LA CABEZA DE GOLIAT

Una cautelar de la Corte Suprema refuerza la desigualdad que la Constitución mandó atenuar

 

La cautelar que la Corte Suprema de Justicia concedió a la Capital Federal acentúa la desigualdad de recursos entre esa jurisdicción y el resto del país, contraviniendo el mandato constitucional sobre la coparticipación de impuestos, cuya distribución deberá ser “equitativa, solidaria y dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional”.

Ese inciso 2 del artículo 75 de la Constitución reformada en 1994 define las atribuciones del Congreso, no de la Corte Suprema. La disposición transitoria sexta aclara que ese régimen de coparticipación y la distribución de competencias, servicios y funciones vigentes a la sanción de la reforma, “no podrá modificarse sin la aprobación de la provincia interesada; tampoco podrá modificarse en desmedro de las provincias la distribución de recursos vigente a la sanción de esta reforma y en ambos casos hasta el dictado del mencionado régimen de coparticipación”. Este poder de veto de cada jurisdicción subnacional también explica por qué esa ley, que la Constitución preveía para 1996, no pudo sancionarse en los 27 años transcurridos. Esto fue compensado con sucesivos parches, pactos fiscales, refinanciamientos de la Nación, fondos especiales.

El primer día del verano, Horacio Rosatti, Silvio Robles, Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, cortaron ese nudo gordiano en el que la política se enredó y, por un acto de poder basado en su voluntad y sin sustento normativo alguno, ordenaron a la Nación incrementar un 0,63% la masa coparticipable que cada mes transfiere a la Capital, que equivalen a 40.000 millones de pesos de 2022. Todavía falta que un fallo de la Corte resuelva la cuestión de fondo, pero entre tanto, la cautelar asegura al gobierno porteño recursos bienvenidos en año electoral por su jefe de gobierno y precandidato presidencial de JxC, Horacio Rodríguez Larreta. Como repite en sus giras electorales el Presidente Alberto Fernández, la igualdad es una utopía.

Esta es una breve cronología del caso:

  • En 2015, la Ciudad de Buenos Aires recibía el 1,4% de la masa coparticipable.
  • En 2016, el flamante Presidente Maurizio Macrì la incrementó por decreto al 3,75% y lo justificó en el traspaso de las fuerzas de seguridad federales.
  • En 2017, por el Pacto Fiscal, se redujo al 3,5%.
  • En 2020, por el decreto 735/2020, el Presidente Alberto Fernández retrotrajo ese beneficio discrecional y fijó un coeficiente de 2,32% sobre el monto total recaudado, hasta la aprobación por parte del Congreso de la transferencia de las facultades y funciones de seguridad a la Capital. También estableció que, a partir de la aprobación de una ley nacional, la participación de la Capital se fijaría en un coeficiente equivalente al 1,4% originario.
  • En diciembre de 2020 se sancionó la ley 27.606, que aprobó la transferencia de funciones de seguridad y previó que “hasta la entrada en vigor del acuerdo se transferirá en forma mensual y automática desde el Tesoro Nacional a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la doceava parte de $24.500.000.000, que se considerarán a cuenta del monto que finalmente se acuerde. La suma será actualizada trimestralmente de acuerdo con un índice compuesto en un ochenta por ciento (80%) por el índice nominal del salario promedio de la Policía Federal Argentina y en un veinte por ciento (20%), por el índice de precios al consumidor (IPC)”.
  • El 16 de diciembre de 2022, la cautelar dictada por la Corte frenó la aplicación de la ley, y fijó el porcentaje de 2,95% que el Estado Nacional debe pagarle a la Ciudad. No hay en todo el fallo una línea que explique de qué galera Robles y los ministros de la Corte sacaron el conejo del 2,95%.
  • Y aun falta determinar cuál es el gasto real del traspaso de funciones de seguridad.

 

Un minucioso estudio sobre el tema del Centro de Economía Política (CEPA), sobre datos actualizados al censo de población 2022 y de los presupuestos 2022 de la provincia de Buenos Aires y de sus municipios, muestra la enorme desproporción de recursos por habitante, profundizando la desigualdad que la Constitución mandó reducir. El think tank que conducen Hernán Letcher y Julia Strada comparó los recursos per cápita de la Ciudad, comparados con los de la provincia, en tres alternativas: sin y con la coparticipación municipal, y con los recursos propios de veinte municipios seleccionados.

 

 

Recursos per cápita, Capital y provincia de Buenos Aires

 

 

En la primera comparación, la Ciudad supera a la provincia por 114,7%; en la segunda por 80% y en la tercera (que mide los ingresos de todos los orígenes), del 57%.

 

Recursos per cápita de CABA y PBA + municipios seleccionados.

 

Esa brecha se ensanchó por el fallo de la Corte Suprema, que aumentó de 2,32% a 2,95% el porcentaje que debe recibir la Ciudad Constitucional Federada, según la denominación inventada por el tribunal, que no figura ni siquiera implícitamente en el texto constitucional. La suma extra asignada a la Ciudad, ese 0,63%, más que duplica el presupuesto promedio de los municipios seleccionados.

 

Presupuestos municipales vs. recursos adicionales a la CABA

 

Esto no ocurre en el vacío, sino en una situación de profunda asimetría, descripta hace 83 años por Ezequiel Martínez Estrada en La cabeza de Goliat. CEPA lo grafica con los datos oficiales sobre población que vive en hacinamiento crítico, que carece de agua de red, que no tiene acceso a cloacas, y también con la media del ingreso per cápita familiar de los hogares y las tasas de actividad, de desocupación y de informalidad.

 

Población con hacinamiento crítico (2021)

 

Población sin agua de red (2021)

 

Población sin cloacas (2021)

 

 

Media del ingreso per cápita familiar de los hogares (2021)

 

Tasa de actividad (2021)

 

 

Tasa de desocupación (2021)

 

Tasa de informalidad (2021)

 

Escribió Martínez Estrada: “El que suponga que Buenos Aires es una ciudad fuerte está en un error: ni tiene arraigadas convicciones como para resistir un largo asedio, ni es audaz, ni ama el peligro verdadero. Juega con arrebatos y pasiones como un niño demasiado mimoso con sus juguetes, su ajedrez o su Meccano. Lo que pasa es que su tamaño sideral, su bienestar y su desasosiego intrascendente proyectan sus movimientos en un campo vasto y vivaz, y por eso juzgamos a Buenos Aires dinámico y terrible. Hora a hora se dilata, crece, lleva hasta confines más distantes su agitación superficial. (…) El único verdadero y positivo contacto de Buenos Aires con la República lo establece por las ocho patas de las líneas ferroviarias. Pero esas patas no le sirven para moverse sino para vivir y crecer, porque tienden dos líneas de ventosas sobre la superficie del país, y en realidad no terminan en el cuerpo capital del pulpo sino en las acciones y en los créditos de los especuladores de ultramar”.

 

 

 

 

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