La insidiosa expresión de un candidato presidencial de la derecha latinoamericana (ya prófugo) fue uno de los pasajes más recordados del debate de cierre de campaña en Brasil. Un joven atildado que nunca trabajó quiso denostar al octogenario obrero devenido jefe de Estado al señalarle que tenía “nueve dedos”. A partir de ese instante, su digno contrincante quedó a un paso de iniciar tantos mandatos presidenciales como Franklin Delano Roosevelt.
Gran parte de los televidentes contaban entre sus familiares alguna marca equivalente en sus cuerpos. Eso, siempre y cuando hubieran sobrevivido a las condiciones laborales en un país donde ni siquiera hay un registro nacional de esos muertos en cumplimiento de un deber cada vez más necesario, como se señalara aquí.
El mundo
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cada año mueren entre dos y tres millones de personas en su ejercicio laboral.
Estimaciones conjuntas de la OIT y la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que la mayoría de las tragedias relacionadas con el trabajo se debieron a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Las enfermedades no transmisibles representaron el 81% de las muertes. Las principales causas fueron la enfermedad pulmonar obstructiva crónica; el accidente cerebrovascular y la cardiopatía isquémica. Los traumatismos ocupacionales causaron el 19% de los fallecimientos en los tres primeros lustros de este siglo. Ese primer informe de seguimiento mundial conjunto de la OMS y la OIT data de hace diez años.
A comienzos de esta década, la OMS y la OIT publicaron el primer estudio que cuantificaba la carga de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares atribuibles a largas jornadas laborales (750.000 muertes), el mayor factor de riesgo.
Ya en 1998, la Conferencia Internacional del Trabajo había adoptado (y ampliado en 2022) una Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el empleo:
- Libertad de asociación sindical y reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva;
- Eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio;
- Abolición efectiva del trabajo infantil;
- Eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación;
- Entorno de trabajo seguro y saludable.
El procedimiento de seguimiento que respalda ese compromiso puede leerse aquí.
Hacia 2023, para el XXIII Congreso Mundial sobre Seguridad y Trabajo, reunido en Australia, la OIT estimó que la mayoría de las muertes anuales (2,6 millones) fueron provocadas por enfermedades relacionadas con el trabajo, mientras que los siniestros laborales causaban 330.000 decesos, la octava parte.
A eso hay que sumar las lesiones a otros 395 millones de personas al año. ¿Cuántas de ellas tuvieron la oportunidad de denunciarlas ante cámaras con un nivel de audiencia como el que concita un debate preelectoral?
Las enfermedades cardiovasculares representan un 32,3%; los tumores, 27,5%, las dolencias respiratorias, 14,2%, y las heridas accidentales, 11,2%.
La reducción de la jornada laboral, como la anunciada en Brasil, va en línea con el estudio que señala la exposición a más de 55 horas semanales como factor decisivo en las 744.000 muertes calculadas hace una década por la OIT.

Ya entonces, en el mundo se denunciaba el asbesto como la segunda causa mortal (la primera era la exposición a partículas, gases y humo en el aire, con 450.000 fallecimientos al año). Ese producto, que generó 209.000 muertes, es aún denunciado por los metrodelegados el subte porteño, a quienes el actual gobierno les tira a la Policía encima para reducirlos y que dejen de protestar.
Hace justo dos años, un trabajador falleció por exposición constante al asbesto, según denunció entonces la Asociación Gremial del Subte, desde donde contabilizaban cuatro fallecidos por ese material cancerígeno desde 2018.

Para el periodo 2024-2030, la OIT adoptó una Estrategia Mundial de Seguridad y Salud en el Trabajo, en pos de “promover, respetar y hacer progresiva realidad el derecho fundamental a un entorno de trabajo seguro y saludable”. Para ello, apuntaba a mejorar los marcos de seguridad y salud laboral, reforzar la coordinación, asociación e inversión, y optimizar los sistemas de gestión.
Además de mantenerse por encima de los dos millones la cantidad anual de muertes laborales, la OIT denunció que registraban más de 200 millones de casos con dolencias profesionales.
En la Argentina
A fines de 2025 se cerró la evaluación de datos para un informe patronal que daba cuenta de menos accidentes laborales, según cálculos del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), que depende de la Fundación Mediterránea, donde analizaron el funcionamiento de la Ley de Riesgos del Trabajo (LRT) desde 1997.
En estas casi tres décadas de hacer lo que proponía la OIT, los empresarios admiten que la prevención en las empresas ayudó a reducir casi a la mitad los accidentes y enfermedades laborales desde mediados de la década del ’90, cuando se registraban 75 casos cada mil empleos. En cambio, los accidentes in itinere (en el trayecto al establecimiento laboral), subieron de 7 a 18 cada mil.
En cuanto a las muertes, si bien disminuyó la cantidad en lugares de empleo, se ampliaron sus causas. In itinere, cayeron de 76 a 30 por millón de trabajadores; en los lugares de empleo, de 158 a 34. Calculan que evitaron 720 muertes por año.
Eso significa que antes morían dos personas por día.
El Estado
El más reciente informe estatal es el de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), cuyos datos de 2025 pueden consultarse aquí.
Allí consignan que, del total de 532.965 accidentes, 331.633 ocurrieron en el lugar de empleo (62,22%). Los mayores cifras (casi un 24%) se dan por caídas; un 21,3% por pisadas, choques o golpes por objetos, y más de 10% debido a esfuerzos excesivos.
Casi el 30% de los siniestros se dan dentro de las “unidades productivas”, es decir en las fábricas o talleres, que concentran el 95% de la masa obrera registrada (el otro 5% lo hace en casas particulares).
El cuadro etario da cuenta de que las más expuestos fueron personas de entre 30 a 34 años (81.876 casos), seguidas de las de 35 a 39 años (76.948) y las de 25 a 29 años (73.575); con los de 40 a 44 (69.350) se redondea el 60% del más de medio millón de accidentados.
La mayoría de los casos guardan relación con la densidad poblacional. Como es lógico, encabeza la lista la provincia de Buenos Aires, luego la ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza (que concentran casi tres cuartas partes de los casos), seguidas de Entre Ríos y Salta.
En cuanto a las fechas, cualquier momento es pasible de incidentes. Si bien disminuyen en diciembre-enero por debajo de los 40.000 casos, todo el año guarda promedios que oscilan en 50.000.
Las mujeres son más proclives a los accidentes in itinere.
El ruido es lo más nocivo que hay. Las enfermedades profesionales más comunes son las del oído. Un tercio de las mismas se declara antes de cumplir el primer año de exposición.
Las áreas de mayor probabilidad de accidentes y enfermedades son
- Suministro de agua, cloacas, gestión de residuos y saneamiento;
- Construcción;
- Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca;
- Industria manufacturera; y
- Minas y canteras.
El mayor índice de letalidad se da en el sector eléctrico y gasífero, seguido del área de comunicaciones y el trabajo en el campo.
Por estos días
Esta semana, en Neuquén, debido a la importancia estadística de los accidentes laborales, MEOPP ART (de petroleros privados) anunció su proyectado centro de recuperación funcional para trabajadores, destinado a prestaciones y acompañamiento durante la rehabilitación.
La Mutual, una entidad con 220 pequeñas y medianas empresas aseguradas, presente en una decena de provincias, debió destinar más de 5.300 millones de pesos a prestaciones dinerarias en el último periodo anual, al cubrir 6.998 siniestros laborales. Según admitieron en su reciente asamblea, “a la atención médica y económica” debieron sumar “asistencia psicosocial para trabajadores y familias que atravesaron situaciones críticas”.
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