DAMA DE HIERRO OXIDADO

Reagan gagá y Thatcher travesti, en la novela política de espionaje de Carolina Cobelo

 

El actor Ronald Reagan asume su segunda presidencia de los Estados Unidos en 1986, ya con las sinapsis neuronales bastante perezosas, lo que le provoca crecientes dificultades para situarse en tiempo y espacio, especialmente en lo relativo a las buenas maneras y lo políticamente correcto. En notable contrapartida, adquiere lucidez para exacerbar un atávico macartismo a niveles encandilantes; descubre rojillos por todas partes. Del otro lado del Atlántico, en la Rubia Albión, Margaret Thatcher reincide como inquilina del número 10 de Downing Street, no deja de beber whisky —que para eso tiene a Escocia, caramba—, se afana en liquidar a los desocupados y mineros que se le lanzan a la yugular, se declara travesti aunque sigue nombrándose en masculino, blasfema en la lengua rioplatense y oculta su viejo enamoramiento por su par norteamericano.

No termina allí la historia. Recién comienza. Nancy, la devota esposa del Presidente de los Estados Unidos al que en forma inevitable responde “sí, querido”, cultiva rosas mutantes de espinas asesinas y es una inveterada espía soviética encubierta, a la espera de las señales de Moscú que la hagan entrar en acción. Quien sospecha de la primera dama yanqui es la actriz Jodie Foster, reclutada por la CIA en la filmación de Taxi Driver. El director de la agencia de inteligencia de Reagan se llama Pochoclo Casse, pero muere pronto cuando su jefe se convence de que es bolche y hace que Nancy, obediente y servicial como buena chica norteamericana, le abra el gañote con una espina de las mentadas rosas. A todo esto, en Londres, Maggie Thatcher es avisada por su secretario Veleta Parkinson de una inminente reunión secreta en la habitación reservada para estas ocasiones en el hotel de siempre. El enviado le informa que hay un traidor, la Dama de Hierro ni se inmuta, se clava un whisky doble y le pide a Veleta que le suban dos putas; no, tres.

 

Carolina Cobelo, la autora.

 

Digamos todo, es la implícita premisa de Carolina Cobelo (Buenos Aires, 1982) que rige su segunda novela, Thatcher, versión posta de una historia que fuera edulcorada por los medios hegemónicos para aplacar intimidades y rispideces del par de mandatarios y su entorno, responsables del imperio neoliberal impuesto a partir de entonces en paralelo al empujoncito final para el derrumbe de la Unión Soviética. Relato en el que la autora se preocupa de cortar en forma sutil por lo más grueso, sin meterse ni eludir localismos. Cuidadosa de obviedades o redundancias, le basta una sola ironía por párrafo para mantenerse dentro de lo verosímil: “Pero Maggie tenía una gracia que la hacía sobresalir como hierba mala en la larga llanura del anonimato. Oh, la mirada de Margaret era como un atardecer en Islas Hébridas de Escocia y aún ante las acusaciones más graves, como aquella que le hicieron cuando hundió The Belgrano, su mirada esplendía el más gallardo encanto del mundo”.

Reagan captura una empleada de limpieza afroamericana, la tortura y la lleva consigo a las conferencias internacionales. Nancy, su esposa, le lava el bocho con cuentos de Disney donde La Cenicienta “era un pobre andrajoso y las hermanastras malvadas eran dos empresarios textiles” explotadores. Maggie era el príncipe, quien al descubrir el origen plebeyo del menesteroso, lo confina “en un sótano lleno de inmigrantes ilegales donde hubo de coser por toda la eternidad los trajes de los niños ricos”. Reversiona asimismo Hansel y Gretel, “donde la bruja era un pobre que no tenia comida y Hansel y Gretel dos terratenientes que mataban al pobre en un horno a gas y expropiaban sus tierras para instalar una fábrica de chocolates suizos”.

 

 

Thatcher & Reagan: love is in the air.

 

 

Deng Xiaoping, el líder chino, se debate cuan jamón del sánguche entre la sombra de Mao y el advenimento de Xi Jinping que le serruchaba el piso, así que para congraciarse con su rival de Occidente, le regala una decena de proletarios para que se solace en el rancho de Texas. Gorbachov padece una suerte de complejo de inferioridad, menos por el comunismo que se viene en banda que por los efectos del bullying del que había sido objeto en la escuela, cuando los compañeritos ensayaban puntería sobre la mancha en el parietal. La primera ministra británica sigue consumiendo alcohol y atributos masculinos mientras espeta criollismos: “Dios le da pan al que no tiene choripán”, envía esquelas que comienzan “puto el que lee”, le dice a un funcionario “alguien me está meando los ravioles, Foster”, o “no quieren laburar, viste como son. Meta garchar para cobrar un plan”. En tanto, a Reagan se le escabulle el principio de realidad, lo busca en un ejemplar del Reader’s Digest "de su biblioteca especial para estudios aplicados”, su mente retrocede hasta escuchar “a la Historia que clamó: ven a volar conmigo Ronald Reagan, y entonces fui, incauto, sin saber que la muy ingrata me pondría siempre a la sombra de Paul Newman, Marlon Brando, Cary Grant y Clark Gable, y me dejaba a mi, oh pobrecito de mi, lucirme apenas con un brillo tenue en los films clase B”. Corolario: no le quedó otra que caer en la política. Escenas dispersas, van tejiéndose en una trama de misterio a ritmo vertiginoso que se desplaza hacia el destino irremediable en el que Maggie trasmuta en bronce y Ronnie en portaaviones.

Cobelo compone una novela cuya perfección reside en operar al modo de un portal a otra dimensión. Paraje bizarro donde se despliega cierta escatología plagada de detalles intestinos —gruesos y delgados— que los personajes se tragan sin hacerles asco y deponen aún en territorios sacralizados. Estructurada como fábula de espionaje, se sostiene en un soporte técnico de referencias históricas concretas. Antecedentes de raíz verídica la instalan dentro de la modulación de la crónica. Dotada de un lenguaje propio del género en una traducción poco esmerada, Thatcher obtiene la contundente solidez de una escritura laboriosa con destellos de exquisitez sintética. Doble registro, logro múltiple, transporta al lector de uno a otro universo, brindándole la oportunidad de ejercer la inteligencia capaz de resignificar los acontecimientos y transportar el disparate a ambos lados en forma indistinta. Nada sin política.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Thatcher

Carolina Cobelo

 

 

 

 

 

Buenos Aires, 2021

144 páginas

 

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