Votos, educación y conurbano

Las PASO fueron primera vuelta y la elección un balotaje

 

La elección del 27 de octubre mostró un resultado excelente para el peronismo que ganó en casi todos los distritos. Las excepciones fueron CABA, Mendoza, San Luis, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe que respaldaron a Cambiemos. El núcleo de la exportación agropecuaria y la Capital Financiera.

Supongamos que los números del recuento provisorio son veraces, más allá de las dudas y de cierta intuición generalizada de que en el definitivo la diferencia será mayor.

En números redondos Fernández logró casi el 50% de los votos. Le sacó ocho puntos porcentuales a Macri. Hace tres meses este resultado hubiera despertado algarabía en la oposición y depresión en el oficialismo. No hay motivo para que hoy no ocurra lo mismo.

Es cierto, para el oficialismo las PASO fueron una catástrofe. Y el resultado del domingo muestra que con relación a agosto Macri sumó aproximadamente dos millones de votos mientras que Fernández mantuvo el caudal, con un aumento mucho menor. Si esos fueron realmente los números, se podría explicar el cambio en lo que apuntó cada una de las campañas. La de Macri, a reunir como voto útil en su favor a todo el que no hubiera votado al peronismo. Fernández, por su lado, tuvo por objetivo a mantener los votos y no arriesgar. Si fue así, ambas campañas resultaron exitosas.

Tal vez en ese segmento del voto útil, el uso de la Big Data con la información de las PASO mostró su potencia. Cambiemos lleva invertidos muchos años en desarrollo y acumulación de información. Buscó atraer para Macri con mensajes precisos (aun discriminatorios o fake), el voto útil. Con la estrategia de la grieta trató de articular “el partido del balotaje”. Las PASO, en este contexto, son una herramienta útil para quien tiene la tecnología y la vocación de usar la información –a veces de modo ilegal— para dirigir mensajes específicos a grupos determinados. La estrategia pudo consistir en identificar al votante de Macri en el balotaje de 2015 que le dio la espalda en las PASO, y dirigir los mensajes de miedo respecto del peronismo para producir el efecto buscado. En cambio, para el peronismo las PASO no fueron útiles. Se hubiera visto beneficiado con una sola elección donde la espontaneidad del voto no diera revancha al que cuenta con información y caja. Las PASO fueron primera vuelta y la elección un balotaje.

 

Un aumento llamativo

Más allá de tecnologías, el aumento de votos de Macri es llamativo. La economía empeoró. El dólar y la inflación volaron. Sus intervenciones públicas expresaron un discurso de derecha con tendencia a lo chabacano. El discurso colateral en redes con fake, o el de Pichetto, fueron rayanos con el racismo. Entender las causas de ese 40% es relevante. Obviamente, están los pocos ganadores económicos de estos años. Pero también perdedores cuyas creencias incluyen tesis de supremacía de la clase media y alta por sobre los habitantes del Conurbano, y de odio. Un porcentual no es novedad. Siempre hubo un nicho muy reaccionario que apoyó las políticas más horribles. Pero alarma si esos valores fueran compartidos por una porción de la sociedad que supere, digamos, un 15%. El voto no peronista de clases medias, tradicionalmente radical, no expresaba posiciones tan reaccionarias. No creo que el 40% sostenga esas posturas, pero la opción moderada (Lavagna) se desinfló. También es cierto que el épater le bourgeois es una trampa que al peronismo le cuesta evitar.

La idea del pacto social y económico no es factible si una mayoría muy extendida de la población y sus representantes no rechaza de plano las tesis de supremacía y odio. Esto es aplicable no solo al sustento social que requiere un plan social y económico ante la crítica situación que vive la Argentina. También el día a día de la gestión política será complicado si, por ejemplo, la dirigencia de Cambiemos con representación parlamentaria asume el discurso absurdo.

Por cierto, los cortes de boleta, más allá de los gustos o preferencias por cada candidato, desmienten una vez más a los supremacistas, cuya tesis, francamente, es de idiotas. Los resultados muestran un votante que se informa y decide. Invito otra vez a revisar las elecciones desde la ley Sáenz Peña. Todas expresan decisiones razonables, más allá de preferencias políticas y de si luego los dirigentes cumplieron las expectativas.

El país necesita la convivencia y un conjunto de temas que queden fuera de la competencia. Desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX la educación pública y gratuita universalizada fue un punto de acuerdo. Todos lo declaman antes de una elección, pero ¿lo es actualmente? Desde 1983 el acceso al poder quedó circunscripto a la vía electoral. Este sí es un punto de acuerdo. Todos los partidos y los grupos empresarios renunciaron a recurrir a golpes militares. La persecución penal de los crímenes de lesa humanidad es otro punto de acuerdo. La lucha contra la pobreza debería otro asunto de un gran acuerdo de la clase dirigente. En lo inmediato por medio de la lucha contra la indigencia. En lo mediato, a través del desarrollo industrial y la sustitución de importaciones, y de la educación. Un asunto que la Argentina había resuelto y que hoy es un problema grave. (Como los trenes y tantos otros.)

 

Los desafíos

El nuevo gobierno tiene evidentes desafíos inmediatos y de mediano alcance.

En lo inmediato debe ordenar la deuda externa. Tener una moneda es básico para estabilizar el día a día y sostener un plan.

En la Argentina significa controlar el valor del dólar. Las medidas que Macri tomó desde diciembre de 2015 de liberar de obligaciones a los exportadores, bajar retenciones y abrir el país a la especulación financiera tuvieron efectos devastadores. Termina prohibiendo la compra de dólares, pero ni aún así luego de las PASO aumentó las retenciones a pesar de que el dólar aumentó hasta valer 65 pesos. Es dudoso que los exportadores estén cumpliendo la obligación de liquidar las divisas con la reposición del decreto de Illia. Tal vez el futuro gobierno pueda revisar las normas organizadas para proteger todas las maniobras de los exportadores, como fijar el porcentual tributario con una mera declaración protegiéndose de futuros aumentos, etc.

Paralelamente, Fernández debe poner en marcha el aparato productivo y el consumo sin que se disparen los precios. Es imprescindible ante las privaciones de los sectores indigentes y pobres que no admiten demora. También porque la inmediata mejora en las expectativas es el capital político con que contará para avanzar en los planes de gobierno que vayan modificando las situaciones que claman al cielo en materia de producción, educación y justicia social.

Volviendo a la hipótesis de la distancia por ocho puntos entre Fernández y Macri, no es casual que seis de esos puntos provengan del resultado obtenido en la provincia de Buenos Aires. Ni que tres se originen en la Tercera Sección (el segundo y tercer cordón del Conurbano sur). Es el sector que reclama atención más urgente de la Nación. El segundo y tercer cordón del Conurbano exige obras. Es cierto que las necesidades vienen de lejos. Pero también lo es que, con Macri, la Nación dedicó cientos de millones de dólares a obras en CABA a la que, además, le triplicó casi la coparticipación. Quienes sepan de macroeconomía dirán si es un número relevante o no, pero desde lo simbólico la inversión de Nación en Puerto Madero, en el Paseo del Bajo, es indefendible desde cualquier punto de vista de prioridad de necesidades y equidad en el país.

Ese sector social necesita escuelas. No debería haber mucho que discutir. Seguir llorando sobre las carencias presupuestarias de la provincia de Buenos Aires por la pérdida de los puntos de coparticipación durante el gobierno de Armendáriz es buscar una excusa. El Conurbano en general y la educación en particular son temas nacionales. No exclusivos de la provincia de Buenos Aires. La Nación tiene que proponer un plan de construcción y gestión de escuelas en el segundo y tercer cordón del Conurbano. No es solo una obligación moral, sino una necesidad política, salvo que renunciemos a la idea del pacto social y de vivir en “una sola nación para un solo pueblo”, como le gusta decir a los constitucionalistas, que es una idea que no se agota en la existencia de reglas uniformes para el ejercicio del comercio. Si en la Argentina, que hace cincuenta años tenía resuelto este asunto, los pobres no tienen acceso a educación gratuita de calidad, es difícil elaborar discursos de justificación del Estado. Puede resolverse mediante transferencias con fines específicos o con intervención directa de la Nación volviendo a los colegios nacionales que entre 1905 y 1976 conformaron un programa de país. Esperar a la “nueva ley de coparticipación”, que tal vez nunca llegue, no es la solución.

La intervención de la Nación y la provincia en el Conurbano debe ser urgente y planificada. Que no haya más hambre, que existan colegios de calidad en cantidad suficiente y obras estructurales debe ser una prioridad de la Nación. Las movilizaciones en Ecuador y Chile son un llamado de atención hacia la clase política. Argentina, con una masa de pobres e indigentes enorme, ante la baja consideración que tiene la población respecto de su clase dirigente, jueces, fuerzas de seguridad, exige gran prudencia. Apostar solo a la histórica condición pacífica y paciente del pueblo argentino puede ser un error.

Por eso es esencial que la futura oposición no asuma el discurso extremista que parte de Cambiemos enarboló en la campaña, y que el futuro oficialismo no solo acierte en las primeras medidas, sino que exhiba una idea política general que dé coherencia a un conjunto de gestiones particulares en los más variados sectores. Y dé esperanza a una población de que no va a encontrar mágicamente satisfacción inmediata a sus necesidades materiales.

Vaca Muerta y Pacto Social y Económico para vigorizar una industria exportadora son los dos objetivos que la futura administración, muy razonablemente, estableció como columnas de plan de desarrollo. Pero salud, políticas para las fuerzas de seguridad, jubilados, crédito, vivienda, derechos humanos, control del comercio exterior, salario, relaciones exteriores, Poder Judicial, son algunos de los muchos títulos que reclaman atención urgente. Coparticipación, repensar el federalismo y la idea de Nación, la adecuación de la integración de la Cámara de Diputados a reglas realmente democráticas que aseguren el principio “un hombre un voto”, el control administrativo y judicial de la decencia en la gestión pública y de los privados que contratan con el Estado, la revisión del modo en que quedó conformado el mapa de la energía por el copamiento de amigos —y tal vez socios— del Presidente, la renegociación o denuncia de los tratados que someten a la Nación ante el CIADI aun por actos que realice cualquier provincia o municipio, las agendas de género, la adecuación del derecho ante la irrupción de internet y las prácticas monopólicas y violatorias de la intimidad de las grandes multinacionales de ese sector, la revisión de la carga tributaria, son, entre otros tantos, algunos aspectos de un plan integral que el futuro gobierno debe encarar con planificación y buena gestión desde el primer día.

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17 Comentarios
  1. Marcela dice

    Excelente nota. Coincido en las prioridades. Me detengo en la construcción de escuelas. La gestión Vidal no hizo ni una sola escuela nueva. Solo inauguró contados jardines que ya tenían casi final de obra cuando entro en el gobierno, pero abandonó hasta el estropicio total otras obras que las comunidades todavía esperan porque necesitan.
    En toda la provincia solamente el 11% de las escuelas tiene doble jornada. La ley plantea que deberíamos alcanzar un porcentaje muchísimo mayor.
    En las escuelas del segundo cordón ya naturalizamos trabajar con más de 30 niños en el aula a cargo de un solx docente.
    En las barriadas no hay ninguna oferta educativa extra escolar que permita que lxs niñxs y jóvenes se involucren en proyectos artísticos y deportivos, salvo los programas (creados en la gestión anterior) que milagrosamente pudimos sostener (porque a pesar de que los ajustaron todo lo que pudieron, las comunidades los bancaron y defendieron).
    Muchas escuelas secundarias se apilan en aulas prestadas de las primarias de al lado y tienen que abrir turno vespertino para poder brindar el secundario completo a miles de jóvenes que están en edad de obligatoriedad escolar.
    En fin, así podríamos seguir… construir escuelas comenzaría a solucionar muchos problemas educativos, culturales y sociales. Además generaría cientos de los puestos de trabajo que necesitamos para tener pleno empleo en varios rubros sobre los que hoy campea la malaria.
    Saludos, y siempre gracias por EL COHETE a la LUNA

  2. Luis Juan dice

    Estimado Enrique:
    Si me permite, una digresión que -me parece- podría complementar su análisis.
    Jorge Majfud escribió en julio/2016 un artículo titulado “Cuando los de abajo se odian: La lógica del racismo” (alainet.org); cito algunos párrafos:

    “…A principios del siglo XVIII, los gobernantes de las colonias promovieron el odio entre los colores (las diferencias más superficiales pero más visibles) para evitar que el descontento del abuso de clases uniera a blancos pobres, negros esclavos e indios despojados en una revuelta mayor a las que se habían producido con anterioridad, exitosamente abortadas por la fuerza de las armas.”
    “…Conceptos similares de fracciones humanas habían sido recogidos por la constitución, cuando se reconoció que un negro valía tres quintos de un blanco en términos electorales; aunque, obviamente, no votaban, más esclavos conferían más poder democrático a sus amos por la lógica de la propiedad privada.”
    “…Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que estamos hechos de siglos de historia, nos guste o no, lo sepamos o no. Pero siempre es mejor saberlo. Como es tradición, desde las guerras religiosas de la Edad Media hasta las guerras del último siglo, los pueblos viven las pasiones y otros muchos menos viven los beneficios. Como en el fútbol, pero menos divertido y mucho más trágico.”
    “…El dinero es una abstracción sin moral, pero deja de ser neutral apenas representa al poder de turno. El odio tiene sus beneficios económicos, porque es un instrumento infalible de una de las necesidades básicas del poder: la división de otro, la fragmentación. El poder sabe que en una democracia decente será dividido y dividido, razón por la cual, para evitar su propia división, se encarga a su vez de dividir, de deshumanizar.”
    “…Cuando los problemas provocados por las brutales desigualdades sociales (hoy en Estados Unidos 0,2 por ciento de la población posee lo mismo que el 90 por ciento) se llevan a todos sus extremos, nada mejor como ocultarlas y fortalecerlas recurriendo al racismo, una vieja y siempre latente tradición. Cuando los de debajo se pelean por un pedazo de pan, los de arriba festejan con caviar y se preparan para sus caritativas donaciones.”
    Vladimir Obando (revistacrisis.com) escribió “Racismo, sentido común y dispositivos de dominación social” y, entre otras cosas refiere:
    “…El racismo es entendido como “un fenómeno social total que se manifiesta en (…) prácticas sociales de dominación” (De la Torre, 1996) y tiene como finalidad “mantener el privilegio de unos y la subordinación de otros dentro de una situación cambiante” (Hollenstein 2009). En esta lógica, el racismo niega la diversidad y construye una sociedad a partir de patrones dominantes fenotípicos, culturales, ideológicos, de clase, de género, entre otras dimensiones desprendidas de una clase dirigente diferenciada en dichos términos.”
    Jorge Gómez Izquierdo en su dossier “La conceptualización del racismo en Michel Foucault” (revistas.unam.mx), refiere:
    “…Podemos, con la guía de Foucault, se¬guir la génesis y transformaciones del racis¬mo que atraviesan transversalmente los discursos historiográficos, biológicos, mé¬dicos y psiquiátricos, hasta su reubicación, después de la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial, cuando quedó extirpado de todo fundamento científico y, censurado por la opinión pública mundial como un equívoco malévolo, en el ámbito de las dife¬rencias culturales para, de esa manera, seguir expresando intacto su núcleo dis¬criminatorio y excluyente en lo que desde hace algunas décadas se conoce como neo-racismo.”
    “..Con los conceptos de biopoder y biopolítica se hace referencia a la época (siglos XVII y XVIII) en que la preocupación del Estado por garantizar la vida, su buena reproducción, su fortaleza y administración se convierten en el foco central de diversas estrategias políticas. El biopoder des¬cubre en el racismo una tecnología y una justificación para legitimar su intromi-sión en la vida de la población para separarla y jerarquizarla, pues se requiere tener los criterios que permitan al Estado discernir entre la población a la que se debe “dejar morir” y aquélla a la que hay que proteger para “hacerla vivir”.”
    “…Las luchas políticas populares de la burguesía (en Inglaterra) a fines del siglo XVI y principios del XVIII, luego de la aristocracia contra el poder monárquico (en Francia) a principios del siglo XVII y a lo largo del XVIII se expresaron en el vocabulario de la lucha racial.”
    “…Por ejemplo, el discurso de la guerra de razas, aunque sustentó el “proyecto revolucionario de escribir una historia cuyo ver¬dadero tema fuera el pueblo”, también alimentó la “descalificación de las subra¬zas colonizadas” (Foucault 2006, 76-79) por Europa, y avaló, por tanto, la ges¬tión administrativa del biopoder de estados homicidas y genocidas.”
    “…La transmutación biologista de la lucha de razas, por su parte, se expresará en el molde de los conceptos de la teoría evolucionista y de la lucha por la vida. Ambas concuerdan en la necesidad de desterrar del cuerpo social la imagen binaria que la divide en dos campos raciales antagónicos. En su lugar se esforzarán en sustituirla por la idea de que, en vez de dos razas que se enfrentan, lo que debe caracterizar al cuerpo social es la existencia de una sola raza, que sin embargo ha producido una subraza que amenaza con degenerar el patrimonio biológico del conjunto.”
    “Esas transformaciones son importantes pues establecen que de ahí en ade¬lante lo que amenaza a la sociedad, y de lo que debe defenderse, es de un ene¬migo interno, un enemigo que es biológico y que deberá ser eliminado.”
    “…Y el Estado, que en la contrahis¬toria fue considerado la herramienta de una dominación injusta de una raza contra otra, será revalorado en la trascripción burguesa como “el protector de la integridad, superioridad y la pureza de la raza” en una sociedad que se imagina a sí misma racialmente homogénea ante sus enemigos biológicos, heterogéneos al cuerpo viviente de la sociedad: los extranjeros infiltrados y los desviados. “La idea de la pureza de la raza, con todo lo que implica a la vez de monista, estatal y biológico, es lo que va a sustituir la idea de la lucha de razas. Cuando el tema de la pureza de la raza sustituye el de la lucha de razas, creo -escribe cautelo¬so Foucault- que nace el racismo o se produce la conversión de la contrahisto¬ria en un racismo biológico” (Foucault 2006, 81).”
    “…La sociedad moderna que asiste a la aparición del régimen del biopoder es el campo de acción en el que el racismo surge y echa sus raíces. Funcionará como coartada para la colonización del mundo extra europeo; por tanto, servirá como coartada para el genocidio colonizador.”
    “El biopoder puede matar personas, po¬blaciones y civilizaciones gracias a los temas del evolucionismo, gracias al ra¬cismo, afirma Foucault. Lo específico del racismo moderno está vinculado a la tec¬nología del poder que requiere ejercer el derecho soberano sobre la vida y la muer¬te, pero resalta sobre todo ese papel como avalador de la muerte, que es una de sus funciones estratégicas. “El racis¬mo está ligado al funcionamiento de un Estado obligado a servirse de la raza, de la eliminación de las razas o de la purificación de la raza para ejercer su poder soberano; el funcionamiento, a través del biopoder, del viejo poder soberano del derecho de muerte implica el funcionamiento, instauración y activación del racismo. Y creo que éste se arraiga efectivamente ahí” (Foucault 2006, 233).”
    “…A este poder soberano que “hace morir o deja vivir”, se superpone desde el siglo XVIII una nueva forma de poder, que marca un profunda transformación en los mecanis¬mos de dominación, cuya meta sería administrar la vida, asegurarla, desarro¬llarla y cultivarla, que trabaja en la excitación, reforzamiento, control, vigilan¬cia, dirección y organización de las fuerzas sometidas. Este nuevo poder está dirigido a “producir fuerzas, a hacerlas crecer y ordenarlas más que a obstacu¬lizarlas, doblegarlas o destruirlas” (Foucault 2011, 126). La escala de control disciplinar así establecida por un poder infinitesimal actúa sobre el cuerpo acti¬vo para hacerlo útil y productivo y, al mismo tiempo, para sujetarlo a una rela¬ción de docilidad y obediencia política. Las disciplinas sobre el cuerpo humano son las fórmulas generales de dominación, que con sus efectos positivos están ligados al sistema de producción del capitalismo industrial de una forma dife¬rente a cómo los sistemas punitivos propios de las economías de la esclavitud, de la servidumbre o del vasallaje tenían una correlación estricta con los efectos de sus correspondientes sistemas de producción y formas diferentes de corre-gir, apropiarse, dominar o someter a los cuerpos individuales para obligarlos a trabajar para sus respectivos amos o señores. “Pero al exigir el sistema indus¬trial un mercado libre, la parte del trabajo obligatorio hubo de disminuir en el siglo XIX en los mecanismos de castigo y fue sustituida por una detención con fines correctivos” y por un control disciplinar fabril que aumenta la fuerza económica y, al mismo tiempo, disminuye esa fuerza en términos de obediencia política a través de una relación de sujeción estricta. Es la anatomía política como mecánica del poder industrial. Las técnicas disciplinarias y regulatorias aparecieron precisamente cuando el poder de soberanía se mostró inoperante para regir y controlar el cuerpo económico y político de una sociedad que en su proceso de expansión demográfica e industrial amenazaba con desbordar sus sistemas de control y de coacción tradicionales. (Foucault 2010, 34-35)”
    “…Entonces, individuo y masa se consideran menos como oponentes que como dos aspectos de una tecnología política completa o polifacética. Tecnología que al mismo tiempo se dirige tanto al control del in¬dividuo-cuerpo como al de la especie humana.”
    “…La tecnología racista es múltiple en sus efectos y su utilidad no se circuns¬cribe exclusivamente a la de ser la garantía para ejercer la potestad sobre la muerte. Foucault en Defender la Sociedad distingue una serie de funciones del racismo dentro de las estrategias biopolíticas.”
    “Una primera función del racismo se dirige a establecer jerarquías que rom¬pen o fracturan el continuum biológico de una población determinada. Al clasifi¬car a la población en razas buenas o ma¬las, bellas o feas, capaces o incapaces, el racismo regala al biopoder estatal el cri-terio de separación para determinar quién “debe vivir” y a quién hay que “de¬jar morir”. El racismo cumple aquí el pa¬pel de separador de la especie humana en subespecies o razas diferenciadas.”
    “…La pluralidad de razas es desplazada por la imagen de una sociedad mono-racial que se sentirá amenazada por todas partes. Por eso Foucault habla del racismo que la sociedad ejerce contra sí misma, contra sus propios ciudadanos, de ahí que la purificación permanente se convierta en una dimensión fundamen¬tal para normalizar a la sociedad. En esta perspectiva, la homogeneización racial y de costumbres, tanto como la clara jerarquización entre buenos y ma¬los, superiores e inferiores, va a representar estrategias complementarias en esa normalización según los criterios de seguridad biológica. Homogeneizar y jerar¬quizar representan estrategias complementarias.”
    “Una segunda función del racismo permite al Estado el ejercicio del biopoder en términos de hacer efectivo su derecho de soberanía para condenar a muerte o multiplicar los riesgos de vida a las llamadas razas inferiores. Establece una relación no ya guerrera sino biológica para eliminar, neutralizar o excluir del cuerpo social a todos aquellos elementos (inferiores, incapaces, anormales, en¬fermos, degenerados, pervertidos) que con su sola presencia se consideran amenazas para la fortaleza, vigor y reproducción de la parte sana de la socie¬dad.”
    “El enemigo de la sociedad, y del que con ahínco debe defenderse, será no una amenaza política-militar, sino biológica. La eliminación de ese peligro es la garantía para el despliegue de la raza superior. En esta sociedad moderna del biopoder resalta la importancia de la distinción entre normal y anormal para in¬ventar al enemigo biológico que debe ser eliminado para garantizar la vida sana y normal de la raza superior y del cuerpo social en su conjunto. La norma bio¬lógica (moral, sexual, de conducta) que establece el racismo legitima la elimina-ción de los inferiores y justifica el ejercicio del biopoder del Estado. Aquí el ra¬cismo permite no solamente una jerarquización de lo que es digno de vivir, sino que pone la salud de unos en relación directa con la desaparición de otros. “La muerte de los otros no significa sencillamente mi sobrevivencia en términos de que aumente mi seguridad personal. La muerte de los otros, la muerte de las ra¬zas malas, las razas inferiores, degeneradas o anormales, hará la vida en gene¬ral más sana”.”
    “En esta segunda función el racismo va más allá. No se circunscribe a marcar una línea de separación entre “sana” y “enferma”, entre “digno de vivir” e “indig¬no de vivir”, sino que establece una relación positiva del tipo “cuanto más dejes morir, más, por eso mismo, vivirás” o en otras palabras: “si quieres vivir, es pre¬ciso que hagas morir, es preciso que puedas matar”. Por lo tanto, el racismo po¬sibilita una relación dinámica entre la vida de unos y la muerte de otros, pero también abre el camino que posibilita el suicidio de la propia raza. El racismo permite no solamente una jerarquización de lo que es digno de vivir, sino que pone la salud de unos en relación directa con la desaparición de otros. Propor¬ciona el fundamento ideológico para identificar al otro, expulsarlo, combatirlo e incluso asesinarlo en nombre del mejoramiento de la vida. Y esa disposición mortal, posibilitará que el poder exponga a su propia raza “al peligro absoluto y universal de la muerte”. La eliminación de parte de la propia raza se ve como una manera de garantizar la regeneración y superioridad de esa raza a la que por definición debería proteger (Foucault 2006, 230-235).”
    “El estado moderno, en esta sociedad que se imagina como una totalidad biológica a conservar en su estado puro, se asume como la instancia central que conduce y gobierna y protege a la sociedad de los enemigos. El racismo determina así la racionalidad y orientación del estado y sus políticas desde fines del siglo XIX. No es una cuestión de maldad de las élites, sino de presupuestos que hacen funcionar a los aparatos del Estado y determinan sus políticas concretas hacia su propia población. Nos encontramos ante el racis¬mo de Estado.”
    “…Según Foucault el racismo es la expresión de una fractura social que se acciona a través de una representación biológica de una purificación perma¬nente del cuerpo social. Este racismo no se concretiza en la acción de indivi¬duos, sino que se estructura en campos de la acción social, de la que se derivan prácticas políticas y se materializa en aparatos estatales.”
    “…El análisis foucaultiano sensibiliza para comprender la polivalencia táctica del discurso de razas que abre la posibilidad de que sea usado por grupos con los intereses más contradictorios mostrando una asom¬brosa capacidad interna de transformarse y adecuarse a diversas situaciones históricas. Entendiendo esto, no debemos asombrarnos de la reaparición del ra¬cismo en estrategias neo-racistas modernas que ya poco tienen que ver con di¬ferencias biológicas y que más bien ponen a circular diferencias culturales que se presentan como el nuevo y formidable valladar contra la integración de di¬versos actores étnicos y sociales en el marco del cuerpo social completo. Ade¬más, considero que la conceptualización que lleva a cabo Foucault sobre el ra¬cismo nos debería poner alertas ante la idea de que el racismo pueda ser combatido eficazmente a través del Estado, de sus políticas e instituciones, por lo menos si antes no se lleva a cabo un revisión profunda sobre el presupuesto de que al Estado le corresponde hacerse cargo de la vida de la población y ges¬tionarla.”
    “De la lucha contra la sociedad y sus exigencias se llega al imperativo de la defensa de la sociedad contra sus enemigos biológicos. Y de un discurso contra el poder se deriva un discurso del poder. De ahí se pue¬de entender la fórmula de que el racismo es literalmente el discurso revolucio¬nario al revés. El análisis foucaultiano concientiza para comprender el discurso de las razas en su polivalencia táctica y en su capacidad interna de transformar¬se; eso permite advertir la manera en que se hace posible la aparición de estra¬tegias neo-racistas que ya poco tienen que ver con diferencias biológicas, sino que más bien hacen valer diferencias culturales insuperables entre etnias, pue¬blos y grupos sociales. Y por si fuera poco, ilumina de manera convincente la ligazón entre la preocupación por disciplinar la sexualidad y someterla a una serie de normas con el surgimiento del racismo moderno”.

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