Volver al mar

La música que escuché mientras escribía

 

Nina Simone es uno de los grandes nombres de la música afro-estadounidense. La hemos escuchado mil veces, porque además de una gran intérprete fue una notable compositora, cuyos temas están entre las denuncias más estremecedoras del racismo vigente hasta hoy en su país. Menos conocido es su verdadero nombre, Eunice Waymon, y que fue tataranieta de un esclavo africano y de una nativa originaria. Fue una niña prodigio que a los 5 años acompañaba al piano a su madre, predicadora en una iglesia metodista de Carolina del Norte. Sexta de ocho hermanos, nació durante la Gran Depresión. A los 9 años comenzó a tomar clases de piano. A los 11 interrumpió su primer concierto, cuando vio que sus padres eran forzados a dejarle sus asientos a dos blancos. Hace unos años te conté que su profesora, Muriel Mazzanovich, a quien llamaba Miss Mazzy, sólo le hacía estudiar con partituras de Bach, que la intimidaban. Pero no mucho después "entendí por qué lo hacía, y amé a Bach tanto como ella. Es técnicamente perfecto. Una vez que entendí la música de Bach no quise ser otra cosa que concertista de piano. Por Bach, dediqué mi vida a la música". Quería ser la primera concertista afroamericana. Con un fondo que Miss Mazzy armó con los ingresos por sus conciertos infantiles, pudo pagarse un año y medio en la Juilliard School de Nueva York, pero cuando se presentó a una beca ante el Curtis Institute of Music de Filadelfia, fue rechazada. "Me llevó seis meses darme cuenta de que fue porque era negra", escribió.

Su admiración por Bach estaba bien fundamentada: "Es un matemático y cada nota agrega algo, tiene un sentido. Son como las olas del mar, cada vez más grandes, hasta que coinciden en una gran tormenta. Cada nota está conectada con la siguiente, y debe ser interpretada a la perfección porque de otro modo se pierde el efecto", dijo. En 1987, en el festival de Montreux, convirtió My Baby Just Cares For Me en una impecable fuga de Bach.

 

 

Si no recuerdo mal, fue Andrés Jaroslavsky quien me contó la anécdota, real o apócrifa pero famosa, de Beethoven, diciendo "No debería llamarse Bach sino Meer", es decir, Mar en vez de Arroyo. Tampoco es segura la verosimilitud de la historia que se cuenta sobre las Variaciones Goldberg, que Bach escribió hace 285 años, según la cual fue dedicada a su discípulo Johann Gottlieb Goldberg, a pedido del protector del pianista, el conde Hermann Carl von Keyserlingk, que quería una pieza suave para que se la tocaran a la hora de dormir. Pero en ese año, Goldberg era solo un pibe de 14 años y la obra es de una enorme complejidad. Tal como decía Nina Simone, se trata de una perfecta estructura matemática. El nombre de Goldberg no está en la partitura, que sólo dice Aria mit verschiedenen Verænderungen vors Clavicimbal mit 2 Manualen, es decir Aria con variaciones diversas para clave con dos teclados. Formaba parte del Clavier-Übung, o, en la grafía actual Klavierübung o ejercicios para teclado, compuesto para aficionados competentes y exigentes. Si te interesa, podés ver aquí lo que dice de esa estructura de Bach el chat GPT.

​El pianista austríaco Rudolf Serkin fue el primero en grabarlas, en rollos para piano mecánico Welte-Mignon, en 1928, en Stutgart. Es impresionante la velocidad de su digitación, cuando tenía 25 años. Versiones posteriores son muy distintas, tal como ocurrió con Glenn Gould.

 

 

Creo que lo que vamos a escuchar ahora es la versión a partir de esos rollos que se lanzó  en 2001.

 

 

La segunda grabación es de 1933 y la realizó en clavecín Wanda Landowska.

 

 

La tercera la grabó mientras yo estaba naciendo, el chileno Claudio Arrau.

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí