Y un día, el CELS

A cuarenta años de su fundación, la conmemoración en el Museo de la EXMA

 

Hacia el final, Horacio Verbitsky volvió a anclar el legado que el movimiento de derechos humanos dejó en la historia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, durante aquella visita de la que este mes se cumplieron cuarenta años. Pero también el legado que este movimiento popular deja en la historia grande.

«La singularidad de la Argentina es vista con mucho interés porque no hay fenómeno equivalente al movimiento de derechos humanos en otros lugares del mundo. Hay experiencias muy valiosas, pero que tenga la incidencia en las cuestiones centrales en la política del país, es un caso único».

 

Foto: Laura Rivas.

 

La Visita de las Cinco de septiembre en el hoy Museo Sitio de Memoria ESMA celebró la historia de los cuarenta años del Centro de Estudios Legales y Sociales, fundado como resultado del trabajo estratégico sobre datos, documentación y alianzas para conseguir esa visita al país de la Organización de los Estados Americanos que descorrió el telón del horror de la dictadura argentina ante el mundo. Una visita que fue también el acta de bautismo del CELS, dijo el presidente del organismo, periodista y director de este Cohete en el comienzo de este ritual que se repite mes a mes desde hace cuatro años.

Parado frente a la piel de vidrio de los y las desaparecidas de la Escuela de Mecánica de la Armada, ante los y las sobrevivientes de este espacio y unas trescientas personas que se acercaron, evocó al comienzo el paso reciente de los actuales integrantes de la CIDH que visitaron Argentina para conmemorar los 60 años de su creación, y esa visita ocurrida hace cuarenta años que cambió el eje de la relación del organismo con la sociedad civil para fortalecerlos al interior de la OEA.

«El CELS se organizó en relación con la visita para acompañar y apoyarla, buscando a una organización internacional que no tenía antecedentes en la materia», dijo. «Que había sido creada en el contexto de la Guerra Fría como un instrumento del acoso del imperialismo contra la Revolución Cubana y que a partir de esta visita a la Argentina se resignificó y comenzó a tener un rol distinto, un valor distinto y una importancia distinta».

 

Foto: Viviana Prado.

 

Y siguió: «Cuando los miembros actuales de la Comisión visitaron nuestro país hace pocos días, había en ellos un reconocimiento muy grande al rol que el movimiento argentino de derechos humanos cumplió en la resignificación del rol de esa institución, lo cual, además, muestra de qué manera en distintos momentos la organización social, popular, puede modificar determinados instrumentos surgidos en otros contextos para ponerlos al servicio de la mejor causa».

Alrededor estuvieron dos integrantes del CELS de las generaciones más jóvenes, las abogadas María José Guembe y Sol Hourcade. También estuvieron dos hijxs de los fundadores: Mercedes Mignone, la hija de Emilio y Chela Mignone, y Gonzalo Conte, hijo de Agusto y Laura Conte. Estuvo Guadalupe Basualdo, del equipo de investigación y hacedora de una muestra temporaria sobre el trabajo realizado por los organismos de derechos humanos en tres momentos: la etapa previa a la visita de la CIDH, con la sistematización de la información y la documentación, el durante de aquella visita y las estrategias posteriores para difundir el Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Argentina, cuya difusión fue prohibida por la dictadura. Y en ese ingreso estuvieron también el periodista e integrante del CELS Diego Martínez y el coordinador de relaciones institucionales del Museo, Sebastián Schonfeld, en representación de su directora ejecutiva Alejandra Naftal.

 

Foto: Laura Rivas.

 

«Faltando ya tan poco para que termine este período nefasto de la historia argentina —dijo Horacio Verbitsky en el comienzo—, este encuentro se hace aquí para rememorar la visita de la CIDH, que fue el punto de inflexión para la dictadura y que fue también el acta de bautismo del CELS».

Hubo presencias de generaciones distintas. Vera Jarach, Eduardo Basualdo, Coco Blaustein, Victor Abramovich, Julio Maier, Carolina Varsky, Mercedes Soiza Reilly, la abogada de Milagro Sala Paloma Alvarez Carrera, Pablo Pelazzo, Gustavo Palmieri, Diego Morales, Valeria Barbuto, Paula Litvachky. Ese paso activó memorias distintas entre los y las sobrevivientes. Uno de ellos, Carlos Muñoz, se acordaba a sí mismo entrando al CELS aún en dictadura como espacio de protección para hacer su primera denuncia. No tuvo en la CONADEP esa libertad que había encontrado en ese primer momento, cuando la abogada Alicia Oliveira lo recibió para proteger esas primeras palabras.

«No puedo», dijo Guembe cuando agarró el micrófono. Intentó arrancar. No pudo. Y probó de nuevo con las palabras atragantadas entre las lágrimas. Volvió a agarrar el micrófono. Y habló de la marca que dejaron los fundadores del organismo en las generaciones más jóvenes. Nombró uno a uno y una a una a Emilio, Carmen Lapacó, Chela Mignone, Laura Conte, Alicia Oliveira, Alfredo Galletti, entre otros y otras: nombres que, dijo, fueron importantes para nuestra generación. «Todos ellos formaron a parte de la generación que yo represento. Y me toca hablar de ellos y lo voy a hacer con todo el amor que les tengo y con lo que nosotros pudimos aprender y llevar a nuestra profesión».

 

Foto: Camilo Del Cerro.

 

Y un día llegué al CELS

«Y un día llegué al CELS —dijo Guembe—, y conocí a Emilio y a Alicia y ahí descubrí que el derecho era una herramienta muy eficaz para luchar contra las injusticias y lograr un mundo mejor. Quienes habían fundado este organismo tenían a sus seres queridos desaparecidos: a Augusto María Conte, a Alejandra Lapacó, a Mónica Candelaria Mignone, a Gustavo Pasik, a Liliana Galetti. Todos ellos siguen aún desaparecidos y algunos pasaron por este centro clandestino de detención y exterminio. Creo que sólo sobrevivió el hijo de Pipo Westerkamp, que estaba detenido a disposición del Poder Ejecutivo».

Si decidieron crear un organismo nuevo, explicó en esa historia que a partir de ese momento y durante todo el recorrido empezaba a ser cruzada, no era porque no hubiesen organismos de derechos humanos ni una lucha organizada para desmantelar la dictadura cívico-militar y para buscar la aparición con vida de quienes estaban desaparecidos, sino porque de la experiencia que todos estos y estas fundadores traían surgía la idea que se podía hacer más o que se podía hacer algo distinto.

«Nació con la intención de llevar a cabo un trabajo riguroso de documentación que permitía interpretar lo que estaba ocurriendo y utilizar esa documentación como sustento para los juicios». Como alguna vez le dijo Mignone a Alicia Oliveira, había que dejar todas las huellas posibles en la Justicia, es decir un órgano burocrático, porque por mas que no se investigara en ese momento, las pruebas quedaban, se iba dejando la historia.

 

Foto: Viviana Prado.

 

A ese punto volvió más tarde Verbitsky. Siempre desde el CELS que fijaron Mignone y Conte, que es una combinación nada fácil de inflexibilidad en los principios y flexibilidad en las prácticas. De mantener muy firmemente valores de fondo, pero saber o buscar manejarse dentro de las distintas coyunturas, aprovechando al máximo las posibilidades y reduciendo al mínimo las contrariedades de cada momento.

Mercedes Mignone recordó el recorrido de su padre y de su madre, primero tras la desaparición de Mónica y luego con las organización de las estrategias para llegar con las denuncias afuera del país para producir impacto adentro. Y Gonzalo Conte que dijo que nunca había hablado frente a tantas personas y recuperó sus recuerdos de niño, en esas casas donde el CELS se armaba fronteras afuera.

«Pertenecer al CELS es complicado: nació sin fronteras. Nuestras propias casas fueron el CELS y el CELS fue sede de esas casas, pero también se organizó en esa serie de departamentos, donde entraba poco en relación al trabajo que había que hacer…. Me acuerdo de Emilio, de mi viejo y de los fundadores yendo y viniendo, en una especie de fiebre por tratar de cubrir esa primera instancia que era la visita».

 

Gonzalo Conte, Foto: Camilo Del Cerro.

 

Gonzalo volvió a la historia del secuestro de su hermano Augusto María mientras hacía el servicio militar en Punta Indio, militando, dijo, en la boca del lobo, y el momento en el que una versión familiar les permitió saber con certeza que a su hermano lo habían asesinado. Entonces contó lo que a partir de entonces, esa noticia provocó en la familia: «Yo creo que ahí mis viejos hicieron un proceso extraño, pero necesario, que es intentar cerrar, con ese dato verdadero, y abrir el capítulo de todos. Me acuerdo de una reunión familiar donde todos decidimos eso, pensando en el viejo que ya ahí empezaba a trabajar su culpa».

Gonzalo también dejó de hablar. Tomó aire. Habló de nuevo. Y entonces hizo ese cruce entre pasado y presente, de la resistencia y de estos últimos cuatro años benditos y malditos a la vez.

«Nada es distinto a lo que muchos han sufrido, pero me parece que ahí, de esas fuerzas, nace este movimiento el que hoy intenta defenderse, prolongarse, peleando contra los años y las dificultades, estos cuatro benditos y malditos años».

 

Eduardo Basualdo, Foto: Viviana Prado.

 

Sol Hourcade, del CELS, nació en 1983: «No tengo ningún familiar desaparecido, pero uno de los primeros recuerdos vinculados con la dictadura fue que mi tía me lleva el 24 de marzo de 1984 a la Plaza de Mayo».

 

Sol Hourcade y Diego Martínez, Foto: Camilo Del Cerro.

 

Diego Martínez trabajó en la reconstrucción de la historia del CELS. De esos archivos, ahora mentales, sacó el nombro de Noemí Fiorito de Labrune.

«Quisiera mencionar y recuperar a una persona que fue una de las fundadoras y de las protagonistas principales de los orígenes del CELS», dijo. Noemí participó primero de la APDH nacional, después de la fundación de la APDH del Alto Valle en 1976, como mano derecha de Jaime de Nevares y tuvo un rol muy importante y en la fundación del CELS. «Yo la entrevisté y me contó cómo fue la selección de los testimonios para preparar la visita de la CIDH. La APDH tenía más de 4000 testimonios ya en 1978. Y Noemí fue la persona que tuvo el rol central en la selección de los 300 testimonios con los que se hizo el informe que Emilio Mignone llevó a Washington antes de la visita. Se hicieron 80 copias y a Noemí le tocó la tarea de recorrer el país para hacerles llegar ese Informe, en su caso, a los obispos. Su marido se lo mandaba por encomienda y ella lo retiraba. Me contaba las distintas reacciones, en su mayoría de rechazo, de indiferencia que recibía».

 

Foto: Laura Rivas.

 

Hubo espacio para celebrar también el trabajo del Museo en esta etapa que se cierra. «La visita de las cinco —dijo Verbitsky— cumple cuatro años. Cuatro años que han sido muy difíciles, y este ha sido un lugar de resistencia frente a los atropellos que han ocurrido en una escala y en una manera muy distinta a la de los años de la dictadura, pero con una aversión al tema que nosotros custodiamos y atesoramos».

Poco después, la multitud ingresó al Sótano de la ESMA, el primero y el último lugar por el que pasaban los y las detenidas desaparecidas.

«Los organismos de derechos humanos han estado bajo permanente ataque en la Argentina y esto sigue hasta el día de hoy, hasta el presente», dijo el presidente del CELS. «A veces los ataques son directos, desembozados; más habitualmente, sobre todo en esta época, son sinuosos, laterales. Y un argumento que se ha usado mucho es que la insistencia en el castigo de la punición, que incluso ha sido clasificado como actitud punitivista, obtura la posibilidad de conocimiento, de la verdad. Se intentó —uno de los impulsores es el  vergonzoso secretario de Cultura, Pablo Avelluto— se intentó contraponer verdad y justicia como si fueran opciones antagónicas. Y luego de tantos años de experiencia, hoy podemos decir sin temor a equivocarnos y con posibilidad de probarlo que ningun otro enfoque distinto al argentino ha obtenido mayor cantidad de conocimiento sobre los hechos y mayor cantidad de verdad sobre lo sucedido. Los juicios han sido una fuente impresionante de conocimiento y de verdad». En el cierre, Verbitsky concluyó que la actitud inclaudicable del Movimiento argentino de derechos humanos ayuda a entender por qué una y otra vez han fracasado los proyectos coloniales en la Argentina.

 

Foto: Camilo Del Cerro.

 

La sala en el final volvió a uno de los rituales de estos años. Treinta mil compañeras y compañeros detenidos desaparecidos, presentes, ahora y siempre.

 

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