El Instituto V-Dem del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Gotemburgo, del Reino de Suecia, publicó su Informe Anual 2026, al que título: “¿El desmoronamiento de la era democrática?”
El Informe sostiene que las mejoras democráticas ocurridas durante la denominada Tercera Ola [1], iniciada en 1974 en Portugal, han retrocedido a los niveles de 1978. El retroceso es de carácter global y la mayor declinación se observa en Europa Occidental y Norteamérica, especialmente en Estados Unidos. En cuanto a América Latina, si bien la democracia se recuperó en Brasil, la Argentina es uno de los países donde el régimen democrático ha declinado.
Cabe destacar que el Instituto elabora el informe a partir de cinco dimensiones:
- Índice de democracia electoral;
- Índice de democracia liberal;
- Índice de democracia participativa;
- Índice de democracia deliberativa; y
- Índice de democracia igualitaria.
Cada una de estas se desagrega en una multiplicidad de indicadores que da como resultado una cifra que varía entre 0 y 1, como podemos observar en el siguiente gráfico:

Fuente: V-Dem.
¿Qué es la democracia?
Robert A. Dahl distingue entre democracia como ideal normativo y poliarquía como forma empírica de democracia en los Estados modernos. En sus obras sostiene que ninguna sociedad real alcanza plenamente el ideal democrático; por eso utiliza el concepto de poliarquía para describir los regímenes existentes. Este politólogo estadounidense entiende la democracia como “un sistema político en el que los ciudadanos son políticamente iguales y tienen la capacidad efectiva de participar en las decisiones colectivas que los gobiernan”. A los efectos de precisar que sería una democracia, Dahl establece cinco criterios normativos que ésta debe cumplir:
- Participación efectiva;
- Igualdad de voto;
- Comprensión ilustrada (acceso a información suficiente para formarse opinión);
- Control de la agenda (capacidad de los ciudadanos para decidir qué temas se discuten); y
- Inclusión de todos los adultos [2].
Por otro lado, Dahl define la poliarquía como un régimen caracterizado por altos niveles de competencia política y participación inclusiva. En otras palabras, sostiene que es un régimen que se distingue por dos dimensiones: la contestación pública y el derecho a participar. Cuando ambas alcanzan niveles elevados, el régimen puede denominarse poliarquía. En este sentido, Dahl subraya que la poliarquía no es la democracia ideal, sino su forma empírica observable, es decir, el tipo de régimen que se aproxima a la democracia en los sistemas políticos contemporáneos.
Por último, el autor define a las ocho garantías que la hacen posible: derecho al voto; derecho a ser elegido; elección libre, imparcial y periódica de los cargos; derecho a ocupar dichos cargos; libertad de asociación como para formar partidos políticos y otras organizaciones de la sociedad civil; libertad de expresión; libertad de prensa; e instituciones políticas que dependan del voto popular [3].
Más allá del empirismo al que recurriremos, debe tenerse presente que el régimen político democrático no es solo un procedimiento que sirve para elegir autoridades, sino una forma de vivir en una comunidad política.
El retroceso de la Argentina y Estados Unidos
Si volvemos a los datos del Instituto V-Dem, y seleccionamos algunos países, entre ellos la Argentina, se observa la siguiente evolución:

Fuente: Our World in data en base a V-Dem
Dos precisiones y una aclaración. La primera es que V-Dem sostiene que “la magnitud y la velocidad de la [regresión democrática] bajo la administración Trump no tienen precedentes en la historia moderna. En un año, la puntuación de Estados Unidos en el Índice de Desarrollo Liberal (IDL) ha disminuido un 24%; su posición en el ranking mundial cayó del puesto 20 al 51 de entre 179 naciones. El nivel de democracia en el IDL está retrocediendo hasta alcanzar los niveles de 1965, año que muchos consideran el inicio de una democracia moderna y auténtica en Estados Unidos” [4]. Asimismo, el Informe sostiene que “por magnitud de la caída en el LDI, el desplome de 2025 es la mayor caída anual en la historia de Estados Unidos desde 1789, es decir, en todo el período cubierto por los datos de V-Dem. Solo se le compara con [el primer gobierno de] Trump cuando el LDI en Estados Unidos cayó de 0,85 a 0,73 en cuatro años, lo que hizo retroceder al país a su nivel de 1976 (…). La democracia estadounidense sobrevivió [al primer gobierno de Trump], pero no se recuperó por completo”. De esta manera, una de las conclusiones del informe es que Estados Unidos se encuentra en niveles similares al de países como Turquía y Hungría, y se encuentra atravesando un grave proceso de deriva autoritaria; es decir, desde una democracia hacia un régimen autoritario como también alertaban Steven Levitsky y Daniel Ziblat [5]. Además, debe tenerse presente que el dato más bajo de Estados Unidos corresponde al año 1960, cuando la población afroamericana no podía votar: 0,539.
La segunda precisión es que la deriva hacia un autoritarismo [6] en la Argentina, según el Informe, “comenzó con la presidencia de Javier Milei. Bajo su gobierno populista de extrema derecha libertaria, la libertad de expresión, la libertad de prensa y las organizaciones de la sociedad civil fueron atacadas”. En este punto disentimos. A nuestro criterio, este proceso ya había empezado con Mauricio Macri, como hemos analizado oportunamente. Por otro lado, nuestro país ha arrojado desde 1983 cifras muy bajas –comparadas con Chile, Brasil o España– en este índice debido a: politización del Poder Judicial, falta de imparcialidad de los tribunales, corrupción, inestabilidad en las reglas institucionales, mayor concentración del poder en el Ejecutivo y abuso de los Decretos de Necesidad y Urgencia.
La tercera es que este índice también ha sido criticado desde el ámbito académico. Entre esas críticas se destacan: a) dependencia de los juicios de expertos en su construcción, lo cual ocasiona problemas de subjetividad, sesgo ideológico y diferentes estándares en la evaluación, y b) problemas de comparabilidad internacional; es decir, que los mismos indicadores pueden significar diferentes cosas en contextos institucionales diferentes.
50 años después
A 50 años del golpe de Estado que instauró la última dictadura civil-militar, las voces que negaban el accionar del terrorismo de Estado, que antes eran marginales en nuestro país, se han colado en las instituciones políticas y en la academia.
El pasado 18 de marzo, el Senado de la Nación aprobó una declaración, propuesta por el senador Eduardo “Wado” de Pedro en repudio al último golpe de Estado. El proyecto fue aprobado por 49 votos afirmativos, con la abstención de La Libertad Avanza y la ausencia de tres legisladores.
Por otro lado, en la ciudad de Rosario, La Libertad Avanza se negó a señalizar la esquina donde un grupo de tareas fusiló a seis estudiantes universitarios el 23 de enero de 1977.
También desde el ámbito académico hubo pronunciamientos negacionistas. El politólogo Alejandro Bonvecchi sostuvo que el problema que tiene la cifra de los 30.000 desaparecidos es que no tiene sustento empírico. La pregunta que se le podría haber hecho al colega es ¿qué cifra de genocidios contemporáneos tiene sustento empírico; es decir, son exactas? El problema, claro, es que nuestra última dictadura, como otras en el mundo, se ha encargado de borrar la evidencia empírica. Como dijo el último dictador argentino, “el desaparecido es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido”. En síntesis: es imposible tener certeza empírica. Por otro lado, el colega decidió no mencionar a los documentos que Estados Unidos ya ha desclasificado: Nuts and bolts of the gobernment´s represión of the subversión 1979, Informe de Enrique Arancibia Clavel y Political conversations with argentine leaders - Department of Defense Intelligence Infomation Report. Por ello, el número que brindó fue una elección política y no académica.
La de los 30.000 desaparecidos es una cifra que está “abierta (…), es una interpelación al Estado, es una exigencia de respuesta, exigencia indeclinable”. Por eso, es mucho mejor escuchar nuevamente las palabras de Martín Kohan que tan ridículamente resumí. Nunca Más.
"Hubo una matanza feroz para quebrar todo sentido de participación política", dijo Martín Kohan en #50Minutos pic.twitter.com/Sh5FXNIVFd
— La Nación Más (@lanacionmas) March 30, 2017
[1] Huntington, S. (1995). La tercera ola. La democratización a finales del Siglo XX. Buenos Aires: Paidós.
[2] Dahl, R. (1992). La democracia y sus críticos. Buenos Aires: Paidós.
[3] Dahl, Robert A. (1989). La poliarquía: participación y oposición. Madrid: Tecnos.
[4] Coincidimos con esta apreciación, tal cual lo expresamos en El Cohete a la Luna el año pasado.
[5] Levitsky, S & Ziblat, D. (2018). Cómo mueren las democracias. Buenos Aires: Ariel.
[6] El Informe V-Dem utiliza otra tipología de regímenes políticos. Nosotros seguimos la clásica de la Ciencia Política: Democracia, Autoritarismos, Sultanatos y Totalitarismos.
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