Vivas nos queremos

Primera muestra sobre la violencia hacia las mujeres en la ESMA

 

Quizá este es el dato de época. El movimiento de mujeres en la calle atravesó las paredes del antiguo centro clandestino de la ESMA. El jueves pasado el ahora Museo Sitio de Memoria ESMA inauguró una muestra temporaria: Ser Mujeres en la ESMA, testimonios para volver a mirar, abierta en una fecha simbólica: entre el 8 M y el 24 de marzo. La exhibición que se extenderá durante tres meses busca revisar por primera vez en este lugar la historia de las mujeres que pasaron por el centro del horror de la Armada desde la perspectiva de género. Sobre la base de los testimonios de las sobrevivientes en cada etapa de los juicios por crímenes de lesa humanidad, narra y denuncia los abusos, violaciones y las múltiples y complejas formas de violencia ejercidas sobre ellas en tanto mujeres por el Grupo de Tareas 3.3.2. En ese giro entre pasado y presente, no sólo se detiene en el daño sino que rescata las estrategias individuales y colectivas llevaron a cabo para cuidarse a sí mismas, cuidar a otras y a otros. Los anclajes son las consignas que recorren las calles: Lo personal es político, Vivas nos Queremos y Soridad, un modo propio de intervenir en el presente.

 

Lo personal es político, Vivas nos queremos en la muestra Ser Mujeres ESMA. Foto: Camilo Del Cerro.

 

“Yo estoy acá en nombre de otras, estuvieron a punto de venir pero no pudieron hacerlo”, dijo Graciela García, la Negrita, como pudo, apenas agarró el micrófono, frente al edificio del ex Casino de Oficiales del centro del horror. “Es la segunda vez que entro a la ESMA después de que me liberaron —dijo—, así que tengo las manos empapadas”.

—No nos gusta para nada entrar acá y si podemos, no venimos.

Dijo. A su lado estaba Ana Testa, también sobreviviente. Y abrazada, todavía dijo más:

—El abuso sexual era lo habitual, y era inevitable. Creo que no se salvó ninguna compañera. Avanzar sexualmente contra todas fue una estrategia.

 

Ana Testa y Graciela García Romero.

 

Ana Testa declaró en cada uno de los juicios de lesa humanidad desde la reapertura de las causas en 2001, y demoró años en ponerle palabras a eso que durante años creyó como modo de protección de uno de los represores hacia ella. En uno de los juicios logró decirlo. Hablar de esa otra forma de violencia. Frente a ella estaban sentados aquel represor y su abogado. Ana dijo lo que pudo hasta que escuchó al abogado pedir la palabra. Y todavía hoy se tuerce cuando habla de ese momento: el abogado pidió a los jueces que la detengan por falso testimonio. El jueves en la ESMA, Ana dijo lo siguiente:

—Ellos eran propietarios de nuestras voluntades. Eramos objetos. Pasaba lo que pasaba en la sociedad civil: éramos floreros, mesas, sillas.

Y dijo:

—Hoy nos estamos repensándonos con el movimiento de mujeres. Ellas nos están haciendo repensar los roles de las mujeres en el campo de concentración. Especialmente en la ESMA, donde lo más importante es no emitir juicio sobre nada que haya sucedido acá adentro con otra mujer.

 

Foto del Colectivo Fotográfico Pandilla Feminista, material que también integra la muestra temporaria.

 

La apertura de la muestra temporaria se hizo frente a la piel de vidrio con las imágenes de las y de los desaparecidos, en las puertas del Museo. Alrededor de las sobrevivientes hubo una numerosa cantidad de mujeres. La directora del Museo Alejandra Naftal; Carolina Varsky, que impulsó en las salas de juicio los primeros pedidos para exigir al Estado el juzgamiento de estos delitos como crímenes autónomos dado que desde el Juicio a las Juntas habían quedado subsumidos dentro de los tormentos. Estuvo la fiscal del Juicio ESMA III, Mercedes Soiza Reilly, y la presidenta del Tribunal Oral del Plan sistemático de Robo de Bebés, María del Carmen Roqueta, que durante ese juicio preguntó a las sobrevivientes sobre los partos con la palabra parir, un gesto simbólico, apenas una palabra pero que rompía los códigos sin cuerpos y neutrales de los juicios. También estuvieron Cecilia Brizzio y Karina Bearzi que llevan la causa ESMA en el juzgado de instrucción de Sergio Torres, encargadas de preparar para la muestra una serie de papeles de la causa: resoluciones de 2011 y 2015 y la portada de un legajo en construcción con la palabra Reservado y el nombre de la víctima como secreto.

 

Vitrina. Papeles de la causa ESMA. Foto: Camilo Del Cerro

 

Torres explicó esos papeles en la apertura. Mencionó que las masacres y los genocidios se han reiterado a lo largo de la historia y los países lo han resuelto de diferentes formas. “Argentina eligió la Justicia como mecanismo para enfrentar lo que aquí ocurrió. La ESMA fue uno de los lugares donde se cometieron los crímenes más aberrantes en la historia de la humanidad, entre ellos los delitos contra la integridad sexual. Es en este aspecto en el que se observan algunas resoluciones dictadas en el juzgado que permitieron realizar las investigaciones en este sentido. Los desafíos son múltiples, hubo que separar los delitos contra la integridad sexual de los delitos de privación ilegítima de la libertad y los tormentos, que históricamente iban unidos. Por otra parte en la carátula de esta parte de la causa no hay nombres de ninguna víctima para no revictimizar y seguir llevando a cabo la investigación. La resolución incluye la reapertura de estos delitos en la causa y se declaran de lesa humanidad, ya que no se trata de casos aislados”, explicó, y sin saberlo daba respuesta a las preguntas que corrían a esa hora el Museo. Una de las periodistas con pie en las acciones callejeras preguntaba lo siguiente: en el marco de estas causas, ¿las violaciones se declararon imprescriptibles?

 

Sergio Torres. Foto: Camilo Del Cerro.

 

El Museo Sitio de Memoria ESMA se inauguró en mayo de 2015 con un guión museográfico basado exclusivamente en los testimonios brindados por los sobrevivientes y las sobrevivientes en los juicios de lesa humanidad. Pero la dimensión de género estuvo ausente. Esa omisión recién comenzó a entenderse cuando el Museo ya estaba abierto. Fue señalada en varias oportunidades, durante las visitas, por grupos de mujeres que impulsaban ese análisis específico en el campo de la Justicia. En ese sentido, la muestra viene a corregir esa ausencia. O completar aquel guión. El panel de apertura lleva por título Cuando un Museo no habla, explicita ese olvido y lo pone en contexto para explicar qué fue pasando con esas sensibilidades de género en la historia del movimiento de derechos humanos. Qué sucedió con las voces de las mujeres en el espacio judicial. Qué y cómo se dijo. Y qué y cuándo la Justicia comenzó a escucharlas.

 

Cuando un Museo no habla. Hall central. Museo Sitio de Memoria ESMA. Foto: Camilo Del Cerro.

 

Así, la muestra refleja el modo en el que la calle fue entrando como por ósmosis al espacio, dijo Naftal. Y lo hizo no sólo por aquellas preguntas. Sino porque la calle llega a través de los y las visitantes que acercan preguntas de la agenda pública. Y llega porque las y los guías también son jóvenes, muchos varones deconstruidos y mujeres activistas. Hace un año un grupo de ellxs comenzó a elaborar este proyecto. Emilia Giordano, Milagros Varela y Ezequiel Contardi se sumergieron a revisar los testimonios de los juicios y repensarlos. De ese trabajo surgió un primer eje, revolucionario en términos museográficos: algo que llamaron intervención silenciosa, una serie de correcciones en color violeta que atraviesan el Museo para reinscribir a modo de prueba de galera un nuevo lenguaje sobre la muestra permanente.

 

Intervenciones Silenciosas. Museo Sitio de Memoria ESMA. Foto: Camilo Del Cerro

 

En otro tramo, las paredes agrietadas muestran los nombres de las mujeres que pasaron por el ESMA. Ellas están reunidas, juntas, a modo de conmemoración: las desaparecidas, las sobrevivientes, las niñas que pasaron por el centro clandestino, las bebés nacidas en cautiverio.

 

 

Durante la elaboración de la muestra me sumé al equipo de contenidos como curadora. Hubo intercambios con las sobrevivientes, académicas, abogadas e investigadoras. Los borradores fueron y volvieron con correcciones y análisis generosos de todas ellas. Esos aportes quedaron plasmados en la muestra que así explica que no es producto de una única voz sino resultado de consensos.

Uno de los primeros encuentros se hizo con una sobreviviente, y académica. Ojo, dijo. A nosotras no nos secuestraron por mujeres, nosotras eramos militantes. Y el Grupo de Tareas nos hacía ingresar por las mismas puertas de acceso que a los varones. Hoy, las huellas de ese diálogo pueden rastrearse en el párrafo de apertura de la muestra:

 

La violencia hacia las mujeres en los centros clandestinos fue una expresión más de la violencia ejercida masivamente por las fuerzas armadas y de seguridad contra las y los militantes populares.

 

Luego están los paneles con los datos de aquello que sucedió en dictadura. Qué pasó específicamente con ellas.

  • “Las mujeres éramos su botín de guerra. Nuestros cuerpos fueron considerados como botín de guerra. Eso es algo bastante habitual, por no decir muy habitual, en la violencia sexual. Y utilizar o considerar a las mujeres como parte del botín es un clásico en todas las historias represivas de las guerras. Son innumerables los casos, forman parte de la cultura de la guerra y en esto no fue una excepción. Hubo muchas variedades. Y sí hubo un tratamiento diferencial entre secuestrados hombres y secuestradas mujeres, evidentemente”. Silvia Labayrú. Testimonio Juicio ESMA, Causa Unificada, 18/11/2013.
  • “Yo creo que tomar conciencia del maltrato hacia la mujer como hoy, no lo teníamos entonces. Había cosas que teníamos normalizadas y además en esas condiciones no lo hablábamos o nos avergonzaba hablarlo”. Ana María Soffiantini. Testimonio Juicio ESMA, Causa Unificada, 12/12/2013
  • “Por supuesto, no intervenía ningún tipo de decisión ni voluntad. O sea, ellos eran los dueños de nuestra palabra, de nuestra voluntad y de nuestro, no digo nuestra alma, porque nuestra alma no nos la robaron, pero muchas veces de nuestro pensamiento también”. N. L. V. Testimonio Juicio ESMA, Causa Unificada, 20/2/2014

Y hay un espacio muy cuidado dedicado a los Juicios. Bajo el título: Yo Acuso, cuando el Estado habilita la palabra, se exhibe un vivo de los Juicios. Una temporalidad que arranca en el Juicio a las Juntas y llega a la causa ESMA III con final en 2017, y permite leer los cambios en las narrativas y a las mujeres abogadas y fiscales que tomaron ese reclamo ante los jueces. En esos meses de idas y vueltas de correcciones, las sobrevivientes que dan testimonio recibieron el material y pudieron escoger si aparecer con nombre propio, o no. “Este es un espacio público del Estado, tenemos que ser muy cuidadosos acerca de cómo transmitimos esa voz para todas las personas y siendo muy respetuosos de las víctimas”, dijo Naftal. “Fue toda una discusión el eje de la intimidad, el respeto, que esos testimonios no sean escuchados con una música cualquiera, sino en un espacio íntimo donde se pueda escuchar en un marco de respeto”.

 

Yo acuso. El delito de violencia sexual en la Justicia. Museo Sitio de Memoria ESMA. Foto: Camilo Del Cerro.

 

La inauguración tuvo dos actividades centrales. Una maratón entre viejas y jóvenes coordinada por Flor Alcaraz y Sonia Santoro. Con Malena Sánchez, Antonella Costa, Analía Cid de Pandilla Feminista, Agnes Simon más conocida como Femigangsta, Juli Epstein del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y Emilia Giordano del Museo en diálogos cruzados con Miriam Lewin, Ana Testa, Ana María Soffiantini, Caro Varsky, Mercedes Soiza Reilly y la jueza jubilada María del Carmen Roqueta. El martes van cumplirse quince años desde la recuperación del predio. Miriam lo recordó para establecer un puente entre ese momento y este presente:

— ¡Hoy el feminismo entró a la ESMA y no se va de acá nunca más!

 

Gritó.

Foto: Camilo Del Cerro.
Recorrida. Foto: Camilo Del Cerro.

 

Y un conversatorio entre la semióloga italiana Patrizia Violi de la Universidad de Bologna y Elizabeth Jelin, legendaria en el campo de la memoria, violencia y derechos humanos. Fundamental para pensar esta muestra porque tendió puentes con nuevas generaciones de académicas que avanzan sobre esos lugares sobre los que ella misma aún tiene preguntas pendientes.

“Me gusta la idea de la sobre inscripción de la muestra”, dijo Patrizia Violi. “Avanza sobre la metáfora del palimpsesto, una escritura que se reescribe, como la memoria: una construcción continua que en todo momento cambia nuestra mirada sobre el pasado. La muestra tiene una manera muy inteligente de mostrar que hace pocos años nadie verdaderamente pensó en poner masculino y femenino, por ejemplo. La segunda cosa interesante en la exhibición es el panel de ingreso que dice: Cuando un museo no habla. Los museos, como todos los textos, hablan de algo y no pueden hablar de todo. Entonces hay cosas que no son visibles y es muy importantes para el museo su texto de esta manera, cuáles son las cosas que no podíamos ver hace cuatro años y lo que podemos leer hoy”.

 

Patrizia Violi. Foto: Camilo Del Cerro.

 

En esa línea, Jelin se preguntó: ¿Cómo miramos hoy algo que pasó hace tan poco tiempo, que es el armado de este Museo? Cuatro o cinco años que pasaron, es un hoy que interpela, no al pasado de la memoria, sino a la memoria de la dictadura plasmada en el Museo. Toda historia es contemporánea y también es un poco anacrónica. Preguntamos cosas hoy que tal vez podríamos haber preguntado hace un tiempo, pero lo hacemos hoy. La cuestión de género en la dictadura no es un tema nuevo, ha estado en el mundo académico, en los testimonios, en la política. Sólo que estuvo de tal manera que, quizás, yo diría, no con una perspectiva de género”. Había otras urgencias, dirá.

 

Elizabeth Jelin. Foto: Camilo Del Cerro.

 

Luego apareció la zona gris. Patrizia Violi retomó a Primo Levi para hablar de la zona gris. La muestra revisa desde el presente el Proceso de Recuperación de Prisioneros. El experimento del Grupo de Tareas de la ESMA con una pata en el trabajo forzado, por el que sometió a un grupo de prisioneros y de prisioneras a un programa con el supuesto objetivo de recuperarlos moralmente y políticamente. Para las mujeres eso incluía adecuarse a un supuesto arquetipo de modelo femenino como parte de la recuperación, tal como fueron explicando ellas mismas en biografías, testimonios y en los juicios, trabajado por las autoras de Y nadie quería saber,  y recientemente por la argentina Bárbara Sutton en Surviving State Terror. Esa readaptación en el modo de vestir, de hablar y de comportarse, también impuso vínculos con oficiales del Grupo de Tareas. En ese contexto, ellas padecieron abuso, acoso y diversas formas de esclavitud sexual. Pero aún en esas circunstancias, señalan los paneles, para sobrevivir algunas simularon aceptar las reglas de juego. La simulación les exigió transitar distinto tipo de situaciones, en ocasiones verdaderamente grotescas, en las que debieron recurrir a formas de auto-control riguroso sobre sus cuerpos y emociones.

 

Primo Levi.

 

Los testimonios enumeran diversas estrategias: contener o fingir lágrimas, hacerse la “boluda” ante una situación o arreglarse exageradamente para cumplir con las expectativas del modelo de “señora” esperado por los captores. Y dice: “Durante años, muchas mujeres no pudieron hablar de esta experiencia. En algunos casos, porque quedó minimizada ante el horror de la desaparición forzada. En otros, porque optaron por el silencio como estrategia para proteger a sus seres queridos. O porque no encontraron receptividad, en una sociedad que impugnaba su condición de víctimas”.

El título del panel es Vivas nos Queremos. El arte de la simulación. Patrizia Violi entendió que la muestra habla de ese arte de la simulación como una agencia de las mujeres, pero señaló que eso tal vez no debe pensarse como un activo sino como otra forma de violencia. “Creo que la cuestión de la simulación que fue practicada aquí, hay que pensarla como otra forma mas sutil, pero terrible, de violencia de género, terrible porque forzaba a las mujeres a estar conformadas de acuerdo al rol mas femenino y mas estúpido que tenemos”.

¿Es así? Forzaba a las mujeres, claro. Pero la idea del arte de lo que habla es de que aún ahí hubo algo, que ellos no se llevaron. Algo que escapó al arrasamiento completo. Como dijo cada una de las mujeres que intervino en ese panel, esto es un punto de partida. Llegarán las preguntas. Las nuevas generaciones. Las pibas con indagaciones propias para hacerle a ésta, nuestra historia presente.

 

 

 

4 Comentarios
  1. Agustina Paz Frontera dice

    muy emocionante, gracias

  2. Julia Tizzoni dice

    Gracias infinitas por este trabajo testimonial certero y liberador.

  3. Alejandra Castro dice

    La intensidad emotiva que contiene y transmite este artículo traslada inevitablemente a una atmósfera cruel, agobiante, de humillación y desprecio por la condición humana que continuará reavivando (al mismo tiempo y con la misma intensidad) la integridad y fortaleza de todxs lxs que construyen estos canales de comunicación para que la historia nos atraviese.

  4. graciela dice

    El campo no puede arrasarlo todo, en esa simulación había algo de resistencia, esa misma resistencia que les permite hablar de lo que nadie quiso escuchar. El testimonio de las y los sobrevivientes no habla de sus propias experiencias sino de lo acontecido a toda la sociedad civil.

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