¿Y EN QUÉ ANDA LA CGT?

Es necesaria una sólida representación de los trabajadores que organice la distribución de la renta

 

Una respuesta del conjunto del movimiento sindical o al menos de la mayoría comprometida con la democracia se impone como imprescindible frente a los conatos golpistas que agravan las cargas de la pandemia. O se gana el espacio de un movimiento obrero garante de la democracia o la autoridad moral de tanta historia se seguirá desgranando. El reclamo salarial de la Bonaerense es comprensible. La forma de formularlo los emparenta a los carapintada de la Semana Santa de hace 33 años. Muy bien se podría desde las centrales sindicales mediar para una respuesta a la demanda económica poniendo en caja las pretensiones de esos piquetes, armados con los fierros y los patrulleros de la República.

Tontos, pero no tanto. De paso preguntarles qué sienten cuando en situaciones similares otros trabajadores reclaman lo mismo que ellos y descargan su impotencia sobre cráneos ajenos. De todos modos, el debate está instalado y va a ser fuerte. ¿Es pensable sindicalizar esta policía real y concreta, aunque se le limite el derecho de huelga? ¿Cómo convive ese derecho con la utilización de esa fuerza en conflictos de gremios hermanos? ¿No será más sensato indagar otras experiencias, como el caso del personal superior en grandes empresas que tienen vedada la sindicalización, pero al mismo tiempo están amparados por convenios colectivos y pueden elegir delegados de personal para encarnar esa negociación?

Reclamos laborales acicateados por la ultraderecha política en la asonada policial.

 

Como dijo Hebe de Bonafini, aumento de salarios pero con educación para la democracia. La sindicalización de los agentes de las empresas privadas no fue una buena experiencia y no dio respuesta a los bajos salarios que cobran ni evitó conflictos de mucha resonancia. El enganche con los docentes en la escala salarial sirvió exactamente a esos efectos. ¿Será posible restituirlo para descomprimir? ¿O a esta altura será “sindicalización o muerte” la consigna del tropel de sublevados? Siempre hay tiempo para debatirlo. Hubo una buena respuesta del mundo sindical a la amenaza democrática, aunque faltó un pronunciamiento más unitario.

Estrepitoso fue el silencio de las cámaras patronales tan avaras a los gestos políticos extra ombligo como al reconocimiento a las políticas que les sirven a sus negocios. Los algodoneros de Vicentin se llevaron la condena de las cámaras patronales de la región por un pacífico acampe en las inmediaciones de su fuente de trabajo. Los policías sublevados y armados no llamaron la atención de ninguna representación de las patronales.

 

Por una cabeza

No en todo el mundo la cabeza de una central sindical cobra la relevancia política como la que se ve en la Argentina. La vieja central es como el carbono 14 de las eras geológicas de la política argentina. Desde su institucionalización política allá por 1946 que la convirtió en garante del empleo y la negociación colectiva, pasando por la garantía de representación parlamentaria con el 33% de los cargos a su disposición. Sumado al monopolio de la representación sectorial mediante el mecanismo de la personería gremial, todo llevado a rango constitucional en la reforma del ’49, generó un pedestal que la sucesión de gobiernos civiles y las dictaduras militares sólo pudieron neutralizar pero nunca destruir. Es tanta la preocupación de los gobiernos populares por sus internas como la obsesión de los gobiernos de derecha por su neutralización y su debilitamiento.

La pandemia ha generado un mapa productivo y sindical desigual y deformado. Hay actividades llamadas esenciales que funcionan a pleno y en muchos casos recargadas de tareas, mientras que otras se vieron sometidas a largas parálisis con subsidios decrecientes y despidos solapados. Esto se ve reflejado a la hora de actualizar paritarias. Los más fuertes sindicalmente hablando y en plena actividad empardan y superan la inflación con apenas un par de discusiones, al tiempo que los otros se ocultan detrás de sumas fijas pateando para el futuro la discusión de los porcentajes, lo que de paso les sirve para ocultar su debilidad de arrastre.

 

 

Mesa chica cegetista de visita en la Quinta. El Presidente recibe a todos.

 

Dentro de los de actividad plena también resaltan las diferencias. Los camioneros aparecen claramente como los más exitosos a la hora de conseguir aumentos y ampliar su ámbito de representación. “Todo bicho que camina va a parar al convenio camionero”. A los trabajadores de salud, por caso, fragmentados entre públicos y privados, con menor tasa de sindicalización, con récords de contagios y muertos, les resulta impensable presionar con medidas de fuerza porque de su altruismo extremo depende la vida de los contagiados. ¿Quién administra tanta injusticia sin una representación sectorial que la dirima en el centro de la política? Daer y los Moyano expresan este fenómeno en esta argentina hemipléjica.

Esto es lo que está en discusión cuando se habla de la nueva normalidad y de la renovación de la conducción de la CGT. Por eso el consenso resulta tan difícil de construir: es un país que funciona en dos tiempos. El menor problema que se les presenta a los caciques cegetistas es el pedido de la CTA que conduce Hugo Yasky de volver al regazo materno. Las desavenencias que se incubaron en la época de la resistencia al macrismo persisten no solo como memoria sino como amenaza cotidiana y muy presente. No es casual que cada semana el Poder Judicial —el más lejano a la justicia de los tres, por su origen y su práctica tan contradictoria— mantenga viva la prosecución de las causas contra Pablo Moyano. El volumen penal de los carritos choripaneros de extramuros del estadio de la doble visera es inversamente proporcional a la inminencia de la renovación de la conducción de la CGT. No es mucho lo que pueda hacer el Presidente ante esta opción, con su corazón partido en dos amores diferentes.

 

 

Poroteando con Moyano

Está en juego la elección de la CGT. En el principio de la temporada de rosca parecía fortalecerse la posición de Héctor Daer con su solitaria foto rodeado de empresarios en la quinta de Olivos. La mesa chica de la central evaluó la postulación del dirigente de Sanidad bendecido por Alberto y decidió raudamente que la CGT renovara autoridades recién en 2021. Sin embargo, las sucesivas fotos con ferroviarios, transportistas, industriales y la muy promocionada con Hugo Moyano y familia, fueron conformando una película dinámica donde la presencia en la agenda de la relación de fuerzas fue dando ganadores, perdedores y empates para todos los gustos.

 

 

El matrimonio presidencial y Hugo Moyano, en familia, para el juego de equilibrio.

 

El decreto que suspendió los despidos y la polémica por los programas ATP que otorgó el gobierno nacional a las empresas donde les otorgaba el 50% del salario a sus trabajadores sirvió para beneficiar a varias empresas multinacionales. En los pasillos gremiales se desliza que “fueron parte del acuerdo del Ministerio de Trabajo con la CGT”. Las críticas llovieron contra la cúpula firmante, incluido Claudio Moroni. La dirigencia quedó muy maltrecha por la firma del acuerdo con la Unión Industrial Argentina (UIA) para bajar los salarios un 25 por ciento.

La figura de los Moyano (Pablo al frente y Hugo manejando los hilos) busca perfilarse en semifinales rumbo a la mayoría necesaria para llegar al trono cegetista. Hugo fue recibido por Alberto en Olivos pese a sus duras críticas al ministro Moroni, uno de los alfiles más importantes del Presidente y su “amigo personal”.

De cara a un eventual Confederal donde los gremios votan, Daer tiene el apoyo de los “Gordos” y, tal vez, el aval de “independientes” y sectores de los gremios del transporte (CATT), donde ordena el juego el ex triunviro Juan Carlos Schmid pero Camioneros tracciona con fuerza. La cantidad de congresales confederales se contabiliza de acuerdo al número de afiliados de cada gremio aportante. El millón de afiliados de Comercio y Servicios que aportará Armando Cavalieri conforma una ventaja casi imposible de descontar. Enfrente, el bloque opositor está formado por los Moyano y la Corriente Federal, que junto a gremios industriales y otros sectores aliados forman el Fresimona (Frente Sindical para el Modelo Nacional), que insisten con algunas bajas y otras altas en agruparse alrededor de la figura de Pablo para la conducción de la CGT: Hugo, que en su momento bajó a su hijo de esa candidatura, ahora juega decididamente en la interna. Sin inocencia y sin culpa, los jueces continúan su acoso a Pablo con indagatorias en una dudosa causa por asociación ilícita. Si no fuera peligroso, movería a risa la presión mediática para que la Justicia actúe sobre el líder de Camioneros.

Para contrarrestar esto, el año pasado la CTA de Hugo Yasky recogió el guante de la demanda del Presidente para tener un movimiento obrero unido y puso en marcha la vuelta de los gremios de la CTA de los Trabajadores a Azopardo, con la segunda intención de equilibrar el recuento de congresales al Confederal. La central que lidera Hugo Yasky aprobó este paso en un encuentro de delegados nacionales. La presencia de la conducción del Frente de Todos y de Alberto Fernández supuso un envión a esta idea, pero desde octubre del 2019, cuando se dio el visto bueno, los “Gordos” fueron poniendo palos en la rueda. No es para menos: los docentes de CTERA enrolados en la CTA presentan una de las afiliaciones más numerosas, que empuja al tercer puesto a la Uocra.

 

Lo importante es invisible

 

 

Crisis de representación: el día del atril en la memoria de los caciques sindicales.

 

 

Es un secreto a voces que los “Gordos” tienen con siete llaves los sillones de la calle Azopardo y buscan espantar a los gremios no confederados de la CTA para que no ingresen en masa a la central obrera y apoyen con sus delegados la elección del camionero. En conjunción con este desdén por la unidad, varios factores de poder juegan fichas en las suertes de la ruleta y decretan sanciones y resoluciones que no se condicen con la verdad de la milanesa. Un gremio afiliado a CTA es la víctima paradigmática de las arbitrariedades en el ámbito laboral. Pese a constituir amplia mayoría en la actividad, el gremio de los trabajadores del Subte padece la discriminación de su personería gremial en favor de la UTA, gracias a jueces que tanto firman resoluciones como  las desconocen, según la política que importe  respaldar.

Como para hacerse ver, la Corte Suprema resolvió que “es incuestionable la validez constitucional del artículo 31 inciso c) de la ley 23551, que reconoce a los sindicatos más representativos —esto es, en nuestro sistema legal, los que cuentan con personería gremial— una prioridad en la negociación colectiva”. En esos casos, se consideraron los derechos de convocar elecciones de delegados de personal, de que se otorgue una especial protección contra el despido a sus delegados y demás dirigentes, y que se les concedan franquicias y licencias especiales para el ejercicio de sus funciones gremiales.

La mayoría, integrada  por el presidente Carlos Rosenkrantz y los ministros Elena Highton, Juan Maqueda y Ricardo Lorenzetti), destacó que los demás sindicatos que no gozan de personería (simplemente inscriptos) gozan de los demás derechos que la Constitución Nacional, los tratados internacionales y las leyes reconocen a las asociaciones gremiales. En disidencia, Horacio Rosatti consideró que la Constitución Nacional consagra el derecho de toda persona a crear o participar en una “organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial” y garantiza a los gremios poder “concertar convenios colectivos de trabajo”.

La “nueva anormalidad” estará signada por estas malformaciones de la producción y el empleo que cristalizó el virus pero que diseñó durante cuatro años interminables el macrismo. “Estar a la altura”, como se les reclama a los dirigentes sindicales significa ser capaces de actuar por encima de los intereses de los trabajadores del sector que representa cada uno y reivindicar los intereses generales, que no son pocos.

Los jóvenes, con las mujeres al frente, están iniciando el camino de la sindicalización en sus lugares de trabajo. Buscan participar y profundizar el proceso de renovación de delegados y comisiones internas en todos los sindicatos y cada vez más colocan entre sus objetivos estratégicos el cambio general en las cúpulas gremiales, de abajo hacia arriba y de la periferia al centro.

 

Sólida representación se busca

Las crisis políticas no son neutras. De ellas, los gobiernos salen más fortalecidos o más débiles. Lo que no es posible es remontarlas sin un cambio de rumbo. La cuestión es si Alberto Fernández va cambiando su perfil dialoguista por otro que denote más autoridad. La puja descontrolada por la recomposición del ingreso es uno de los elementos más complejos que dejó Macri y profundizó la peste. Para muestra, los conflictos de Vicentin y Acindar continúan sin solución y las empresas cerradas a cualquier arreglo. Sin prisa pero sin pausa se deben recorrer los caminos de la unidad para enfrentarlos. El movimiento obrero recorrió la FORA del Vº y IXº Congresos, CGT Nº 1 y Nº 2, CGT de los Argentinos y Participacionistas, CGT Brasil y Azopardo. La unidad no siempre es la panacea posible. Pero cada vez es más necesaria una sólida representación de los trabajadores que ayude a organizar la distribución de la renta, habida cuenta que las cámaras empresarias están más preparadas para pescar en ríos revueltos que para administrar pacientemente la salida de crisis globales de esta magnitud.

 

 

 

 

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