la monocultura electoral. 3) Radicalizar la democracia. Sin ánimo de agotar la cuestión, pueden señalarse algunas medidas encaminadas a este fin: 1) Diseñar planes estatales de combate y prevención de la corrupción y de transparencia y control de la administración pública aprobados por mayoría parlamentaria que incluyan, entre otras medidas, la tasación y el control de los movimientos de capitales procedentes de paraísos fiscales, la definición de estrategias para combatir la fuga de capitales y la evasión fiscal, la modificación del Estatuto de los diputados y senadores para garantizar mayor responsabilidad y prestación de cuentas ante la ciudadanía, la intensificación del acceso electrónico a los servicios y documentos públicos. 2) Reforzar el régimen de incompatibilidades de los cargos públicos electivos y ejecutivos a escala estatal y local, en el sentido de ampliar su responsabilidad y la sanción de las infracciones, así como de facilitar el acceso ciudadano al registro de intereses y actividades. 3) Estimular los mecanismos de participación ciudadana de base existentes (Iniciativa Legislativa Popular, referéndums, consultas populares, etc.) y modificarlos sustancialmente para hacerlos operativos y capaces de dar respuesta a los principios en que se inspiran. 4) Establecer el principio de limitación de mandatos consecutivos para todos los cargos políticos electivos y ejecutivos del Estado, con el objetivo de promover la renovación y el dinamismo en el ejercicio de las responsabilidades públicas. 5) Obligatoriedad de aprobar o no con carácter vinculante decisiones de gran calado que afectan las condiciones de vida de los ciudadanos (ratificación de tratados internacionales, referéndum sobre los recortes sociales, etc.). 6) Reformar la ley electoral y revisar el régimen de financiación de los partidos y las campañas electorales para garantizar un modelo políticamente más representativo, proporcional y plural, mejorar los criterios de equidad en la distribución de recursos, promover la fiscalización y la obligación de publicar las cuentas, así como prohibir las donaciones a los partidos y a sus fundaciones por parte de empresas privadas. 7) Desarrollar instrumentos presenciales y virtuales de participación para el acompañamiento ciudadano del diseño, el control y la gestión pública (presupuestos participativos, consejos consultivos, consultas públicas, la iniciativa democracia 4.0, entre otros). 8) Radicalizar la democracia, llevándola a los diferentes ámbitos que forman la vida cotidiana (económico, social, laboral, educativo, familiar, etc.). Radicalizar la democracia sólo es posible cuando se aceptan la insuficiencia y la ineficiencia de la democracia liberal hegemónica. Si hemos llegado a los límites de la democracia liberal, no queda otra opción que radicalizar sus límites. La radicalización democrática presupone una visión de la democracia no como un mero procedimiento de elección de representantes, sino como una forma de vida comunitaria basada en los valores de reciprocidad, complementariedad y autoridad compartida. La democracia se puede radicalizar de dos maneras: con la profundización de la democracia formal y con la extensión de la democracia como forma de vida a esferas donde todavía no ha llegado. Como afirma Dewey (1927: 213), “la democracia debe empezar en casa, y su casa es la comunidad vecinal”.

    Conclusiones

    A la luz de la crisis económica y financiera global se ha hecho más evidente que vivimos en democracias dudosas, restringidas, sin contenidos democráticos y controladas en buena medida por poderes oligárquicos no electos que la instrumentalizan a su favor. Estas democracias de baja intensidad son el modelo político globalizado corresponsable de la actual crisis y suponen un obstáculo para los procesos de democratización de la democracia y la sociedad. El fracaso de la democracia liberal como instrumento de transformación social no implica deslegitimar el potencial de las urnas, de los partidos ni abolir la representación política. No se trata de rechazar la democracia representativa liberal ni sus aportaciones, sino de señalar su insuficiencia, proponiendo caminos para transformar una democracia procedimental guiada por el mercado y que funciona como medio de adaptación en una democracia de alta intensidad guiada por las personas y que funcione como vehículo de emancipación. Frente a la escasa y débil institucionalización de formas de democracia de alta intensidad, predomina la promoción y plena institucionalización de democracias de baja intensidad caracterizadas por el “abandono del papel de la movilización social y de la acción colectiva” y “la solución elitista al debate sobre la democracia” (Santos y Avritzer, 2004: 38). El gran desafío político del siglo XXI es impulsar y articular las energías democráticas de la sociedad para transformar cualitativamente las estructuras, prácticas y hábitos políticos del ancien régime representativo-electoral y crear colectivamente democracias basadas en la complementariedad entre diferentes formas de participación y representación. Walt Whitman (2007: 37) escribió: “La democracia es una gran palabra cuya historia no se ha escrito aún, porque esa historia está todavía por vivirse”. Descolonizar, desmercantilizar y democratizar, tres palabras clave para (des)aprender y con las que escribir la historia no vivida de la democracia.

    (*)Este artículo ha sido desarrollado en el marco de las reflexiones originadas en el proyecto “ALICE – Espejos extraños, lecciones imprevistas: definiendo para Europa una nueva manera de compartir las experiencias del mundo” (alice.ces.uc.pt), coordinado por Boaventura de Sousa Santos en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). El proyecto recibe fondos del Consejo Europeo de Investigación a través del séptimo Programa Marco de la Unión Europea (FP/2007-2013) / ERC Grant Agreement nº 269807.

  4. julio González Esteves dice

    Como de costumbre,Mónica nos llama a la reflexión y a la acción.
    «Mostrar los dientes» es defender en las calles y en los meduos al gobierno que nos defiende en el congresoso. La apatía no es buena en estos momentos. Escuchemos a Mónica. Y no nos desentendamos.

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