Yo seré tu espejo

Ciertas películas ponen nervioso al establishment, que no es tonto

 

La vidriera de esa tienda es deslumbrante. Por orden de la gerencia se la lava tres veces al día, de modo que el cristal se conserve inmaculado. El escaparate es un espectáculo en sí mismo: una escena diseñada, armada e iluminada para transmitir una visión idealizada de la realidad — las proporciones perfectas, la armonía en los colores, los maniquíes congelados en un gesto elegante. La demanda de la gerencia en relación a los cristales no es afán sanitario, sino estrategia de venta. Los dueños saben que los vidrios limpios reflejan mejor lo que ocurre delante de la tienda: las luces y los movimientos de la calle, la expresión alelada de aquellos que se detienen a contemplar lo expuesto; y que esa superficie realza el carácter precioso, por lo raro, de aquello que protege, del mismo modo en que el globo de vidrio realza la mínima escena que nieva tan pronto se lo agita.

 

 

(Por supuesto, semejante perfección tiene un precio y la gerencia lo sabe. Conviene soslayar ciertas verdades, para no incomodar al potencial comprador. Datos que, por ejemplo, conciernen a la edad inapropiada de quienes confeccionaron las prendas en exhibición; o la condición ilegal de los que mantienen limpia la vidriera. Pero se trata de realidades que la gerencia maneja con discreción. Ellos saben que hay algo tanto o más importante que mantener los cristales limpios, y eso es procurar que nada interfiera entre el potencial comprador y el objeto de su deseo.)

Un día ocurre lo inesperado. La piedra revienta el cristal y la escena estalla. Los maniquíes se desploman, una nube de astillas plateadas lo difumina todo. Donde había perfección estatuaria, ahora hay corrupción. Pero estamos en el corazón de una ciudad sofisticada y las fuerzas de seguridad intervienen al instante. Se mueven con la precisión de un cuerpo de ballet, han ensayado la partitura de la ley. Y en cuestión de minutos se retiran, después de tranquilizar a empleados y curiosos asegurando que el orden ya fue restablecido y escoltando hacia el patrullero al agente del caos, el responsable de ese desastre — la piedra criminal.

 

 

Espejito, espejito

Estamos tan habituados al fenómeno de la narrativa audiovisual —esos relatos de los géneros y formatos más variopintos que contemplamos en pantallas de todos los tamaños— que tendemos a olvidar una de sus propiedades más interesantes: la capacidad de devolverle a quien mira una imagen propia. («Yo seré tu espejo», cantaba Nico en el primer disco de Velvet Undergound, «reflejaré lo que eres / en caso de que no lo sepas».) Cuando se piensa un poco, la idea se vuelve casi obvia. Nos hemos rodeado de superficies pulidas, que cuando están oscuras como obsidiana reflejan nuestra proximidad o nuestro paso y que al encenderlas muestran otras imágenes… sin dejar de albergar la nuestra, que sigue allí aunque imperceptible.

 

Joaquín Phoenix como Arthur Fleck, el-hombre-que-será-Joker.

 

La cuestión es que, además del reflejo físico de quien mira, las pantallas proveen un espejo deformante. Eso constituyen las historias en imágenes que vemos y la reacción que nos provocan. Las emociones y los pensamientos que inspiran son también una proyección nuestra, una instantánea de quiénes somos.

En la mayoría de los casos se trata de una reacción buscada, prevista. La comedia pretende que rías, la historia romántica que te enamores, el relato de terror que tiembles. Pero en casos excepcionales existen relatos que se aventuran más allá y disparan emociones y pensamientos que no se dejan categorizar fácilmente, y por eso resultan inquietantes. Apelo a un ejemplo: Fight Club (El club de la pelea, 1999), de David Fincher, basada en la novela de Chuck Palahniuk. Se trataba de una peli perturbadora: la historia de un tipo que, tal vez a consecuencia de un brote psicótico, desarrolla una segunda personalidad que lo ayuda a reaccionar contra la muerte espiritual a que lo conduce la sociedad capitalista y decide socializar su propia liberación, brindándole a los demás la misma oportunidad de reinventarse desde cero — borrando a bombazos nuestra historia crediticia y liberándonos de todas las deudas.

Sigo considerándola una peli genial, pero como se mete con el Poder con mayúsculas (es decir, con el poder que los dueños del dinero tienen sobre nuestras vidas), las reacciones histéricas que despertó en la prensa se volvieron casi tan interesantes como el film. La acusaron de antisocial, de nihilista, de machista, de incitar a la violencia. Pero, aunque aceptemos que se trata de acusaciones con fundamento, lo que importa es que no perdamos de vista lo esencial: que en la rara oportunidad en que un artista pasa al frente con una piedra en la mano y una sonrisa alarmante en la cara, existe cierta prensa que se apura a interferir y pone el cuerpo de defensa de esa vidriera relumbrante que —llamativamente— no es suya ni le pertenecerá nunca.

Eso es lo que está pasando con Joker (Todd Phillips, 2019). Más allá de que su anécdota permite ser sintetizada de un modo que la emparenta a Fight Club (la historia de un tipo que, tal vez a consecuencia de un brote psicótico, desarrolla una segunda personalidad que lo ayuda a reaccionar contra la muerte espiritual a que lo conduce la sociedad capitalista y…), lo que la arrima aún más a la peli de Fincher es la forma en que cierta crítica se apuró a desactivar —o al menos, a intentarlo— la posibilidad de su importancia. Esto resulta aún más imperdonable en medios que la van de progresistas, como el portal The A.V. Club (que la define como un psicodrama sorprendente, pero superficial) o el diario inglés The Guardian, que le tira munición gruesa al proclamarla la peli más decepcionante del año y procede a descargar una serie de juicios (que se parece a pelis viejas de Scorsese pero es peor, que es hueca) que nunca se molesta en fundamentar. Peter Bradshaw es un crítico con experiencia, pero si yo fuese su editor no le habría dejado publicar el artículo en ese estado: a un crítico no se le paga para que aceptemos su juicio olímpico a ciegas, se le paga para que explique por qué llegó a ese juicio — o, como mínimo, para que tenga la honestidad de decir que la peli le revuelve las tripas de un modo que no termina de explicarse.

 

Fleck (Joaquín Phoenix) ganándose el mango esquivo con disfraz de payaso.

 

Quizás lo mejor sería desactivar las expectativas: lo que conlleva el personaje icónico del Joker (una de las joyas de la corona de DC Comics y de los estudios Warner, razón por la cual es una peli producida y marketineada con toda la furia), los puntos de contacto con las pelis de Scorsese —que el mismo Todd Phillips subrayó, entre otros modos al contratar a De Niro para un papel esencial— y la anticipación que genera el hecho de que ganó el premio mayor del Festival de Venecia. Por eso quiero proponer un ejercicio especulativo. Hacer el esfuerzo de olvidar que se trata del Joker creado por Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson en 1940. (Que en esos orígenes era un asesino psicótico y no el payaso pasteurizado de los comics post McCarthy y la serie naif de los ’60.) E imaginar, además, que no se trata de una historia ambientada en una Ciudad Gótica que se parece a la New York sórdida y mugrienta que existía antes de que Rudy Giuliani la disneyficase, sino en las inmediaciones de la villa 1-11-14 que un villano local, y harto real, propuso dinamitar.

 

 

El hombre que ríe

El protagonista sería un tipo que vive en los márgenes de la sociedad. Ha entrado y salido de instituciones psiquiátricas, razón por la cual toma siete medicaciones diferentes durante el día y asiste a controles periódicos que dispensa una asistente social. Se gana el mango con uno de esos laburos que nadie querría hacer: disfrazarse de payaso para promocionar un negocio en la calle o entretener a las criaturas del pabellón oncológico del hospital. (Cuando unos pibes le roban su cartel publicitario por joder nomás y le regalan una paliza a modo de yapa, llega la primera indicación de que la actuación de Joaquín Phoenix será de antología: por la forma en que tolera las patadas —sin quejarse, en posición fetal—, entendemos que no es la primera vez que recibe golpizas como esa.)

Vive en un edificio de mierda con su madre, que tampoco tiene todos los patitos en fila: su obsesión por un tipo con el que trabajó hace treinta años hace que hasta su hijo, que se sabe con problemitas, entienda que ella no está bien y merece cuidado.

Para colmo, este pobre tipo —que en el film se llama Arthur Fleck pero aquí debería llamarse Beto, Mencho o El Piru— tiene un tic que lo mete en problemas: una risita compulsiva, que le sale en los momentos más inconvenientes. (Cuando se pone nervioso, por ejemplo; cosa que, tratándose de quien es, no puede sino ocurrir muy seguido.) Por eso lleva encima una tarjeta plastificada, que explica la risa como expresión de una condición médica. El rectangulito está tan manoseado, que se adivina que lo usa a menudo para evitar que le llegue la puteada o la piña de aquellos que piensan que se está riendo de ellos.

Por supuesto, alrededor suyo todo se está viniendo en banda. La ciudad se desintegra: cada vez hay menos laburo y peor pago, la brecha entre los ricos y las mayorías se vuelve escandalosa y para colmo hay un millonario que, en lugar de reconocerse como parte del problema, se ofrece como solución al candidatearse como intendente. Pero todo esto a Arthur —perdón, perdón: al Piru— le pasa por detrás sin que lo advierta, porque con su cacofonía mental tiene más que suficiente. Sólo repara en lo externo si le pega de lleno, como pasa cuando el ajuste acaba con la asistencia social y se queda sin la medicación que ya no podrá pagarse. Pero como está acostumbrado a las privaciones y los golpes, ni siquiera se lo ve angustiarse: se limita a seguir adelante, como un muñeco a cuerda.

 

La metamorfosis de Fleck en Joker se ha completado.

 

En esas circunstancia es casi inevitable que estalle en crisis cada vez más frecuentes y violentas. Pero ni siquiera así es capaz de conectar con lo que ocurre afuera de su alma. Entiende que hay una vaga vinculación entre su primer crimen formal —que ocurrió en el subte, cuando volvía de una changa disfrazado de payaso— y la conmoción social que empieza a cristalizar a partir de ese hecho; pero no comparte el reclamo político de las masas que lo adoptan como símbolo. Todo lo que le gusta de la protesta social que adopta la máscara del payaso como bandera es que lo hace sentir vindicado, visto por vez primera. Pero cuando le preguntan si su maquillaje es un statement de apoyo a los manifestantes, dice: «No, yo soy apolítico». Y es sincero al hacerlo: no puede leer la dimensión política de sus actos — lo cual no quita que puedan ser interpretados de ese modo, así como la película que los recrea.

Para entonces ya es tarde, porque El Piru no puede controlarse y mucho menos desde que entendió que la única forma en que logra que le presten atención es rompiendo cosas. Cuando se portaba bien, cuando era manso, cuando pedía por favor, El Piru no ligaba ni un buen día. («Odio a la gente cuando no es amable», canta David Byrne en Psycho Killer de los Talking Heads.) Pero ahora que se puso loco, lo siguen las cámaras y suenan los aplausos a su paso. (La forma en que el cuerpo de Phoenix cuenta esa transformación es magistral: de la rama retorcida del comienzo al gesto teatral, expansivo del final; se han escrito óperas enteras sobre figuras menos trágicas e historias más superficiales que la de El Piru / Arthur Fleck.)

 

Conrad Veidt como Gwynplaine en «El hombre que ríe».

 

Paradójicamente, la relectura que Todd Phillips y Joaquín Phoenix hacen del personaje del cómic es la que mejor evoca su inspiración original. El guionista Bill Finger le mostró al dibujante Jerry Robinson una foto de Conrad Veidt en El hombre que ríe, adaptación al cine de una novela de Victor Hugo (el autor de Los miserables y Nuestra Señora de París) que databa de 1869. Peli y novela contaban la historia de Gwynplaine, un tipo que había sido mutilado de niño; las cicatrices de su cara sugerían una risa tan involuntaria como permanente. Finalmente se descubre que su origen era aristocrático y se lo reivindica, pero ni siquiera así llega la plenitud. Gwynplaine utiliza su nueva posición para dar un discurso en contra de la injusticia social (una experiencia que evoca la del mismo Hugo, que en 1849 pronunció una arenga en contra de la miseria en el marco muy formal de la Asamblea Legislativa de París), pero no genera empatía sino escarnio: los presentes apelan al rictus demencial de sus facciones como excusa para cagársele de risa en la jeta. Pero el lector / público entiende que no se ríen de su máscara trágica, sino de su triste intento de cambiar el estado de las cosas.

 

 

 

El pogo del payaso asesino

¿De qué va, entonces, Joker? (Acá le han puesto Guasón, pero esa traducción entraña una burla como la de aquellos que se reían de Gwynplaine: Guasón es el payaso irrelevante de la serie kitsch de los ´60, que no asustaba a una mosca; el asesino psicótico de Finger-Robinson y de Heath Ledger en The Dark Knight Returns es el Joker.)

 

De Niro como Travis Bickle en «Taxi Driver»: otro payaso de temer.

 

Por un lado, la peli se inscribe como progresión de una línea narrativa cuyo origen podría fecharse en los ’70 por culpa de Taxi Driver (1976), pero que ante todo arrancó con El Padrino (1972): aquel cine que deja de centrarse en los héroes y desplaza su mirada hacia los antihéroes —personajes llenos de fallas pero no desprovistos de humanidad—, e incluso hacia los villanos. Ese cine, que alumbró algunas de las pelis más notables de la historia, pareció entrar en el ocaso para ser desplazado por los blockbusters estilo Spielberg y más tarde por el culto a los superhéroes.

Paradójicamente, lo que acudió al rescate de ese espíritu setentista fue la televisión, a través de series como The Sopranos y personajes como el Walter White de Breaking Bad. De repente podíamos dedicarle temporadas enteras al estudio de personalidades oscuras, en las que impulsos amorosos y criminales convivían en inestable equilibrio. La narrativa audiovisual parece haber llegado a un punto de madurez desde el que asume que, para sobrevivir en un mundo como este, no queda otra que ser un hijo de puta; y que al menos esos relatos nos permiten elegir, entre la generosa oferta, a los hijos de puta que tienen las mejores razones para serlo. (Categoría que, lo aclaro por las dudas, no parecería incluir a los hijos de millonarios que además son fugadores seriales y se roban el dinero de los contribuyentes.) De algún modo, los televidentes optamos por ciertos mafiosos, cocineros de droga y hasta asesinos seriales como Dexter porque, a diferencia de otros villanos, tienen virtudes que casi compensan sus defectos. Como si dijésemos: «Serán hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta».

 

Brando como Vito Corleone: la clase de hijo de puta que nos gusta.

 

El éxito que hoy tienen las pelis de payasos asesinos —personajes que además fueron creados hace mucho, como el Joker o el Pennywise de la novela It de Stephen King (1986)— puede ser interpretado como una variación del mismo tema, con el acento puesto en la corrupción de la inocencia. Tomar un símbolo de la infancia para convertirlo en disfraz ideal para un monstruo es otra forma de decir que ya entendimos, que quedó claro que en este mundo no se puede confiar en nadie.

Por lo pronto, Joker no va de supervillano alguno —nada de mastermind, mente maestra: mente rota y gracias—, y se podría decir que ni siquiera de villano: Arthur Fleck es más bien víctima de un sistema deshumanizado que lo torturó desde la cuna, y que cuando le saltó la chaveta por el lado de la violencia procedió a señalarlo con el dedo como si no hubiese tenido nada que ver con su gestación. La actuación de Phoenix también es elocuente a este respecto: cuando trabaja como payaso o incluso en su vida cotidiana, Fleck es más bien gentil, hasta tierno. Mientras continúa así —mientras es sumiso, mientras tolera sin molestar—, el sistema le permite languidecer en la indigencia. En este sentido, la figura de Fleck evoca más bien a Quasimodo, y hasta a Cristo: el cuerpo retorcido que recoge sobre su carne todos los pecados del mundo. Si en vez de quebrarse para el lado de la violencia sublimase por el lado de la religión, viendo a un ángel u oyendo voces que provienen de una zarza, el relato iría en otra dirección pero seguiría contando una historia parecida: la de una criatura que soporta hasta que su mente no da más y recibe el escarnio de una sociedad que no se hace cargo de la parte que jugó en su locura.

 

 

Por eso me indigna la hipocresía de estos críticos, que actúan como protectores de un sistema de mierda que siega y arruina vidas a destajo en el mundo entero y acusan a la peli de irresponsable por empatizar con un violento. La violencia no la crea personaje alguno, en el peor de los casos el personaje corporiza, tematiza un problema social. (Para eso está la ficción, entre otras cosas: para problematizar, para crear escenarios hipotéticos que nos permitan conjurar un problema social, político, existencial antes de que nos estalle en la cara.) Son comunicadores irresponsables, en tanto acusan por la rotura de la vidriera a la piedra, mas nunca a la mano que la arrojó. Lo cual los convierte en cómplices de un imperio que sólo llegó donde llegó merced a su capacidad de compartimentalizar su mente y separar actos de consecuencias. La producción industrial le permite al obrero deslindar su responsabilidad sobre la fabricación del tornillo que servirá para armar una bomba de hidrógeno. La desconexión respecto de lo que pasa en el mundo le permite al ciudadano soslayar la causalidad que existe entre la política colonial y el atentado terrorista. La ignorancia que torna posible al pobre de derecha le impide ver que la facilidad para comprar armas de guerra en el chino de la vuelta tiene relación directa con las masacres que sufren cada dos por tres.

Mientras escribo estas líneas, leo que un cine del sur de Huntington Beach, California, que anunciaba el estreno de Joker, cerró después de recibir una amenaza que la policía halló verosímil. Días atrás se difundió que tanto en Nueva York como en Los Ángeles se dispondría de vigilancia especial para las salas, así como la prohibición de una práctica que siempre es tolerada — la de disfrazarse o maquillarse como un personaje de la peli. Me recuerdan esa escena de Apocalypse Now en la que Willard (Martin Sheen) remata a una mujer herida y reflexiona sobre el absurdo de procurar una curita para el pueblo al que cagaste a balazos. Los relatos que priman en las sociedades satisfechas —o en los sectores satisfechos de las sociedades en llamas— apuntan siempre a aislar el síntoma de sus causas. Cuando ocurren un atentado o un crimen, siempre se trata de un fanático religioso o de un loco suelto o de un pibe chorro a quien se pulveriza de inmediato y se sigue adelante, acá no pasó nada. Pero pasó, pasa y pasará, mientras sigamos sin atender las causas profundas de esos hechos que parecen aislados cuando no lo son, porque forman parte de la misma trama.

 

«Ponete una cara feliz».

 

De eso va el Joker, entre otras cosas. De las sociedades que no se hacen cargo de lo que ven en el espejo de esa historia y fingen no ser culpables de lo que ocurre en grado alguno, en su marcha despreocupada hacia el abismo. Si al Joker la perjudican las comparaciones con Taxi Driver y El rey de la comedia (muchos olvidan que Scorsese iba a ser productor de la peli, hasta que la filmación de The Irishman le impidió hacer doblete), se debe ante todo a que hablan de mundos muy diferentes. La corrupción a lo Sodoma y Gomorra que empujaba a Travis Bickle a ponerse apocalíptico la solucionó Rudy Giuliani, convirtiendo Nueva York en un parque temático, una versión idealizada de su propio ser a imagen y semejanza de la postal hollywoodense que el cine creó de ella. Pero la Ciudad Gótica de Joker está al borde del apocalipsis real al que nos empujan los ricos de este tiempo, que acumulan más guita que nunca mientras crean más pobres que nunca y los hacen vivir indignidades que ya no se toleran. Esta tensión no la inventó la peli de Todd Phillips; el escándalo de la situación presente lo envuelve todo, está ahí, aunque pretendamos no verlo.

Lo que hace Joker es repetir, todavía con voz calma, la admonición que en Fight Club daba Tyler Durden. Don’t fuck with us.

No jodan con nosotros.

Si repetiremos la frase una tercera vez es algo que está por verse. Parte de la valentía de Joker es que se atreve a preguntarse quién —si ellos o nosotros— será el que ría último.

 

 

 

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56 Comentarios
  1. Patricia dice

    Gracias por este artículo, fue un hermoso reflejo (valga la redundancia) de mucho de mi sentir después de haber visto Joker, días después aún me conmueve, me saca lágrimas cuando pienso en algunas escenas, frases, y sobre todo, en la expresividad magistral de Arthur Fleck, diría Joaquin Phoenix, pero su interpretación y construcción del personaje es tal, que en este caso me referiré a Arthur Fleck, quien nos trasmite todo ese dolor, confusión, vulnerabilidad. No por ser un «loco» como muchos críticos o comentaristas han aseverado superficialmente, sino por ser más humano que cualquiera, tratando de seguir sus sueños, cuidando de su madre, soportando con una suprema resiliencia todas las desgracias, injusticias, violencias, e indiferencia que le entrega la crueldad del mundo cada día. Él nunca quiso ser el Joker vengador, político o reinvindicador, como bien dices, le tocó el papel, se lo asignaron los que necesitaban a gritos un líder a quien seguir. Amo estos héroes anti-sistema, Travis Brickle, Walter White, Joker, y es maravilloso que mucha gente sí haya entendido la intención, la alegoría, la poesía. Me da esperanzas en el mundo.

  2. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Qué maravilla de narrativa. Exquisita pluma que aún luce más, con la interpretación personal que le adiciona.
    En efecto, como dijo Simone de Beauvoir: “lo más escandaloso que tiene el escándalo, es que uno se acostumbra”.
    Y, como usted bien dice y podrían resultar, paradójicamente, virtudes del menemato y el macrismo: que el gran espejo que significaron, no espantó a demasiados cuando en él se vieron reflejados, negaron su propia imagen.
    Un ilusionismo casi perfecto, porque inclusive aquellos que no tenían por qué verse reflejados, tampoco creen que los espejos reflejen la realidad de lo que los otros son.

  3. maria dice

    Excelente su análisis. Anoche fui a ver la peli y me creó una terrible conmoción. Senti lo frío de este sistema capitalista que pone un manto para no mostrar esa cruda realidad sobre los olvidados, los invisibilisados. Que nos pone un bloqueo mental, una anestesia permanente para no empatizar con el «raro», el que el sistema lo dejo fuera del sistema.

  4. pelusa dice

    ayer fui e a ver la peli, acuciada por tu articulo. quede muuuy estremecida, coincidiendo con muchas de tus observaciones; en especial aquello de anitsistema que ella tiene. Para no repetir cosas ya obervadas diria que:
    Me gusto mucho la interpetacion de De Niro, porque esta vez no hace de De Niro. Nos persuade de que el conductor de tv tambien esta ante ‘su’ espejp.
    Una vez mas nos lamentamos que no esten traducidas todas las letras de las canciones ; lo cual nos priva de mas elementos de comprension del drama que alli se vive.
    La descripcion visual del estado caotico de Ciudad Gotica me recordo imagenes de la ciudad de Blade Runner. Impera un cierto ‘orden’, cuya fragilidad es tangible. Pero que puede volverse a el, una vez que la anomalia Joker esta en el lugar donde deben estar todes les «anormales» : el manicomio.
    El manejo del cuerpo que hacen actor y director es subyugante. Las fantasticas danzas del Joker tiene mucho -a mi parecer- del tai-chi, buscando una serenidad que no puede tener.
    Me cuestra creer que algun critico diga que la peli es «superficial» ; a menos que con esa palabra quiera decir que Joker pone en la superficie, a la vista de todes, la tragedia que, ademas de unipersonal, es de una sociedad . Como en «el club de la pelea».

  5. lujuce dice

    Maravilloso!!!! exquisito y profundo! sigo commocioada por lo que representa esta pelicula con su musica! Sin duda este Joker te toca en lo mas profundo de un mundo que necesita reflexionar

  6. Rafael dice

    Estimado Marcelo, brillante la nota, un baldazo de aire a los pulmones. De la misma manera en que me llegó tu texto , lo compartí a amigos que vieron o están por ver la peli.
    Saludos y gracias.

  7. Ana dice

    Yo no vi la película. me la contó mi hijo. Por lo que él me narró y vos, marcelo, analizás con la claridad y el talento que caracteriza, sumado a lo expresado por Michael Moor, sin duda es una historia que de alguna manera todos vivimos y no es de ahora, la veo plasmada en el gaucho matrero que fue Martín Fierro al hacerse cargo de esa sociedad que dañaba al pobre.
    Gracias, me encanta leerte.

  8. Luis Roberto Cáceres dice

    Genial el comentario, por sobre todo una tremenda peli!!

  9. Diego dice

    Impecable

    1. Laura Reynoso dice

      Espectacular tu reseña. Coincido en lo indignante que fue leer las críticas acerca de la violencia que puede suscitar la película, y admiro cómo cada argumento aquí expuesto es una cerrada de orto para esos pocos que viven en una nube de pedo y no se enteran de que en realidad no se muestra nada nuevo, sino una consecuencia de ese «mirar para otro lado» en el dia a día al andar en las calles. 👏

  10. Dario A dice

    (Por donde empezar? ) Considero tu nota un excelente disparador de contadicciones a analizar. A la vez quisiera tomar la pelicula como agente disruptivo. Leido articulo y comentarios, siento la insurreccion romantica de aquello que acaba en los ojos vidriados del Che, y mis ojos sobre la foto de su cuerpo deztrozado encima de la mesa. Porsupuesto que quisieron que la vea y la recuerde!
    Estamos hablando de violencia. El punto fundamental es que ingresamos a ella desde lo simbolico, lo intelectual, lo material; desde lo especular a lo ficcional, desde lo justificado a lo necesario, poniendo al joker (y por ende a nos), del otro lado del espejo: ejerciendo la violencia santa o esclarecedora. Acabamos de entrar al juego enemigo, el de los ojos vidriados. Porque el joker está del lado de quienes lo produjeron, y su accion incuba cientos de nuevos jokers justificados, que seran instrumentos de la reacción justificada de sus creadores. Por ello hablé de debate y del juego de la violencia. Y soy tan hipócrita de este lado del espejo, que defendiedo al joker me posiciono en el otro como ablucion práctica. O acaso soy quien sacaria al payaso de la calle y lo llevaría a casa, protegiendolo? O soy quién justificaria la falta de vigilancia en el cine que hirió a mi hijo?
    Van dos frases: el psicopata que estalló como salida a la presión capitalista, no solo aplica a cualquier pelicula sino también, y en vez de investirlo al pepe de la villa, probemos con el policia de la bonaerense que vacía un cargador; para notar como todo cambia y nos marca la falsedad.
    Recordemos al antiguo Joker: solo tan buenos como el mundo se lo permite: también aplicble a ambos lados del espejo y a uno mismo: somos tan buenos como el mundo nos lo permite.

  11. Guillermo Caligaris dice

    Hola, Marcelo. Fui a ver la película influido por tu comentario. Resultaron excelentes los dos: el film y el comentario. Muchas gracias. Abrazo.

  12. Carlos Enrique IORIO dice

    JOKER EN EL PAÍS DE LOS MIEDOS

    (La opinión del director Michael Moore sobre la gran película del año. Algo más que una historia de villanos en la patria de Trump. No contiene spoilers)

    «La noche del miércoles fui al Festival de cine de Nueva York y fui testigo de una obra maestra cinemática, la película que el mes pasado ganó el gran premio a la mejor película del Festival internacional de Venecia. Se llama Joker, y todos los estadounidenses hemos oído hablar de esta película de la que debemos temer y mantenernos alejados. Nos han dicho que es violenta, enferma y moralmente corrupta, una incitación y celebración del asesinato. Nos han dicho que la policía estará afuera de cada función en caso de que haya “problemas”. Nuestro país está en una situación de desesperanza, nuestra Constitución está hecha pedazos y un maníaco imprudente en Queens tiene acceso a códigos nucleares, pero por alguna razón, deberíamos estar asustados de esta película.
    Yo sugeriría lo opuesto: el mayor daño a la sociedad podría ocurrir si NO vas a ver esta película, porque la historia que cuenta y los problemas que plantea son tan profundos, tan necesarios, que si quitas la mirada de esta genialidad de pieza artística, te perderás el regalo del reflejo que nos está ofreciendo. Sí, hay un payaso perturbado en ese espejo, pero no está solo, nosotros también estamos ahí.
    Joker no es una película de superhéroes, supervillanos ni de cómics. Está situada en algún punto entre los años 70 y 80 en la ciudad de Gotham, y los cineastas no intentan disfrazar la ciudad por otra cosa que lo que es: la ciudad de Nueva York, el cuartel central de todo lo malo, la de los ricos que nos gobiernan, de las corporaciones a las que servimos, y de los medios que nos alimentan con las noticias sin profundidad que ellos creen que tenemos que absorber.
    Esta semana que pasó, la semana en que el presidente gobernante se acusó a sí mismo y –al más verdadero estilo de Joker– se burló de la incapacidad de Mueller y los demócratas de detenerlo, dándoles todo el material que necesitaban. Pero incluso así, diez días después de alardear de su culpabilidad, seguía sentado en la oficina oval, con sus códigos nucleares manchados por la grasa de un KFC, así que dio la orden de echar a andar el helicóptero. El sonido de las aspas acelerando sólo significaba un alerta para que los periodistas corrieran a la “conferencia de prensa” diaria. Trump salía hacia la cacofonía ensordecedora de la aeronave y de manera pública y criminal, le pedía a la República Popular de China que interfiera en las elecciones de 2020 mandándole información sucia acerca de los Biden. Él y la alfombra mágica que tiene por cabello se alejaron y excepto por el ciudadano que reclamaba “¿Puedes creerlo?”, no pasó nada más.

    Joker, la risa triste
    Mientras este fin de semana se estrena Joker, (en los días que llega a trabajar) Trump Jr. sigue sentándose en la oficina oval, soñando sobre sus nueva conquistas y su corrupción. Pero esta película no es sobre Trump, es sobre el Estados Unidos que nos dio a Trump, el país que no siente la necesidad de ayudar a los marginados y a los desprotegidos. El Estados Unidos en que los inmundamente ricos se vuelven más ricos e inmundos.
    En esta historia hay una pregunta desconcertante: ¿Qué pasa si un día los desposeídos deciden pelear de vuelta? (Y no me refiero a aparecer con un portapapeles ofreciéndole a la gente registrarse para votar). La gente se preocupa de que esta película sea demasiado violenta para ellos. ¿En serio? ¿Considerando todo por lo que estamos pasando en la vida real? Permites que tu colegio lleve a cabo simulacros de tiroteos con tus niños, dañándolos emocionalmente de manera permanente, mostrándole a los pequeños que esa es la vida que hemos creado para ellos.
    Joker deja en claro que realmente no queremos llegar al fondo del asunto o intentar entender por qué hay gente inocente que –cuando ya no puede soportar más– se convierte en Jokers. Nadie quiere preguntar por qué dos jóvenes inteligentes se saltaron su clase de filosofía francesa avanzada en la secundaria de Columbine para asesinar a 12 estudiantes y un profesor. ¿Quién tendría el atrevimiento de preguntar por qué el hijo del vicepresidente de General Electric entraría a la primaria de Sandy Hook en Newton, Connecticut, para hacer explotar los pequeños cuerpos de 20 niños de primer grado? ¿O por qué el 53% de las mujeres blancas votaron por un candidato presidencial que ha revelado en público su talento como un depredador sexual?
    El miedo y los gritos alrededor de Joker son una artimaña, una distracción para que no miremos a la violencia real que está desgarrando a nuestros compañeros humanos. Los 30 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud es un acto de violencia. Millones de mujeres abusadas y niños viviendo en el miedo es un acto de violencia. Amontonar a 59 estudiantes como sardinas sin ningún tipo de valor en las salas de clases de Detroit es un acto de violencia.
    Mientras los medios de comunicación esperan atentos al próximo tiroteo, a ti, a tus vecinos y a tus colegas, ya les han disparado numerosas veces, con tiros directos a cada uno de sus corazones, esperanzas y sueños. Tu jubilación ya se acabó hace tiempo. Estás endeudado por los próximos treinta años porque cometiste el crimen de educarte. Has llegado a pensar en no tener hijos porque no tienes suficiente corazón como para traerlos a un planeta que está muriendo y en el que 20 años después de nacer tendrán una sentencia de muerte. ¿La violencia en Joker? ¡Alto, deténganse! La mayoría de la violencia en la película es la que se comete contra el mismo Joker, una persona que necesita ayuda, alguien que trata de sobrevivir en una sociedad codiciosa. Su crimen es que no logra conseguir ayuda. Su crimen es que es el centro de un chiste en que los ricos y famosos se ríen de él.
    Cuando el Joker ya no lo puede soportar sí te sentirás terrible, pero no por la –poquísima– sangre que se ve en pantalla, sino porque tú estabas alentándolo y –si eres honesto cuando eso pasa– le agradecerás a la película por conectarte con un nuevo deseo de no correr a la salida de emergencia más cercana para salvar tu propio trasero, y en vez de eso, ponerte de pie, pelear y centrar tu atención en el poder no violento que tienes en tus manos todos los días.
    Gracias Joaquin Phoenix, Todd Phillips, Warner Bros. y a todos los que hicieron esta importante película en este tiempo importante. Me encantaron los múltiples homenajes a Taxi Driver, Network, Contacto y Tarde de Perros. ¿Cuánto ha pasado desde que vimos que una película aspirara al nivel de Stanley Kubrick? Andá a ver esta película, lleva a tus hijos adolescentes. Sacá tus propias conclusiones.»

    1. Marcelo Figueras dice

      ¡Muchas gracias x el texto de Michael Moore!

  13. Daniel Valledor dice

    Brillante Marcelo !!! La peli la vi ayer y hoy lei tu excelente nota. Y asi sali del cine, mi lado joker contento. Gracias.

    1. Li dice

      Marcelo lo tuyo es EPICO, cuanta sensibilidad !, imprensionante esta columna. La recomendé a amigos y en Face. Regards.

    2. Federico el Grande dice

      ver la película y leer tu nota, hacen aún más rica la película y más aún el pensar 1! excelente! ! Abrazo

  14. Pelusa dice

    Si no voy a ver esta peli que comentas tan profundamente que una no quiere que el art termine, me sentiré en superfalta.
    No se porque ( tal vez lo devele cuando la vea) recorde otra peli basada en novela «el hombre elefante «. Feflexion sobre donde habita lo monstruoso….

    1. ROSA DOBRY dice

      Excelente crítica la del autor, sobre está pelicula
      La vi ayer con mi nieto de 15 años y quedamos conmovidxs por el mensaje que transmite .Una detallada lectura sobre la sociedad actual en la cual unos pocos, dueños del poder empujan a los cada vez más hacia los márgenes, condenandolos a la muerte simbólica y real

  15. Estela dice

    Las reemplazaría por «Hijos de la mierda»

  16. Clemente dice

    Siendo un admirador compulsivo del joker de heath ledger, admito q tu crónica, me ha despertado gran curiosidad y ganas de ver esta pelicol.
    Gracias

  17. Verónica dice

    Excelente !
    Es un ensayo profundo e inteligente acerca de este gran film.
    La historia de Joker contada desde el otro lado.

  18. jorge villar dice

    Da gusto leer una nota de esta manera, que lindo cuando el periodismo nos mima así

  19. VALERIA BRUSCO dice

    gracias, gracias

  20. Flavio dice

    Excelente nota Marcelo. En la misma línea que planteás, rescato la figura de un antihéroe en los comienzos de la Patria: el gaucho Martín Fierro. El de la 1ra parte del libro, no el de la 2da que ya viene amansado. Abrazo desde Neuquén

  21. Sergio Piñeyro dice

    Excelente, un placer leerte y volver a pensar los que podía haber sido sólo un pasatiempo!

  22. Faniana dice

    Uhhhfff!¡ Jamás tan bien entendido, tan bien explicado, prácticamente lo mismo que pensé al terminar de ver la pelicula…
    Gracias

  23. Patricia dice

    Excelente!!! Felicitaciones

  24. Liliana Vides dice

    Gracias Marcelo! Sublime.

  25. Rodrigo dice

    Excelente

  26. Carlos dice

    Es lo que se (sigue) ve en «Bowling for Columbine». Las palabras de Marilyn Manson en aquella pelìcula («¿Quien es màs poderoso, el presidente de Estados Unidos o yo? Quisiera creer que soy yo, pero sabemos que no es asì»). Todos esos actores que hablan y no ven la relaciòn de que te vendan balas en la peluquerìa, o te regalen un arma por abrir la cuenta en determinado banco, con las matanzas, que hoy se multiplican al infinito, bajo el discurso Trump, quien ademàs, como ya sabemos y ahora van apareciendo las pruebas, es un tramposo que reclama legalidad para los demàs.

    La pelìcula es sencillamente fabulosa, perturbadora, y las criticas que nombras, son eso que decìs: se apuran a arrojarse para detener el balazo.

    Pàrrafo aparte para la musica de Hildur Gunadottir, autora de la musica de «Chernobyl». Y para la sublime, increible actuacion de Joaquin Phoenix. No hay palabras suficientes para describir el trabajo que llevò adelante con ese personaje, que va desde la suavidad del baile clasico al Jagger mas descontrolado.

  27. Juan Cruz Lopez dice

    NOTON

    1. Gus dice

      Siempre disfrutar de la lectura de tus articulos los domingos. Mientras miraba The Joker ciertas escenas musica y planos me hicieron recordar al Gatica de Favio… Creo q es una o la película del año y la actuación de J. P es superlativa.

    2. Carmen dice

      A ustedes espectadores, si esta peli te incomoda, fijate de qué lado de la mecha te encontrás.
      Carmen

  28. Isa dice

    J.Phoenix: en esta película -también en Gladiador- muestra su calidad de artista. Conmueve hasta el dolor.

  29. Abel dice

    «Uno de los peores inventos han sido los espejos»…

  30. Angel dice

    Comentario que provoca entusiasmo por ver esta obra, comentario que a un pseudointelectual toma las licencias de la crítica de la obra como un manifiesto de literatura

  31. Silvia Ciccone dice

    Marcelo gracias por el arte que desparrama tu nos crítica y profunda, cuánto para pensarnos.gracias abrazos ruly

  32. myriam dice

    Impresionante! Como siempre, tu relato es mágico. Nos golpea con la realidad. Como la piedra a la vidriera. Abrazo

  33. Gabriela Baade dice

    Todavía me dura la angustia y la tristeza que me disparó Joker y la abrumadora actuación de Joaquín Phoenix. También me evocó al Quasimodo de Charles Laughton, a la novela de Victor Hugo, a Taxi, driver y a la sociedad actual global y a nuestra realidad argenta. Y todavía no entiendo a los espectadores que se reían, como no entiendo tantas otras cosas del mundo que estamos viviendo y armando.
    Gracias.

    1. Humberto Maradei dice

      Aún no vi la película pero ahora estoy listo para verla, UD Marcelo estimula mi curiosidad por el cine y desestimula mis anhelos de escribir garabatos.

  34. Carlos Daniel García dice

    Siempre tuve la incógnita de por qué, existen argentinos con desprecio por lo propio, fui educado en una familia de orgullo por lo propio, siento algo interior que me entusiasma cuando veo algo que dice «hecho en la Argentina», por más que tenga alguna imperfección que nada perjudica su funcionamiento, brillante la nota, Marcelo como siempre

  35. Oscar dice

    Amigo,lo que crees que le falte al análisis, agregaselo vos.No seas tan cómodo.Saludos

  36. FPV dice

    Cada uno lleva una tarjetita plastificada que mostrar. Algunos no lo hacen. El mundo esta lleno de personas, no personajes, como El Guasón.

  37. R.P. Browne dice

    Muy agradecido por tu nota y reflexiones Marcelo. Afortunadamente El Cohete tiene gente valiosísima como vos, y generalmente prescinde de paparulos del estilo Peter Bradshaw… El Guardian también tiene a Mark Kermode, quien habló muy bien del Joker de Phoenix y Phillips. Saludos

  38. Liliana dice

    Excelente nota! Gracias Marcelo!

  39. Jorge Tesan dice

    La nota sería una verdadera delicia si no ocurriera esa desmedida profusión del pseudovocablo «peli», que no es más que una manifestación de pereza mental, un anglicismo vago y dudoso, un lunfardo avalado desde los medios y desde ciertas castas que se suponen informadas, como suele suceder hoy en día con los lunfardos. Para quienes buscamos en este medio algo más que la redacción fast food de la mayoría de los diarios, es una desilusión. En este caso, «peli» y su cacofonía adolescente que sabe al pochoclo rancio que hoy se consume en las espantosas salas modernas, desmiente la propia profundidad de la nota y si bien patina al autor de una cierta informalidad progresista, hace insoportable su transcurso para quienes buscamos algo más que adolescencia en nuestras lecturas.

    1. Facundo dice

      Puede ser que no sea la nota más brillante de Figueras (que las tiene), pero vos sí que sos infumable!

    2. María López dice

      Amigo, de onda, bajate del pony…ergo, humildad. Saludos.

    3. Oscar dice

      Amigo,lo que crees que le falta al análisis,agregaselo vos.No seas tan cómodo.Saludos

    4. Cococho dice

      Peli, peli, peli, peli, peli, peli…

    5. Ignacio dice

      aaaaaa nonono, es usted muy pero muy bobaso!

  40. Carmen dice

    Marcelo, una vez más coincido en todo con vos. La hipocresía de la sociedad en la que estamos inmersos, nos deja atónitos segundo a segundo. La peli me maravilló. Es simplemente perfecta.
    Carmen

  41. Susana dice

    Gracias Marcelo.

    1. Abel dice

      «Uno de los peores inventos han sido los espejos»…

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