Y TODAS LAS CUENTAS

Algunas cosas que podrían hacerse por médicxs y enfermerxs además de aplaudir

 

 

Alcen las barreras

La Regional SATI/CABA publicó esta semana en la página de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva los resultados del muestreo que realiza dos veces por semana para que en forma voluntaria los establecimientos públicos y privados de salud le informen sobre la ocupación de las camas de terapia intensiva y su necesidad de ampliación. Es bueno observar que  esos datos son ahora de acceso público. Y es particularmente bueno, más allá de la transparencia propia del hacerlo, porque así se cubre, aunque sea parcialmente, el vacío que deja el Ministerio de Salud de la Ciudad.

Y es que cuando se entra a la página ministerial no se accede siquiera a los datos, aunque parciales muy útiles, que una sociedad profesional, con un presupuesto infinitamente menor, logra ofrecer. ¿Cómo se pueden ejecutar políticas públicas en salud con compromiso ciudadano informado sin tener al día y en modo desagregado, al alcance de todos, la ocupación de camas de terapia intensiva en los hospitales de agudos de la ciudad de Buenos Aires que, recordamos, son 13: Alvarez, Argerich, Durand, Fernández, Grierson, Penna, Piñero, Pirovano, Ramos Mejía, Rivadavia, Santojanni, Tornú, Vélez Sarsfield, más uno especializado que es el Muñiz? ¿Tan difícil es ofrecer los datos de ese puñado de hospitales en medio de un debate mediático que tuvo como epicentro el número de camas de terapia intensiva?

Si algún funcionario dice que tiene esos datos, la pregunta es obvia: ¿por qué no son de acceso público, con la relevancia que tienen para lograr lo que tanto se declama de la responsabilidad individual de los ciudadanos? ¿Y por qué no los mencionan nunca? Sin embargo, a lo que se puede acceder en la información de “Todo lo que debés saber” (sobre coronavirus), después de varios intentos, es a una pantalla que dice:

 

 

 

 

 

Y cuando se cliquea “Descargar datos” se muestra un farragoso listado incomprensible del cual se sale tan informado como antes.

 

 

 

Me salieron mal

Esta es la información repetida que parece debiera ser suficiente para una población con un nivel de comprensión y juicio que se presume en capacidad de procesar información mucho más compleja que ese dato escolar. Las más altas autoridades han repetido que la Ciudad cuenta con 450 camas de terapia intensiva (50 de ellas de reciente incorporación) y de las cuales un día están ocupadas 275 (28/7) y otro día 264 (30/7), pero siempre en porcentajes menores al 70%  (61,11 %, 58,66 %) que se considera preludio del colapso.

Sin embargo, la Asamblea de Residentes y Concurrentes de la Ciudad de Buenos Aires afirmaba hace diez días que entonces no había 400 camas de terapia intensiva, como declaraba el gobierno, sino tan sólo 275. Y que la diferencia estaba en que el gobierno contaba las camas de los shock rooms, de las guardias, de las unidades coronarias, y el número de respiradores existentes, pero que estas camas no eran propiamente una cama de atención de terapia intensiva con médicos, enfermeras y kinesiólogos especializados. El director general de hospitales bonaerenses, Juan Riera, el 27/7 confirmaba este supuesto: “Hoy (en el AMBA), estamos en un 64% de ocupación de camas de cuidados críticos, que incluye las camas de terapia intensiva, los shock rooms y todas aquellas que tengan la posibilidad de ventilar a una persona”. Al mostrar camas de cuidados críticos como si fueran camas de terapia intensiva, el gobierno de la Ciudad abre sospechas de estar manipulando la información.

 

 

Situación al 28/7 en CABA – Centros informados: 28 (8 públicos y 20 privados).

 

 

Por eso es que el muestreo realizado por la SATI señala que hay un 85.49% de camas ocupadas (de terapia intensiva) y la Ciudad nos habla de un 58.66 % de camas ocupadas (de cuidados críticos). Es hora de que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires empiece a hablar de la ocupación de camas de terapia intensiva y deje de confundir y/o engañar a la población. Todos sabemos que de lo que hay que hablar es de las camas UTI, y si no es así, la honestidad responsable obliga a aclararlo. Por eso, lo único que cabe es que el Ministerio de la CABA salga a aclarar esta cuestión y dar los datos desagregados de lo que dice. De lo contrario, hay que pensar que se está manipulando la información.

Aunque la ocupación de camas de cuidados críticos en el AMBA era del 64% esta semana, Juan Riera dijo que algunas zonas tenían hospitales con una saturación mayor al 80% en las UTI. En su caso, se acepta al menos que hay hospitales con alta saturación. Pero en la página del Ministerio tampoco se accede a información de situación por hospitales. El 64% es un promedio que incluye a numerosos municipios que  tienen bajo número de infectados y ocupación de camas. Por eso es de esperar que también la provincia pase a dar datos concretos con ejemplos de hospitales. La población debe estar más y mejor informada para tener un protagonismo responsable.

 

 

Dos y dos son cuatro

Las derivaciones a otros centros y las ampliaciones de los sectores de cuidados críticos pasaron a ser la regla. Las derivaciones suelen observarse en ejemplos aislados durante las epidemias estacionales de enfermedades respiratorias, pero las ampliaciones no. Es una de las diferencias entre contexto estacional y contexto de pandemia.

 

 

 

 

Algo semejante ocurre con otra comparación similar. Un periodista preguntaba si la ocupación actual de camas de terapia intensiva era comparable a la del invierno pasado. La entrevistada respondía que era exactamente igual. El periodista exclamó entonces: “Bueno, entonces nos quedamos tranquilos”. Pero esto no es así. No es para estar tranquilos. A igual número de afectados, la mortalidad por Covid es significativamente mayor, al menos el doble. Hoy, una sala de terapia intensiva con pacientes Covid tiene una mortalidad más alta que la misma sala completa con pacientes críticos el invierno pasado.

Y aunque las ampliaciones de las salas o sectores de terapia intensiva son obligadas en situación de saturación, se aconseja que no sean superiores al 100% de la capacidad instalada previa porque dan lugar a una mayor infección de los profesionales y trabajadores de salud, a la sobrecarga y estrés laboral, y a una mayor mortalidad de los pacientes. Por eso las ampliaciones deben sostener la calidad de la atención.

Esa lucha inútil contra los números inevitables de enfermedad y muerte que nos arroja una pandemia, y que ninguna política puede ocultar, explica la  resistencia a pensar, mostrar y planificar qué hacer ante el colapso. “Esto ya nos ha pasado”, dice un funcionario. Pero el colapso de un hospital en un contexto estacional comparable al de otros años no anuncia nada amenazante. En cambio, el colapso de un hospital en la dinámica de un contexto de pandemia puede ser la señal de alerta de que se está colapsando el sistema. Numerosos indicadores nos señalan que el sistema está colapsando. Luego; informemos a la población y planifiquemos aceptando ese hecho.

 

 

Me puse a contar el bolsillo de los héroes

Finalmente se empieza a reconocer que camas, respiradores, monitores y otros equipamientos de cuidados críticos, de nada valen si no se cuenta con personal médico, de enfermería y kinesiología especializado en esos cuidados. En el país había 11.500 camas de terapia intensiva, que se aumentaron a 13.500 con la pandemia. Y hay 1.800 médicos intensivistas, 400 enfermeros y 300 kinesiólogos especializados, números que no pueden aumentarse. Se necesita un médico intensivista cada cuatro camas con respirador. O sea que con 1.800 médicos se pueden atender 7.200 camas con respirador en terapia intensiva. De manera tal que o bien las 13.500 camas no tienen todas un respirador, o si lo tienen un médico está atendiendo 7 camas y no 4. La abrumadora sobrecarga laboral del personal de terapia intensiva sugiere esto último.

Como dos y dos no son cuatro en este modo de conteo tan distinto del discurso oficial, la realidad es que tenemos pocos recursos humanos en cuidados críticos. Y esto no es casualidad o simple aumento de la demanda por pandemia. Hace largo tiempo que hacer una residencia en terapia intensiva dejó de convertirse en atractivo para los médicos. Hay varias razones que lo explican, pero entre las más poderosas para todos están los sueldos.

En el convenio colectivo de marzo de 2020 firmado entre la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) y distintas cámaras y asociaciones de clínicas, sanatorios y hospitales privados, el salario básico del personal especializado en terapia intensiva se proyectaba a mayo en $ 41.125,58.

 

 

 

 

En marzo, la convocatoria a médicos en CABA ofrecía $ 58.000 más el bono estímulo de $ 5.000. El sueldo para médico en Acudir Emergencias Médicas al 28/6 era de $ 77.961 mensuales. El sueldo de bolsillo de médicos residentes y médicos de planta en un hospital universitario era este mes de $ 70.000.

Los médicos intensivistas encuentran en el pluriempleo y en las guardias un modo de mejorar sus ingresos. Una guardia de 24 horas en UTI se incrementó a $ 18.000 en días de semana y $ 20.000 los sábados, domingos y feriados. Y en un centro médico privado altamente especializado, se alcanzan los valores más altos: $ 853,90 la hora de lunes a viernes; $ 1.001,45 los sábados; y $ 1.134,20 los domingos. Aumentar los ingresos con dos guardias semanales, o con un trabajo diario y una guardia puede ser una tentación que un intensivista pagará con su salud física y mental, y con el pago de casi la mitad por ganancias.

En la provincia de Buenos Aires, un médico intensivista con diez años de antigüedad cobra de bolsillo $ 66.000, y una kinesióloga intensivista con nueve años cobra $ 50.300. Un médico residente de 5° año, de primer nivel y casado, cobra líquido $ 51.709,93. A todos se les suma el bono estímulo de $ 5.000.

Sobre el impuesto a las grandes fortunas hay varias resistencias en nombre del derecho a la propiedad privada y mucho se habla del tema. Pero sobre el derecho a un ingreso digno en relación al saber, la responsabilidad y la función de cuidar la vida amenazada de todos, que cumplen quienes trabajan en terapia intensiva, poco se discute y poco se dice.

 

 

 

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