La Argentina va, una vez más, a contramano del mundo. Mientras gobiernos de otros países revisan, frenan o incluso prohíben la expansión de los centros de datos que alimentan a la inteligencia artificial generativa, el Congreso discute un régimen de incentivos, el Súper RIGI. Bajo la narrativa de innovación, crecimiento, desarrollo, el proyecto garantiza beneficios económicos, ambientales, fiscales y cambiarios extraordinarios de largo plazo. Es cierto que la Argentina necesita inversiones, pero la discusión es qué tipo de inversión y a qué costo. Alcanza con mirar qué pasó en los lugares donde estos proyectos ya aterrizaron.
El Súper RIGI, sin condiciones
Este Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias extiende los beneficios del RIGI original (vigente desde 2024 para minería e hidrocarburos) a data centers de inteligencia artificial, criptomonedas y semiconductores. Con media sanción en Diputados, está detenido sin dictamen en el Senado.
La inversión comienza en los 1.000 millones de dólares, cinco veces el mínimo del régimen original. A cambio, el Estado argentino ofrece una alícuota de Ganancias del 15% (contra el 25% general), exención total de aranceles a las importaciones y exportaciones y treinta años de estabilidad fiscal, cambiaria y aduanera. Ninguno de esos beneficios exige, a cambio, una sola contrapartida ambiental, energética o hídrica.
Se materialice o no, el caso que mejor mide la escala del negocio es el de Sur Energy, que firmó una carta de intención con OpenAI para instalar en la Patagonia un data center de hasta 25.000 millones de dólares.
Del hype a la restricción
Para imaginar qué depara la infraestructura que la IA necesita (tierra, agua, energía) alcanza con mirar los lugares donde los data centers se instalaron.
Irlanda es un caso testigo. Dublín apostó temprano por los data centers y, según la Oficina Central de Estadística irlandesa, estos centros consumieron el 22% de la electricidad del país en 2024, más que todos los hogares juntos. Desde 2015 el consumo creció 531%. Ante esta situación, la respuesta fue una restricción concreta: EirGrid, el operador de la red, dejó de habilitar nuevas conexiones eléctricas, y el regulador propuso que todo proyecto deberá asumir su propia generación o almacenamiento energético.
Países Bajos y Singapur llegaron al mismo lugar por caminos distintos. En 2022, el gobierno holandés impuso una moratoria de nueve meses a los data centers de híper-escala (más de 10 hectáreas o 70 megavatios) para frenar el consumo de “una cantidad desproporcionada” de energía y de suelo. El detonante fue Zeewolde, un pueblo de 22.000 habitantes que en 2021 había aprobado un data center sobre tierra agrícola a la empresa Meta. El rechazo vecinal logró revertirlo en 2022, Meta abandonó el proyecto y la Justicia anuló el permiso en 2023. Se demostró que esa decisión no podía quedar en manos de un municipio chico compitiendo por inversión. Así, el gobierno nacional retiró la decisión de los municipios y restringe a dos a los data centers híper-escalares, por su cercanía a la energía eólica marina.

Singapur, por su parte, fue más drástico: sin tierra sobrante y con el 96% de su electricidad generada con gas natural, en 2019 frenó la aprobación de proyectos nuevos. En 2022 habilitó únicamente instalaciones de máxima eficiencia en el uso de los recursos.
La ONU no está ajena al debate. En 2024, los propios Estados miembros le encargaron al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) evaluar el impacto de la inteligencia artificial en toda su cadena de valor. Es decir, también la minería de los materiales que integran los chips, la fabricación del hardware y la basura electrónica que deja al final.
Un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas difundido en 2026 proyectó que, para 2030, los data centers podrían consumir 945 teravatios hora al año (casi el triple de lo que gastan juntos Pakistán, Bangladesh y Nigeria). Insumirá tanta agua como la que necesitan 1.300 millones de personas para vivir, ocupará más de 14.500 kilómetros cuadrados de tierra y generará 2,5 millones de toneladas de basura electrónica por año. En ese sentido, el secretario general de la ONU, António Guterres, lanzó una iniciativa para exigirles a las tecnológicas que midan y publiquen ese impacto completo —carbono, agua y tierra—, no solo las emisiones. Durante su lanzamiento en la Semana de Acción Climática de Londres afirmó: “No más costos ocultos. No más traspasar la carga a quienes menos pueden soportarla”.
La ola más reciente: Escocia, Nueva York y Virginia
La mayor cantidad de restricciones sucedieron durante 2026. El miércoles último el gobierno escocés anunció que aquellos data center que consuman más de 50 megavatios requerirán de una evaluación de impacto ambiental obligatoria antes del permiso de obra. El anuncio coincidió con el intento de los Verdes, partido ecologista irlandés, de imponer una moratoria. De los 24 proyectos en trámite que hay en el país, solo las primeras cuatro solicitudes en evaluación demandarían la misma energía de la central nuclear de Torness.
En Estados Unidos, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó en julio de 2026 la primera moratoria estatal del país sobre nuevos data centers de híper-escala: durante un año, el estado frenó nuevos permisos ambientales para estos proyectos mientras define estándares ante el impacto de la red y las tarifas. Según Good Jobs First, al menos 12 estados presentaron proyectos de ley similares durante 2026, y ya se cuentan más de 60 iniciativas de moratoria a nivel local, con más de la mitad aprobadas.
El conflicto más duro es en Virginia, el estado con mayor concentración de data centers del mundo, según Piedmont Environmental Council. Las comunidades litigan contra las autoridades. En marzo, la Cámara de Apelaciones de Virginia anuló la rezonificación que habilitaba el mayor complejo de data centers, en Prince William. Una organización de preservación histórica demandó por falta de transparencia al condado de Orange por otro proyecto. Mientras tanto, la Legislatura sigue discutiendo si suspende la exención impositiva que le ahorró 928 millones de dólares a la industria solo en 2023.

El otro frente es África
Si bien el continente africano continúa intentando ingresar al mapa de las inversiones en IA, ya está retrocediendo. En Kenia se frenó un proyecto de 1.000 millones de dólares entre Microsoft y la emiratí G42: un data center geotérmico que podría consumir un tercio de la capacidad instalada del país. El Presidente, William Ruto, explicó que “para encender ese data center tendríamos que apagarle la luz a la mitad del país. Ahí me di cuenta de que había un problema”. El Tesoro keniata no aprobó el financiamiento y el proyecto no prosperó.
En Sudáfrica, la preocupación es otra: los derechos humanos. La Comisión de Derechos Humanos del país recibió más de 250 presentaciones sobre el impacto de los data centers, que ya concentran el 70% de toda la capacidad instalada en África, según el propio Presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa. El caso más visible es Equinix, en Ciudad del Cabo: demandará unos 160 megavatios en una ciudad que en 2018 estuvo a semanas del Day Zero, cuando casi se quedó sin agua. Eileen Carter, de la comisión que consulta sobre el tema, resumió el reclamo: información pública y clara sobre cuánta agua, energía y territorio requiere cada proyecto y su impacto en las comunidades.
América Latina: la presión social puso límites
Paz Peña Ochoa, investigadora chilena especializada en los impactos socioambientales de la IA, resume el patrón regional: los gobiernos no solo ofrecen incentivos fiscales, también flexibilizan licencias ambientales o exigen normas poco claras y ambiciosas para atraer una economía digital concentrada en pocos países. Pero la presión social empieza a cambiar las reglas.
En 2019, Google presentó el proyecto Cerrillos Data Center: 200 millones de dólares y un diseño que iba a extraer 169 litros de agua por segundo del acuífero de Santiago, Chile. La autoridad lo aprobó en 2020 pese a la oposición vecinal, pero en 2024 el Segundo Tribunal Ambiental anuló parcialmente el permiso por no considerar el cambio climático. Google abandonó el proyecto y en 2026 intentó retomarlo con enfriamiento por aire, pidiendo evitar una nueva evaluación ambiental, algo que un decreto de enero facilitó al elevar el umbral para exigirla. Las organizaciones sociales OLCA y Mosacat llevaron el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acusando al Estado de cambiar las reglas a medida de la empresa.
En 2019, Google anunció la creación de un data center de 850 millones de dólares en Canelones, Uruguay, que consumiría 7,6 millones de litros de agua potable por día, durante la peor sequía en 70 años. El Ministerio de Ambiente ocultó el consumo de agua alegando secreto industrial, hasta que la Justicia ordenó informar los datos. La presión ciudadana forzó un rediseño: Google redujo el proyecto a un tercio y pasó a enfriamiento por aire de circuito cerrado.
La pregunta que el Súper RIGI no hace
Los conflictos por tierra, agua, energía, emisiones, ruido y contaminación visual se repitieron en casi todos los territorios donde avanzaron los data centers. Quedan fuera del centro del debate sobre IA, más enfocado en el crecimiento económico y la carrera entre potencias. Pero los frenos son reales: están en leyes, moratorias, fallos y normas de eficiencia que ya rigen en países como Irlanda, Países Bajos, Singapur, Escocia, Estados Unidos, Kenia, Sudáfrica, Brasil, Chile y Uruguay.
Todos esos países fueron respondiendo, cada uno a su manera, una misma pregunta sobre bajo qué condiciones puede un Estado recibir esta infraestructura. El Súper RIGI, que todavía espera dictamen en el Senado argentino, va en sentido contrario. No hace esa pregunta y ofrece beneficios por 30 años sin exigir condiciones ambientales, energéticas o hídricas que en otros lugares ya son consideradas necesarias.
* Soledad Vogliano es investigadora del Grupo ETC.
Fuentes:
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Mega data centers de IA: qué propone el “Súper RIGI” y cómo otros países buscan atraer estas inversiones: Chequeado, 02/06/2026.
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Súper RIGI: el plan de Milei para atraer inversiones en data centers y criptomonedas genera alertas ambientales en la Argentina: elDiarioAR, 28/08/2026.
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Datacentres in Scotland to face tighter environmental assessments amid AI boom: The Guardian, 16/09/2026.
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Large-scale data centres will require environmental assessment, Scottish Government confirms: STV News, 16/09/2026.
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Environmental impact requirement for data centres progress but “not enough”: Friends of the Earth Scotland, 16/09/2026.
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Scotland imposes mandatory environmental assessments on new datacentres: PA Media / AOL, 16/09/2026.
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Data centres consumed 22pc of Ireland's electricity in 2024: Silicon Republic / CSO, 2024.
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Dutch call a halt to new massive data centres, while rules are worked out: nl, 02/2022.
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Singapore lifts data center moratorium but sets conditions: Data Center Dynamics.
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Artificial Intelligence (AI) end-to-end: The Environmental Impact of the Full AI Lifecycle Needs to be Comprehensively Assessed: PNUMA (UNEP), 2024.
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AI's environmental costs threaten water, land and climate: Universidad de las Naciones Unidas, 04/06/2026.
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UN asks AI companies to reveal full environmental impacts: Climate Home News, 23/06/2026.
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Annex I: Global Digital Compact: Naciones Unidas, Pacto para el Futuro, 22/09/2024.
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First Statewide Moratorium on New Hyperscale Data Centers Launched by Governor Kathy Hochul: Oficina de la Gobernadora de Nueva York, 14/07/2026.
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Data Center Moratorium Bills Are Spreading in 2026: Good Jobs First, 19/02/2026.
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The People Say No: Resisting Data Centers in the South: MediaJustice.
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Local governments race to attract data centers, often in spite of concerns from their constituents: Virginia Mercury, 24/04/2026.
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Energy shortfall 'problem' scuppers Kenya's $1B Microsoft data center: Semafor, 06/05/2026.
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Civil rights groups urge a halt to South Africa data centers boom amid water and power fears: The Associated Press, 04/09/2026.
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Civil rights groups urge a halt to SA's data centres boom amid water and power fears: TimesLIVE, 05/09/2026.
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Empresa de energia renovável quer transformar pequena cidade da Bahia em quintal de data centers: The Intercept Brasil, 13/08/2026.
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Brazil's unique data center boom rides on clean power despite social burden: Mongabay / The Intercept Brasil, 24/08/2026.
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Data centers en América Latina: por qué las promesas de las big techs no coinciden con la evidencia: Aos Fatos / Chequeado, 14/12/2025.
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