Y en ese lugar de Humahuaca

Cuando un olor nos remonta al recuerdo de un lugar o de un tiempo

 

Un bodegón en Humahuaca. Tres señoras de clase media alta/turistas/jubiladas. Bruno Arias suena de fondo.

Llaman al mozo, un lugareño de no más de treinta años. Le preguntan quién es el que canta tan lindo. “Es Bruno Arias, un grande”, responde el mozo. Y agrega: “En la época del kirchnerismo él venía mucho a cantar acá”. El mozo se da vuelta y sigue con lo suyo. Las señoras enmudecen.

Me quedé pensando en muchas cosas.

La primera es que seguramente Bruno Arias seguirá yendo a cantar a Humahuaca. Y sin embargo, para ese humahuaqueño Bruno Arias cantó en otra época, aunque vuelva a hacerlo ahora. Y cantar en esa época parece ponerlo en un tiempo mítico y fundacional, que da sentido y esperanza en medio de un presente cada vez más aciago.

La segunda es que el muchacho no quería bajar línea –como en aquella escena de No habrá más pena ni olvido, de Osvaldo Soriano, cuando el tipo diceyo nunca me metí en política: siempre fui peronista”–, sino tan sólo ubicar vitalmente la voz que escuchaba. Como cuando un olor nos remonta al recuerdo de un lugar. De un tiempo, en este caso.

La tercera es que el recuerdo no es melancolía sino memoria. Y la memoria no sólo recuerda, también imagina. Por eso es peligrosa. Y anhela, en este caso, que Bruno Arias vuelva a cantar en un tiempo que sea nuestro, como quería Rodolfo Kusch, el vecino de Maimará.

En la Quebrada habitan los mundos en que un día estuvimos y en los que queremos estar. Nuevos. Habrá que prepararse para el fruto.

 

 

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